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"El Covid-19 nos obligó a reinventarnos pero pudimos abrir el mercado a toda España"

Por Esperanza Calzado - Agosto 02, 2020

"En el camino te encuentras con muchas dificultades pero siempre hay que pensar que tras ellas viene algo bueno y tenemos que aprovecharlas y reinventarnos. Hay que ponerle ganas, ilusión y pensar en positivo". Hay personas que se vienen abajo cuando por delante se les presenta una montaña difícil de escalar y otras que se ponen el casco, el arnés y no sólo coronan la cumbre sino que cuando lo hacen miran al horizonte buscando su próximo reto. 

Alejandra Rodríguez García (Alcaudete, 1981) es de esas mujeres que transmite energía, empuje y optimismo en tiempos complicados como los que vive el mundo, en medio de una pandemia. Podría haberse acomodado dentro del sector educativo donde tiene su plaza pero Alejandra es inquieta y tiene unas ganas de superación infinitas. En septiembre del año pasado abrió su centro de formación y en marzo se dio de bruces con el Covid-19. ¿Se vino abajo? No, todo lo contrario. Hoy ha coronado la primera de muchas cumbres trasladando su negocio de la calle Cerón a Cuatro Gatos Coworking, reinventando la docencia e, incluso, abriendo nuevos nichos de mercado fuera de las fronteras de Jaén.

—Una mujer decidida desde muy joven.

—Me fui de Alcaudete con 18 años para ir a estudiar a Granada. Terminé la carrera y enseguida aprobé las oposiciones con plaza y siempre he estado desplazándome por pueblos por la zona de Jaén hasta que me instauré en Torredonjimeno, donde me dieron la plaza definitiva y donde estuve diez años trabajando. Ya me casé, tuve mi hijo y, luego, por circunstancias, me trasladaron a Jaén y nos fuimos acercando poco a poco a la capital.

—¿Siempre quiso dedicarse al mundo de la docencia, en general?

—Sí. Siempre me ha gustado la docencia pero, sobre todo, la atención a la diversidad. Mi único hermano, doce años menor que yo, es Síndrome de Down y a raíz de estar con él siempre he querido aprender a ayudarlo y ver las dificultades que tenía a la hora de la inclusión social y educativa. Por eso, estudié Audición y Lenguaje y, luego, la licenciatura en Psicopedagogía. Por lo que mis pasos siempre han ido encaminados a esa rama. 

—Dicen que trabajar con este colectivo es muy enriquecedor.

—Sí, es cierto. Por un lado, no te puedes plantear objetivos amplios, pero en el momento que observas cómo se van cumpliendo y ves el esfuerzo que tienen que hacer, por ejemplo, para identificar un color, un número o aprender a leer, es muy enriquecedor. Por otro, en el ámbito personal son muy expresivos y te transmiten un gran cariño y cercanía que, a lo mejor, no tienes en otros alumnos.

—¿Cuándo decide dar un salto y crear su propia empresa?

—Yo ya llevo muchos años dedicándome, fuera de mi jornada laboral, a la preparación de oposiciones. Siempre he estado vinculada a este sector pero me gustaba enseñar a personas adultas para ayudarles a dedicarse al mundo de la enseñanza como he podido hacer yo. Estoy trabajando en algunas academias en Málaga y siempre he considerado que tenía dentro de mi una especie de líder. Realicé el curso de Función Directiva, que me llenó de satisfacción cuando presenté mi proyecto. Luego hice otro de Auditoría y estuve auditando el IES Las Fuentezuelas y me encantó, aunque fue raro porque estaba auditando a mis propios compañeros. Pero me encantó y la verdad es que cuando se hace un trabajo bien hecho la gente te lo reconoce. 

Con todo esto siempre me he preguntado por qué no podía coordinar un proyecto y fue así, de casualidad, como llegó el proyecto. Abrimos el año pasado y me puse al mando de este proyecto que ahora nos hemos cambiado de sitio pero seguimos con los mismos objetivos.

—Sólo lleva un año y sin embargo quienes conocíamos la Academia Cerón, ahora Alejandra Rodríguez Centro de Formación, tenemos la sensación que hace más tiempo.

—(Ríe) Puede ser, sí. Empecé en septiembre del año pasado y duró la aventura hasta marzo y tuvimos que reinverntarnos con el confinamiento, pasarnos a la docencia online y mil historias que hemos tenido que atravesar. Sobre todo para mantener la docencia con los alumnos, para que no perdieran sus exámenes.

—Exactamente, ¿qué educación se imparte en el centro?

—Tenemos cuatro proyectos principales. El primero está enfocado en los niños y el apoyo escolar desde Infantil hasta Bachillerato, con profesores especializados en cada una de las materias y etapas. El segundo es la atención a la diversidad, con refuerzo del lenguaje y pedagógico. Son menores que tiene la beca de necesidades educativas especiales, aunque también lo hacemos con aquellos que no han tenido posibilidad de acceder a la beca. Abordamos aspectos como, por ejemplo, la dislexia o la dificultad de aprendizaje.

En tercer lugar está el área de idiomas que son para todas las edades. Formamos tanto para obtener una titulación oficial y preparamos inglés, francés, alemán, italiano, japonés y árabe, con profesores nativos. Todos los hemos ido introduciendo a demanda. Cuando una persona entra por la puerta y demanda algo muy específico no sé decir que no. Estamos para ayudar a las personas y por eso no tengo un cupo mínimo para habilitar clases.

—No todo el mundo hace esa educación tan personalizada que supone un plus de organización.

—Efectivamente. Hay veces que nos encontramos con un profesor y un alumno. Es verdad que es un poco caótico para organizar las aulas y los horarios pero, al final, nos apañamos y damos el servicio. Pero esto nos permite tener mucha cercanía con los usuarios, sobre todo cuando son niños, cuyos padres tienen mucha confianza con nosotros. Esa cercanía se traduce en mayor calidad, excelencia y fidelización del usuario.

—Dice que abrieron en septiembre y en marzo todo cambió con la pandemia. ¿Cómo estaban siendo los primeros pasos?

—Soy una persona que le pongo mucha ilusión a todo y mucha emoción y corazón. Creo que eso lo siente la persona que me escucha. Cuando empecé en septiembre creo que pude transmitirlo. No éramos conocidos en el centro de Jaén pero enseguida tuvimos buena aceptación sobre todo por el boca a boca. De hecho, cuando informé a los padres que había tomado la decisión de cambiar el centro de ubicación la respuesta fue inmediata, me dijeron: "Alejandra, donde tú vayas nosotros vamos contigo". Eso es gratificante y ya han venido a vernos y a conocer las instalaciones.

—¿Cómo vivió el 14 de marzo, con la declaración del Estado de Alarma?

—Recuerdo ese viernes, 13 de marzo. Estábamos dando clases por la tarde y teníamos un bombardeo de noticias sin saber muy bien qué pasaba. Me junté con los padres que venían a recoger a los niños y les pregunté qué querían hacer. Ellos tampoco lo tenían claro. Recuerdo que ese viernes fue de gran confusión. Salí de la academia, cerré la persiana y me dije: ¿Qué hago? Cerramos sin saber si volveríamos. El sábado tenía clases en Málaga y ya me avisaron de que no fuera. En el instituto lo mismo, nos avisaron de que iba a ser por dos semanas pero que tampoco lo sabían bien. Fue un día de incertidumbre tanto para los padres como para nosotros. Pero cuando mandé el mensaje a todos los padres diciendo que teníamos que cerrar enseguida nos pusimos a pensar rápido, como todo el mundo, para ver cómo nos adaptábamos para no dejar a los alumnos sin clases. 

—¿Cómo fue esa adaptación y organización?

—Hemos readaptado toda la docencia al ámbito online, atendiendo por videollamada, adquirir plataformas de todo tipo... Hemos probado y habilitado varias vías porque cada profesor y alumno tenían unas circunstancias particulares, con mejor o peor conexión a internet, con más o menos ordenadores equipados, etcétera. Al final, la adaptación fue tan buena que cuando empezamos la fase dos y pudimos abrir no vino nadie, todos se quedaron en la docencia virtual. Actualmente, los alumnos está en online mucho. Sin embargo, este proceso de reinvención y adaptación nos ha dado la oportunidad de abrir el mercado a toda España. La gente joven aprovechó para formarse y ahí abrimos nuestro nicho de mercado con cursos intensivos de idiomas y ahora tengo alumnos de toda la geografía española y estamos muy contentos.

—Es cierto que el coronavirus trae consigo una crisis económica importante pero hay empresarios que han encontrado nuevos nichos y se están haciendo fuertes.

—Exactamente. Empezamos un curso intensivo de cuatro meses y los alumnos que tengo, algunos que están fuera de España, ya me están demandando continuar con la formación cuando acaben en septiembre. Por eso, ahora tengo plantilla docente de forma virtual y física. La idea es que cuando llegue septiembre ya veremos cómo nos adaptamos. 

—Se ha adelantado a mi pregunta. ¿Cómo será el regreso?

—Estamos organizando horarios e intentando que los grupos sean reducidos y con horarios muy bien delimitados para intentar que se produzcan las menores aglomeraciones de niños posibles en aras de garantizar la seguridad sanitaria. Las clases serán más reducidas que, a mi modo de ver, es una manera de primar la calidad de la enseñanza y la docencia mucho más personalizada, si cabe. Lo importante es que padres y alumnos se sientan seguros y estén tranquilos 

—¿Dónde se ve dentro de diez años?

—Lo primero es la salud y esperemos que esta pesadilla del Covid-19 desaparezca, que tengamos la vacuna probada científicamente y todos tengamos salud. A nivel profesional, me gustaría verme con mi academia muy avanzada, incluso de ámbito internacional. Me veo profesionalmente como directora de mi centro y coordinando un centro de enseñanza potente. 

—¿Qué le diría a aquellos que dicen que en Jaén no merece la pena emprender?

—Para tener un negocio y emprender hay que tener ganas e ilusión. Por supuesto que hay meses que los pensamientos negativos han pasado por mi cabeza, igual que le pasa a cualquier otro empresario o persona en su vida personal. Te encuentras muchas dificultades pero siempre hay que pensar que tras ellas viene algo bueno y tenemos que aprovecharlas y reinventarse. Hay que ponerle ganas, ilusión y pensar en positivo.

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