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"Entre los museos de provincia, el de Jaén es espléndido"

Por Javier Cano - Mayo 26, 2021
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"Entre los museos de provincia, el de Jaén es espléndido"
Miguel Viribay, junto a un busto de Jacinto Higueras.

Pintor, académico de Bellas Artes de Granada, consejero del Instituto de Estudios Giennenses, crítico, catedrático jubilado... Miguel Viribay (Úbeda, 1939) es historia [viva] del arte de aquí. Todo un referente cuya trayectoria anda pareja a la del Museo de Jaén, venerable institución que en 2021 celebra sus bodas de oro con un cartel de actividades en el que no podía faltar el sonoro apellido de este singular creador. 

—Mañana jueves, a las siete de la tarde, tiene usted una cita con Jaén en su Museo de Bellas Artes, donde pronunciará una conferencia que, ya desde el título, invita a un paseo por el tiempo.

—Sí, yo he visto cómo se ha desarrollado el museo a lo largo de este tiempo, nazco en la pintura jiennense prácticamente en las mismas fechas que él y eso me ha dado la posibilidad también de estar bastante cerca de los tres directores que ha tenido.

—González Navarrete, Chicharro y Hornos...

—Primero de Juan González Navarrete, porque coincidimos en el colegio de San Agustín, él como profesor de Historia del Arte de COU y yo también como profesor, y esto nos unió; luego fuimos compañeros en el IEG. Después de ese periodo, en el tiempo que fue director José Luis Chicharro, tambien vi cómo se desarrollaba el museo, cómo se hizo concretamente la exposición antológica de mi obra en el año 2004, por ejemplo. Y con Paqui Hornos estoy viendo también los logros, aunque ahora paso temporadas considerables fuera de Jaén. Estoy muy cerca del museo por todas esas razones, y porque vivo al lado. 

Sección de Bellas Artes, un paseo por el tiempo. ¿Qué escucharán de sus labios quienes se decidan a cruzar la monumental puerta del antiguo Pósito o para compartir la tarde con usted a través de las redes sociales?

—Lo que quiero es ofrecer una visión del museo a partir de la obra que posee, de la que tiene desde el principio, una obra importantísima. Yo suelo visitar bastantes museos a lo largo del año y puedo decir con orgullo que dentro de lo que suelen ser los museos de provincia, el de Jaén, junto con el de Oviedo, son espléndidos y los que más me interesan.

—No dice usted cualquier cosa, Miguel. ¿En qué se sostiene ese maravilloso halago a las instalaciones jiennenses del Paseo de la Estación?

—En la obra que contiene, entre otras cosas una serie de obras que no las puedo ver en otros museos. 

—A estas alturas de la entrevista, más de un lector estará ya en ascuas. ¿Qué obras son esas que convierten el Museo de Bellas Artes de Jaén en la niña de sus ojos?

—Yo puedo prescindir hoy de no conocer a novelistas españoles de ahora, incluso estando en la provincia puedo prescindir del conocimiento de Eslava Galán, por ejemplo, pero yo no debo prescindir del conocimiento de Galdós. Sucede otro tanto en la pintura. Entonces ocurre que en este museo hay una riqueza de pintura (siglo XIX, primera parte del XX), que no está en otro museo, y esa es una obra que me interesa.

 Rodeado por la directora del IEG (quinta por la izquierda), el escritor Salvador Compán, el rector de la UJA, Juan Gómez, y los consejeros Inmaculada Herrador, Carmen Rísquez, María Luisa Grande y Antonio Martín Mesa, entre otros, durante un acto académico.
 Rodeado por la directora del IEG (quinta por la izquierda), el escritor Salvador Compán, el rector de la UJA, Juan Gómez, y los consejeros Inmaculada Herrador, Carmen Rísquez, María Luisa Grande y Antonio Martín Mesa, entre otros, durante un acto académico.

—Haga de guía para el lector, Miguel, por favor, llévelo del brazo mientras le indica algunas de esas piezas.

—Cristóbal Ruiz está muy bien representado (que antes no estaba); Zabaleta tiene una representación muy digna, cosa que antes no era así, y Ángeles Ortiz, al que admiro y que fue amigo mío, está absolutamente bien representado también en el Museo de Jaén. Además de otros, pero si hablo de los demás siempre me voy a dejar a alguno. Quiero decir que tanto la parte que corresponde a zonas de vanguardia y modernidad como a esa otra que podíamos llamar del XIX, no hay otro museo de provincia que tenga una representación de este calibre. Tenemos, por ejemplo, un magnífico cuadro de Antonio López que cada vez que ha habido una exposición suya en el extranjero, lo ha llevado, no es cualquier cuadro. Jaén no se da cuenta de lo que supone este museo.

—Eso que dice... ¿Cree que Jaén no tiene conciencia real de la importancia de su Museo de Bellas Artes, entonces?

—No, no. Y hablo de pintura, no voy a entrar en el campo de la arqueología, que por prudencia me está vedado, pero que es de primerísimo orden. Dudo mucho que Jaén tenga conciencia de lo que el museo supuso en un momento determinado como cita de una nueva primavera de libertad, lo que supuso en los años 80, cuando el museo celebró el homenaje a Picasso por su centenario. Hubo una serie de exposiciones en la que participaron todos los pintores que había entonces en Jaén, ahí está el catálogo. Y pasó otro tanto con el homenaje a Manuel Ángeles Ortiz, accompañado de conferencias y mesas redondas. El museo fue, en ese momento, un centro absolutamente puntero en cuanto al clima cultural de la ciudad, por esa y por otras razones.

—¿Fue? Y ahora, ¿lo sigue siendo?

—Bueno, los tiempos son otros, hoy afortunadamente hay más sitios, la cultura es más abierta, no hay aquella necesidad. Fue una primavera cultural, un encuentro, la libertad de un momento en el que participaron todos, y no estoy hablando de política. Esa primavera se ha ido desarrollando.

—¿Quién tiene la culpa de esa falta de conciencia del valor del museo a la que alude, Miguel? ¿Los jiennenses? ¿El propio museo, quizá?

—No, el museo trata de acercarse. Es que el mundo es distinto, es otra cosa. Una conferencia en Jaén, entonces, era un punto de referencia para reunirnos una serie de personas. Hoy no suelen reunir a tanta gente, la capacidad de atracción es diferente, porque hoy hay más cosas y se reparten. En aquel momento fue el lugar de cita obligado. Ya entrando en el caso concreto de la pintura, la labor del museo es impecable, igual que la de sus directores.

—En el fascinante inventario de obras de arte de la pintura al que se refiere, ¿se echa en falta algo que debería estar en Jaén y no está? 

—Siempre hay algo que se puede echar en falta, pero son muchas más las luces que las sombras, y creo que siempre es bueno ver las partes de luz. Podemos hablar de un pintor como Elbo, que no estaba representado, y hoy hay dos piezas magníficas suyas en el museo; un pintor del que Gaya Nuño dice, en el Ars hispaniae, que fue el creador del costumbrismo sevillano pese a que nació en Úbeda, fíjate qué paradoja. Pues antes no había nada suyo. Y no hablo de otra serie de pintores de Jaén que conocemos todos.

—Contaba Rafael Alberti que, durante la Guerra Civil, a Picasso le ofrecieron dirigir el Museo del Prado. Al parecer, alguien le preguntó qué se llevaría él de la pinacoteca si le dejaran, y el malagueño respondió que "algunas molduras maravillosas". Si a usted le pusiesen en bandeja algo así, ¿qué metería en el coche a toda prisa, qué se llevaría a casa?

—[Ríe]. Me llevaría muchísimas cosas, pero por esa misma razón que he explicado antes: entre conocer a mi amigo y admirado Juan Eslava Galán y conocer a Galdós tengo, como español, la obligación de conocer a Galdós antes que a Juan Eslava. Por esome llevaría, además de un cuadro de Sebastián Martínez, dos o tres piezas que hay de los siglos XIX y XX, pero no doy los nombres.

—Ohhhh, va a dejar a los lectores con la miel en los labios.

—No, no quiero concretar... Hay una cosa de Anselmo Miguel Nieto, otra excepcional de Eduardo Chicharro, y un Cristóbal Ruiz, tierras de labor, que fue su segunda medalla y es un cuadro espléndido.

—Al final ha concretado. Por cierto, a estas alturas de la entrevista puedo confirmarle que el aforo para su conferencia está completo, un llenazo, como el que provocan los toreros de cartel. 

—Eso da siempre miedo, uno tiene la satisfacción de que para una efeméride como esta le hayan puesto ahí, pero automáticamente uno se llena de responsabilidad y le queda la parte del temor, de no estar a la altura. Y eso es lo que va a pasar. Si de alguna manera yo puedo contribuir a poner alguna luz sobre esa gran pintura que tiene el museo de Jaén... 

 Con el desaparecido Diego Martínez, primero por la izquierda; el vicario general de la diócesis, Francisco Juan Martínez, y el artista Francisco Molinero.
 Con el desaparecido Diego Martínez, primero por la izquierda; el vicario general de la diócesis, Francisco Juan Martínez, y el artista Francisco Molinero.

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