Cerrar Buscador

Ernesto Picco: "La crónica es un acto de rebeldía"

Por Fran Cano - Febrero 17, 2019
Compartir en Twitter @FranCharro
Ernesto Picco: "La crónica es un acto de rebeldía"
El cronista Ernesto Picco.

Ernesto Picco (Santiago del Estero, Argentina) es el quinto ganador de la Beca Michael Jacobs sobre crónica viajera, impulsada por la FNPI, el Hay Festival y apoyada por el colectivo frailero Maelse. Está deseando de conocer el sur de Jaén en agosto. La ayuda le permitirá volver a Islas Malvinas en abril, para un trabajo que acabará en un libro de crónicas.

Picco pasa sus días entre la docencia en la Universidad Nacional de Santiago del Estero, la radio y la crónica en calidad de freelance, pues ha publicado en revistas que son referencias del periodismo de autor, como Anfibia. El reportero ama la crónica, lo suficiente como para saber que es muy difícil vivir de ella. A los periodistas en proyecto les recomienda que no piensen tanto en la industria; el periodismo está en las personas.

–¿Por qué se animó a postular a la Beca Michael Jacobs de crónica viajera?

—Porque trato de postular a cuanto premio, concurso u oportunidad aparece, siempre que me logre hacer el tiempo. Hay veces que he tenido suerte y otras que no. En 2014 gané el primer premio del concurso de Crónicas Interiores, que buscaba recuperar historias de las provincias argentinas, contadas fuera de Buenos Aires, y eso me permitió publicar por primera vez en Revista Anfibia. Después fui finalista del Premio Internacional Nuevas Plumas, que organiza la Escuela de Periodismo Portátil con la Universidad de Guadalajara, publicamos más tarde en la revista Tucumán Zeta. Y luego perdí decenas de veces en postulaciones de las que no tuve ni noticia una vez enviada mi propuesta. Este mismo año, por ejemplo, ya había postulado a otra convocatoria de la FNPI para hacer un taller de libros periodísticos con Martín Caparrós, del que quedé afuera y muy lejos. Lo hice con un proyecto muy parecido y sobre el mismo tema que ganó ahora la Beca Michael Jacobs. Es cuestión de suerte y de voluntad. El mundo es de los insistentes.

—Su proyecto se titula Un pequeño país aparte. ¿Qué quiere contar y cuántos días cree que necesitará para reportear en las Malvinas en abril?

—Mi idea es contar las pequeñas historias de las personas que viven en las islas. Y cómo se vive hoy allí. Cuáles son sus problemas cotidianos, sus personajes importantes y los que pasan desapercibidos, los conflictos locales y su historia reciente. Hemos perdido de vista qué es lo que hay en Malvinas por detrás del permanente filtro de la Guerra. Hoy es otro lugar completamente distinto al que era en 1982, y prácticamente lo desconocemos. Claro que la vida cotidiana está atravesada por la tensión entre Inglaterra y Argentina, pero hay mucho más. Hay una notable diversidad cultural por los inmigrantes europeos, latinoamericanos y africanos que viven en un pueblo de apenas tres mil habitantes. Que viven como en un pequeño pueblito inglés, pero tienen a pocos kilómetros una colosal base militar de la OTAN, y están asentados en una de las fuentes de recursos naturales más importante del Cono Sur. Hay ahí mucho para contar.

Ya estuve en Malvinas en 2018 y escribí una crónica de ese viaje, pero me quedé con muchísimo material sin utilizar en ese primer texto. Volveré en abril. El tema es que los argentinos no podemos quedarnos más de una semana de corrido, porque sale desde aquí un solo avión el segundo sábado de cada mes y regresa el tercero. Serán siete días de intenso trabajo, que se sumarán a los que ya realicé el año pasado, y de los que volví con muchísimas horas de grabación y material de archivo que es muy interesante. La idea es complementar este segundo viaje a las islas con un viaje a Londres a mediados de año. Allí hay muchas cosas relacionadas a Malvinas para ver: la Falklands Government House, que es la base institucional que conecta las islas con el gobierno británico, la central de la Falkland Islands Company, que es la empresa que maneja prácticamente toda la actividad económica de las islas, y muchos isleños que estudian y viven temporariamente en Inglaterra, antes de regresar al sur, con los que aspiro a conversar y poder contar también sus historias.

—¿Acabará el trabajo en un libro? ¿Es su intención?

—Sí. Esa es la idea.

 Picco regresará a Islas Malvinas en abril.
Picco regresará a Islas Malvinas en abril.

"CONOCÍA A MICHAEL JACOBS POR LA BECA Y NO POR SU OBRA"

—¿Qué sabe de Michael Jacobs? ¿Qué ha leído de él?

—Es curioso porque conocía a Michael Jacobs por la beca y no por su obra. Sabía de los periodistas que habían comenzado a concretar sus proyectos gracias a su legado y esto es muy importante porque confirma que se está consolidando una tradición y una herencia. Ahora espero, muy pronto, sumergirme en su trabajo y en la experiencia en Jaén.

—Jacobs se afincó en Frailes (Jaén), escribió una novela sobre el pueblo y acabó quedándose a vivir entre los vecinos hasta que murió. ¿Le atrae el mundo rural para contar historias?

—Sí, claro. De hecho vivo en una provincia de 130.000 kilómetros cuadrados, donde la mayor parte de la superficie es rural, y un tercio de la población vive en el campo. Muchas de las crónicas que he escrito están atravesadas por la problemática rural, o transcurren en ámbitos rurales. La problemática de los desmontes, la lucha por la tenencia de la tierra, y las organizaciones campesinas y de pueblos originarios son temas de mucha importancia. Imagino que el mundo rural de Frailes es muy diferente, y será muy interesante conocerlo.

—¿Cree que podrá conocer Frailes este verano?

—Es una de las cosas que más anhelo en este año. Estuve en España en tres oportunidades, pero nunca pude conocer el sur. Imagino que es otra España, y deseo mucho recorrerla, poder leer y escribir allí.

"DUDO QUE SE PUEDA VIVIR DE LA CRÓNICA"

—Usted escribe en Anfibia, que es una referencia del periodismo narrativo en Latinoamérica. ¿Todavía es más difícil vivir de la crónica que del periodismo de planta diario?

—Tuve la suerte de que Anfibia me abriera las puertas en tres oportunidades para publicar allí. El equipo de trabajo sabe muy bien lo que hace y son una referencia para todos los que nos gusta el buen periodismo. Es importante remarcar que además es un medio que va mutando, que innova y da oportunidades a cronistas y académicos de publicar allí. Y que es un medio que depende de una Universidad pública. Por otra parte, realmente dudo mucho que se pueda vivir de la crónica. ¿Cuántos periodistas conocemos que lo hagan? Es muy difícil.

Yo trabajé cuatro años en la redacción del diario más importante de mi provincia y algunos fines de semana se podía despuntar el vicio y escribir algo en el registro de la crónica, pero no era lo que te pedían. Era una golosina. Un extra que uno podía llevar por gusto. Es difícil por el tiempo. El reporteo profundo, y la escritura en extenso llevan un tiempo que hoy no está disponible para dedicarle. Hoy al periodista los editores le demandan el posteo veloz, el texto breve, la inmediatez, la multimedialidad. Pararse ante eso es casi un acto de rebeldía. En tiempos de hipertexto y consumo de noticias en tiempo real, de fotos y posteos, hacer crónica es limitar la crónica. Es también un acto de rebeldía recuperar la palabra en tiempos de multimedialidad. Hay un investigador español, José María Albalad, que publicó el año pasado un libro que se llama Periodismo Slow, y rescata las experiencias como las de Anfibia en Argentina, Narratively en Estados Unidos y Frontera D en España, como espacios donde están haciendo eso. Es un desafío apasionante.

 El reportero se dedica al periodismo desde el año 2002.
El reportero se dedica al periodismo desde el año 2002.

—Si un estudiante de Periodismo le pide opinión para ser diferente y hacerse un hueco en la industria, ¿qué consejos le daría?

—Que no piense tanto en la industria. Que piense en las historias que quiere contar. En las que le importen a él o a ella. Que piense más en los sujetos sobre los que va a hablar. Que busque aliados para poder llegar a los lugares que quiere ver y de los que quiere hablar, y para poder publicar. Y que lea y escriba mucho. Todos los días. Las buenas historias son las historias bien contadas. Y eso requiere mucho ejercicio. Si finalmente salen, las buenas historias se abren camino y encuentran su lugar. Pero sí, quizás mientras tanto hay que trabajar de otra cosa, porque todo eso lleva tiempo y esfuerzo.

El Puercoespín fue una revista digital con contenidos de calidad. ¿Es más fácil que sobrevivan los digitales con menos (o directamente sin) ambiciones periodísticas?

—No sé qué es más fácil. Depende a qué le llamemos sobrevivir. Un medio sustentable es distinto a un medio con fines de lucro. Una cosa es querer hacer buen periodismo, otra cosa es querer vivir del periodismo. Y otra todavía más diferente es querer vivir bien del periodismo. Lo primero se puede sin traicionar los valores del oficio. Lo segundo es difícil pero posible para pocos. Y lo tercero casi te diría que es imposible. En Argentina hay una larga tradición de medios comunitarios o cooperativos que han dado prueba de la sustentabilidad de proyectos más allá de las reglas que imponen el mercado y el poder de los de arriba. Les recomiendo explorar las experiencias de La Vaca, Barricada Tevé, Tiempo Argentino, o las redes de radios comunitarias nucleadas en Farco o las universitarias en Aruna.

"PELEAR CON FACEBOOK ES UNA BATALLA PERDIDA"

—¿Qué diarios o revistas le gusta leer?

—Leo por trabajo, todas las mañanas los diarios de mi provincia y los de Buenos Aires. Pero por trabajo. Para informarme mejor trato de ver y leer algunos de los medios que te contaba en la pregunta anterior. Y luego están los que leo por placer. Las revistas de crónicas que ya todos conocen.

—En No hemos entendido nada el periodista Diego Salazar advierte de los problemas que tiene dejar el periodismo en manos de Facebook. ¿Usted qué opinión tiene del impacto de las redes sociales en el negocio y en la forma de producir los contenidos?

—Creo que no se pude pelear con Facebook ni con las redes. Es una batalla perdida. Así que hay que subirse y surfearlas lo mejor que se pueda. Te obliga a expandirte y pensar nuevos contenidos para esos formatos. Y es más trabajo. El impacto en el negocio —que insisto, es una palabra que me gusta poco, y de la que entiendo menos— tiene que ver con la transformación en los modos de vender y comprar publicidad, en los modos de calcular los alcances de tus publicaciones, y de interactuar con los lectores y usuarios. Y por ende de tomar decisiones sobre lo que se publica. Pero hay algo que me parece más interesante, que es el hecho de que los grandes medios han perdido el control de la distribución de sus contenidos. Ya no saben quién los mueve, ni cómo, ni qué dice de ellos cuando los mueve y los resignifica. Esta semana hubo un caso ejemplar en Argentina: el sitio TKM subió un sketch humorístico sobre el modo en que el Grupo Clarín viene titulando edulcorada y ridículamente las noticias sobre el aumento de la crisis y la pobreza en el ultimo año. Un sketch magistral. Se viralizó en pocas horas y lo compartió hasta Cristina Fernández de Kirchner. Desde el sitio decidieron bajar el video en el mismo día. Pero ya era tarde. Ya habían perdido el control sobre su propio contenido, que se les había ido de las manos.

—Nos vemos en Frailes. Puede mandarle un mensaje, si quiere, a los lectores de Lacontradejaén.

—Que espero conocer pronto su casa, hacer nuevos amigos y compartir lecturas e ideas. Será un gustazo.

 Imagen de Islas Malvinas.
Imagen de Islas Malvinas.

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK