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"No quiero que el coronavirus aparezca en mi pregón"

Por Javier Cano - Noviembre 13, 2020
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"No quiero que el coronavirus aparezca en mi pregón"

Francisco de Paula Aguilar Barranco (Jaén, 1954) vistió la túnica de La Clemencia por primera vez en plena infancia y ahí sigue, en las filas, con menos pelo y más canas bajo el caperuz rojo, para lo que su hermandad le encomiende. Tras servir a la cofradía en diferentes responsabilidades de gobierno, acaba de recibir uno de los pocos encargos que le faltaban en su currículo magdalenero: ser el pregonero del 75 aniversario. Escritor vocacional, promete un discurso en el que convivan historia, sentimiento y alabanza a los titulares. 

—Toda una vida vinculado a La Clemencia, Francisco. ¿Cuándo, cómo llegó a la hermandad magdalenera?

—Desde chiquitillo; tendría yo cinco o seis años cuando mi tío Pepe [José Martínez Llamas], que fue de la primera junta de gobierno que hubo, me recogía los Martes Santos más o menos a la altura de El Corte Italiano y me llevaba en la procesión hasta donde yo aguantaba. Cada año alargaba mi recorrido, hasta que la hice completa. 

—¿Y en sus órganos de gobierno?

—Luego tuve un periodo en que me fui a estudiar a Granada y me desvinculé un poco. Al volver a Jaén, seguía saliendo de nazareno hasta que, una vez, el hijo de Cecilio Arrate (el fundador), compañero mío en Cajasur, me dijo que me veía todos los años en la fila y que si quería colaborar con la cofradía. Dije que sí, y a raíz de ahí me vinculé. He estado más o menos desde el año 83 en la junta de gobierno, hasta la entrada de gente más joven, ya últimamente. 

—¿Qué le ha quedado por hacer en la junta directiva?

—Menos gobernador y menos apretar tornillos... Siempre he tenido claro que yo estoy para ayudar a la cofradía. Empecé como vicesecretario, he sido vicegobernador, tesorero, secretario, vocal de Formación y de Cultos, he colaborado en la presentación de carteles y revistas...

—¿Cómo reaccionó a su designación como pregonero?

—Ha sido una sorpresa. Cuando me llamó el gobernador, Jesús Juárez, me dejó totalmente cortado, hasta el punto de que tuve que pedirle tiempo para tragar saliva y reaccionar.  Es una responsabilidad muy grande, y un honor para mí.

—Pero no es usted nuevo en esto de escribir y leer en público...

—Desde siempre me ha gustado mucho leer y he hecho mis pinitos escribiendo cosas. Procuro escribir los sentimientos que me producen las cosas que me rodean, no busco historias fantásticas, simplemente las vivencias que me transmiten las personas que tengo alrededor.

—¿Más prosista que poeta, o viceversa?

—Soy más de prosa, el verso me cuesta mucho trabajo. Me hubiera gustado tener conocimientos mínimos de la poesía, pero... Alguna vez me salen ripios para letras de sevillanas y esas cosas, nada más, pero eso no puntúa, y si puntúa es negativo [ríe]. 

—¿Pertenece actualmente a algún colectivo literario, Francisco?

—Estoy en el taller de Café de Palabras, que se inició hace seis o siete años. Entré para mejorar mis conocimientos y como válvula de escape, de entretenimiento/obligacion: si no te obligas, te dejas y al final no escribes nada. 

—La literatura, el arte, la música... porque es frecuente verlo allí donde actúa la Sinfónica Ciudad de Jaén.

—Sí, soy una persona que me ha gustado estar rodeado de gente y colaborar en lo que pueda, no para figurar. Cuando mi hija entró en la Banda Sinfónica Ciudad de Jaén, en sus inicios, llegaba, la dejaba ensayando y volvía a recogerla. Pero un día te quedas, escuchas, ves que tienen problemas para hablar con alguien, para hacer un papel, empiezas a ayudar y hasta que te metes hasta las trancas. 

—Tampoco falta a su procesión vestido con la túnica magdalenera, después de tantos años.

—Cada vez me cuesta más, porque tengo los pies fatal, pero sigo saliendo. Para mí es una satisfacción que, a pesar de no estar en la junta de gobierno, me 'utilicen' para lo que siempre he estado desde que dejé las filas: acompañando a las mantillas. Era el puesto que tenía mi tío Pepe, alcalde de mantillas. Una de las cosas que él me enseñó es que no se podía tratar a las mantillas lo mismo que a los nazarenes, que había que valorarlas por su sensibilidad de mujer y por tener el valor de ir a cara descubierta en la procesión. 

—Volviendo al pregón del 75 aniversario. ¿Lo ha empezado ya, tiene claro el discurso que ofrecerá a sus hermanos en una ocasión tan extraordinaria?

—Ahora estoy plasmando ideas en el papel, luego lo organizaré, lo ordenaré, lo limpiaré y lo recortaré. La idea, en un principio, es hablar un poco de la cuestión historica de la cofradía desde que es de Pasión, también de una serie de vivencias que he tenido en esta vida mía en la cofradía, pero procurando no hablar de mi vida, sino de las vivencias que yo he visto. Intentaré que sea también una alabanza a los titulares y a la propia cofradía.

—¿Hay fecha y lugar de celebración para el acto, conforme están las cosas?

—Por lo que sé, y según evolucione la pandemia y si todo va bien, procurarán que sea cercano a la fiesta del Cristo de la Clemencia, que es el segundo domingo de mayo.

—¿Habrá hueco en su pregón para el coronavirus?

—No lo sé. En un principio no quiero machacar, lo considero demasiado trillado, a no ser algo puntual; no quiero reincidir en lo mismo, porque si ya lo hemos pasado... vale y si estamos todavía inmersos en el problema, bastante tendremos. A lo mejor sale algo, pero la idea es que no aparezca. Quiero que sea la cofradía la que figure. Evidentemente, la pandemia ha frenado un año de cofradía, y un año de nuestra vida, y de la del negocio de la esquina, de todo. Vas por el barrio de la Magdalena ahora y te entran escalofríos.

—¿Cómo le ha afectado, personalmente y como cofrade, esta situación?

—Me ha afectado muchísimo una cosa: colaboro en la Pastoral Penitenciaria y bajaba todas las semanas, un día, un rato, a estar con un grupo de reclusos. Eso me ha afectado mucho. Si yo noto la ausencia de ellos, ellos que no tienen donde moverse, donde ir, ¡cómo tienen que estar! Son personas que han tenido un error, un fallo, y lo están penando, y ahora se quedan sin esa gotita que reciben semanalmente, tiene que ser jorobadísimo para ellos. Eso me ha afectado bastante psicológicamente.

—Le queda una cosa por hacer en la cofradía, Francisco: gobernarla. ¿Se lo ha planteado?

—No, no, no. En un momento dado me dijeron que me presentara pero no salí elegido; lo hice por necesidades de la cofradía, pero no me lo planteo. Primero por la edad que tengo, en estos cargos tiene que haber gente joven. Ahora hay otras ideas, otras maneras, y a los que tenemos cierta edad nos pueden venir un poco largas. Sigo colaborando, eso sí, y muy agradecido de que la gente siga acordándose de mí.

 Rodeado de su familia, durante la eucaristía preparatoria del Martes Santo 2018, ante el Crucificado de la Clemencia. Foto cedida por Francisco Aguilar.
Rodeado de su familia, durante la eucaristía preparatoria del Martes Santo 2018, ante el Crucificado de la Clemencia. Foto cedida por Francisco Aguilar.

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