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"No se pueden tratar a los árboles como si fueran mobiliario urbano"

Por Javier Esturillo - Septiembre 30, 2018

Sara Martínez Ballesteros (Jaén, 1977) quizá sea, muy a su pesar, el secreto mejor guardado del ecologismo y el feminismo jiennense. Licenciada en Ciencias del Mar y Ciencias Ambientales, completó su formación con un máster. Eso sí, a ella se la vio por clase e hincando los codos, como todo hijo de vecino que no tiene relación con la élite. Es concejal de Jaén en Común (JeC) por el Ayuntamiento de la capital, donde, con muy poco, ha conseguido, junto con sus compañeros del grupo municipal, que se escuchen las voces de ciudadanos anónimos, cuyas calles están abandonadas, carecen de recursos o tienen problemas para acceder al autobús urbano.

Sara Martínez está llena de energía y responde a nuestras preguntas de una forma cercana y clara. De conversación tranquila, profundizamos en su trayectoria y reflexionamos sobre Jaén, principalmente, pero también sobre política, feminismo, ecologismo y actualidad, con opiniones no exentas de indignación por las injusticias. Lucha contra ello. Está convencida de que desde lo público se pueden cambiar las cosas y hacer una sociedad más justa e igualitaria. Porque para ella otro mundo sí es posible.

¿Cómo llega Sara Martínez al mundo de la política?

—Desde la calle. Tenía mis preferencias y siempre me ha interesado la política, pero nunca había participado de manera activa. Cuando empezó la crisis, me di cuenta que no basta con estar en segunda fila o votando simplemente. Había que dar un paso más y adquirir compromisos. Pensé que era el momento y me lancé. Entré en Equo porque me parecía una opción distinta, con unos elementos que la diferenciaba del resto.

¿Y fueron a ficharla?

—No. Fue un camino en el que me fui involucrando poco a poco hasta llegar hasta aquí.

¿Qué representa Jaén en Común en su vida?

—Representa una esperanza de que en Jaén se pueda construir un proyecto que sea una alternativa para sacar a esta ciudad del lugar donde la han llevado los que la han gobernado y otras administraciones. El objetivo es hacer esa alternativa cada vez más amplia y poner encima de la mesa cuáles son las cosas que necesita Jaén para llevarlas a cabo.

Hay quien confunde a Jaén en Común con Podemos, con los ecologistas o con los comunistas, o todo junto, ¿pero realmente qué es?

—Es un espacio muy diverso y, precisamente, esta diversidad hace, en muchas ocasiones, más difícil avanzar que en un proyecto más homogéneo. Pero no podemos ubicarlo en un espacio concreto porque hay gente ecologista, como es mi caso, comunista, socialista y otra que tiene distintos modos de ver la vida y la política. Lo que todos tenemos en común es que en Jaén se puede hacer otra política para que esta ciudad sea otra.

Desde que tomó posesión de su acta de concejal, ¿cuál es su sensación sobre Jaén?

—Mi sensación es de retroceso, de que esta ciudad va continuamente para atrás. Ninguno de los problemas que tenía cuando entré en el Ayuntamiento se han solucionado o están mejor. Avanzamos a nivel técnico, pero poco más. Lo único que percibo es que se ponen parches o tiritas a una ciudad que está terminal. Ni tenemos menos deuda ni menos déficit y mucho menos una posibilidad real de que con estas políticas se recuperan o mejoren los servicios. Por eso, cada vez vemos más necesario darle la vuelta a esta situación.

Si volviera atrás en el tiempo, ¿se hubiera metido en este fregado?

—No me arrepiento para nada. Obviamente tiene sus pros y sus contras. A nivel personal tiene unas consecuencias, pero mi compromiso sigue intacto. Es más, ahora es el momento de pelear para buscarle otras soluciones a esta ciudad, porque las tiene.

Quizá lo que los ciudadanos no conocen es el trabajo que hay detrás.

—Lo hay, pero no soy diferente a cualquier otro jiennense que se levanta por la mañana para ir a trabajar. Me mueve, igual que a todos, luchar por un proyecto de futuro para nuestra familia, que mis dos hijos, si ellos lo quieren, tengan un proyecto de vida en esta ciudad y no tengan por qué irse como muchos de nuestros jóvenes. Pero lo que me mueve, cada día, es que el entorno que nos rodea, que es Jaén, mejore. Todo el mundo tiene calentamientos de cabeza en sus trabajos. No creo que nosotros seamos especiales ni el nuestro sea más difícil, simplemente que, en un momento dado, requiere más horas, pero las satisfacciones cuando llegan son enormes.

Dígame la última.

—Le puedo decir que la mayor satisfacción que he tenido desde que estoy en el Ayuntamiento ha sido que retiraran de los autobuses los tornos porque era una cuestión que entorpecía la vida de muchas personas. Puede parecer una bobada para algunos, pero fue una gran victoria desde la oposición y sin tener poder alguno a la hora de decidir. Lo que hicimos fue hacerle ver que no tenía sentido alguno mantenerlos, que no eran legales y que su funcionamiento solo acarreaba problemas para muchas personas. Lo que parece mentira es que haya que dar esas batallas para lograr algo que era de sentido común. Cuando se consigue algo, por mínimo que sea, para mejorar la vida de los vecinos es satisfactorio.

Y lo consiguió el grupo de la oposición más pequeño, con solo tres concejales.

—Realmente no somos tres. Sería imposible llevar todo esto para adelante con solo tres personas. Jaén en Común es un proyecto muy diverso en el que hay mucha gente que trabaja en segunda fila y no se les ve. En aquellas comisiones que nos permite el reglamento hay gente de Jaén en Común. Nosotros queremos que ellos participen porque nuestro proyecto no se entiende sin esa participación.

El proyecto de Jaén en Común se va ampliar con otras formaciones con vistas a las municipales.

—Nosotros creemos que hay que construir con todas aquellas personas y organizaciones que tengan claro que Jaén necesita otras políticas y salir de esta espiral de privatizaciones, déficit y parálisis de ideas incluso en la que se encuentra. Estaremos con todos aquellos que coincidan con este diagnóstico y aporten soluciones. Y claro que queremos construir un espacio abierto y diverso. No es de ahora, ya lo fue en 2015.

Sin embargo, uno de los estigmas de la izquierda es que no acaba de fraguar esa construcción.

—Si me pregunta por qué no se ponen de acuerdo los partidos de izquierdas, ese es un debate en el que no entramos. Los partidos son útiles cuando se ponen a disposición de lo que la gente necesita. Ahora bien, si se trabaja en las necesidades del propio partido, pues mal vamos porque eso no le sirve a la gente ni saldremos de esa endogamia en la que están instaladas algunas organizaciones. Además, le aseguro que a la gente tampoco le interesa. Lo que tienen son problemas y lo que necesitan son certezas, esperanzas, un futuro y vivir en unas condiciones buenas y dignas.

Tenemos que salir de ese debate de qué les pasa a los partidos. Lo que debemos hacer es ponernos a trabajar para saber qué le pasa a la gente de Jaén y, a partir de ahí, cualquier cosa se puede superar. Lo que no podemos hacer es vincular un proyecto a lo que digan o quieran los partidos u otras instancias que no son Jaén.

Lo que me quiere decir es que los partidos y sus dirigentes importan mucho menos que el proyecto global.

—Así es. Y se decidirá, desde mi punto de vista, de la forma más democrática posible, como ya se hizo en su día en Jaén en Común, con primarias abiertas. Se debate sobre la situación que tiene la ciudad y sobre las soluciones para armar un proyecto.

Por lo tanto, si no va en las próximas listas, no se enfadaría, porque, siguiendo sus palabras, el proyecto está por encima de las personas. 

—Ni mucho menos. Seguiría estando ahí. Mi compromiso es echar una mano. La lista no debería ser un problema para nadie.

¿Cuáles son los problemas de los jiennenses?

—El principal problema es que vivimos en una ciudad en la que no existen expectativas de futuro para una parte de la población, especialmente la gente joven, que lo tiene hipotecado. El Ayuntamiento no es un ente aislado en la Plaza de Santa María. Lo que allí pasa afecta a toda la ciudad y a la vida de los vecinos, por lo que hasta que no se articulen políticas para garantizar empleo de calidad, haya perspectivas de futuro para los jóvenes y se presten servicios de calidad, entre otras cosas, no conseguiremos salir de la espiral en la que estamos. Y no se puede circunscribir todo a que no hay dinero por la deuda municipal. Ese no es el problema, sino la parálisis que hay en el Ayuntamiento, donde se siguen haciendo las mismas políticas desde hace décadas. 

Los ciudadanos se quejan de que los servicios no funcionan, no funcionan los autobuses ni la limpieza ni la basura; no se cuidan bien los parques y los jardines. En general los servicios son deficientes para una ciudad como esta. Además, los proyectos de vida de gente están cojos porque no llegan a fin de mes, no hay empleo y los jóvenes se tienen que ir. Y a todo esto hay que darle una solución desde el Ayuntamiento.

Y sin dinero, ¿qué se puede hacer?

—Dinero hay, el problema es en qué se emplea ese dinero. Lo que ocurre es que hay una serie de prioridades que distan de las que realmente necesita esta ciudad. Luego está el tema de las privatizaciones, que es la base de todo. No entienden que los servicios se pueden prestar mejor desde lo público y lo municipal. Nuestro problema es que estamos atados a empresas que están sacando nuestros recursos sin que revierta en la propia ciudad. Jaén es pionera en privatizar. Empezamos en los 80, cuando en otras ciudades ni se pasaba por la cabeza. Eso lo estamos pagando. Esta es una de las claves de nuestra situación financiera.

Es licenciada en Ciencias del Mar, y sinceramente me la imaginaba más cerca del agua. ¿Cómo acaba aquí?

—Terminé la carrera y las cosas ya estaban complicadas, porque la gente joven lo hemos tenido difícil antes de que llegara la crisis. Así que me matriculé en Ciencias Ambientales en la Universidad de Jaén. El mar me apasiona, es lo que más me gusta y lo echo de menos, pero decidí abrir otros campos, tanto a nivel personal como profesional. Además, soy jiennense de pura cepa.

Tiene un máster, ¿no?

—Sí, aunque no sé si es bueno decirlo en estos momentos (risas).

Lo tiene todo en regla, imagino.

—Sí, sí. Me lo saqué en la Escuela de Negocios de Andalucía. Le puedo asegurar que estuve en clase y que tengo el trabajo hecho. En cualquier caso, me llama mucho la atención este debate, enmarcado en la política espectáculo que tanto funciona ahora. El debate debería ser más profundo. El problema de los másteres es que desde Bolonia se colocó a la universidad pública en un lugar muy comprometido. En primer lugar, porque al dividir los estudios universitarios en grados y en posgrados se hizo más inaccesible para mucha gente que no dispone de recursos. Luego está cómo entra la iniciativa privada en la universidad porque muchos de los másteres están hechos por empresas y fundaciones de negocio. El problema está ahí. Se ha perdido la condición de enseñanza universal para entrar en la mercantilización. El debate es por qué tienes que pagarte un máster para poder acceder a un empleo en condiciones y digno. 

¿Por qué la política mete sus dedos en todo?

—No la política, sino los políticos. La política es la manera que tenemos de relacionarnos entre nosotros y de gestionar nuestras sociedades y comunidades. El problema son las personas que vienen a aprovecharse de la política. Tiene que haber unos mecanismos que eviten que eso ocurra, lo que pasa que en este país no existen y si existen no funcionan. Lo que no podemos permitir es el mercadeo. Tampoco debemos olvidar que en la corrupción está el corrupto y el que corrompe porque siempre hay alguien detrás que está intentando sacar algo en su propio beneficio de las administraciones públicas.

Pertenece a un partido verde, cuya fuerza en Andalucía y en el resto del Estado no ha calado en la población como en otros lugares de Europa. ¿Por qué?

—Creo que, históricamente, no lo hemos sabido explicar bien. En Centroeuropa estaban en otro punto de la sociedad del bienestar. Cuando no se tienen que atender necesidades más básicas o primarias, como el empleo o la vivienda, la gente suele tener otras perspectivas. En el Sur de Europa, por nuestra situación, la población no tenía esas preocupaciones en la cabeza porque tenía otras más básicas. El espacio verde no solo se ocupa de cuestiones ambientales. Por eso, lo que tenemos que dejar claro en el discurso verde es que no hablaríamos de economía sin recursos naturales. Cuando hablamos de economía, lo hacemos también de ecología y de la distribución de los recursos. Todo está ligado. Esa es la parte que quizá no hemos sabido comunicar. Tenemos que hacer ver a la gente que no podemos enfocar nuestra vida sin un punto de vista de sostenibilidad y mantenimiento de la propia vida, y en eso también tiene que ver la condición feminista. Lo productivo no puede estar separado de lo reproductivo, que es la vida en sí. Hay que vincular esas dos cosas y enmarcarlas en un proyecto global.

¿Se le remueven las entrañas cuando ve que cortan un árbol en esta ciudad?

—Aquí tenemos un problema especialmente grave porque esto no es Santiago de Compostela. Tenemos otro clima y otras características. Me afecta porque veo que no hay visión ni proyecto para que esta ciudad sea habitable. Es básico ya y conforme pase el tiempo más aún. El gran problema es que se tratan a los árboles como si fuera mobiliario urbano y no lo son. Los espacios naturales de una ciudad son necesarios para podamos desarrollar la vida con normalidad dentro de un marco saludable y de bienestar. Esto no es una anécdota, sino la prueba de que no hay un proyecto. Coincido con otros compañeros ecologistas cuando dicen que esta ciudad no se puede permitir perder ni un árbol más. No es por el árbol, que sea bonito o feo, sino porque dentro de unos años no podremos vivir en Jaén.

¿Qué fue de su agria polémica con el alcalde y los árboles de la calle Doctor Eduardo Arroyo?

—(Risas) Pues que están terminando la calle y van a poner maceteros. Lo que no puede hacer es levantar una calle para su rehabilitación y decir que hay conducciones. Claro que las hay y lo sabían los servicios técnicos. El problema es que el arbolado no forma parte de sus esquemas ni de su modelo poque no es una prioridad. Para el alcalde, es una cuestión secundaria, cuando debería ser primordial porque el arbolado y las zonas verdes cumplen una función fundamental en la vida urbana y no están para adornar, para eso están los maceteros. Si hubieran diseñado el proyecto desde otro punto de vista, se podrían haber plantado árboles.  

¿Cree que la derecha o el liberalismo tiene política ambiental?

—No apuestan por las políticas ambientales, sino por todas aquellas que sostienen la vida, como la sanidad o la vivienda universal. Para los que hacen políticas neoliberales -que trasciende de la izquierda o la derecha-, solo les interesa la productividad económica y el crecimiento. Ya ni siquiera piensan en la redistribución. La vida no está entre sus prioridades.    

¿Qué nivel de avance han tenido las políticas feministas o de igualdad en la época democrática?

—El movimiento feminista ha conseguido muchos avances y está en disposición de marcar un antes y un después en este país y en el mundo entero. Pero ha avanzado desde fuera de lo institucional, desde los movimientos de base hasta los colectivos más grandes, pasando por los más pequeños y por las asociaciones de mujeres de barrio, ese es el verdadero avance. El feminismo a nivel institucional ha logrado cosas, pero queda un trabajo enorme por hacer porque muchas políticas de igualdad son políticas de maquillaje. A la vista está. Es urgentísimo actuar contra la violencia machista porque, a pesar de que se ha avanzado en materia legislativa y en el discurso, ahí tenemos la cifra de muertes. Da igual las leyes que tengamos si no hay recursos. Los discursos institucionales son muy retóricos y, en muchas ocasiones, vacíos de contenido. Por fortuna, el feminismo de base va a conseguir muchos más cambios. 

Cuando escucha el calificativo de 'feminazi' para definir a los movimientos feministas, ¿qué pasa por su cabeza?

—En primer lugar banalizar una cosa como el nazismo no tiene ni pies ni cabeza y, además, me parece horrorosa. Es una manera despectiva de atacar a los colectivos por parte de quienes ven peligrar sus privilegios, y no hablamos solo de hombres, sino de una sociedad machista, en la que también se incluyen mujeres. Debemos luchar y trabajar en pro de una sociedad en igualdad porque el feminismo no busca la supremacía de la mujer sobre el hombre, sino la igualdad.  

¿El enemigo no es el hombre?

—Ni mucho menos. Me parece un discurso interesado contra el feminismo de quien ve peligrar sus privilegios. La realidad es otra bien distinta, cuando se conoce el feminismo desde dentro.

En el último pleno monográfico sobre la mujer su grupo municipal se ausentó.

—Cuando la mayor parte de los colectivos feministas y que trabajan por la igualdad en esta ciudad se niegan a participar en un pleno denominado “de la mujer”, es porque algo se está haciendo mal. La situación de las mujeres en Jaén requiere que se analicen nuestros problemas en profundidad y que se busquen y se pongan en marcha soluciones reales, no iniciativas de escaparate vacías de contenido, o lo que es peor, que dan cabida a mensajes abiertamente misóginos como lamentablemente pudimos ver. Ese Pleno no representaba ni incluía a las mujeres de Jaén y desde luego nosotras no íbamos a contribuir a lo que consideramos un paripé con nuestra presencia. Nuestra posición es la misma que la de las compañeras feministas que están exigiendo tener voz de manera directa en estos Plenos, que deberían ser totalmente abiertos y participativos.

¿Cree que después de las masivas manifestaciones de 2018 las administraciones han tomado conciencia de la importancia de las políticas sobre igualdad y derechos de la mujer?

—Creo que han tomado conciencia de la fuerza que tiene el movimiento feminista. Ahora, decir que han tomado conciencia de la necesidad de las políticas de igualdad, está por ver, sobre todo cuando hay partidos, como el PP, que amenazan con dejar de apoyar el pacto contra la violencia machista. Un pacto que, dicho sea todo, es insuficiente. Una cosa es tomar constancia de que el movimiento feminista es fuerte, y todo el mundo se quiere subir a esa ola, y otra bien distinta es que realmente se haya interiorizado la necesidad de reconstruir una sociedad para que vaya abandonando el machismo.

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado

 

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