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"La protección al embarazo estaba ya en la legislación de Indias"

Por Javier Cano - Mayo 24, 2020
"La protección al embarazo estaba ya en la legislación de Indias"
Miguel Ángel Chamocho con el exrector de la UJA Manuel Parras, en un acto de la Cátedra Blas Infante en Andújar.

El titular que encabeza esta entrevista y otras sentencias que siguen la misma línea son algunas de las conclusiones que el catedrático de la UJA Miguel Ángel Chamocho Cantudo (Andújar, 1969) ha obtenido tras un año y medio de trabajo en torno a La regulación jurídica del trabajo en las Indias Occidentales (1492-1580). Un amplio estudio cuya lectura promete derribar más de un mito contraimperialista en torno al papel de la monarquía española en la colonización americana y que le ha valido el prestigioso Premio Eduardo de Hinojosa y Naveros de Ciencias Jurídicas.

—En tiempos del coronavirus, la noticia de la concesión de un premio como el que ha merecido su obra debe de ser un chute de optimismo...

—Para mí ha sido toda una sorpresa. Es la primera vez que me presento a un certamen a nivel nacional y, además, con un jurado tan prestigioso. Uno, cuando se presenta, siempre tiene la esperanza de que cuenten con él, pero no solo depende de ti y de tu trabajo, sino también de la competencia que haya. 

—¿Le consta el nivel de competencia al que se ha tenido que enfrentar en esta ocasión?

—Los organizadores, y en eso hay que alabarlos, son tremendamente pulcros en la información que transmiten. Desconociendo en absoluto quiénes se han presentado y de qué universidades proceden, simplemente lo que he conseguido sacar adelante es que ha habido muy buen nivel y que ha costado decidir entre todos los trabajos presentados que han llegado a la 'final'. Es decir, que yo me he llevado el premio, pero que el nivel intelectual que se ha presentado a este certamen ha debido de ser bastante bueno.

—Doble alegría entonces, ¿no?

—Efectivamente, y lo digo fundamentalmente en beneficio del certamen. No es que yo quiera poner ahora mi trabajo por encima de cualquier otro. A la hora de decidir, por ejemplo en un concurso de pintura, por un cuadro o por otro, la cosa iría por los gustos personales de cada uno, más por gustos que porque uno sea mejor que otro técnicamente. Pues esto es lo mismo. Yo me quedo con la tranquilidad de que el elenco de catedráticos del jurado es tan bueno que cualquiera de los trabajos presentados que medianamente tengan una coherencia en cuanto a estructura, investigación y demás hubiera ganado. 

—Acaba de ganar el premio más prestigioso en su campo de investigación y le quita hierro al asunto. ¿Milita usted en el 'ejército de los humildes', por decirlo con palabras de Unamuno? 

—Los investigadores vivimos en la transferencia del conocimiento, trabajamos para eso, no para ser mejor que el otro, yo no compito para ser mejor que nadie, sino yo mismo conmigo mismo. Esto no es una competición ni una carrera de cien metros lisos. El conocimiento es para echarle horas y transferirlo y, afortunadamente, luego existen estos certámenes en los que se reconoce el trabajo. Nada más.

—Entrando en materia, señor Chamocho: ¿Había trabajado anteriormente el tema del Derecho aplicado en las Indias Occidentales o este trabajo nació ex profeso para el certamen?

—Hace años publicamos en la Universidad de Jaén una compañera y yo, con ocasión de una asignatura que nos asignaron, el típico manual para ofrecérselo a los alumnos. Dentro de ese material me tocó a mí ocuparme del capítulo que hace referencia al trabajo en las Indias occidentales. Conforme avanzaba en ese trabajo me sorprendió muchísimo que los primeros catedráticos del Derecho del Trabajo a uno y a otro lado del Atlántico, tanto de universidades latinoamericanas como sobre todo en España, dijeran en sus manuales que lo que en Europa se había conseguido a través de la movilización, de la huelga, de la reivindicación social, de la lucha obrera, de la sindicación... se habían conseguido en las Indias Occidentales gracias, en gran medida, al humanismo, a la caridad, a la pretensión de los soberanos españoles para con los indios.

—¿Cómo reguló jurídicamente Castilla, según sus investigaciones, a las comunidades nativas que encontró allende los mares?

—Frente a lo que hacían otros países con el proceso de colonialismo, que era considerar a los colonizados esclavos, meras cosas, y por tanto se les ponía a trabajar como burros, la reina Isabel I de Castilla en ningún caso planteó la posiblidad de que fueran considerados como tales; de hecho se enfadó muchísimo con todo el clan de los Colón, precisamente porque el descubridor, al no encontrar las especias, pensó en hacer negocios esclavizando a los indios. La reina se opuso, y esa información, que me parecía muy peculiar, me llevó a todo este proceso para averiguar qué razón había en las frases que pronunciaban ya estos catedráticos del siglo XX en España e Iberoamérica.

—López Obrador, el presidente mexicano, quizá no estaría muy de acuerdo con estas afirmaciones, si se tienen en cuenta las disculpas que demandó a España a cuenta de su papel colonizador.

—Yo me he encontrado también ese tipo de informaciones, forman parte de la fobia y el odio que se tiene a los viejos imperios, cuya función, naturalmente, es esclavizar, someter a los súbditos al fin y al cabo. Sin embargo, el método de trabajo que exigimos a los indios occidentales era el mismo que exigíamos a los vasallos de la metrópolis, pero dependiendo de la posición ideológica que uno quiera adoptar, desde una posición americanista por ejemplo, lo que realizaron los españoles fue poco menos que un modelo de opresión. 

—Pero si, como dice, se concedió a los indios el mismo sistema laboral que a los vasallos de Castilla, ¿por qué persiste esa idea, en muchos foros, de que el Descubrimiento fue sinónimo de esclavitud?

—La mayor parte de los libros que se publicaron en el siglo XVI para determinar cómo eran los indios naturales de las Indias Occidentales decían que eran holgazanes, porque tenían un rol de vida social orientado a trabajar exclusivamente para cubrir sus necesidades básicas. No tenían pretensión del oro, que lo tenían en frente, ni de la plata... simplemente vivir el día a día, porque la selva, los modelos de agrupación social así lo determinaban.

—Y Castilla les fastidió 'la siesta', por decirlo de alguna manera...

—Precisamente cuando se incorpora el modelo social y económico tremendamente mercantilista (en el sentido de que hay una posición de la monarquía católica de intervenir en la economía) a las Indias. Si un vasallo de Castilla  considerado libre tiene que trabajar y pagar los impuestos al Estado, al considerarse a los indios súbditos de Castilla, al darles ese privilegio, tienen también que trabajar para seguir aportando, en un principio de igualdad con el resto de los españoles, y eso constituye un conflicto enorme. 

—Con estos mimbres, catedrático, ¿se puede asegurar que España está libre del pecado de esclavitud, entonces?

—Solamente la comparativa de lo que hicieron Portugal, Holanda o Inglaterra respecto al proceso de colonialismo y el trato, fundamentalmente a los negros del África, implica un modelo de esclavitud que España no adoptó. Castilla provocó un trato humanitario con los indios, fuimos los fundadores de los derechos humanos fundamentales solamente por cómo tratamos a los indios. Nosotros también adoptamos la esclavitud, sí, pero de aquellos esclavos negros que nos vendían quienes los habían esclavizado. Son las dos vertientes del modelo del imperialismo español: nosotros les damos los mismos derechos y libertades a quienes colonizamos que a los españoles pero, sin embargo, también asumimos el rol de tomar mano de obra que solo tienes que alimentar.

—¿Puede que en esa dicotomía esté el origen de esa imagen negativa del imperio español? 

—Esto es muy sencillo: tú tienes una empresa y tienes quince empleados a los que les pagas cada mes tres mil euros; al final tienes un rendimiento económico. Si la misma empresa tiene quince trabajadores a los que solo les paga la comida, evidentemente el rendimiento económico, es decir, tu haber al final del ejercicio, se incrementa. Por tanto, desde el punto de vista mercantil de la época lo que se le paga a la mano de obra es fundamental; si la mano de obra era esclava, España no iba a competir nunca contra Portugal, porque la mano de obra de Portugal era esclava. Esa es la grandeza de lo que ocurrió en las Indias Occidentales y de lo que yo, de alguna manera, he intentado preocuparme para ver en qué medida, efectivamente, se garantizaron derechos a los indios naturales que les garantizaban a la vez su condición de personas de especial protección por parte de la monarquía española.

—En definitiva, profesor, el trato que dio Castilla a los indios fue bueno cuando menos, según sus investigaciones...

—Efectivamente fueron protegidos, tuvieron un conjunto reconocido de derechos que hoy denominaríamos derechos sociales, por ejemplo el derecho a la protección del embarazo de la mujer y a no trabajar cuatro meses previos al embarazo; eso se concedió a las mujeres hace cuatro días, y sin embargo ya se encontraba en la legislación de Indias. Por eso digo que lo importante para nosotros, los investigadores, es transmitir ese conocimiento, y luego que cada uno haga sus composiciones de lugar. Habrá quienes estén de acuerdo con estas conclusiones y quienes no, pero los datos están ahí. 

—¿Cuándo podrán leer el fruto de este trabajo quienes, después de esta entrevista, se mueran por secundarle... o todo lo contrario?

—Se va a publicar, de hecho estoy ahora mismo con el formato de la publicación y me han dado unas semanas para presentarlo a la Editorial Dykinson, una de las mejores que tenemos en España en ciencias jurídicas. Según me hicieron saber, con todo esto del Covid-19 se retrasa la entrega del premio, que iba a ser a mediados de mayo, y se deja para el 25 de noviembre, fecha en la que nació Eduardo de Hinojosa, el padre de nuestra disciplina. En ese momento se hará la presentación del libro y se entregará el premio. La salud es lo primero. 

 El catedrático iliturgitano junto a María de los Ángeles Infante, hija del fundador de la patria andaluza.
El catedrático iliturgitano junto a María de los Ángeles Infante, hija del fundador de la patria andaluza.

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