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El espejo de nuestra memoria

Por Luis Miguel Sánchez Tostado - Agosto 01, 2018
El espejo de nuestra memoria

El escritor Luis Miguel Sánchez Tostado realiza una reflexión documentada sobre nuestro pasado migrante y la actual ola xenófoba en Internet

Los españoles fuimos emigrantes en muchas etapas de nuestra historia. Sudamérica fue nuestro destino durante el siglo XIX y principios del XX. Tras la guerra civil española 500.000 de refugiados republicanos fueron acogidos en países como Francia, Inglaterra, Rusia, Argentina, Chile, Venezuela, EEUU, etc. Un Estado tan pobre como México acogió con los brazos abiertos a más de 25.000 exiliados españoles.

En los años cincuenta y sesenta el éxodo hispano se dirigió a Europa. Más de 2.000.000 de españoles emigraron a distintos países tras la Segunda Guerra Mundial. Bélgica necesitaba mineros, pero en unas condiciones muy duras y con una altísima siniestralidad que hizo a Italia suspender el convenio con ese país (en solo diez años murieron 800 italianos en las minas de carbón belgas). Lo que no quiso Italia lo quiso Franco para los españoles y, en 1956, suscribió el Acuerdo Hispano-Belga de Emigración para el envío de emigrantes a sus minas. Más de 100.000 españoles marcharon a Bélgica y 600.000 a Francia. Y ni mucho menos iban todos con un contrato bajo el brazo, como siempre se ha dicho. Del millón de españoles que emigraron a Alemania entre 1962 y 1977, sólo 350.000 iban con un contrato previo, los demás eran clandestinos que acudieron al efecto llamada, ese al que ahora tanto recurren algunos “patriotas” para rechazar inmigrantes subsaharianos.

Durante los años cincuenta, miles de españoles emigraron a Suiza de forma ilegal (sin papeles) y no fueron legalizados hasta 1961, cuando intervino el Instituto Español de Emigración (IEE). Los trabajadores sin contrato viajaban a Europa como “turistas” y una vez allí buscaban trabajo, expuestos en muchos casos a personas sin escrúpulos que se aprovechaban de su situación clandestina. En 1964 el Agregado de España en Bélgica reconocía que: “la emigración clandestina española sigue aumentando de un modo alarmante y un 60% al menos de nuestros compatriotas vienen al margen del Convenio", es decir, migrantes sin papeles. (Fernández Asperilla, A, "Mineros, sirvientas y militantes”, Edit. Fundación 1º Mayo, Madrid, 2006).

Miles de mujeres españolas se desplazaron ilegalmente para trabajar como criadas y cuidadoras de ancianos subsistiendo de la economía sumergida. Hoy se arremete contra los desplazados extracomunitarios por hacer lo que los españoles hicimos cincuenta años atrás. Con peligrosa frecuencia obviamos nuestro pasado, olvidamos que fuimos –y aún somos– un pueblo forjado en la diversidad cultural que en, no pocas ocasiones, emigramos para mejorar nuestras condiciones de vida, suplicando el auxilio internacional cuando nos acuciaba la represión, la miseria y los piojos. Nos guste o no, nuestras venas portan sangre íbera, celta, tartésica, romana, musulmana, cartaginesa, fenicia, visigoda, griega, cristiana, judía y hasta gitana. Este crisol cultural, esta herencia confluyente en nuestros genes debería proporcionarnos una visión diferente del mundo, una perspectiva y una experiencia que hemos de preservar y ejercer. ¿Por qué ahora la xenofobia campa a sus anchas en las redes sociales? ¿Qué nos está pasando?

Deseo pensar que se trata de una minoría radical a la que le sobra tiempo y odio. Tal vez por ser minoría, aún no ha calado en España (de momento) la peligrosa tendencia que ha permitido que personajes como Donald Trump lidere el país más poderoso del mundo, o que partidos ultranacionalistas y xenófobos como la Liga Norte en Italia, el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia o Alternativa para Alemania, entre otros, alcancen cotas de popularidad y poder político impensables años atrás.

Los inmigrantes no ven en España un objetivo para quedarse, sólo es una de las fronteras occidentales más próxima al Tercer Mundo. Se trata, pues, de un país de tránsito. Cierto es que se precisa una política migratoria eficaz por parte de la UE a fin de que todo el peso no recaiga en los países del sur. Cierto es, de igual manera, que el Gobierno español no debe desatender los sectores sociales propios más desfavorecidos, desempleo incluido. Pero también es necesario, más que nunca necesario, mirarnos en el espejo de nuestra memoria y combatir la xenofobia que repudia al migrante, al exiliado, al moro, al negro, al sudaca, al diferente, que menoscaba la empatía de los que sufren el drama de la emergencia y la solidaridad que nos debemos como seres humanos.

COMENTARIOS

Mercedes Medina Higueras

Mercedes Medina Higueras Agosto 02, 2018

Aplaudo este articulo. Y lo único que tengo que añadir, es que no habla de las causas de ese éxodo actual. No es casualidad que los países más ricos en materias primas de África o América latina, sean los que sufren más hambre y más conflictos bélicos. Es un expolio en toda regla, por parte de las multinacionales y las políticas económicas mundiales, las que dan lugar a eso y provocan esas situaciones de las que no les quedan más remedio que huir. Eso, y la corrupción, por supuesto. Y de todas esas desgracias, los beneficiados, últimos... somos en mayor o menor medida los habitantes de los países enriquecidos. Enriquecidos a costa de la crueldad, el expolio y la desfachatez humana. Y que un individuo cualquiera tenga que cambiar el teléfono cada pocos meses... lo vemos como lo más normal del mundo. Sin pararnos a pensar, cuánta es nuestra parte de culpa en todas esas injusticias. Está claro que los individuos de a pie, tenemos menos responsabilidad, pero nadie está totalmente exento. Y el que crea que lo está... que tire la primera piedra.

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Jose Antonio

Jose Antonio Agosto 02, 2018

Luis Miguel, tu demagogia con este interesante artículo es políticamente correcta, pero por más eufemismos que utilices, sigue fallando en el fondo. Es evidente que hubo españoles que se fueron sin contratos de trabajo, pero se te olvidan cositas de importancia transcendental. Primero, los españoles que emigraban llevaban algún tipo de documentación civil, educativa o sanitaria, mientras que los inmigrantes que nos llegan, no traen ninguna documentación para no ser deportados. Nos tenemos que creer su nombre, su nacionalidad, sus estudios, su ausencia de importantes enfermedades (que casualmente, han "renacido" en estos años en nuestro territorio, cuando estaban completamente erradicadas) y hasta su edad. Como tú seguro que sabes, se les realiza radiografías para obtener al menos su edad ósea, ya que ni siquiera informan sobre este dato. Segundo y más importante, la cultura y religión española era y es similar a la de Alemania, Suiza, Francia, Bélgica, Argentina o México, mientras que la de los norteafricanos y subsaharianos que nos llegan, (que en su inmensa mayoría profesan el islam), no tienen nada que ver con las actuales culturas europeas (gracias a Dios). De hecho, suponen una real y auténtica amenaza, como desgraciadamente estamos sufriendo en constantes atentados yihadistas que seguirán, sin descanso, atentando contra nuestras ingenuas y cándidas pseudo-Democracias. Llegados a este punto, me gustaría plantearte algunas cuestiones, ¿puedes explicarme por qué ningún país islámico es una verdadera Democracia (ni lo serán nunca por más “Primaveras Árabes” que haya)?. ¿Puedes explicarme, cómo aceptamos de manera normal sus preceptos machistas y costumbres religiosas, mientras aquí, tratamos de desmantelar las nuestras para conseguir alcanzar un supuesto Estado laico y una falaz y forzada igualdad entre hombres y mujeres? ¿Puedes explicarme por qué en los años 80, que había muchas más hambrunas y guerras en África de las que hay hoy día, no venía ni una sola patera y desde que estalla el fenómeno de Al-Qaeda, llegan por miles?. ¿Seguro que es mera casualidad, pero, no crees que puede ser una estrategia geopolítica de los países árabes-musulmanes para “ir ganando adeptos” en el Viejo (y casposo) Continente?. Y con todo ésto, (y muchas más realidades objetivas que prefiero no plasmar para no hacer interminable mi réplica), ¿tienes los arrestos de buscar paralelismos entre aquellos españoles que tristemente tenían que buscar su porvenir en otros países, y esta gente que nos está llegando de manera invasiva e ilegal? Como posiblemente no tengas respuestas para ninguna de mis preguntas planteadas, te dejo todo el tiempo que necesites para que les busques respuestas reales, tangibles y no ideológicas, ni demagógicas, y a ser posible, no insultantes, ni calificativas hacia mi persona. Todo ello, contando con que el Administrador de este portal de noticias, no me borre por ser tan políticamente incorrecto en estos tiempos que corren. Un saludo.

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