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ELLAS, EL PILAR INVISIBLE DEL MUNDO RURAL

ELLAS, EL PILAR INVISIBLE DEL MUNDO RURAL

Por Esperanza Calzado - Marzo 06, 2021
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Mujeres empoderadas dentro del mundo rural. Desde la defensa sindical hasta la incorporación más joven a la trashumancia, no es solo cuestión de género, sino de pasión. Pero todavía hay barreras que sortear y techos de cristal que romper

Las mujeres fueron, son y serán uno de los motores del desarrollo rural de Andalucía. Mas del 90% del territorio autonómico es rural y el 54% de la población, aproximadamente, femenina. Es decir, alrededor de 2,2 millones de mujeres están presentes en campo andaluz. Raro es el árbol genealógico que no cuente que una bisabuela, abuela, madre, tía, hermana o cuñada vinculada con el mundo rural. Residen y trabajan codo con codo con ellos, sosteniendo la vida en los pueblos, esos que amenazan con quedarse vacíos en una España donde el progreso echa a un lado lo esencial, el sector primario.

¿Cómo ha cambiado la vida para ellas? Hablamos con mujeres empoderadas dentro del mundo rural. Desde la defensa sindical hasta la incorporación más joven al mundo de la trashumancia. Para ellas, y quizás para todas, no es solo cuestión de género, sino de pasión. Debes amarlo hasta el punto de que no te importe el sacrificio. Pero por mucha devoción que se le ponga, todavía existen barreras que saltar y techos de cristal que romper.

Los datos son los que hablan por sí solos, sin lugar a interpretación. En el sector cooperativista, por citar un ejemplo, Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha suman más de 144.500 agricultoras y ganaderas asociadas. Todas ellas representan en torno al 30% de la base social del cooperativismo agroalimentario andaluz, castellanomanchego y extremeño. Sin embargo, la participación de la mujer en los consejos rectores es todavía muy reducida. Tan sólo en el caso de Extremadura supera el 10%, mientras que en Castilla-La Mancha es del 9% y en Andalucía, del 5%, de acuerdo con los datos facilitados por Cooperativas Agro-Alimentarias.

Ángela Cobos dirige el área de Responsabilidad Social Empresarial de Grupo Interóleo. Esta semana ha sido protagonista porque la firma ha recibido una nueva certificación con motivo de la incorporación del 40% de mujeres en puestos de dirección y toma de decisiones y por la implementación del Plan de Igualdad y Conciliación Familiar. 

—Desde el año 2009, cuando se constituyó Grupo Interóleo, hemos trabajado para ser diferentes y auténticos. Y eso nos ha llevado a reforzar nuestro compromiso empresarial con la sociedad, con los jóvenes y con las mujeres.

Pero no todas las empresas y organizaciones son así y ser mujer en el campo a veces tiene dificultades añadidas, además de dificultades para acceder a los puestos de dirección. El Área de la Mujer de COAG y la Confederación de Mujeres del Medio Rural (CERES) denuncian que las explotaciones de titularidad femenina tienen más difícil el acceso a las ayudas agrarias. Según las cifras publicadas por el Fondo Español de Garantía Agraria -FEGA- las explotaciones de mujeres perceptoras de ayudas PAC están muy lejos de poder equipararse a los de los hombres. Sólo el 27,5% de las ayudas directas y el 26,34% de las de Desarrollo Rural son percibidas por ellas. 

Ambas organizaciones ponen la mira en aplicar una nueva estrategia de género a la realidad del campo, no sólo para lograr la igualdad real sino también para frenar el despoblamiento del medio rural. Y es que, en la actualidad, estas subvenciones están diseñadas desde un punto de vista masculino, en el cual se establece como explotación “tipo” perceptora de ayudas un modelo que se adapta a la mayoría de las explotaciones cuyo titular es un hombre. Las de las mujeres son menos dimensionadas y en muchos casos, con cultivos y producciones ganaderas alternativas que quedan fuera de las ayudas. Lo que no significa que no sean viables ni productivas, de hecho “llevan ahí toda la vida”. 

 María Inés Casado atiende a la prensa en la manifestación del 8M del año pasado.
María Inés Casado atiende a la prensa en la manifestación del 8M del año pasado.

Hablemos de salarios. Desde la Asociación de Mujeres Rurales de Jaén (Ademur) se critica que la brecha salarial entre los hombres y las mujeres que trabajan en la agricultura y la ganadería en Jaén continúa creciendo. María Inés Casado es la presidenta del colectivo y tiene las ideas claras:

—Es penoso comprobar cómo año tras año no hay unas políticas efectivas de equiparación salarial. Las mujeres de Jaén cobramos un 16,68% menos que los hombres por el mismo trabajo y, además, sufrimos una doble discriminación porque las contrataciones durante la recolección de la campaña, por ejemplo, son mínimas. Y la cotitularidad tampoco funciona porque no se apuesta claramente por potenciarla.

Sin embargo, hay un matiz importante. En campaña de recolección de la aceituna, al igual trabajo, mismo salario.

—Se firmó el convenio hace años y durante la campaña existe equiparación. 

El porcentaje no se lo saca de la manga, sino que procede de las últimas cifras publicadas por la Agencia Tributaria. En concreto, la media anual está en 12.807 euros, 2.564 menos que los varones, que perciben de media 15.371 euros al año. Para esta asociación es fundamental impulsar la integración del colectivo femenino en el sector agrario, porque la realidad es tozuda y demuestra que en Jaén existen pequeñas explotaciones donde la labor de ellas es fundamental para garantizar el futuro de sus pueblos.

—Y también es necesario que se incluyan a las mujeres en las juntas rectoras de las cooperativas y en los órganos de toma de decisiones que se pretenden crear. 

¿Por dónde pasa el futuro? Le preguntamos a María Inés Casado. Por aumentar el números de mujeres empresarias, que las escuchen y que tengan voz y voto en las cooperativas y juntas rectoras. Conseguir al cien por cien la igualdad en el campo.

EN PRIMERA PERSONA

En la junta rectora de la Cooperativa Sagrado Corazón de Jesús en Las Casillas de Martos sí hay mujeres. Carmeli Aguilera es socia y secretaria. Pero, por encima de todo, una enamorada del campo, al que llegó de la mano de su padre. Falleció y ella cogió las riendas de las pequeñas explotaciones que tenía. Se casó y enseñó a su marido a amar el olivar

—Tú estás loco, tú en tu casa no mandas.

Todavía recuerda lo que tuvo que escuchar su marido cuando ambos apostaron por el olivar ecológico. "Hay que ver que tu mujer sea la que diga que hay que meter el olivar en ecológico". Recuerda esas frases como si fueran ayer y cómo en un municipio pequeño ser mujer y abrirte camino es más complicado, sobre todo si apuestas por lo diferente. Pero luchó, y lo sigue haciendo, con uñas y dientes hasta el día de hoy. Puede decir con orgullo que su cooperativa es la única de Martos con una línea de producción ecológica. 

En la cooperativa prácticamente la mitad de los socios son hombres y la otra mitad, mujeres.  

—Al principio era más difícil que ahora. Hace años la gente no se acostumbraba a que una mujer llevase las explotaciones y opinase. Pero poco a poco tenemos más presencia y se nos escucha.

A esta marteña no le viene grande nada y lucha para que la voz de la mujer se escuche donde haga falta. Por ejemplo, es presidenta de Tierra Verde, la asociación de olivar ecológico de Jaén y secretaría de la misma sección en UPA. Y es que no se trata de defender un género, sino de apostar por un estilo de vida, por una pasión y por un zumo de aceituna, como a ella le gusta llamarle, que enamora.

¿Qué le aconseja a una futura olivarera? Cómo se podrá ver a lo largo del reportaje, el campo te tiene que gustar para dedicarte a él. Reconoce que en municipios pequeños todavía se va a encontrar con perjuicios pero les anima a trabajar, a demostrar lo que valen y que la diferencia de sexo no existe en el olivar. 

 Alicia Fernández, ganadera de Santiago-Pontones.
Alicia Fernández, ganadera de Santiago-Pontones.

Alicía Fernández también se dedica al campo, pero en este caso a la ganadería. Es de Santiago-Pontones y con apenas 27 años ha decidido entregar su vida a la trashumancia de ovejas. Seis meses al año los pasa en la Sierra de Segura, en La Matea, y los otros seis, en Sierra Morena, en Navas de San Juan. 

—Mi familia se ha dedicado a esto toda la vida y de ahí me viene mi pasión. 

Confiesa que ser ganadera y mujer no es fácil, pero se puede hacer. En su opinión, no es una cuestión de géneros sino del trabajo en sí, que no está valorada lo suficiente. 

Su día a día es un no parar. En época de paridera (unas tres veces al año) le arranca las horas que puede al reloj, mientras que el resto de los meses su día a día está en el campo, con sus animales. Se entristece al pensar cómo se está perdiendo la trashumancia.

—Ahora la gente lo monta en camiones y lo lleva a la sierra. Recuerdo que antes había por aquí entre 70.000 y 80.000 cabezas; hoy son unas 30.000.

Pero ella no decae en sus esfuerzos por mantener lo que para ellas es una tradición familiar y la defiende donde haga falta. Hace poco lo hizo en la Subdelegación del Gobierno. Con motivo del aniversario de la Constitución Española se reconoció el esfuerzo realizado por los agricultores y ganaderos jiennenses, que respondieron de manera ejemplar para garantizar el sustento de la ciudadanía. En representación de todos, recogió el premio. "Se neceitan ganaderos y agricultores jóvenes", clamó.

—No me lo esperaba para nada. Me puso muy contenta, no solo por recogerlo sino por el reconocimiento a un sector que estamos un poco abandonados. 

Un consejo para una futura ganadera: Estar segura de que quiere hacerlo, porque el trabajo es duro. No hay días libres y si no te gusta, es imposible que se pueda dedicar a esto.

—Con paciencia, trabajo y pasión verá que es una profesión muy bonita. Y le aconsejo que nunca agache la cabeza.

 Fuensanta Arroyo, agricultora y presidenta de Coag en Villanueva del Arzobispo.
Fuensanta Arroyo, agricultora y presidenta de Coag en Villanueva del Arzobispo.

Ser mujer, dedicarse al campo y, encima, hacerlo en un municipio pequeño, no es nada fácil. Hace apenas una semanas que Villanueva del Arzobispo cuenta con una nueva Asamblea Local de COAG Jaén. Está presidida por la agricultora Fuensanta Arroyo Fernández. Su reto, y el de sus compañeros, se centra en la lucha en defensa del olivar de montaña mayoritario en la zona. Destaca la importancia que se da a la mujer en la organización, ya que en el municipio su presencia es muy destacada.

—Yo ya estaba acostumbrada porque mi padre siempre me hizo una mujer empoderada, desde pequeña, y he seguido para adelante con las tierras.

Ocurre lo mismo con el resto de mujeres que están detrás de la asamblea local, como Encarnación o Rosa, de las que Fuensanta se siente muy orgullosa. Pero detrás de esa valentía y empoderamiento hay una historia de lucha y de barreras que derribar. 

—Soy una mujer a la que se le ha impedido estar en un consejo rector, a pesar de que me han votado y que su caso está en los tribunales.

Reconoce que lo que le ha ocurrido a ella no es la excepción, pero que no todo el mundo da el paso de denunciarlo. Tiene 56 años y el campo le corre por las venas. Es hija única y, como si de una empresa se tratase, ha heredado el negocio familiar, que se fusiona con la experiencia de su marido, maestro de almazara. Todo este tiempo ha compaginado sus tareas en el campo con el cuidado de su padre, de su tía y ahora de su madre.

Ella trabaja el olivar tradicional, el de montaña, el que más peligra y por el que más se lucha. Forma parte de AMCAE-Andalucía, la Asociación de Mujeres de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, y jamás pensó que cuando presentara su candidatura a formar parte de la Consejo Rector de la Cooperativa San Francisco de Villanueva del Arzobispo iba a sufrir un calvario.

Explica que la primera vez que se postuló como candidata a presidenta le pusieron pegas porque su marido estaba trabajando y aludían a una incompatibilidad en los estatutos. Tras comprobar que fue un error, se presentó y logró entrar en el consejo rector con un sistema de listas abiertas. 

—Aún así, entro y me hacen una segunda votación in situ alegando que lo debía ratificar la asamblea.

No salía de su asombro. Queriendo a su cooperativa como la quiere, con su abuelo como socio fundador, no dudó en acudir a la Administración a denunciar un caso de discriminación. La Junta le dio la razón pero la decisión se recurrió y ahora, después de varios trámites, el caso está en el Tribunal Superior de Justicia de Granada.

—No estoy sola, hay compañeras que están apostando desde el primero momento por esta cooperativa. 

¿Qué le recomendaría a una mujer que quiera dedicarse al campo? Tener "fuerza y honor", además de "llevar la agricultura por bandera".

Estas son sólo algunas historias en primera persona de ese pilar, a veces invisible, por otras muy visible, que también sustenta el mundo rural. Ese que lucha por no despoblarse, por seguir produciendo materia prima, por continuar empujando por una sociedad más justa, igualitaria y equitativa.

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