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"Ver mis maquetas en un museo sería lo más grande de mi vida"

Por Javier Cano - Febrero 02, 2020

Todo el Jaén monumental, el que perdura y el que se perdió, convive en los treinta y tantos metros cuadrados del local de la calle San Andrés que alberga la obra de Luis Barbero Anguita (Jaén, 1940). Ebanista, carpintero, artesano, artista..., dedica el tiempo libre ganado a pulso tras más de cuarenta años al pie del cañón a construir, con preciosismo, maquetas de los edificios más notables que hubo y hay en la capital: es su forma de declararse enamorado de la tierra que lo vio nacer. Ahora, cargado de años y sabiduría, responde a Lacontradejaen con los reflejos de un político joven, de esos que (dice) podrían ubicar sus trabajos en cualquier museo de aquí y, con ello, hacerle vivir el momento más hermoso de su fecunda vida. 

—¿Artista, ebanista, carpintero...? ¿Cómo se define usted?

—Ahora mismo como artesano, porque la cosa de la carpintería y la ebanistería, cuando me jubilé, eso ya lo olvidé. Ahora es la artesanía lo que hago y lo que me gusta.

—Un artesano rodeado de maquetas de edificios del Jaén de ayer y de hoy, de su casco antiguo. ¿Esa es también su patria chica, es usted una criatura del casco histórico de la ciudad? 

—Sí, sí, de la Ropa Vieja.

—Un lugar castizo donde los haya, desde luego. ¿Recuerda la Ropa Vieja de su infancia?

—Mucho, mucho. Me acuerdo que estaba ahí el Cinema Jalisco, tenía yo unos siete u ocho años. 

—Sobre el solar que luego fue Cine Rosales...

—El del Rosales, sí.

—Y aquí sigue, en la plena calle de San Andrés, a un paso de la Santa Capilla y a medio de lo que fue puerta de Baeza. 

—Sí, siempre he estado unido al casco antiguo. Luego, cuando me casé, me bajé a Barranco de la Coronada, que está al lado, y después a Maestro Bartolomé.

—Es decir, que ha desarrollado usted un amor, una querencia hacia esta zona que sigue intacta a día de hoy.

—Todavía, sí.

—Y eso se plasma, en gran parte, en su obra, en lo que ha visto y en lo que no y en lo que desea que los demás conozcan.

—Sí, sí, es que yo soy muy muy de Jaén.

—¿Qué quiere decir con eso de que es muy muy de Jaén?

—Que yo veo en Jaén, aunque se nos trate como la última capital de España, que para mí es la primera. Jaén me gusta mucho, es muy bonito, lo que pasa es que no lo apreciamos, no lo vemos. Aquí viene gente que entra, no saben que todos los monumentos estos son de Jaén y me preguntan si son de Úbeda, si son de Baeza... Y yo digo: "Esta gente...". Muchos me dicen que el Teatro Cervantes es de Úbeda. 

—¿De dónde le viene la afición a la madera?

—Mi padre era carpintero y entonces, pues claro... Yo tenía siete años, en mi casa no se pasaban fatigas, porque mi padre era funcionario de la Diputación y en fin, desde pequeño me inculcó hacer carricos, armaritos, carruseles; yo me iba a la plaza y los vendía en la puerta, mi madre era modista y tenía una bandeja para llevar la ropa, y entonces me hizo unas cuerdas para llevarlos.

—Empezó jovencito.

—Yo hacía los juguetes con una explicación que me daba mi padre, porque yo era muy chico. Entonces, a los nueve años me fui a trabajar a un taller. ¡Con los padres no puedes aprender, te regañan mucho y te hacen muchas cosas, y tienes que salirte a la calle!

—Y se salió. ¿A dónde fue?

—Me fui a un taller que estaba en la calle Espartería, de Bernardino Ávila, ahí estuve yendo hasta que me fui a la mili. Después de la mili me metí de encofrador, en la construcción, y colocando puertas y persianas. Luego me fui a Mallorca, y como allí estaba solo, mi padre me dijo que si me interesaba la Diputación. Como mi mujer estaba embarazada, dije: "Yo me voy para Jaén. Y sin nada, me vine.

—La Diputación ha sido, entonces, su 'empresa'...

—Me metí en la Diputación, y hasta que me jubilé. Empecé de oficial y salí de maestro. Ahí hice, junto con mis empleados, muchísimos trabajos de ebanistería y carpintería. ¡Cuarenta y un años he estado en la Diputación, casi toda la vida!; entré con veinticuatro años, recién casado, y me salí en 2005.

—¿Tuvo algo que ver su jubilación con la dedicación a esta afición suya de construir maquetas?

—Fue jubilarme y me dio por hacer la Catedral, que fue la primera, tendrá unos veintitantos años. Luego hice el Teatro El Norte y ya, lo demás. He usado los libros de Agustín Garzón y modelos de los hermanos Senise, además de otros libros que tengo, hay un montón aquí.

Tiene memorizado el lugar que ocupa cada maqueta en su local, hasta el punto de que, cada vez que nombra uno de los monumentos reproducidos, señala el lugar en el que se encuentra, de la misma forma que el poeta Rafael Alberti, en su libro 'Noche de guerra en el Museo del Prado', reconocía de memoria los cuadros ausentes gracias a la sombra que habían dejado en la pared donde colgaban.

—Para hacer piezas como las que muestra en su taller debe de ser necesaria mucha habilidad, grandes dosis de paciencia y gusto por el trabajo. ¿Ha sido su caso?

—Hombre, claro, me gusta la madera, si no... Sin embargo tengo mis hermanos, que no les gustaba, no salieron a mi padre. Tampoco mi hijo me ha salido en eso. Tengo uno mayor que sí le gusta, pero lo que pasa es que la vida está muy mal, los padres no queríamos que los hijos fueran como nosotros, sino que fueran más todavía, entonces lo tuve en un colegio bueno, se hizo abogado, luego se hizo delineante, en fin... A ese sí le gusta esto más, me ha hecho muchos planos, pero al final le pasa como a mí, que tiene los hijos pequeños, los tiene que criar. Si se dedica a hacer algo es cuando ya tenga a los hijos grandes, cuando ya pueda él.

—¿Recuerda cuál fue el punto de partida de esta actividad, qué lo impulsó a construir las maquetas?

—Porque me gustaba; yo había estado trabajando en la construcción, estuve con los Siles, con Arcosa, con muchas empresas..., hubiera sido un buen arquitecto. ¡Si yo hubiera podido estudiar! Aquí vemos las maquetas y parece que cuando están hechas, están hechas, pero ponerles todos los detalles de los tejados y todo, eso es muy complicado, no lo hace cualquiera.

—¿Cuál es el secreto de su arte?

—Nadie nace sabiendo: es machacar mucho. Si una cosa se te echa a perder, vuelves otra vez, la quitas, vuelves a hacer otra... También tienes que tener un poquillo de inteligencia, pero es machacar, machacar mucho. 

—¿Y los útiles? ¿Con qué trabaja?

—¿Herramientas?, en las maquetas estas todas las herramientas son de mano. No tengo ninguna máquina, solo una lijadora y una máquina de calar, lo demás son formones, cepillos..., lo de toda la vida. ¡La sierra es la de Jesucristo [bromea, de tan rudimentaria como es]. Y como me gusta tanto, cada vez me cuesta menos trabajar con estas herramientas. 

—Huele a madera noble en este sitio... ¿Con qué construye sus maquetas?

—Las maquetas, con pino de Flandes; para los muebles [otra de sus especialidades en el universo de las miniaturas] uso maderas nobles como nogal, castaño, roble, ébano. Las grecas también las hago a mano, son piececillas que van pegadas.

—Materiales nada baratos, ¿no?

—Hombre, claro, es caro, lo que pasa es que luego tienes compañeros que te dan un trozo de nogal, por ejemplo; te lo endiñan y sale más barato.

—¿Ha pensado alguna vez en rentabilizar esta afición?

—No, esto lo hago yo por hobby, viene la gente y me pide que si le puedo hacer alguna maqueta y le digo que no, porque con una maqueta te tiras, a lo mejor, dos meses, le dices luego lo que vale y te dice que no. Ahí tengo un montón de tronos de Semana Santa que si hubiera hecho mil, los hubiera vendido. Yo no vendo, esto es un hobby.

—¿Qué destino espera a su colección de maquetas, Luis?

—Se lo he propuesto mucho a los políticos, tanto a los que están como a los que se fueron. Me decían a todo que sí, pero luego... El presidente de la Diputación me propuso darme una sala en los Baños Árabes, bajó la directora al dia siguiente, me pidió las medidas de todas las maquetas y pensé: "Esto va en serio"; pero de esto hace ya cinco años. ¡Y eso habiendo estado yo más de cuarenta años en la Diputación!

—¿Nunca ha preguntado qué fue de aquella propuesta?

—Un día vi a la directora y le pregunté: encogió los hombros. Han venido concejales, y cada uno me decía una cosa. Lo último, que en los Uribe iban a hacer un museo de cosas de Jaén, pero yo me pregunto: si con el otro museo [el Ibero] se han tirado para hacerlo lo menos doce o quince años, ¿cuánto se van a tirar para hacer ese, si no tienen ni un duro? Me moriré y no veré el museo ese hecho.

—¿Entonces? ¿Qué será de todos estos monumentos a escala, de tanta nostalgia y tanto amor como hay en estas obras?

—No sé; yo he pensado no hacer nada más. Esto lo tengo abierto, yo no cobro nada, la gente entra. Puse una hucha porque me insistieron los amigos, por si echan un euro y se me funde una bombilla o para pagar la luz. Pero en cuanto alguien entra y ve la hucha, da la vuelta y dice: "¡Ya vendremos otro día, que tenemos mucha prisa". Sin embargo viene gente de fuera, de Granada, de Córdoba, de Sevilla, de Galicia (viene mucha gente de allí)... Todos los que pasan de los Baños Árabes por aquí, casi todos se llegan y dicen: "Es lo mejor que he visto de Jaén". Parece que esto no les interesa a los que me han prometido tantas cosas.

—¿Qué le gustaría que le ofrecieran?

—Yo lo que quisiera es que lo metieran en la ruta turística de Jaén. En Jaén no hay nada, y los que vienen por la Judería, en cuanto lo ven, entran. Una vez vino un político y me prometió meterlo en la ruta, le dije que me avisara para tener yo el horario más exacto, para estar atento [abre de diez y media de la mañana a una de la tarde, y de seis a ocho]. En otra ocasión pasó alguien de la Oficina de Turismo, miró, entró y dijo: "¿No le interesaría que esto lo pusiéramos en Turismo?"; claro que me interesaría, pero le dije una cosa, y es que yo, de aquí, ni un duro, que no tengo más que la paga de jubilado. Se fue y, un día, mi hijo el mayor se llegó, preguntó y le dijeron: "Eso, si no sueltan la gallina...". 

—El dinero, Luis, siempre el dinero...

—Sí. Pero es que, aquí, todo esto está muy apretado; una maqueta, para que se vea por todos sus costados, necesita al menos unos sesenta centímetros.

—Entrar en este bajo es adentrarse en la historia de la capital jiennense, darse cuenta de cuánto de valioso conserva y lo mucho que ha perdido, ¿no le parece? ¿Cree que se ha atentado mucho contra el patrimonio de la capital a lo largo del tiempo?

—Hombre, eso es un crimen, lo que han hecho es un crimen. Lo último, el Cervantes, eso estaba en muy buenas condiciones. Pero la culpa la tuvimos los jiennenses, por no haber dicho: "Eso no se tira". 

—Imagine por un momento que se abre la puerta de este local y le comunican que su obra va a ser trasladada a un museo, a un buen espacio de exposición.

—Eso sería de lo más grande de mi vida, y yo creo que como no lo hagan los políticos, nadie lo va a hacer. Eso no viene cualquier persona a decirlo, tienen que ser ellos, que son los que mandan. 

"A un alma se le mide por la amplitud de sus deseos", escribió Flaubert, enamorado de la palabra exacta: la que usa Luis Barbero con la misma precisión con la que maneja las herramientas que dan a luz sus pequeñas grandes maravillas.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.

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COMENTARIOS

Rafael Cañada Quesada  (de Jaén)

Rafael Cañada Quesada (de Jaén) Febrero 03, 2020

Eres un noble notable pero que muy notable de espíritu, amigo de la infancia.- Dios te dará un día un abrazo, pues te lo mereces.---Recobe mi respeto y afecto.---Rafa.---Me dicen que la dirección de email es incorrecta,¡¡¡ Y NO LO ES !!....¿Qué les pasa a ustedes?.---

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Esperanza Calzado

Esperanza Calzado Febrero 03, 2020

Hola, buenos días. Es raro que le haya dado error la dirección de correo electrónico porque nos ha remitido el correo con el comentario perfectamente. De todas formas le pasamos el aviso a los informáticos. Saludos.

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Pedro Jódar Montañes

Pedro Jódar Montañes Febrero 04, 2020

No se ha pensado en hacer una Asociación Amigos Miniaturas Históricas?

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Luis Barbero (hijo)

Luis Barbero (hijo) Febrero 04, 2020

Gracias a quien ha entrevistado a mi padre y escrito este artículo, tengo que decir que me ha emocionado. Pero...cómo no! Es mi padre. La verdad es que estoy orgulloso de ser su hijo...gracias padre por ser quien eres y por hacerlo tan bien...has sido un buen padre en todo y lo sigues siendo, y además has demostrado ser un buen profesional y un verdadero artista, estoy enamorado de cada pieza y de cada miniatura que haces y algun día seguiré haciéndolo yo cuando tenga más tiempo. Gracias por toda esta vida que me has ayudado a vivir y compartirla contigo. Feliz día de cumpleaños.

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