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"Desconfío absolutamente de todo lo que me rodea, aunque sea bueno"

Por Javier Cano - Septiembre 03, 2022
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"Desconfío absolutamente de todo lo que me rodea, aunque sea bueno"
El joven poeta giennense Ricardo Campelo.

Como en el tardorromántico Baudelaire, la poética de Ricardo Campelo Gómez (Jaén, 2007) está poblada de ruinas, escombros, fantasmas, pesadillas... ¡Hasta un albatros cruza por La isla de los sueños!, uno de los textos de Sé que hay un ángel en el cielo riéndose de mí, el primer libro de este jovencísimo poeta, de madura reflexión y asentadas ideas, al que pocos le echarían los 15 años que tiene si no fuese porque el DNI no miente (por regla general).

Ilusionado y hasta "emocionado", concede a Lacontradejaén la primera entrevista de su todavía incipiente trayectoria literaria.  

—Nada más entablar conversación con usted, Ricardo, al jiennense le llama la atención su acento, pleno de matices castellanos. ¿Ha preferido no hacerle caso a Lola Flores en su anuncio de cerveza, o es que no lo practica a diario?

—Lo he dejado escapar, sí; es que ahora vivo en Madrid.

—Pero ese "ahora" sugiere cuatro días, ¿se le ha pegado el deje de la capital en una excursión, o ya se sabe las rutas del metro de memoria, a fuerza de años?

—Sobre los ocho años, si no recuerdo mal, me mudé desde Jaén, de ahí viene. 

—Entendido, pero contradice usted el bolerazo y, en su caso, la distancia no es el olvido. Se lo digo porque junto a su nombre lleva a Jaén como tercer 'apellido', parece que no quiere renunciar a sus raíces. 

—Sí, sí, claro; es más, cuando alguien me pregunta de dónde soy se sorprende, porque no tengo nada de acento.

—Se lo preguntan... Claro, es que con quince años de edad y ya con un libro de poemas en la calle, le habrán llovido las entrevistas.

—Esta es mi primera entrevista, y para Lacontradejaén: es alucinante. 

—Agradecidos, por la parte que nos toca. Pero vamos a su libro, que es de lo que usted ha venido a hablar. ¿Cuándo se dio cuenta de que la poesía era el género que mejor le venía para expresar su interioridad?

—Toda esta necesidad de expresar las cosas a través de la poesía surgió, sobre todo, en el momento en que entré en el instituto; era (y es) superabrumante esta concurrencia de adolescentes perdidísimos, y yo estaba ahí en medio, necesitaba una manera de dejar escapar todo, una catarsis o algo por el estilo. De ahí, gracias a llevar leyendo bastante tiempo a genios como Edgar Allan Poe, me dije: "Voy a comenzar a escribir". 

—Pero (y perdone la insistencia), para su 'alternativa' ha preferido usted el verso a la prosa. ¿Por qué?

—Desde mi punto de vista al menos, notaba mi poesía, en este momento, más lista para enseñársela al público que mis relatos. Creo que es un buen paso. 

—¿Cómo es la poesía de Ricardo Campelo Gómez? ¿Qué lo diferencia del resto de autores que andan por las redes sociales, por las plataformas, por los escaparates?

—Sobre todo, todos los poemas están escritos en versos libres, estróficos pero organizados con intuición, al margen de medida y métrica. No me fijo mucho en eso, excepto en ocasiones muy puntuales, como en los poemas que estoy escribiendo ahora, en los que recurro a la métrica grecolatina; en cuanto a rimas, es un poco lo que surge en el momento siempre y cuando aporte algo al poema. En general, describiría mis poemas como viscerales y, al mismo tiempo, con inspiración en elementos clásicos de la poesía. 

Sé que hay un ángel en el cielo riéndose de mí, publicado por el sello Autografíaes su ópera prima; permítame que me remonte a Bécquer, al nuevo romanticismo que muchos vieron en Sobre los ángeles, de Alberti. ¿Qué se esconde tras ese sugerente título?

—A la hora de poner el título pensé qué narices pensaría el lector ante un título así de largo, que igual hasta cuesta memorizarlo y todo. Son poemas con muchos aspavientos, alharacas..., es supermelodramático. El título es como una declaración de desconfianza y una alienación hacia todo, hacia algo incluso que pretende ser divino, impune, como un ángel: es algo bastante adolescente, a mi parecer: desconfío absolutamente de todo lo que me rodea, aunque en teoría sea algo bueno. 

 

Estudiante de cuarto curso de la ESO a día de hoy, comenzó a desarrollar su vocación literaria a los doce años de edad y a los catorce fue finalista de un concurso escolar convocado por la Asociación de Editores madrileña. Hijo de la actriz giennense Luisa Torregrosa, en su currículo destaca también su faceta como performer con el grupo Teatro Xtremo.

 

—Aspavientos, alharacas, supermelodramático... Efectivamente, la lectura de algunos de sus poemas sugiere un entorno erigible o, cuando menos, invita a la escenificación. ¿No será que en este libro late también esa faceta suya?

—He crecido rodeado de teatro, de escena. Mi madre es actriz, y una parte crucial en la publicación de este libro. 

—Este poemario no viene de la mano de ningún premio. ¿Es usted de los que no se fía de los certámenes, quizá de esos que se presentan, no ganan y reniegan de ellos, o directamente no se plantea presentarse a ninguno?

—Creo que solo me presenté a uno, y lógicamente perdí. Normalmente tienen bastantes requisitos, hay que escribir de tal cosa, no incluir determinados elementos, y he terminado alejándome de ellos. Me coartan. 

—Ruinas, escombros, contrastes cromáticos, el mar..., ¡hasta un albatros! ¿Es Ricardo Campelo Gómez un neorromántico (en el sentido estrictamente artístico del término), o va a colgarme el teléfono tras esta pregunta?

—Me alegro que lo vea así, porque la cantidad de figuras inigualables que usa el Romanticismo es una gran inspiración para mí, es parte crucial de mi poesía. Que lo logre transmitir me alegra mucho. 

—El libro ya está en la calle, ¿lo ha presentado ya públicamente, ha vivido sus primeros contactos con el lector, con la crítica?

—No, no está presentado, lo más probable (o al menos lo más preferible) es que lo hagamos alrededor del 12 de septiembre. 

—¿Entra Jaén en esa agenda de presentaciones?

—No lo había pensado, pero si sale la posibilidad me voy para allá directamente, sin duda, sería una oportunidad alucinante. 

—¿Suele venir a su patria chica con frecuencia, o forma parte ya del catálogo de paraísos perdidos?

—He seguido viniendo, la última vez hace un año más o menos. Ahí tengo a gran parte de mi familia, y de mi historia. 

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