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"El germen de la novela está en los veranos que pasé en las Ventas"

Por Javier Cano - Julio 20, 2020
"El germen de la novela está en los veranos que pasé en las Ventas"
El autor de la novela, Fran Toro.

Fran Toro (Badalona, 1977) ha caído de pie en el mundo de la literatura. Profesor de Secundaria, su primera incursión en la novela, Olivos de cal (Olé Libros), no solo ha recibido las mejores palabras por parte de algunos de los mejores en eso de escribir, sino que le ha valido el Premio Nacional Ateneo Mercantil de Valencia 2019. Hijo de padres jiennenses, el reconocido autor inicia mañana mismo una 'gira' de presentación en las tierras de sus ancestros (Alcalá la Real el 21 de julio, Ventas del Carrizal el 30 y el 4 de agosto, en Frailes).

—Su novela tiene como escenario paisajes de Jaén, desde su título rezuma ya aromas aceituneros. ¿Qué une a Fran Toro con el mar de olivos?

—Yo soy hijo de la Higuera de Calatrava y de Ventas del Carrizal. Todos mis veranos los he pasado aquí, en las Ventas. Es un paisaje familiar para mí.

—La primera novela de su vida y con premio. 

—Sí, es la primera La acabé de escribir en 2016 y tres años más tarde ganó el Premio Nacional Ateneo Mercantil de Valencia y ya está publicada.

—Estará usted encantado de la vida...

—Sí, además, en realidad, no es mi primera incursión en la novela, sino en la literatura. Los textos cortos que he hecho pertenecen al periodo que va desde que escribí el libro hasta su publicación, por lo tanto es prácticamente mi primera incursión. 

—¿Qué es Olivos de cal?

—Es una novela rural, constumbrista y que tiene bastante de novela histórica también.

—¿Qué papel juega su propia biografía en este primer libro?

—Yo creo que, en realidad, el germen está en esos veranos de la infancia, en esas historias. No quiere decir que toda la novela recoja esas experiencias personales, pero sí he querido unir mi nombre a ese pasado, a esas historias que, desgraciadamente, cuando se va la gente mayor, desaparecen con ellas.

—En sus páginas está presente ese antes y después que supuso para España la Guerra Civil. ¿Qué peso tiene en el libro este episodio trascendental de la historia española?

—Sí, está presente, y esto puede llevar al lector a pensar que es una novela sobre la Guerra Civil, pero en realidad no es así. Cronológicamente abarca desde principios de siglo hasta el año 47, es decir: la guerra es un episodio más de la novela. Hay incluso algún guiño al siglo XIX. No diría yo que es una novela sobre la Guerra Civil, propiamente dicha. 

—El caciquismo, el universo de los señoritos y los 'vasallos' es inevitable en las páginas de Olivos de cal... 

—Claro, es que era la realidad. Mi abuela, por ejemplo, trabajó en una finca cerca de las Ventas. La verdad es que no pretendo juzgar el pasado, simplemente marcar a unos personajes y enmarcarlos en su época. Igual un lector ajeno puede pensar que estoy forzando la historia para escribir una novela de señoritos, pero ya los primeros lectores y gente mayor que vivía aquí me ha dicho que lo que cuento es bastante real.

—A lo mejor levanta alguna ampolla entre los lectores de la tierra de sus ancestros.

—No creo. Uno de mis objetivos más conscientes ha sido evitar el maniqueísmo. No pretendo que haya buenos ni malos, simplemente los ha habido, los hay y los habrá. Si alguien se seitne identificado con los (digamos) malos de la novela, qué le vamos a hacer. En el libro hay de todo, buenos y malos, como en la vida.

—La Guerra Civil, los bandos, las eternas dos Españas... Aunque su novela está avalada por un premio nacional, ¿no hubiera sido más 'práctico' para usted apuntarse a la moda del revanchismo?

—No, no. Imagino que es más fácil hacer ruido escribiendo una novela de la Guerra civil con rojos y azules, donde unos son muy buenos y otros muy malos. No he pretendido tampoco dar una clase de historia, solo mostrar a unos personajes a los que les pasan cosas. Al estar tan fielmente ubicado en un sitio (en Alcalá, en Alcaudete, en Castillo...) fue como fue, pasó lo que pasó. Si hubiera estado ubicada en Madrid o en Sevilla, hubiera cambiado el contexo de esos personajes, pero... A mí me interesa poner la lupa y bajar un poco más a pie de cortijo. 

—Mañana, en la Lonja del Arcipreste, se reencontrará usted con su memoria sentimental, con los vecinos de Alcalá, en la primera de las presentaciones de la novela en la provincia. ¿Qué espera de estas citas? ¿Qué le diría a los vecinos para que se animen a leer Olivos de cal?

—De momento son tres presentaciones, yo espero que haya más, aunque las circunstancias son un poco complejas. Les diría que, aunque parezca un poco tópico, estén orgullosos de que alguien a quien han visto crecer se ha acordado de ellos y ha escrito una novela que no solo habla de sus paisajes y sus historias, sino que tiene buena crítica, un premio y está siendo bien recibida. Que la lean y, si les gusta, mucho mejor.

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