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"La historia consiste también en asumir la parte mítica"

Por Javier Cano - Noviembre 12, 2022
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"La historia consiste también en asumir la parte mítica"
El escritor Juan Eslava. Foto: Victoria Iglesias

El pasado miércoles, Juan Eslava Galán (Arjona, 1948) presentó en Jaén su penúltimo libro (lo de último, nunca), La Reconquista contada para escépticos (Planeta). Una nueva entrega de esa celebrada serie en la que aborda, con su ironía y su rigor característicos, algunos de los episodios más trascendentales de la historia. A pie de andén, camino de otra presentación, el escritor urgavonense comenta su reciennacida obra para los lectores de Lacontradejaén 

—En plena vorágine promocional, de viaje, ¿verdad, señor Eslava?

—Estoy en la estación de Córdoba, sí, esperando el AVE. Estoy como un feriante, de un lado para otro.

—Y con la Reconquista bajo el brazo...

—Sí, uno de los episodios más importantes de nuestra historia y, además, un libro con una parte final que tiene mucho que ver con Jaén, el estudio de cómo era la frontera ya del reino de Granada, que partía el reino de Jaén. 

—La frontera, el pacto de Jaén... Su tierra vuelve a colarse en las páginas de su obra literaria.

—Claro, es una etapa muy interesante de nuestra historia. 

—O personajes como el legendario Cid, que no era de Jaén pero tiene calle a su nombre en la capital de la provincia. ¿Sale bien parado don Rodrigo en su libro, cae el mito o sobrevive a esta época de revisionismo (dicen muchos) tendencioso?

—No, no, aunque se haya manipulado mucho es un personaje admirable. Efectivamente hay mitos, como la Batalla de Covadonga o la ayuda del apóstol Santiago a los cristianos, que creo que son asumibles, porque en eso consiste la historia también, en asumir una parte mítica que no hay por qué rechazar. Lo que sí hay que saber es deslindar lo que es verdad de lo que es leyenda. 

—Un episodio tan recurrente como la Reconquista, tantas veces recogido negro sobre blanco, ¿admite nuevas aportaciones? ¿Qué hay de inédito en este libro? 

—Sobre todo es un libro de divulgación, obviamente, como todos los míos, y he puesto la tensión especialmente en la parte final, que es de la que más documentos tenemos, a partir del siglo XIII y principalmente cómo se vivía en la frontera que había en Murcia, en Jaén, en la zona de Málaga... O sea, la frontera entre el reino nazarí y el de Castilla, que es interesantísima. Muchos de los documentos que cito ya los publicó nuestro comprovinciano Juan de Mata Carriazo en su momento, que están en el archivo del Ayuntamiento de Jaén. He querido poner un poco en valor, también, nuestra riqueza documental. 

—¿Cómo era esa vida en la frontera?

—No había convivencia, pero sí coexistencia entre los dos bandos. Había instituciones comunes como el alfaqueque, que era una especie de tratante que podía pasar de tierra de moros a tierra de cristianos; había también un alcalde de moros y cristianos para dirimir pleitos, para ver quién se quedaba con los pactos el año próximo... Dentro de que había un ambiente de guerra, una frontera caliente, había también grandes periodos de paz. No convivieron nunca, pero sí coexistieron, y eso lo pongo de relieve en el libro. 

—¿Quizá le concede protagonismo a esa coexistencia, en esta nueva entrega, porque merece la pena tomar nota, aplicarse el método a la realidad del siglo XXI? ¿O no da para tanto?

—No llega a tanto por una razón muy sencilla: las comunidades islámicas, tal y como se plantean, no pueden concordar con las comunidades occidentales sencillamente, por ejemplo, en el respeto a la mujer, en eso estamos a años luz de distancia; es una tontería que podemos entendernos perfectamente y convivir. Convivir no, coexistir sí. Tendría que cambiar mucho una parte u otra, y ninguna de las dos va a cambiar.

—Le dejo, Juan, que se oye el chacachá del tren, pero no sin preguntarle, a las puertas de Navidad y Reyes, por las opiniones que le llegan sobre el libro, especialmente desde Jaén. Si es que le ha llegado alguna. 

—Ya tengo noticias de paisanos que lo han leído, que me escriben y están encantados, así que perfecto. 

—¿Eso no deja de ser un regalo a estas alturas de su carrera, o ya está usted curado de admiración?

—Por supuesto que es un regalo, claro que sí. 

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