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"Lo que nos falta a nosotros es saber valorar lo nuestro"

Por Javier Cano - Septiembre 24, 2022
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"Lo que nos falta a nosotros es saber valorar lo nuestro"
La soprano giennense Carmen Buendía. Foto: Michele Monasta-Maggio Musicale Fiorentino.

Desde Florencia, donde reside desde hace algunos años, la soprano Carmen Buendía (Jaén, 1993) comparte con los lectores de Lacontradejaén sus proyectos inmediatos y el deseo de que su tierra se abone al género lírico y cuente con ella con más frecuencia, mientras hace patria por el resto del mundo. 

—No son días felices, precisamente, para Carmen Buendía, ¿verdad?

—No, acaba de morir uno de mis primeros profesores, don Carlos Hacar Montero, y son días un poco difíciles.

—Y eso que ha podido regresar a España, cantar en su país, usted que tantas ganas tiene siempre de volver a su tierra con la voz por delante. 

—Era muy mayor, lo esperábamos, sabíamos que iba a llegar pero son esas cosas que no se piensan, cuando se trata de alguien tan querido.

—Así es la vida, Carmen, pero... ¿y esta aventura española? ¿Qué escenarios ha pisado en esta ocasión?

—He dado un concierto en el Otoño Musical Soriano y, de paso, he podido estar un poco con mis padres. 

—Estupendo entonces, ¿no?

—Todo muy bien. Era la primera vez que cantaba en Soria, una ciudad muy bonita, y el aforo del concierto estuvo completo, con un público superacogedor. 

—¿Y Jaén, su Jaén? Va para un año largo que no se le escucha en su patria chica.

—Sí, estuve en abril del año pasado en La Económica, con mi marido [el tenor de Alcaudete Francisco Javier Ariza]. Y allí volveré en noviembre, el día 8, esta vez en solitario. Como he dicho muchas veces, La Económica me abrió sus puertas hace ya muchos años y les agradezco muchos que ellos, por lo menos, me den la oportunidad de poder cantar para los míos. 

—Se va a perder la Feria de San Lucas por muy poquito.

—Y tanto. Hace por lo menos dos o tres años que ni feria ni Semana Santa, con lo que me gusta.

—¿Qué pasa, que no la reclaman mucho desde su provincia?

—Ese es un tema complicado, peliagudo de tratar. A mí me encantaría cantar en casa, y que mis padres no tengan que recorrer miles de kilómetros para verme, cantar en Jaén es lo más bonito para mí, que puedan verme mis amigos. Pero bueno. 

—¿No será que el género lírico todavía es una asignatura pendiente en el mar de olivos?

—Sí. La labor que hace por ejemplo la Compañía Lírica Andaluza es superimportante, sigue luchando contra viento y marea al día de hoy, y he visto que los últimos meses la han apoyado más. De hecho la gala lírica en homenaje a Eduardo Lucas tuvo mucho público; la lírica gusta, pero hay que fomentarla más no solo desde el punto de vista de las personas de mediana edad, sino también entre los niños y los jóvenes. Inculcarles, que participen, que puedan conocer este género, porque sin los niños y los jóvenes el público del día de mañana muere. 

—En Florencia, donde vive, ¿pasa lo mismo o es otra cosa?

—No, no, no. Aquí, en Florencia, yo he hecho gran cantidad de espectáculos, reducciones de ópera sobre la vida de Mozart, de Rossini, de Beethoven, que hemos llevado por todos los colegios de los pueblos de Florencia, en los gimnasios, con una pequeña orquesta y actores. Incluso, a la hora de representar esas reducciones de óperas se cogía a niños de los colegios y participaban en el coro, los subían al escenario, los involucraban. De esos niños, tres de cada diez igual toca un instrumento y seguramente más de la mitad irá al teatro el día de mañana. 

—De hecho, no hace mucho que pasó usted por aquí, por Jaén, y experimentó con los peques en el colegio Santo Tomás. ¿Salió de allí convencida de que merecería la pena intentarlo en el Santo Reino?

—Sí, a principios de junio impartí unos talleres en ese colegio, hicimos ejercicios de escena, rítmicos..., y los niños lo disfrutaron un montón. Cuando acabó el cursillo, me preguntaban: "Seño, ¿dónde podemos oírte cantar?". Fue una experiencia muy bonita.

—¿En qué momento de su carrera se encuentra Carmen Buendía?

—La verdad es que ahora mismo estoy muy bien; en febrero de este año no tenía nada y en cuestión de un par de meses hice Las bodas de Fígaro, en mayo, y ahora viene El barbero de Sevilla aquí, en Florencia; estoy preparándome también para un Don Giovanni en Cerdeña, en el teatro de Sassari, que será mi segundo papel principal. Muy contenta, porque de no tener nada en febrero a hacer cuatro óperas en un año... Es el ritmo de trabajo que a todo el mundo le gustaría tener, después del parón del Covid. 

—Sigue coleando la pandemia en el mundo artístico...

—Sí, ha sido muy difícil para todos los artistas en general, ha sido brutal, porque cuando ya tienes un nombre es más fácil que te abran las puertas pero cuando estás empezando te encuentras con la incertidumbre de que pueda sonar el teléfono y salirte algo o que no suene. 

—Continúa afincada en Florencia, ¿entra en sus planes inmediatos reinstalarse en España o ya se ha acostumbrado al rumor cotidiano del Arno, al sabor de la trippa, a las bellezas de los Ufizzi...? 

—Por ahora no entra en mis planes dejar Florencia. El año que viene intentaremos, si es posible, acercarnos un poco a España, pero por ahora seguimos aquí. 

—¿Acercarse por qué, por una cuestión puramente práctica o porque le tira la nostalgia?

—No, no: por nuestras familias. Al final se hace difícil, después de seis años aquí. Tras el Covid, cada vez que hemos vuelto a España hemos sentido que nos hace falta, no es lo mismo estar dentro de la Península que en Italia o en Alemania, que tienes que coger un avión y no es lo mismo. ¡Incluso si te vas a Barcelona, en una horita estás en Granada!

—Que le puede más su tierra que el glamour italiano, la vida entre aeropuertos... Que sigue usted siendo más de Jaén que la esquina de Pioneros.

—¡La cantidad de botellas de aceite que he traído aquí, a Florencia, para que se enteren de que el aceite bueno es de Jaén!

—Piano, piano, Carmen, que los italianos saben de eso y, además, son de los que creen que lo suyo es lo mejor.

—Eso es lo que nos falta a nosotros, valorar lo nuestro. Eso lo tienen, dan a las cosas el valor que tienen y lo suyo es lo mejor, eso nos falta a nosotros en todos los campos. Y es una pena. Somos la capital mundial del aceite de oliva, tenemos una Catedral maravillosa, un castillo, unos Baños Árabes, un casco antiguo que merece la pena visitar... 

—Cuando vuelva por aquí, ¿podrá enseñarle todo eso que describe con entusiasmo a su criatura? Vamos, ¿que si hay ya algún bambino en el hogar de los Ariza Buendía?

—No, no, por ahora no está en nuestros planes. Mi marido, ahora, es artista del coro del teatro de Florencia, uno de los más importantes de Italia, pero yo sigo probando suerte como solista y sería complicado en este momento. Significaría otro parón. Cuando tenga más estabilidad y algo que ofrecerle, daré el paso. 

—Con los planes de vuelta que ha comentado líneas arriba, lo que parece claro es que el figlio no será paisano de Dante, que será spagnolo (disculpe la pedantería).

—[Ríe] No se sabe. 

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