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"El urbanismo ha sido feroz con nuestro patrimonio"

Por Javier Esturillo - Enero 27, 2019

Vicente Barba Colmenero nació de manera circunstancial en Soria y, aunque no lo crea, venir al mundo en uno de los centros de poder de la cultura celtiberia pudo marcar su posterior interés por la Historia y la Arqueología. Hijo de guardia civil, este jiennense de 46 años es una de las personas que mejor conoce lo que hay bajo nuestros pies. En estos momentos, su trabajo se centra en descifrar el pasado del solar donde se levantaban los antiguos grandes almacenes de Simago.

Es un tipo conversador, apasionado y, ante todo, didáctico, que trata de acercar la arqueología a todo tipo de público para que sepa distinguir lo que realmente es valioso de lo que no lo es. A diferencia de muchos de sus compañeros de Universidad, él nunca se sintió seducido por Egipto. Lo que realmente perseguía era escarbar en la tierra de Puente Tablas o cualquier otro yacimiento íbero o romano de la provincia. Con la honestidad como brújula, habla del daño que ha causado el apetito salvaje por el ladrillo al patrimonio. Son las diez de la mañana en el Restaurante Mazas, y aprovechamos el tiempo del desayuno para saber algo más de este arqueólogo jiennense cuya dedicación entusiasta no deja indiferente a nadie.

¿Qué esconde el subsuelo del solar del antiguo Simago?

—Pues nada más y nada menos que lo que puede esconder cualquier solar del entorno en el que nos encontramos. Es decir, si excaváramos en la Plaza Deán Mazas, en Los Jardinillos o en el Pósito aparecerían restos de la ciudad antigua de Jaén, de la Medina musulmana o íbero romana. Nos encontraríamos con una zona de enterramientos de época romana y barrios relacionados con arrabales de época árabe.

Luego, la ciudad moderna -del siglo XVI y XVII- se expande Paseo de la Estación para abajo, donde encontraríamos construcciones de la época. Sabemos que en el entorno del solar de Simago había un convento, el de San Clemente, del siglo XIV, y varios edificios emblemáticos, uno de ellos un hospital. Tenemos referencias de que en el siglo XVII y XVIII estaba el Hospital de Jesús, María y José, que era benéfico. Y esos son los restos que nos podemos encontrar.

¿Es necesario parar las obras por lo descubierto allí?

—No, no. La conservación arqueológica es muy relativa y mucha gente no sabe en qué consiste. El trabajo de un arqueólogo es documentar, elaborar informes de lo que nos encontramos y hacer una propuesta de conservación. Puede ser que los restos haya que trasladarlos, taparlos, destruirlos o que sea necesario conservarlos in situ. Esa decisión hay que tenerla en cuenta en base a lo que se va hacer en el lugar. En este caso, se va a construir un edificio bastante emblemático para lo que es la ciudad. En este sentido, habrá cosas que se deban tapar, otras que destruir y algunas que trasladar para su conservación, como ocurre en otros muchos solares.

¿Por qué ahora nos estamos volviendo especialmente sensibles con el patrimonio?

—Ahora todo el mundo tiene smartphones y redes sociales. Saca fotos y opina. Creo que hay más sensibilidad porque esas fotos que se cuelgan en las redes llaman la atención y despiertan la atención de la gente. También es cierto que tiene cierto desconocimiento de lo que se hace. En el momento que se sube una foto, la gente se lleva las manos a la cabeza y cree que todo lo que ve hay que conservarlo, y no siempre es así. Lo primero que hacemos es documentarlo. Posteriormente, se analiza para saber qué hay que hacer.

La gente opina de todo y lo que debemos hacer es dejar trabajar a los técnicos. Por ejemplo, ha ocurrido esta semana con los muros de piedra de un solar de la calle Federico Mendizábal. Un hombre lo fotografió, lo subió a las redes y dijo que se trataba de la muralla medieval de la ciudad, y resulta que son restos de casas antiguas que allí había. Lo que quiero decir con todo esto es que debemos ser más cautos y dejar trabajar a los técnicos.

Lleva mucho tiempo excavando el subsuelo de Jaén. ¿Qué descubrimiento es el que más le ha llamado la atención?

—En primer lugar, hay que distinguir entre la arqueología urbana y la más científica, que suele desarrollarla la Universidad. Es lo que ocurre, por ejemplo, con Puente Tablas, donde se lleva 20 años excavando. Centrándonos en la ciudad, el hallazgo más importante es sin duda alguno el antiguo poblado calceolítico de Marroquíes Bajos. Nos ha sorprendido a todos.

¿Qué siente cuando ve ese yacimiento con restos de basura y prácticamente abandonado?

—Me da mucha pena, porque allí hemos invertido mucho tiempo, esfuerzo, trabajo y dinero. Se ha construido mucho en esa zona, pero también se ha conservado mucho. Marroquíes Bajos sí merece la pena ponerse en valor, no otras cosas que sacamos en el entorno urbano que están muy alteradas por construcciones posteriores.

Marroquíes Bajos quedó fosilizado, se sepultó de tierra y se ha conservado muy bien. También es cierto que la conservación de este yacimiento es complicada, compleja. Hablamos de una aldea prehistórica, donde no es fácil visualizar los restos arqueológicos porque se trata de huellas y surcos en la tierra, de adobes que se deshacen en cuanto cae agua. Quizá la mejor manera de conservarlo es taparlo otra vez con tierra para evitar que se sigan deteriorando y perderlos definitivamente. A la gente le puede sonar extraño, pero es lo mejor. Por eso, me gusta acercar la arqueología a la gente para que sepa por qué tomamos algunas decisiones. El tapar unos restos no significa que se pierdan, sino todo lo contrario. Es una de las maneras para no perderlos definitivamente.

¿Marroquíes Bajos es un problema político?

—Es un problema de todos. Es político y urbanístico, pero también de los técnicos que no hemos asumido nuestra parte de culpa porque no hemos investigado lo suficiente. De igual modo, es un problema académico, la Universidad no se ha hecho cargo de Marroquíes Bajos como debía, para estudiar más en profundidad aquello. Igualmente es social. La gente no se ha implicado de la manera que lo hizo con otros yacimientos. Como le digo, es un problema general, y yo me meto en el saco. 

¿Por qué Jaén tiene tanto patrimonio abandonado?

—Todas las provincias tienen muchísimo patrimonio histórico, y en Jaén tenemos catalogados más de 500 yacimientos íberos. Y si nos vamos a la época romana cerca de dos mil. Pero es que si te vas a Córdoba o a Sevilla pasa tres cuartas de lo mismo. Cada provincia tiene su problemática. Quizá aquí no se ha invertido lo suficiente.

Aquí tenemos un proyecto muy interesante, como es Cástulo, en el que se lleva trabajando años y ahora todo el mundo lo conoce. Esto ha sido posible gracias a la implicación de la sociedad, con grupos de voluntarios que participan directamente en las excavaciones. Es un ejemplo a seguir porque, desde mi punto de vista, nos falta esa participación de la sociedad en otros proyectos. Es importante que los técnicos marquen los pasos, pero la gente debe saber lo que se descubre y verse reflejada en ese pasado porque forma parte de su historia.

Cástulo ha conseguido convertirse en un estímulo económico para Linares. Esto demuestra que la inversión no es en vano.

—Lo de Cástulo es impresionante. Fui el director de las excavaciones cuando se descubrió el famoso León ibero, que en 2013 fue destacado por National Geographic, y solo puedo decir que lo que allí hay es espectacular. Y lo mejor de todo es que nos esperan muchas más sorpresas. La gente se ha dado cuenta que Cástulo puede ser un motor económico muy importante, porque el turismo de piedra o de arqueología interesa, del que no solo se beneficia Linares, sino también los pueblos de su entorno. Por ejemplo, voluntarios de Ibros acuden al yacimiento para participar en las excavaciones. Esto demuestra que la implicación de la sociedad es importantísimo.

Haciendo partícipe a la gente lo que conseguimos es que sea consciente de su patrimonio y lo valore. No podemos olvidar que durante el boom inmobiliario se perdió mucho patrimonio, pero que si seguimos a este ritmo lo podemos perder todo. Se han tomado decisiones muchas veces desacertadas con las que nos hemos cargado mucho patrimonio arqueológico.

¿Por qué el urbanismo ha generado este problema?

—Los antiguos conservaban sus restos arqueológicos sucesivamente a cada época. Llevamos habitando Jaén desde el 3500 antes de Cristo, desde Marroquíes Bajos hasta el Castillo. Y los antiguos respetaban su patrimonio, pero no tenían cocheras ni grandes sótanos ni necesitaban hacer aparcamientos subterráneos para guardar el coche. Hoy en día tenemos otras necesidades y construimos para abajo. Esto hace que nos carguemos el subsuelo. En Córdoba, sin embargo, se han dado cuenta de ello y los parkings son hacia arriba porque cuando excavan se encuentran con la antigua ciudad romana. Allí se han tomado buenas decisiones para mantener los restos. No significa que todo se vaya a musealizar, sino dejarlos otros dos mil años como están. No sabemos lo que puede pasar, pero a lo mejor, con el paso del tiempo, tenemos unas técnicas novedosas que no requieren excavaciones.

El urbanismo ha sido feroz con nuestro patrimonio y el de otras ciudades. El ladrillo ha querido extenderse al máximo. Jaén creció de la noche a la mañana. Basta con ver el Bulevar. Es un problema porque se han generado ciertas áreas marginales, por así decirlo, y se ha abandonado el casco antiguo, nuestro conjunto histórico, que es muy bonito, por otras zonas de expansión.

La gente desea vivir en un residencial, con cochera, piscina y zonas recreativas para los niños. Las necesidades sociales han ido cambiando. No es lo mismo vivir en una casita del casco antiguo donde es difícil encontrar aparcamiento, las calles son estrechas... En Jaén ha pasado eso al igual que en otras ciudades. La ciudad se ha extendido, en este caso hacia el Bulevar y Las Fuentezuelas, y ha ido cogiendo terrenos donde había restos arqueológicos, como Marroquíes Bajos. Bien es cierto que este poblado lo hemos descubierto a partir de estas urbanizaciones. Si no se hubieran hecho, Marroquíes Bajos no lo hubiéramos descubierto. Había referencias de que allí había restos, pero no conocíamos su extensión. También nos ha servido para conocer aquello. 

¿Qué recetas hay para recuperar el casco histórico?

—El problema radica en que la gente se está yendo, se cierran comercios y todo se deteriora. Pensamos muchas veces en clave de turismo, rehabilitar aquello para que vengan visitantes, y es un error. Primero hay que pensar en la gente que vive allí, que sea cómodo, que deba estar cuidado y disponer de recursos para que los disfruten los vecinos. Después ya vendrán los turistas. Si nos planteamos museos o edificios, primero debemos pensar en la gente; planificar cosas para ellos. Tenemos el caso del Centro Cultural de los Baños Árabes, que tiene un impulso tremendo para el casco antiguo. Los servicios deben ir encaminados a satisfacer las necesidades de los vecinos, no de los turistas.

¿Cuál es el sueño de un arqueólogo?

—Cuando estás en la Universidad, el sueño de la mayoría es ir a Egipto. En mi caso no fue así, aunque colaboro en proyectos y voy allí. Mi objetivo era excavar algo íbero o romano, lo más cercano a nosotros. Y mis sueños se han cumplido porque he estado excavando en yacimientos como Puente Tablas o Cástulo. También he tenido la oportunidad de disfrutar en Egipto y descubrir cosas importantísimas.

¿Qué opina del Museo de Arte Íbero?

—Es un edificio magnífico, espectacular, donde se puede ver una exposición fantástica como "La Dama, el Príncipe, el Héroe y la Diosa", con unas piezas fantásticas, muchas de ellas inéditas. Creo que el museo va a ser un gran reclamo turístico para la ciudad. Ha venido gente a verlo de toda España y se marcha satisfecha. Esa exposición está bien hecha, con una metodología y manera de exponer las piezas muy moderna. Estoy deseando que llegue la permanente, aunque sé que tardará unos años.

La gente se pregunta si hay piezas suficientes para llenar un espacio tan grande, y sí las hay, pero requiere todavía de mucha labor de investigación. No podemos soltar las piezas en una vitrina, simplemente porque son restos arqueológicos. Tiene que haber una temática, un argumento. Las piezas nos cuentan una historia. Para eso hace falta una labor de investigación y de restauración muy importante. Esto requiere de una inversión.

En este punto, vuelvo a Marroquíes Bajos, donde es necesario invertir en investigación más que ponerlo en valor de manera inmediata. Ahora mismo lo que necesita es inversión para seguir investigando, con un equipo de técnicos. Para mí, sería lo prioritario.

¿No cree que se nos ha ido de las manos lo de los centros de interpretación?

—El mejor centro de interpretación es el que no se hace. Es una barbaridad lo que se ha hecho en los últimos años con dinero público para crear proyectos costosísimos en lugares de difícil acceso y con unas tecnologías alucinantes que, a los dos días, dejan de funcionar. Lo importante es que los restos arqueológicos estén bien conservados y se puedan entender fácilmente. 

Existen excepciones, como el de Cástulo, el de Puente Tablas o el de la Batalla de Navas de Tolosa, que es una pasada. Pero luego hay otros que no tienen sentido alguno. No podemos hacer centros de interpretación de todo; solo de aquello que sea realmente importante, como el que le he comentado de la Batalla de Navas de Tolosa, porque es clave en nuestra historia. La estudiamos en el colegio y es conocida en todo el mundo. Ahora bien, hacer un centro de interpretación del cualquier cosa, pues no.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado y Javier Esturillo

COMENTARIOS

JUAN MANUEL MOLINA VALDES

JUAN MANUEL MOLINA VALDES Enero 29, 2019

La sensibilidad sobre el patrimonio cultural que el subsuelo de Jaén está generando entre la población es lógico: 115 Ha de terreno con protección integral han sido transformados en viales, bloques de pisos, y chalets. De poco sirvió la declaración de Zona Arqueológica con nivel de Protección Integral. Hubiera sido de esperar que fueran arqueólogos quienes pusieran el grito en el Cielo: pero no, han sido "piteros" quienes han puesto el dedo en la llaga. El pasado de Jaén es mucho más antiguo que su pasado ibero: desde Himilce a nuestros tiempos es menor que el que va desde Marroquíes Bajos a Himilce. Se trata de 5000 años de historia, de los que 3.000 están siendo ofuscados, ocultos, y con interés en que haya una generación que lo ignore. Echar "tierra adentro" sobre el pasado, hacer omisión expresa del calcolítico ¿es por casualidad? Del mismo modo que se ha destruido patrimonio en Marroquíes Bajos, y por el mismo procedimiento de emergencia: se destruye lo que aflora en Jaén, desde hace muchos años.

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