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"El arbitraje ha sido mi mejor universidad"

Por Javier Esturillo - Septiembre 09, 2018

Es hombre de gesto agradable, tranquilo, sereno y ceremonioso en las formas, tiene porte de torero, pero no, es árbitro de fútbol. José Luis Munuera Montero (Jaén, 1983) pita en la mejor Liga del mundo y, dentro de unos meses, cumplirá otro de sus sueños como trencilla, ser internacional. Atrás quedan los duros años en los campos de tierra, los largos viajes por carreteras secundarias y las lógicas dudas sobre si el camino es el correcto. Nacido en el seno de una familia trabajadora y numerosa, siempre tuvo claro que el arbitraje sería su destino, aunque, por un instante, quiso vestirse de luces.

Munuera Montero gana mucho en las distancias cortas, en las que se deja llevar sin necesidad de achuchar lo más mínimo. Lleva más de 18 años administrando justicia en los terrenos de juego. Sigue la estela de otros jiennenses en la máxima categoría, como José Gómez Ramírez, José Luis Prados García y Pedro Pérez Montero, pero será el primero en la historia de nuestra provincia en lucir escarapela de la FIFA.

Sentado en el Café Colombia 50, de la céntrica Navas de Tolosa, Munuera Montero nos habla del arbitraje, de su vida y del futuro. Cuesta pensar la responsabilidad que entraña arbitrar a las máximas estrellas del balompié mundial con millones de ojos apuntándote y la prensa deportiva afilando los cuchillos para despotricar al primer fallo. Sin embargo, de puertas para afuera parece llevarlo con total naturalidad.

Licenciado en Filología Hispánica, se dedica en exclusiva al silbato, después de pedir una excedencia en los laboratorios en los que trabajaba. Pero él saca tiempo para ofrecer consejos a los que empiezan, echar una mano, junto con su padre, en los desayunos del comedor social de Santa Clara o lanzarse al ruedo de los negocios. En breve, abrirá, con otros socios de su ciudad natal, una cafetería en Córdoba, su lugar de residencia y del comité al que está adscrito como colegiado.

Sáqueme de dudas, ¿de dónde es usted?

—Soy de Jaén más que un olivo. Es importante que la gente sepa que nací aquí, que comencé mi carrera aquí y que toda mi familia vive aquí. También es cierto que me siento muy cordobés, no solo porque lleve allí más de ocho años, sino porque en Córdoba me han acogido como uno más. La delegación de Córdoba me recibió, desde primera hora, con los brazos abiertos y me invitó a estar con ellos, ya que mi trabajo y mi residencia están allí. Pero, insisto, mis sentimientos son jiennenses, por nacimiento, por mi familia y por mis amigos, aunque no oculto que una parte de mí es cordobesa.

Quizá se eche de menos que no esté adscrito al colegio de Jaén.

—Toda mi carrera deportiva ha estado ligada a Jaén, salvo los últimos años por los motivos que ya he comentado. Pero quién sabe si en un futuro regreso a la que fue mi casa. Todo puede pasar. Esto es como los clubes (risas).

Lo importante es que no olvida sus raíces.

—Por supuesto que no. Estoy aquí a menudo. De hecho, hace poco estuve dando charlas a los equipos de Tercera, como el Real Jaén, el Atlético Mancha Real o el Linares. Saben que siempre que puedo aquí estoy tanto en lo personal como en lo deportivo. 

Si comparáramos las dos capitales -Córdoba y Jaén-, ¿cuál cree que ha evolucionado más en estos últimos años?

—Esta ciudad me encanta y me emociona llegar después de un tiempo sin venir, pero sí reconozco que en determinadas materias, como las infraestructuras ferroviarias, está por debajo. Por ejemplo, desde Córdoba me pongo en hora y media en Madrid en AVE. Evidentemente aquí no tenemos esa facilidad. Me da pena que te puedas desplazar desde Córdoba a Sevilla en AVE, y no haya uno que conecte Madrid con Jaén, con Granada o con Almería. Supongo que será por el problema de Despeñaperros o por otras causas, pero lo cierto es que es una pena. Por lo demás, se atisban cambios.

La gente de Jaén se siente muy orgullosa de su ciudad. Lo que le falta es creérselo muchísimo más. No saben lo espectaculares que son. Es gente trabajadora, sencilla, acogedora, sincera... Le falta creérselo, decirlo y proyectarlo.

Con lo sencillo que parece, ¿por qué no somos capaces de ello?

—No lo sé. Es un complejo que tenemos de ciudad pequeña y que no sé de dónde viene, porque Jaén es una provincia maravillosa con un enorme potencial. Somos líderes mundiales en sectores como el aceite. El jiennense debería ir sin complejos por Andalucía y por todos lados.

La gente de Jaén se siente orgullosa de su tierra. Lo que le falta es creérselo mucho más y romper con los complejos

¿De qué manera podemos acabar con esos complejos?

—Cada uno en su faceta y trabajando al cien por cien. Yo nunca imaginé -sí soñé- que podría ser árbitro de Primera División. Lo soñé muchas veces y lo busqué a base de esfuerzo, trabajo, constancia, perseverancia... A la gente joven le digo que pueden conquistar lo que se propongan en la vida. Para ello deben poner los medios y las herramientas. Lo dice alguien que ha fracasado muchas veces y esos fracasos me han servido para mejorar y llegar luego al objetivo final.

Cada uno en su campo, como hacéis vosotros con el periódico. Os lo habéis tomado a un nivel profesional y estáis creciendo cada vez más. Sois gente sin complejos que sabéis que trabajando duro y de manera óptima podéis seguir creciendo hasta alcanzar las metas que os propongáis. Cada jiennense debe mirarse a sí mismo y preguntarse en qué puede ser bueno y dar el cien por ciento. Y todo ello sin complejos.

De hecho, se ha metido a emprendedor y se llevará un trocito de su tierra a Córdoba.

—Pedí una excedencia en los laboratorios en los que trabajaba para dedicarme en exclusiva al arbitraje y la verdad es que se portaron muy bien conmigo. Ahora me dedico al cien por cien al arbitraje, pero tengo una rama de emprendedor y de empresario que vamos a explotar. Me encanta venir a Jaén y ver negocios jiennenses que funcionan tan bien como Colombia 50, que ofrecen un producto espectacular, un café riquísimo, una imagen maravillosa y un gran servicio.

¿Ya me lo está vendiendo?

—Sí, totalmente (risas). Lo que pensé es que si en Jaén tienen cinco cafeterías y les va de maravilla, pues podemos probar en Córdoba y, en un mes, si Dios quiere, abriremos allí la primera Colombia 50 fuera de las fronteras jiennenses. Estará ubicada en la Plaza de las Tendillas.  

Nos viene un dilema a la mente, ¿aceite jiennense o cordobés para las tostadas?

—(Risas) Estamos negociando un aceite que está a mitad de camino entre Cañete de las Torres y Porcuna. Ahí lo dejamos.

Tiene porte de torero. ¿Alguna vez lo han confundido con uno?

—Es cierto, me han confundido alguna vez con uno de ellos, aunque con ninguno en concreto. También he de reconocer que se me pasó por la cabeza porque a mi padre le gusta, pero solo fue un pensamiento, nunca se fraguó.

Algunas veces ponerse delante de un futbolista es peor que un toro bravo.

—Hay auténticos miuras dentro de un terreno de juego. Son faenas diferentes (risas). 

Lo cierto es que ahora cuidan mucho el físico y su preparación. Ya no se ven esas barrigas de los 70 y 80 en el colectivo arbitral.

—El fútbol ha evolucionado considerablemente desde aquellas épocas. En la actualidad, se cuida mucho la preparación física y el aspecto táctico. En este sentido, el árbitro es un deportista y como tal ha evolucionado. Antes, no se miraba tanto el tema físico, pero, hoy en día, tenemos cuatro controles físicos cada año, por lo que la exigencia es mucho mayor. El salto en los últimos 30 o 40 años ha sido muy grande.

Entonces, ¿eso de tomar café y una copita de coñac antes de un partido ha desaparecido?

—Nunca he estado con un colegiado que se haya tomado una copa de coñac antes de arbitrar, pero le aseguro que eso está eliminado radicalmente. Todo es tan mediático que es imposible.

El arbitraje ha evolucionado muchísimo. Ahora se cuida bastante más la preparación física y el aspecto táctico

La alimentación también es importante para ustedes. ¿De qué se priva?

—Evidentemente tienes que cuidarte y evitar, por ejemplo, los fritos, el alcohol, los dulces, el azúcar... y nutrirte de una dieta equilibrada, con mucha verdura, fruta, pescado y alimentos bajos en grasa.

Y cuando ve una de nuestras tapas...

—La gastronomía jiennense es muy sana, pero no me resisto a unas buenas tapas de mi tierra. Por ejemplo, estuve con mis padres cenando en La Alameda y disfruté muchísimo de su comida. Me encanta tapear por Jaén porque es un espectáculo. Y también le digo que soy un adicto a las aceitunas.

¿Llegó a pisar campos de tierra o usted es de la generación del césped artificial?

—Pisé muchísimos campos de tierra. Recuerdo cómo teníamos que quitar la arena de los tacos con palillos de dientes y mi madre lavar la ropa llena de albero. Es importante para el árbitro ver también esa evolución y nunca perder de vista de dónde se viene, para valorar luego lo que consigues.

¿Qué recuerda de sus inicios?

—Los recuerdo con una emoción tremenda. Mi primer partido fue en Arjona como árbitro asistente, con un nerviosismo propio del debutante. Tenía 16 años y había dejado de jugar al fútbol, deporte que amo y que, de vez en cuando, intento practicar. Mis inicios fueron los de un niño que se aventura en una profesión tan complicada como esta sin saber qué le depararía el futuro, pero el simple hecho de probarlo me enganchó. Nació una vocación muy profunda que mantengo con la ilusión del primer día. 

¿Llegó a pasar miedo en sus comienzos?

—Más que miedo, incertidumbre, por los problemas que puedes tener en un partido con bronca, con aficionados en las puertas de los vestuarios y la Guardia Civil sin la capacidad para disuadirlos. He vivido momentos de incertidumbre que forman parte de la formación psicológica que debemos adquirir, sobre todo en sus inicios.

Lejos de los focos y las estrellas están esos árbitros que, por distintos motivos, no han pasado de las categorías de regional y siguen adelante cada domingo.

—Se merecen el mayor de los reconocimientos. Para nosotros son fundamentales en la formación porque aprendes muchísimas cosas, en el trayecto y en el campo. Árbitros muy veteranos que, por motivos físicos u otros problemas, no han podido llegar más lejos, a los que les guardo un gran cariño y, sobre todo, respeto. Mi reconocimiento público a todos ellos porque me han forjado como colegiado.

Recuérdeme algún consejo que ha recibido de ellos.

—Hoy en día aplico muchísimos consejos, ni se los imagina. Por ejemplo, desde la liturgia de hacer la maleta hasta la colocación en el terreno de juego o transmitir seguridad. Incluso rutas para llegar a sitios. Son muchos los consejos y, además, sabios porque son gente curtida en mil batallas. Les guardo un especial cariño a muchos de ellos.

Los árbitros veteranos se merecen el mayor de los reconocimientos. Son fundamentales en la formación porque aprendes muchísimas cosas de ellos

No pierde esas raíces porque sé que da charlas a las nuevas generaciones de colegiados.

—Exacto, dentro de la etapa de formación damos clases a los árbitros, a los clubes y a asociaciones. Tratamos de transmitir escuela.

Porque es bueno tener los pies en el suelo.

—Es fundamental. Es algo que lo he aprendido de mi familia. Tengo la suerte de tener una familia muy trabajadora, sencilla y humilde que ha sabido transmitirme valores. Ellos son los que, en determinados momentos, te ponen los pies en el suelo y eso para mí es fundamental. No en vano si levitas, la caída puede ser más fuerte.

Supongo que ayudará también colaborar con organizaciones solidarias como Cáritas.

—Realmente es mi padre. Cuando puedo, echo una mano a los voluntarios los viernes por la mañana en el comedor de Santa Clara. Más allá de darles de desayunar, lo que hago es hablar con ellos. Les cuento alguna anécdota o cómo me ha ido un partido. Lo importante es sacarlos un poco de la rutina y de la realidad que viven. 

Trata con personas que no tienen prácticamente nada, mientras comparte espacio en un terreno de juego con otras que ganan al día lo suficiente para darles de comer durante mucho tiempo. Toda una paradoja. 

—Es un contraste muy fuerte, pero que me ayuda mucho a relativizar, a darme cuenta del mundo en el que estoy metido y reflexionar sobre lo que es la vida. Me humaniza y me sirve para mantener siempre los pies en la tierra. Estar en un centro de Cáritas y ver las vidas de todas esas personas es un golpe de realidad que me permite darme cuenta de lo que realmente es importante. 

¿El futbolista es caprichoso?

—Hay de todo. Me he encontrado con jugadores que son excelentes personas y te ayudan a llevar el partido. Gente humilde, la verdad. Luego, obviamente, hay otros que son diferentes.

¿Conforme sube de escalafón se nota más el cambio?

—Todos tienen similitudes. Da igual la división, en un campo tienes el que te ayuda, el simpático y luego está el tramposo, el protestón, el introvertido, el jugador de equipo. En definitiva, en todos los equipos hay jugadores de diferentes características.

Luego están los caballeros, como Xabi Alonso o Iniesta.

—Hay muchos ejemplos de jugadores señores. Tuve la oportunidad de arbitrar el último partido de Iniesta en el Camp Nou, al que agradecí todo lo que había hecho por el fútbol español y por cómo nos había tratado siempre a los árbitros. 

Estar en un centro de Cáritas y ver las vidas de todas esas personas es un golpe de realidad que me permite darme cuenta de lo que realmente es importante

Los árbitros también merecen un respeto.

—No solo los árbitros, también los jugadores, los entrenadores... Bien es cierto que nosotros siempre estamos en el punto de mira y merecemos un respeto por todo lo que trabajamos para no cometer errores. Son muchas horas de entrenamiento y de preparación de los partidos; una dedicación para hacerlo lo mejor posible. Y hay que aceptar que somos humanos y como tales nos podemos equivocar, al igual que un futbolista puede fallar un gol con la portería vacía. 

Hace dos años una compañera suya fue gravemente insultada en un campo de la provincia. ¿Qué opina de esto?

—No tengo adjetivos para calificar lo que eso me produce por dentro. Y es mucho más grave cuando esos insultos proceden de jugadores, lo que demuestra la poca formación y categoría personal, máxime cuando representan a un equipo, a un pueblo o a una ciudad. Es algo inconcebible.

Las federaciones deberían imponer sanciones muy duras por este tipo de comportamientos.

—Las hay, tanto para jugadores como para el público, que pueden llegar al cierre del campo o sanciones para los propios clubes.  

¿Qué ocurre con la violencia en el fútbol base? ¿Cree que se nos está yendo de las manos?

—Creo que se da menos de lo que pensamos. Lo que ocurre es que tenemos a nuestra disposición más medios, como los teléfonos móviles y las redes sociales, por lo que la repercusión es mucho mayor. No creo que haya más violencia en los campos de fútbol que hace 30 o 40 años.  No olvidemos que la violencia parte de la falta de educación.

¿Los padres qué papel juegan?

—La educación está en una casa y es la base de la familia. Los colegios son herramientas para forjar mejor esa educación, pero si en la casa no hay educación, evidentemente, esos padres y esos niños cuando vayan al campo, en cualquier deporte, van a tener ese comportamiento. Dejemos claro que el fútbol no genera violencia, lo hace la mala educación de las familias.

¿Y ve normal, por ejemplo, que un cadete ya tenga representante?

—Porque nos movemos en un mundo muy competitivo. De ahí la importancia de los entrenadores en la formación para saber encauzar al jugador para que sepa distinguir y combinar competición y el juego. De todas formas, al final, la vida nos pone a cada uno en nuestro sitio. Siempre digo que lo importante es disfrutar de las etapas que vivimos, y no perseguir de manera constante el objetivo y el cuando. Hay que saber disfrutar del mientras. La gente joven debe focalizarse en el presente.

¿Usted disfruta en el terreno de juego?

—Disfruto una barbaridad. Me encanta el fútbol, he hecho el curso de director deportivo en la Federación Española y he jugado muchísimo. Me apasiona el deporte como transmisor de valores y potenciador del trabajo en equipo. El fútbol tiene un 99 por ciento de cosas buenas y un uno por ciento que, por desgracia, son negativas. Soy capaz de disfrutar de un partido sin perder la concentración, trabajando siempre en equipo con mis asistentes.

¿Tiene algún tipo de ceremonial antes de salir al campo?

—Soy muy poco supersticioso y manías también tengo pocas. Suelo ordenar la maleta de la misma forma. Trato de ser muy social dentro del equipo, al que trato con cariño y mantengo en un ambiente tranquilo, de concentración. Por lo demás, no tengo nada especial.

Soy capaz de disfrutar de un partido sin perder la concentración

¿Sus padres sufren cuando está arbitrando?

—Agradezco que a mis padres no les guste mucho el fútbol, por lo que no han ido mucho a verme en categorías inferiores. Sí es verdad que en mi debut en Primera División, en Vigo, hace dos años, estuvo toda la familia. Fue un momento muy especial. Quizá mi madre, ahora que me ve por la tele, sufra un poco más de la cuenta. Ha sido un proceso brusco para ella.

¿Duelen las cornadas en Primera División?

—Claro que duelen, pero lo más importante es levantarse y aprender, y, sobre todo, que duren poco porque, a la semana siguiente, tienes otro partido. También le digo que dolerían más las críticas constructivas, algunas son verdaderamente subjetivas, hechas por articulistas que son socios de un club o que pertenecen a un organigrama deportivo. No suelo hacerles caso.

Antes de afrontar un partido, nos preparamos tácticamente y estudiamos a los equipos, pero no por lo que pueda decir la prensa, sino para mejorar nuestro rendimiento. Para ello disponemos de herramientas, como portales con los que preparamos los encuentros días antes.

¿Va al psicólogo?

—La psicología en el arbitraje son los años de experiencia, sobre todo, en los inicios porque son los que más te preparan, aunque no lo veo nada mal. Cada cual puede utilizar la herramienta que quiera.

¿Qué fue de su agria polémica con Mourinho?

—(Risas) Fue un partido entre el Rayo Vallecano y el Real Madrid, en el que estaba de cuarto árbitro, y, a veces, tenemos que ejercer un mayor control en las áreas técnicas. Aquel día puede que se sintiera más presionado e incómodo. Intentamos que trabajen con normalidad, siempre y cuando no rebasen unos ciertos límites.

Pero algo ocurriría para que luego hablara de usted.

—Nada. Yo trato igual a todos los entrenadores, independientemente del equipo. Puedo entender que en un momento de tensión, pues no se sientan cómodos cuando llega el cuarto árbitro a advertirles. En los partidos hay momentos de mucha tensión y es bueno que las personas que debemos gestionarlos, transmitamos tranquilidad.

También le digo que el 99 por ciento de los entrenadores son caballerosos y suelen ser muy educados. Hasta ahora, en Primera División, no he tenido problema alguno con ellos. Normalmente hacen su trabajo y respetan el tuyo. Es la tónica general, luego hay casos concretos. 

¿Se pita igual un Real Madrid-Barcelona que un Celta-Girona? Sea sincero.

—No lo sé, porque todavía no he tenido la oportunidad de pitar un Clásico, salvo en juveniles hace unos ocho años. Pero el fútbol es igual, son once contra once y las reglas son las mismas. Lo único que cambia es la repercusión mediática, con millones de personas viéndolo. No hay más diferencias con otro partido de la Liga.

El VAR -vídeo arbitraje- les ayudará a soportar mejor esa presión.

—Así es. Disponemos del VAR como una herramienta más en casos de error claro y manifiesto. Es un ángel de la guarda que nos ayuda a ver de nuevo la jugada y poder rectificar ante un error, repito, claro y manifiesto. En jugadas grises, el VAR no entra. 

Decía un compañero de oficio que era más fácil corromper a un vestuario que a un árbitro. ¿Opina lo mismo?

—No he conocido caso alguno de corrupción en el que esté implicado un árbitro. Son tantos los años de esfuerzo y de profesionalidad que necesitas para llegar a la élite que no los vas a tirar por la borda. En mi caso, como digo en las charlas, han sido 18 años de oposiciones para alcanzar un sueño. No se te pasa ni por la cabeza.

Más allá de los maletines, están las apuestas, una práctica que está empañando el fútbol, sobre todo en divisiones inferiores, menos mediáticas. 

—La Liga tiene un departamento específico para perseguir estos actos y se disponen de medios tecnológicos para detectarlos fácilmente. Espero que cada vez sean menos los casos porque no hay peor cosa en la vida que tu nombre quede manchado por las trampas. Es un precio muy alto el que se paga. Por eso, hay que pensar bien las cosas antes de hacerlas.  

El VAR es un ángel de la guarda que nos ayuda a ver de nuevo la jugada y poder rectificar ante un error claro y manifiesto

Y, en unos meses, árbitro internacional.

—Es un sueño más cumplido, después de alcanzar la Primera División. Evidentemente para cualquier árbitro que quiera esta profesión es lo máximo. Me considero un afortunado y un privilegiado, si bien es cierto que quedan más cotas por las que pelear. Los objetivos nunca se pueden dar por hechos en ningún trabajo, porque siempre hay un escalón más.

¿Está bien pagado un árbitro?

—Desde Segunda B o Segunda División, se puede vivir de esto. Pero vuelvo a los inicios del arbitraje, que ha sido la mejor universidad que he tenido porque es en la que más aprendes de los fracasos para, después, poder levantarte. Lo importante es saber manejar ese aprendizaje para crecer. A la gente joven se lo digo muchísimas veces: vais a fracasar en lo personal y en lo profesional, pero depende muchísimo de cómo os toméis ese fracaso para estar en un sitio o en otro. Las cosas en Primera División se disfrutan un montón, pero lo bueno cuesta muchísimo trabajo conseguirlo.

Fotos y Vídeo: Esperanza Calzado

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