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"Si no hubiera habido pandemia, no habría escrito este libro"

Por Javier Cano - Marzo 05, 2022
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"Si no hubiera habido pandemia, no habría escrito este libro"
Carmen Bermúdez posa con su nuevo poemario momentos antes de su presentación. Foto: Javier Cano

Carmen Bermúdez Melero asegura que no desvela su edad "porque a los mayores se les trata fatal, aunque estén en activo". Sea como sea, lo cierto es que esta veterana poeta y pintora jiennense acaba de sumar a su larga lista de publicaciones un nuevo título, La vida mágica, un libro publicado por Ediciones Vitrubio en el que la pandemia y sus consecuencias cotidianas conviven con la celebración lírica de continuar formando parte de la existencia. 

—La vida mágica, que da título a su último poemario, es la propia conciencia de la existencia, ¿no?

—Sí, claro: la magia de poder decidir por ti mismo, de poder vivir.

—Comienza usted su libro con toda una declaración de intenciones: "Convoco a la armonía". 

—He puesto ahí todo mi corazón y mi pensamiento; como no puedo dar casi nada doy lo que pienso, por si sirve de algo.

—¿Poemas recuperados o textos de última hornada, Carmen? 

—Acabé el libro después de la pandemia y lo mandé al editor. 

—De hecho, la pandemia no le es ajena a estos versos. 

—Así es, hay bastantes poemas que aluden a ella.

—"Inesperadamente ese virus: y alguien / rodeó con finas cuerdas el espacio vital...". ¿Qué supuso para usted ese parón?

—El confinamiento a mí me hizo polvo, no lo pude superar. Además lo creí injusto. Me quedé en blanco, fue un mazazo horrible para mí.

—"Caímos en el pozo sin fondo de la soledad", escribe Carmen Bermúdez en otro de los poemas de La vida mágica... ¿Ha querido poner voz a lo que sintió el mundo durante el confinamiento?

—No lo sé, cada persona lo ha asimilado de una forma distinta, pero a mí me afectó muchísimo, es como si esa época de mi vida me la hubieran borrado. Me fui fuera de mi misma, creí muy injusto que nos confinaran, y además creo que no sirivio para nada. 

—Después de la tormenta llegó la calma, o lo que es lo mismo, tras la larga cuarentena se volvieron a abrir las calles. Leyendo sus poemas, queda claro que acogió usted aquel momento como un reencuentro con el prodigio cotidiano que es vivir, según se deduce de su poesía.

—Sí, sí, poder salir, decidir sobre tu vida. Cada uno, como dijo el pensador, es uno y sus circunstancias, esa es la verdad más preciosa que hay. 

—La presencia de los niños en estas páginas es destacable. ¿Acaso como símbolo de la esperanza?

—Ellos son el futuro, y yo pienso siempre en el buen futuro de la humanidad, no soy castastrofista. Ellos son los que siguen, y los veo con alegría y optimismo. 

—¿Qué supone este libro en su trayectoria literaria?

—Solo pienso que cada libro es un paso más hacia el conocimiento, al menos de mí misma, y también un poco de la sociedad, lógicamente.

—Si no hubiera habido pandemia, este libro posiblemente no se habría escrito, o no sería el mismo...

—Sí, así es. Ahora bien, mi espíritu silvestre, en contacto con la naturaleza, eso estará siempre, hasta que me muera. Somos naturaleza y me siento muy identificada con ella, con la tierrra, con el campo... 

—Sí, eso también es fácil de constatar con la lectura de La vida mágica. ¿Qué vendrá después de estos treinta y cinco poemas?

—No sé, no estoy trabajando en nada nuevo ahora. Voy a ver si me remedian un poco la vista, que es esencial. Sigo haciendo gimnasia en casa, una hora diaria; salgo por la mañana, aunque me duela lo que me duela, y por la tarde, por andar. O sea, lo que estoy haciendo es cooperar a que mi salud esté bien. 

—Y pintando...

—Sí, también hago algo. Despacio, pero disfutando de un tiempo que antes no tuve para mí. 

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