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"Vivir sin etiquetas te hace más libre, en la música y en todo"

Por Esperanza Calzado - Abril 11, 2021
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Es ver un rec y se le van las palmas. Siempre que observa el piloto rojo encendido piensa en música, en grabar, en registrar su pasión desde pequeño. Antonio Luis Gómez Anguita (Jaén, 1986) es más conocido por Tonino McFly, una combinación de su apodo de la adolescencia y una de sus películas favoritas, Regreso al futuro. La música corre por sus venas sea en el estilo que sea. Tocó con Los Condensadores de Fluzo y como a tantos, la pandemia le dio un giro. Le obligó a suspender sus proyectos en Málaga pero le abrió la puerta de empezar una nueva andadura que, de momento, le ha llevado a tocar en el Teatro Darymelia en Navidad. ¿Quién es Tonino McFly? Lo conocemos.

—¿Cuando eras pequeño, qué querías ser de mayor?

—Nunca tuve nada claro pero todo lo que me iba saliendo eran cosas que tuvieran trato con el público. No hubiera valido para hacer un trabajo en plan 'rata de biblioteca'.

—Tu labor profesional, en estos momentos, sí te obliga un poco a estar encerrado.

—A nivel profesional trabajo en el mundo de la telecomunicación y el marketing. Aunque paso muchas horas solo, sobre todo desde que teletrabajo, formamos parte de un equipo y yo procuro encargarme de áreas que tengan que ver con el público, por ejemplo, en las redes sociales. Me gusta mucho ver las reacciones y contestar, sobre todo cuando se enfadan, que es cuando debemos tener mucha tranquilidad.

—¿Hacer de manejador de trolls?

—(Ríe) Sí, también. Aunque ya lo puedo decir, yo he sido muy troll en internet, desde la época de los foros y todavía, a veces lo soy. Todo esto forma parte de la revolución digital que estamos viviendo.

—Una revolución digital que se ha multiplicado en la pandemia.

—Efectivamente. Si ya de por sí era una revolución que crecía a pasos agigantados, la pandemia ha hecho que se pise el acelerador, sobre todo con lo relacionado al teletrabajo y en las áreas donde puede aplicarse. 

—También han florecido las personas que trabajan y viven de la red de redes.

—Sí, es que es un escaparate buenísimo, si sabes cómo y dónde hacerlo. De todas formas, por mucho que trabajes hay un factor suerte que también entra en juego, como todo en la vida. Pero sí, es cierto, cualquier cosa que se te pase por la cabeza cada vez está más presente y cada vez hay ideas más nuevas, más rebeldes y se debe destacar.

—¿Se puede vivir de internet y de tu marca personal?

—Sí claro, hay mucha gente y sólo hay que ver a los grandes youtubers. Hay personas que viven de su marca personal, independientemente de su negocio, porque enseñan ciertas facetas de su vida de manera altruista y al final consiguen sacarle rédito. Con constancia se puede y sobre todo con los más jóvenes, que han nacido con un móvil o una tablet en la mano. 

—¿Los jóvenes nacen ya con un móvil en la mano, tú con un instrumento?

—Casi. Mi padre tocaba la guitarra y el violín y me enseño cuando tendría unos cinco o seis años. Como no podía conmigo, porque siempre he sido muy rebelde, tuve varios profesores particulares. Luego empecé a tocar el bajo y el contrabajo; y cuando eché algo de sensatez, me busqué a mis propios profesores para teorizar lo que sabía.

—¿Cuándo o cómo descubre un músico su tendencia y estilo?

—Mi padre tocaba flamenco, le encanta los boleros... No puedo decir que sea lo contrario a mí porque yo escucho muchos géneros para aprender de ellos. Pero es cierto que hubo una época que me gustaba el heavy, luego el punk, luego me dio por el rockabilly... Lo cierto es que me gusta toda la música. Tanto cuando estoy solo en casa o con el proyecto que estoy montando, lo mismo hay un buggy que un son cubano, porque me gusta y punto. No soy el primero que lo hace, aunque hay gente me dice que estoy innovando, pero no. No vivir encorsetado y con etiquetas te hace vivir más libre, no sólo en la música. Es mejor vivir libre que feliz.

—Pues el sueño de mucha gente es ser feliz.

—La libertad, si uno la consigue, la tiene y punto. La felicidad eterna no existe y cuando me toque estar mal prefiero estarlo siendo libre. Valoro más mi libertad que mi felicidad.

—Ya sé que has dicho que no quieres vivir encorsetado, pero ¿cómo defines tu música?

—Uff. No sé ni decírtelo. Hace poco he grabado un tema que saldrá en breve y es un rock and roll y también grabé un boogaloo o María la Portuguesa de Carlos Cano, que es un fado que lo combiné con toques de swing. Pero si ves mi lista de Spotify, lo que más me gusta es el rock and roll. 

—¿En qué proyectos trabajas?

—Lo presenté en el teatro Darymelia y lo que he hecho es grabar cuatro temas en audio y vídeo a la vez, con la menor postproducción posible. Mi idea es moverlo y empezar a tocar en salas de fuera de Jaén. Desde el año 2012 tengo claro que tocar veinte veces en Jaén y no hacerlo fuera no es suficiente. No sé si lo podré hacer con banda, llevarme a uno o dos o, simplemente, irme solo con la guitarra. Por si acaso, el repertorio lo estoy preparando para cualquier situación.

—¿Cómo fue tocar en el Teatro Darymelia en medio de una pandemia?

—Lo primero es que no tenía muy claro lo que quería hacer. La pandemia me obligó a abandonar mis proyectos musicales en Málaga, al no poder desplazarme y empecé a tocar en directo durante el confinamiento duro. Esto hizo que al paso del tiempo me llamaran del Ayuntamiento para actuar en el Darymelia en Navidad. Fue como una estrella fugaz que pasó y decidí montar una banda con músicos. A mí me gusta tocar en salas pequeñas, que sientas al público cerca y hacerlo en el teatro, con la gente tan distanciada por las medidas de seguridad, fue raro. Pero me gustó. Lo disfruté mucho y la gente creo que también.

—La sensación es que los asistentes se quedaron con ganas de más.

—Esa es una discusión que he tenido siempre allí donde he tocado. Me gusta tocar menos para dejar a la gente con ganas de más. Es como cuando ves una película o terminas un libro y se te quedan las ganas de una segunda parte. Esa era mi idea. Pero como se rueda es haciendo muchos conciertos aunque me está costando.

—¿Por qué? ¿No hay suficiente respaldo a la cultura?

—Sí hay mucha gente que apuesta por la cultura. En mi caso, nunca me he autoproducido, sino que he tocado en bandas donde me lo daban todo hecho. Aprendí mucho pero ahora me toca autoproducirme y me está costando. Pero todo se aprende, como en Málaga, donde estaba tocando en dos bandas. 

—¿Dónde te ves dentro de diez años?

—Si sigo en Jaén con una vida similar a esta pero con mucho más aprendizaje, tengo claro que buscaré algo en el que no tenga que estar en un sitio físico. Me gustaría ser más nómada, viajando con mi guitarra y trabajando con mi portátil. Es lo que me gustaría, otra cosa es que lo haga.

—No hemos hablado de tu faceta de tunero, que a muchos lectores seguro que les sorprende.

—Sí, soy de la Tuna Universitaria de Jaén, aunque me pega muy poco. Es que la tenemos conceptuada de una manera errónea. A parte de hacer grandes amigos, me ha permitido poder viajar, ver mundo y vivir grandes experiencias. Creo que el peor pecado de la tuna es su uniforme (ironiza), pero lo cierto es que las tunas son una gran familia que a lo largo del año realizan muchas actividades, entre ellas muchas solidarias.

—También haces taekwondo.

—Me encanta. Me pausa y me frena esta mente tan díscola que tengo.

—La última... ¿Qué tres palabras te definen?

—Soy polifacético, rebelde y bueno.

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