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"Dormía con la vía, gafas nasales y la estampa de Jesús en mi pecho"

Por Javier Cano - Enero 05, 2021
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"Dormía con la vía, gafas nasales y la estampa de Jesús en mi pecho"
Ricardo Cobo, con su cetro de hermano mayor, momentos antes de iniciar la procesión de 2019. Foto: Cofradía de Nuestro Padre Jesús.

Ricardo Cobo López (Jaén, 1963) celebró el pasado sábado el cumpleaños más especial de toda su vida. Médico de profesión, el hermano mayor de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús ha cargado sobre sus propios hombros la cruz del coronavirus, un trance del que ha salido airoso después de vivir muchas jornadas cuesta arriba, de subir su particular Calvario aferrado a la sombra del Nazareno. Agradecido, el máximo responsable de la hermandad más representativa de la Semana Santa jiennense cuenta su experiencia a los lectores de Lacontradejaén

—El sábado pudo recibir los 58 en plenitud, después de abandonar las garras del Covid-19, que le arañaron con saña. No habrá sido un cumpleaños como los demás, ¿verdad?

—Ha sido el único cumpleaños en el que he cumplido dos [ríe]. Cuando las circunstancias de la vida aprietan, cumplir un año es como cumplir dos, y en esta ocasión yo, que lo he pasado nada más que regular, lo he vivido así.

—Más de uno le habrá preguntado cómo es que, estando tan cerca de Jesús, se ha contagiado. ¿No será que precisamente por eso le ha puesto a prueba, como a sus apóstoles a la hora del martirio? 

—Dicen que Dios quiere a sus guerreros mejores para librar sus peores batallas. No, pero efectivamente a mí me lo han comentado también, y yo he respondido siempre que todos estamos muy cerca de Él, desde el momento en que uno confía en Él y tiene esperanza en Él.

—Pero la gente, cuando le dice eso, no piensa en el Jesús de la Biblia o en el crucificado que preside los presbiterios, sino en El Abuelo...

—Sí, sí, en El Abuelo. A mí me ha comentado mucha gente que, como médico, sabría cómo tratarme en este caso, y efectivamente que conocía el tratamiento, era muy sencillo; desde que ingresé en el hospital, lo que no me faltó fue la estampa de Nuestro Padre Jesús; más allá del oxígeno y de todo lo demás, lo más necesario fue la cercanía de su imagen, independientemente de que yo lo lleve dentro. Esa referencia física de El Abuelo me ha acompañado durante las veinticuatro horas del día, yo dormía con tres cosas: la vía, las gafas nasales y esa estampa. Creo que ha sido mi salvoconducto para la curación.

—¿Cómo se encuentra en este momento?

—Muy bien. Los pulmones siguen limpiándose, porque fue una neumonía bilateral importante y eso tarda un poquito, pero muy bien desde el punto de vista respiratorio, que es lo que más está haciendo, realmente, que los casos de Covid sean graves. Estoy fantásticamente bien.

—Vamos, que lo de las secuelas no va con usted.

—Con el tiempo se verá, pero tal y como tengo ahora mismo la situación clínico-radiológica no espero tener secuelas, y de tenerlas serían de escaso interés clínico.

—Su profesión lo llevó a tomar todas las precauciones del mundo, pero al final se contagió. Está claro que no basta con seguir las normas, sino lo siguiente...

—Como sanitario en primera fila desde el primer momento, peleando contra la Covid, nunca bajé la guardia. Mi oficio implica ese riesgo añadido que yo asumí desde el primer momento, y eso que desde el punto de vista médico podría haber estado más apartado de esta primera línea de batalla, por tener un factor de riesgo como persona hipertensa que soy. Pero en una situación de emergencia sanitaria no procedía, asumí los riesgos y en una actuación médica me infecté.

—Se infectó y, sin querer, le abrió la puerta de su casa al coronavirus, ¿no?

—Sí, ciertamente fui yo quien introdujo el coronavirus en mi casa, y esto genera cierto sentimiento de culpa; no es solo el dolor físico, implica también el dolor psicológico de decir: 'He infectado a mi familia'. Gracias a Dios y a pesar de que todos fueron sintomáticos, ninguno evolucionó con complicaciones, solo yo. Han salido adelante bien.

—¿Cómo fue, Ricardo? ¿Tiene conciencia de dónde o de qué forma cayó preso de la pandemia?

—Lo dichoso de este virus es que una vez que te contagias, hay un periodo de latencia en el que no existe sintomatología y, sin embargo, es altamente contagioso. Esto es lo que nos está haciendo que se nos escape de las manos desde el punto de vista epidemiológico. Yo tuve un contacto con un enfermo al que infiltré un hombro por un problema tendinoso que tenía, y este señor, con muy buen criterio y responsabilidad, al cabo de unos días me llamó por teléfono para comunicarme que había dado positivo. Al principio no di sintomatología, de hecho el primer test que me hice dio negativo sin ningún género de duda.

—Se hizo el remolón pero, al final, se presentó con su peor cara.

—Días después empecé a toser muy poquito, nada, una cosa absolutamente normal, repetí el test y ya di positivo con una carga viral altísima. Lógicamente, entre aquel jueves y el domingo siguiente pude contagiar a cualquiera. A partir de ahí tuve un periodo de siete días con sintomatología, perdí el olfato... y el fatídico octavo día (así lo llamamos los médicos) empeoré por la noche y se desencadenó todo. Bajé a Urgencias, se confirmó que había afectación bipulmonar, no hubo mejoría y se decidió mi ingreso, para controlarme.

—Menos mal que el tratamiento funcionó.

—El tratamiento me fue muy bien, sí; poco a poco mejoré, los parámetros que se habían disparado fueron normalizándose, y aun así me ha costado sesenta días recuperarme. Esta es la enfermedad del miedo, de la soledad, del aislamiento, y esto es lo peor unido al cuadro clínico.

—¿Qué quiere decir?

—Que genera mucho miedo, sobre todo a los que sabemos algo de enfermedades. Y la soledad... ver a personas aisladas en una habitación sin consuelo de nadie, eso es doloroso. La verdad es que ha sido una experiencia muy profunda también desde la fe, me ha cambiado. Yo soy un hombre de fe recia, que en estos casos ayuda mucho. Quien no cree en nada, ¿cómo pasa estos momentos? Yo me aferré a Él, pensé lo que pienso siempre, que sería lo que Él quisiera y cuando Él quisiera...

—¿Qué hizo el primer día que, ya recuperado, pudo acercarse al Camarín, volver a tener a Nuestro Padre Jesús ante sus ojos?

—No se si será lo que se espera del hermano mayor de Nuestro Padre Jesús, pero lo primero que hice fue irme al sagrario, me arrodillé y estuve un buen rato allí. Un cofrade de Jesús, como cualquier cristiano, tiene que ser consciente de que Él está allí. Inmediatamente después me fui a los pies de El Abuelo como otro cofrade más, me senté en un banco y fue un ejercicio de acción de gracias, nada de reproches, nada de cosas como: '¿Por qué me has mandado esto a mí?'. Eso nunca. 

—La pasada mañana de Navidad manifestó usted, desde el ambón del santuario, cierto pesimismo ante lo que se le viene encima al mundo de la mano de esta pandemia que, lejos de retirarse, parece estar muy a gusto como está. 

—Más que pesimista fui realista. Creo que la gente todavía no tiene una idea consolidada de lo que es la Covid, algunos porque creen que no va con ellos, otros porque piensan que si les afecta pasará como un resfriado sin más, pero esto no es así. El hecho de que sea una pandemia implica una cosa: nos afecta a todos, y tenemos que ser cuando menos solidarios, no podemos ser egoístas, no es por uno sino por los demás. Y sí, viene una época muy mala, vamos a pagar el precio de estas fechas.

—Lo dice, Ricardo, en la víspera de la fiesta de los Reyes Magos, pocos días después de una Nochebuena y una Nochevieja de celebración, con luces de colores en las calles que recuerdan cualquier cosa menos al luto...

—Yo no entendía que la gente estuviera hablando de juntarse en las fiestas, y eso que entiendo la soledad de los mayores, en mi propia familia los tengo. Pero debemos ser responsables, solidarios y tener muchísimo cuidado. Este es un virus muy especial, fundamentalmente porque es muy desconocido para nosotros, y está haciendo que cada día muera mucha gente.

—¿Cree que existe el riesgo de que la sociedad 'normalice' las muertes diarias por Covid, de que se acostumbre a ellas, por decirlo de alguna forma?

—Efectivamente, nos hemos acostumbrado a la frialdad de las cifras: por ejemplo, si decimos que hoy han muerto 348 pensamos: 'Mira, menos que ayer', pero son 348 historias, 348 familias que se han destrozado. Tenemos que ser muy conscientes de que la única forma de acabar con esta pandemia es ser solidarios unos con otros, solo podemos ganarle en grupo, ni los sanitarios podemos ganarle al virus ni el científico que está en un laboratorio intentando encontrar una vacuna. Si no somos responsables y miramos al de al lado, difícilmente acabaremos con esto. 

—En cuanto a la vacuna, ¿qué opina el hermano mayor de la Cofradía de Jesús de los Descalzos?

—Respetando los derechos de todos a elegir, creo que hay que mirar con otra perspectiva más social, más comunitaria. Tenemos que vacunarnos. Yo, pese a haber sido enfermo de Covid y tener inmunidad, me vacunaré. Y desde el punto de vista cofrade doy el mismo consejo. Los cofrades de Nuestro Padre Jesús, que es a los que yo represento humildemente, tienen que hacer también este ejercicio. Lo mismo que la cofradía ha estado cerca de ellos durante esta pandemia, llamándolos  (sobre todo a los mayores y a las personas de riesgo), en esta pandemia tenemos que ser una hermandad. 

—Hablando de cofrades, de sufrimientos... Parece que en 2021 las procesiones de Semana Santa van a pasar de largo otra vez. Otro Viernes Santo sin El Abuelo en la calle... 

—Para el hermano mayor, este segundo año con una madrugada sin Jesús Nazareno en las calles también es muy dura, pero uno tiene que ser maduro y saber que nos enfrentamos a un ataque brutal contra la humanidad, debemos hacer el esfuerzo. No poder vestirme de nazareno un Viernes Santo y acompañarlo supone un dolor importante para mí, y no oír el himno de Cebrián por los cantones también, pero no hay que hacerlo. Estamos peleando, ya vendrán esas madrugadas que Ricardo Cobo no estará al frente de la cofradía, no pasa nada. El Nazareno, que ese sí que es inmortal, no fallará.

—Oyéndolo hablar queda claro (siendo usted quien es) que no va a haber procesiones, que la decisión ya está tomada.

—Este 2021 no habrá procesiones, es una crónica que ya sabemos a falta de la reunión del 13 de enero entre el consejero Elías Bendodo y las cofradías. Aprovecho para decir que no me parece bien cómo se ha anunciado por adelantado en otros lugares, debemos ir todos a una, hacer cofradía, confraternizar y decir todos juntos lo que ya se sabe. 2022, si Dios quiere y hacemos las cosas bien, será un año de reencuentro con las procesiones y el Nazareno estará más hermoso que nunca, si el tiempo lo permite, y podremos disfrutar y darle muchísimas gracias por haber acabado con esto. 

—Para terminar, Ricardo. Desde las redes sociales y de boca en boca se ha preguntado cómo es que Jesús no ha salido en rogativas, como los documentos y la tradición aseguran que se ha hecho en los últimos siglos. ¿Es que han cambiado los tiempos y ya no se piensa en Él para estos trances? ¿Qué les diría usted a quienes han echado de menos a El Abuelo en medio de esta pandemia tan terrible?

—No han cambiado los tiempos, seguimos en la misma onda. Yo fui el primero que lo pensó  inmediatamente que nos dimos cuenta, desde el punto de vista epidémico, de que había algo que iba a atacar a la humanidad. El problema está en que se contrapone a la propia norma sanitaria. Sacar a Jesús a la calle implica un llamamiento a la aglomeración de personas, que está totalmente contraindicado. Hablo como jiennense, como médico y como cofrade cuando digo que no tiene sentido sacarlo en rogativas para pedirle que acabe con esto cuando sabemos que para que eso pase no podemos juntarnos; es la dureza de esta enfermedad.

 Foto: Cofradía de Nuestro Padre Jesús.
Foto: Cofradía de Nuestro Padre Jesús.

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