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"Cada vez que ando por el Jaén antiguo soy el tío más feliz del mundo"

Por Javier Cano - Diciembre 02, 2019
"Cada vez que ando por el Jaén antiguo soy el tío más feliz del mundo"

La poesía de Martín Paredes (Jaén, 1975) tiene en la denuncia social, el amor o las devociones de aquí sus principales motivos de inspiración, pero es su ciudad natal la que se lleva la palma a la hora de convertirse en protagonista de sus textos. Tanto es así que, escriba de lo que escriba, la capital del Santo Reino tiene hueco reservado en cualquiera de sus libros. Entre 2016 y este 2019 que va ya de recogida (como la procesión de El Abuelo por la Carrera de Jesús a eso del mediodía), la vida de este enamorado del casco antiguo ha saltado del anonimato a las páginas culturales de la prensa local gracias a una vertiginosa carrera literaria que, a libro por año, no lo deja bajar del candelero.   

—Oscar Wilde afirmaba que no existe influencia buena, pero en su sentencia dejaba claro que existir, existe. ¿Quiénes le han marcado el camino a Martín Paredes? ¿De qué fuentes ha bebido a la hora de escribir?

—A mí me gustan mucho Miguel Hernández y Machado, también Ángel González y Francisco Brines, que me encanta; después me he inspirado mucho en poetas de Jaén como Damiani, entre otros, a la hora de escribir. De hecho, tengo una cita suya en el libro. 

—¿La poesía se elige, o elige?

—Te elige, te busca, te siente ella a ti y te conquista. 

—Según esa respuesta, mucha gente no se percata de esa elección...

—Efectivamente, mucha gente no se da cuenta. Yo, por ejemplo, empecé a escribir tarde, lo que sí era es un lector voraz, pero empecé a escribir a partir de conocer a Natalia, [su esposa y destinataria de muchos de sus textos], hará unos ocho años. 

—Antes de ese momento, ¿no escribía nada?

—Bueno, hacía mucha prosa poética, mucho texto, lo que pasa es que publicar, que la gente leyera mis textos, fue a partir de conocerla a ella. 

—Parece que le ha dado buena suerte, ¿no? Cuatro libros en cuatro años. ¿Cómo empezó a convertir en público lo que hasta entonces formaba parte de su intimidad literaria?

—Por mi cuarenta aniversario le comenté a unos buenos amigos que me gustaría ver mis poemas en un libro, y ellos me regalaron cien ejemplares por mi cumpleaños. Ya el segundo, La voz de los callados, lo envié a una editorial de Jaén, a otra de Sevilla y a Madrid; desde esta última me contestaron rápidamente y lo publiqué, con el sistema de crowfunding. Luego, Siete cruces y un nazareno y Nana a una madre, directamente al editor le gustaron mucho y se vendieron bastantes libros. Esas ediciones han corrido a cuenta y riesgo del editor.

—¿No le tientan los premios?

—No, no he ido a ningún concurso. Los premios no es que estén dados, pero tienes que tener ya un nombre. Tampoco me interesan, a mí me gusta escribir sobre Jaén y ya está, es lo que más disfruto.

—¿Qué persigue con lo que escribe?

—Yo espero remover conciencias no por la estética ni por la belleza, sino por la cuestión social. Denunciar, por ejemplo, a nivel patrimonial y político, el abandono de Jaén, y la propia desidia del jaenés. Es como mi política, intentar que la gente se una en estos tiempos tan convulsos que está todo el mundo cabreado.

—Sin embargo, su última publicación es un poemario amoroso...

—Sí, Nana a una madre es un libro de amor, una recopilación de todos los poemas hechos a Natalia.

—¿Más íntima, quizá?

—Exactamente, más íntima. Pero siempre hay algo de Jaén.

—¿Comunica usted con la poesía algo que no pueda comunicar con la prosa?

—Pues, por ejemplo, ese sentimiento y esa denuncia social, ese intimismo que yo, en prosa, no lo sé hacer. De hecho, cuando hago los relatillos de Cuentos del Lagarto [que difunde por las redes sociales] imagino que es más o menos prosa poetica, pienso.

 Paredes recita poemas de su último libro en su presentación en la Academia Carrillo.
Paredes recita poemas de su último libro en su presentación en la Academia Carrillo.

—¿Fondo o forma? ¿Qué prima en su producción?

—Sobre la métrica considero que el poeta que la domine hace una poesía fácil, o sea, que no le cuesta hacer el poema. Yo, evidentemente, estoy aprendiendo métrica.

—Entonces, los poemas con estructura de soneto que aparecen en este último libro son, en lo formal, una suerte de ejercicio...

—Son sonetos a mi estilo, pero poco a poco me voy formando con esos sonetos, procuro que sean endecasílabos, que tengan rima, que tengan ritmo. Pero hacer un soneto no es fácil.

—O sea, que aspira a dominar la forma, a poder firmar un soneto perfecto.

—Sí, un soneto medio bueno.

—¿Su próximo libro? ¿Trabaja ya en algún proyecto nuevo?

—Tengo un poemario casi hecho, pero quiero aprender, que alguien que sepa me lo mire para darle forma al tema; tiene mucha denuncia social y, también, una especie de diálogo entre mi padre y yo, denunciando todo lo que se ve en el mundo actualmente.

—No ha optado por un personaje ficticio, por un sujeto imaginario, ha tirado de familia.

—Es que mi padre es un tío al que yo admiro, mi fuente de inspiración, una persona que siempre ha estado vinculado con la gente que no tiene, siempre ha intentado ayudar, da lo que tiene y se queda sin nada si hace falta.

—¿De ahí viene su gusto por la denuncia social, quizá?

—Bueno... Mi padre ha estado muy vinculado a la Cofradía de Jesús con el tema de caridad; después, el hecho de que mi familia ha vivido en la zona antigua te hace conocer los problemas. Yo vivo en la Plaza de Rosales, estoy en la Asociación Torre del Concejo como secretario; la gente, una vez que cruza Artes y Oficios, entra en otro mundo. Y hay gente muy buena que no tiene y que no puede y que por eso ya está estigmatizada, por el hecho de vivir en el casco histórico.

—Ese es el paisanaje de su obra, entonces.

—Sí, el desahuciado, el pobre, el que no tiene, vamos. 

 La Merced, en Jaén.
La Merced, en Jaén.

—Y su apego al casco antiguo de Jaén, ¿también venía 'de serie'?

—No, yo nací en la Plaza de Belén, pero mi madre era de La Merced, de la calle Duque; desde pequeño, mi abuelo y yo íbamos a la zona antigua. Cuando atravesaba la Plaza de la Constitución era como si entrara en otro mundo, y me sigue pasando igual. Cada vez que ando por el Jaén antiguo soy el tío más feliz del mundo.

—Imagínese que le confieren todo el poder para hacer lo que quiera con Jaén. ¿Por dónde empezaría?

—Lo primero que yo haría por Jaén es dar una conferencia sobre jaenerismo, es decir, que la gente supiera las potencialidades patrimoniales y culturales de Jaén. Si los políticos fueran capaces de abandonar sus siglas y hacer una fundación por el casco antiguo, para que la misma gente del casco histórico pudiera trabajar por su barrio, que se sintieran queridos... Haría algo de eso. El tema de la vivienda hay que solucionarlo, está muy jodido.

—Lo mismo lo intenta fichar algún partido, después de leer esta entrevista.

—Ya llevo un par de años en el movimiento vecinal, si entro en política creo que me traicionaría a mí mismo. 

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