Cerrar Buscador

"Jaén está en la UCI como ciudad y casi como provincia"

Por Javier Cano - Noviembre 10, 2019

Emilio Lara (Jaén, 1968) puede presumir de ser lo que siempre deseó: profesor y escritor. Licenciado en Humanidades, doctor en Antropología, conferenciante y articulista en la prensa nacional, empezó escribiendo sobre Jaén y, de alguna manera, lo sigue haciendo, solo que ahora su obra traspasa todas las fronteras. Tras la publicación de su primera novela histórica en 2016, La Cofradía de la Armada Invencible, hasta su último libro, Tiempo de Esperanza, y cargado de reconocimiento, este cofrade insobornable de La Buena Muerte que es ya todo un referente de la novela histórica ama a su patria chica hasta la hondura. La lluvia, que impide realizar esta entrevista en las lonjas de la Plaza de Santa María, propicia cobijo en otra catedral jiennense, pero de libros: Metrópolis, donde el pasado viernes Lara habló de librerías y de resistencia.

—¿Cómo está, cómo se siente a día de hoy?

—Yo siempre estoy bien o muy bien, salvo cuando estoy con amigos, que entonces estoy en la gloria.

—¿Qué queda de aquel Emilio Luis Lara López que publicaba sus relatos e investigaciones en editoriales provinciales?

—Queda todo, yo sigo siendo el mismo, estoy en el mismo sitio y mis amigos me pueden encontrar a la misma hora. Cada uno de nosotros, conforme maduramos, evolucionamos pero somos un juego de muñecas rusas; entonces, lo que yo fui lo sigo siendo; si acaso, tengo una mirada más escéptica de la vida gracias a donde vivimos, de España y de la gente, pero también me he vuelto mucho más comprensivo y tolerante con las acciones, con la gente, con las debilidades humanas, para comprenderlas. Me queda la misma ilusión y me queda una alegría muy grande.

—¿Ya es usted lo que siempre quiso?

—Sí, he conseguido ser lo que siempre quise ser, profesor y escritor; hasta hace poco me consideraba un profesor que escribía, hoy ya me considero un escritor que da clase. He conseguido, en gran medida, ser lo que siempre quise ser sin dejarme muchas cosas en el camino.

—Pero ¿llegó a imaginarse la realidad que vive ahora?

—Para nada; la carrera de un escritor se parece mucho a una oposición a notarías, tienes que estar formándote continuamente a lo largo de muchísimos años, leyendo sin parar, escribiendo, reescribiendo, tirando, probando fortuna, conociendo a gente, teniendo experiencias... Llega un momento, cuando has tenido la fortuna de que te empiecen a publicar, de que tienes muchos lectores y te llueven los premios, que parece que eso viene por ensalmo, pero no. Detrás lo que hay son muchísimos años de estudio, de formación, de soledad, de oposiciones contra uno mismo, porque tú no sabes si, al final, lo que escribes va a tener éxito, en el sentido de que sea publicable y guste y reciba buenas críticas y también galardones. En ese sentido es como he ido yo evolucionando.

—La realidad y el deseo, que decía Cernuda...

—¡Y más presentes que he soñado, que todavía no se han cumplido y que espero que se cumplan! Nosotros somos, en gran medida, la materialización de nuestros sueños, nada de lo que nos sucede es algo que nosotros no hayamos previsto que suceda; ahora bien, la vida es una encrucijada, hay fracasos y hay éxitos, no todo aquello que hemos soñado se cumple, eso es así. Pero muchas de las cosas que tenemos nosotros las hemos soñado, las hemos previsto y hemos hecho todo lo que está en nuestras manos para conseguirlo; esto es como un estudiante que saca muchos sobresalientes y le preguntan: "Oye, tú cómo haces esto?" —"Pues estudiando mucho", contesta; no hay otra forma.

—¿A qué no le hace renunciar el éxito literario?

—A mis principios, a mi identidad, a mis convicciones, a mis amigos, y lo que no estoy dispuesto es a pisotear a nadie. El mundo literario es como cualquier otro, con sus umbrías y sus solanas, sus sombras y sus luces. Lo que yo nunca he estado dispuesto, en ese sentido, es a navajear a la gente y a pisotear a los demás por encumbrarme yo, eso nunca, va contra mis principios éticos.

JAÉN, LA CIUDAD AMADA

—Tampoco renuncia a vivir en Jaén, pese a las 'tentaciones' de la gran ciudad...

—Vivo en Jaén porque quise vivir en Jaén, quise hacer aquí mi vida y me siento muy de Jaén. Si me preguntas qué es para mí Jaen, lo sintetizo en una sola frase: Jaén es un sentimiento.

—¿Cómo es la vida cotidiana de un escritor de éxito en la capital jiennense?

—Mi vida es muy espartana, va de mi instituto a mi casa. Es más, las clases para mí son casi un hobby. Mi vida profesional es encerrarme en mi estudio, leer, escribir, reescribir, estar encadenado casi como un galeote a la mesa del despacho y luego, una gira muy viajada por media España en presentaciones de mis novelas, conferencias en universidades, en instituciones, en congresos... Es muy reconfortante, porque conoces a gente muy interesante, pero es muy estresante, y además puede llegar un momento en el que te conviertas en un escritor que no escribe, yo no quiero eso.

—¿Qué hace para evitar esa metamorfosis, por llamarla de alguna manera?

—Hay un momento en el cual tienes que pisar el freno, encerrarte a escribir una nueva novela (ya estoy con otra) o en "ABC", o en "Zenda", y seleccionar mucho mis viajes. Digamos que ya, cada par de meses, hay algún compromiso con algún amigo al que no le puedo decir que no, o me interesa especialmente el lugar donde voy a ir,..., pero es una vida muy solitaria, una soledad buscada pero una vida muy acompañada, porque estoy en contacto con mis amigos por teléfono o por internet. Me he convertido en lo que decía Marañón, en un "trapero del tiempo", aprovecho el tiempo muchísimo y vivo con muchísima intensidad el presente. Esa es mi vida, una vida muy sencilla.

—Y no la concibe lejos de sus paisajes de toda la vida, claro...

—Por ahora no, mi plaza de profesor esta aquí ahora; en el futuro esto no lo sé, pero digamos que hasta ahora compatibilizo muy bien mi vida en Jaén con mi literatura, y una de las cosas que siempre había deseado yo es intentar universalizar Jaén en mi obra.

—¿Qué le falta a Jaén, o qué le sobra?

—Jaén esta en la UCI como ciudad y casi como provincia. Cuando yo viajo ahora tanto por España compruebo que no hay ninguna capital de provincia, ni ninguna gran ciudad que no sea capital, que tenga el bajón comercial que tiene Jaén, no existe otra capital por España en la que pasees por el centro comercial y veas la cantidad de locales que se alquilan, cerrados... Hay una emergencia de modernidad comercial, de creatividad, de nuevo impulso en otros lugares de España que desgraciadamente no la ha habido en Jaén. ¿Lo que nos falta?: autoestima, creer en nosotros mismos. 

—¿A qué achaca usted esa carencia?

—Nos conformamos con cualquier cosa, somos la provincia del "ea", nos resignamos con lo que tenemos pero pensando además que nuestra calidad de vida es altísima, y eso sucede con la gente que no viaja, que no tiene otras referencias. Seguimos teniendo una mentalidad muy refractaria al cambio, al progreso, y es una lástima, porque Jaén tiene (la ciudad y la provincia) unas condiciones para ser únicos en España, para conciliar un pasado esplendoroso con un presente que podría ser muy dinámico.

—¿Tan negro lo ve?

—Si las cosas no evolucionan en los próximos diez o quince años, Jaén puede convertirse realmente en una ciudad casi fantasmal, y es una lástima.

—¿Alguna sugerencia para poner luz a ese futuro que ve tan sombrío?

—Lo que tenemos que hacer cada jiennense es aportar nuestro granito de arena en lo que podamos y, sencillamente, copiar lo que funciona en muchas otras ciudades. 

—¿Se ve usted viajando en el tranvía?

—El tranvía fue un negocio muy malo para Jaén, porque todavía no se ha puesto en funcionamiento y porque fue el culpable del cierre de no pocos comercios. Yo utilizo mucho el transporte público en Jaén, utilizo el autobús, el taxi..., y fundamentalmente voy a pie. ¿El tranvía? Si esto, en algún momento, realmente se pone en funcionamiento, ¿por qué no? 

—Hablando de carencias... ¿A quién le falta una calle en Jaén?

—A mí me hubiera gustado que mi padre [el investigador y escritor Isidoro Lara Martín-Portugués, fallecido en 2010] hubiera tenido una calle en Jaén. Para mí fue un jaenero honoris causa, no he conocido a otra persona que sin nacer aquí fuera más apasionada de Jaén, se identificara más, la viviera de una forma tan intensa y esta ciudad fuera para él un fluido vital. Mi padre...

—¿Lo echa de menos, le hubiera gustado que disfrutara de este momento suyo?

—Bueno, para los que somos creyentes pensamos que disfruta, pero de otra manera. Yo lo sigo echando mucho de menos; hace casi diez años que murió y no hay día que no me acuerde de él, lo sigo teniendo muy presente. Mi primera novela se la dediqué a él, que sigue viviendo en mi memoria. Con él me sucede como nos sucede a los novelistas históricos o a los historiadores, que estamos acostumbrados a recrear mundos perdidos y a imaginar situaciones en países que ya no existen o solamente existen en los mapas históricos. Mi sensación con él es como si él estuviera en un viaje muy largo por alguno de estos países que ya no existen, pero que en algún momento nos volveremos a encontrar.

—¿Cuándo le gusta más su ciudad, qué etapa del año o qué día la prefiere?

—El mes de noviembre. A mí me gusta muchísimo el otoño, tengo un carácter muy expansivo pero también muy melancólico, soy una mezcla de proustsianismo y emociones. El otoño es mi estación y el mes de noviembre, mi favorito, me encanta, es muy tranquilo, me gusta el tiempo, todavía no se vive la vorágine de la Navidad, hemos dejado atrás la fiesta de San Lucas... Luego, también, la Semana Santa y dentro de ella, el Miércoles Santo.

—Claro, La Buena Muerte... ¿Sigue vistiendo la túnica blanquinegra en la procesión?

—Sigo siendo el mismo y pensando lo mismo desde hace muchos años. Bueno, ya salir... Este año no salí porque los problemas de espalda son grandes, ya tenemos una edad. Pero es mi cofradía.

LIBRERÍAS COMO ESPACIOS DE RESISTENCIA

—El viernes dio una charla en este mismo lugar, Metrópolis, para celebrar entre libros y lectores el Día de las Librerías como espacio de resistencia. ¿Ambas palabras están condenadas a ir juntas en la era de las nuevas tecnologías?

Somos como la saga de 'Star Wars', somos los rebeldes, somos los resistentes. Me gusta mucho ese lema, sobre todo en una ciudad atípica como Jaén, donde han existido y existen papelerías-librerías, pero es una ciudad muy reacia a las librerías. Antonio Gala decía en uno de sus articulos que cuando iba a alguna ciudad de España o del extranjero, lo primero que hacía era visitar el mercado y los cementerios, para ver la vida y la muerte. Una cosa que me gusta a mí de las ciudades, además de visitar monumentos, museos, tomarle el pulso..., son las librerías. ¡Y me da una envidia!, pero de las malas. Cuando voy al extranjero y veo las librerías en Francia: ¡sitios vivos! O Italia... En España hay bastantes ciudades que tienen una intensísima vida literaria en las librerías, esto es algo nuevo que ha surgido a raíz de la crisis; eran lugares donde sencillamente se vendían libros y hoy en día ya son espacios donde se vive la literatura y donde nos encontramos los lectores. Han evolucionado para bien.

—Si se pierde, que lo busquen en una librería entonces.

—Siguen siendo algo fundamental en mi vida. Cuando entro en una librería se me para el tiempo, o mejor dicho transcurre como a cámara lenta en las películas, sufro una especie de desconexión en la cual yo estoy en un nirvana viendo libros, leyendo en algunos de ellos la primera página a ver si me interesa, entre el olor a libros.

—Ah, ¿es de los que por la primera página ya tiene claro si le interesa o le chirría? Hay críticos y escritores que atacan con dureza a quienes hacen eso. ¿Lo sabía?

—Eso es una tontería. Es fundamental leer la primera o la segunda página, lo mismo que son muy importantes, cuando vemos una película, los cinco primeros minutos, para ver si nos merece la pena continuar viéndola; o lo mismo cuando conocemos a una persona, si a los cinco minutos ya la hemos calado o nos dice nuestra intuicion si merece la pena seguir profundizando en el conocimiento de esa persona o no... Hay tantas personas por conocer, tantas ciudades y tantos libros por leer que yo, ya, lo que sí tengo claro en la vida es que no me engaño a mí mismo y que no pierdo mi tiempo. 

—Y en las librerías de Jaén, ¿encuentra buenas obras locales o provinciales? Siempre se ha dicho que esta es tierra de buenos escritores. ¿Está de acuerdo con esta vieja sentencia?

—No, la vida literaria de Jaén es cada vez más débil, la Universidad, en ese sentido, no ha sido revulsivo para nada. Jaén es un territorio literario magnífico, fíjate qué contradicción. Tiene un grupo de escritores espectaculares, nunca lo ha tenido de tanta altura. Tiene a Juan Eslava Galán, a Antonio Muñoz Molina, tiene a Jesús Maeso..., yo me he unido recientemente a este grupo de escritores. Todos, cada uno en la medida de nuestras posibilidades, universalizamos una parte de Jaén o todo. Jaén es un territorio literario por haber sido fronterizo en la historia, tiene una historia apasionante, ha sido lugar también donde han recalado escritores de la talla de Miguel Hernández, de Antonio Machado; en ese sentido Jaén dejó una impronta en ellos, en su obra literaria, pero como sociedad vive a espaldas de la cultura y de este reconocimiento literario.

—¿Por qué cree que es así el jiennense?

—Lo que sucede es que somos una forma distinta de ser andaluces; no hay una forma de ser andaluz, hay muchas, y de identificarse como andaluces. El carácter de Jaén es el más hondo de los grandes escritores andaluces, que no es un carácter ni una obra que haya salido de lo jacarandoso ni de la fiesta sino del silencio, de la intensidad de vivir, de andar en la cuerda floja entre los aspectos de la vida, los aspectos de la muerte y un sentido del humor muy socarrón que no tiene nada que ver con la guasa. En ese sentido Jaén es un arquetipo fantástico de una manera de ser andaluz con la que yo me identifico.

—Y la democratización del acceso a la publicación de lo que se escribe, en las redes sociales por ejemplo. ¿Qué le parece?

—Me parece muy bien, porque es un alcance magnífico del conocimiento para mucha gente. Ahora bien, muchísima gente que escribe en internet es gente que escribe y no lee; en ese sentido a mí no me sirve para nada; me parece muy bien la gente que autoedita o que tiene blogs, bitácoras literarias para publicar cosas de su vida, por ejemplo; a mí me parece muy bien porque el rescatar la memoria, los recuerdos de cada uno o su forma de vincularse con la vida es necesario, es bueno que quede una constatación. Ahora bien, que todo el mundo quiera ser novelista o poeta... Lo que son es constructores de versos, construyen versos como si fueran churros. Hay que discernir el grano de la paja, hay mucha gente hoy en día que, además, siente la necesidad de que el mundo sepa lo que escribe, y el mundo no tiene ninguna necesidad de saber lo que esas personas escriben. Tampoco hay que darle importancia, son flor de un día.

REALIDAD POLÍTICA

—Ya está usted en la cresta de la ola literaria española. ¿Lo veremos como tertuliano?

—¿Estando en Jaén voy a ser tertuliano? Estuve colaborando en un programa de Radio 5, 'Kilómetros de radio', un par de temporadas, y ese programa ya se clausuró con la renovación última que hubo en la emisora, pero era porque yo iba a los estudios de RNE en Jaén. Para ser tertuliano hay que estar en Madrid, que es donde está el meollo de los medios de comunicación. Yo, por ahora, estoy muy a gusto escribiendo en 'ABC', en 'Zenda' (la revista literaria que edita mi amigo Arturo Pérez Reverte...). Me han llamado de 'Página 2' de RTVE y he ido para que me entrevisten; pero, aparte, no tendría yo mucho tiempo para tertulias. Fuera de mi clase, el tiempo lo invierto en lo que a mí me gusta, que es leer, escribir y estar con mis amigos.

—Me refería más bien a tertulias políticas, y se lo pregunto precisamente el día de las elecciones.

—No, ese tipo de tertuliano no me ha interesado nunca. Mis opiniones políticas, mis convicciones ideológicas las expreso en mis 'terceras' de 'ABC', que es donde las escribo y me quedo más a gusto..., más ancho que pancho. A mí, el funcionar como tertuliano que opina sobre todo es una cosa que no me interesa. Creo, eso sí, que una obligación como escritor, como intelectual, es posicionarse ante todo en la vida, no esconderse, no vivir en una torre de marfil; pero malgastar mi tiempo en tertulias al uso, no me interesa. 

—Por cierto, ¿vota por la mañana o por la tarde, si es que vota?

—Por la mañana siempre, a no ser que haya estado de viaje y no haya podido. Además, soy madrugador, es una cosa que me ha gustado desde que cumplí dieciocho años y pude votar. 

—¿Qué cree que dirán las urnas?

—Mi sensación es que se va a quedar la cosa básicamente como ahora y vamos a seguir con la situación política encallada.

—Como tenga usted razón, lo mismo tanto estancamiento termina por reventar. 

—Bueno, reventar no creo que reviente, tenemos un rey fabuloso que la labor de arbitraje la hace muy bien, y luego puede llegar un momento en el cual los organismos sociales o el propio pueblo español empuje a los políticos para que no tengan más remedio que ponerse de acuerdo. Eso sí, mi deseo es que no haya que echar mano de los votos de los partidos independentistas, que eso es una auténtica ruina y desgracia para España como nación, como Estado democrático y para la convivencia entre nuestros compatriotas. 

NUEVOS PROYECTOS

—Esto se acaba, Emilio, a no ser que tenga la generosidad de adelantar a este periódico su próximo proyecto, esa nueva novela en la que ya trabaja.

Muy poco, de nuevo una novela histórica, pero como soy un culillo de mal asiento, vuelvo a pegar un salto en el tiempo; la última fue la Edad Media: abandonamos la Edad Media y nos venimos a tiempos más recientes. 

—Bueno, algo es algo. ¿Cuándo podrán disfrutarla sus lectores?

—Empecé a escribir hace un mes y medio aproximadamente, por lo menos un año de escritura me queda. Yo creo que de aquí a dos años saldrá la novela, en 2021, no sé cuándo, pero la quiero escribir muy tranquilo, sin ningún tipo de estrés ni de prisa, la quiero hacer bien. Cada vez disfruto más no escribiendo, sino reescribiendo, puliendo, metiendo la lija, quedándome digamos en una escritura cada vez más sencilla, que sea cada vez más un esqueleto de literatura. Estoy cada vez más influido por los escritores contemporáneos anglosajones, un tipo de escritura con la que me identifico muchísimo, me parece muy subyugante, muy hipnotizante. Estoy en despojar mi literatura cada vez más de lo superfluo e ir al cogollo.

Vídeo y fotografías: Esperanza Calzado.

COMENTARIOS

Deja un comentario


COMENTA CON FACEBOOK

Entendido

Usamos cookies. Pero tranquilo. Solo lo hacemos para facilitar el uso que los usuarios como tú hacéis de nuestra web. Así podemos elaborar estadísticas e identificar lo que funciona y mejorar lo que no. Si continúas navegando entendemos que aceptas el uso que le damos a las cookies. Más información sobre cookies y como deshabilitarlas aquí.