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"Contracultural es un homenaje a toda mi generación"

Por Javier Cano - Enero 09, 2020
"Contracultural es un homenaje a toda mi generación"

Alrededor de nueve años llevan los jiennenses sin disfrutar de una exposición "en serio" de Tomás Fernández (Jaén, 1958), una orfandad artística que el próximo miércoles 15 de enero se olvidará de sopetón cuando este singular pintor inaugure Contracultural, su nueva muestra, en la sala de arte del Edificio Moneo. Un homenaje a los creativos de su generación, a los vivos y a los muertos (que de todo hay), y una oportunidad imperdonable para perderse lo último de un creador sin pelos en la lengua pero con mucho que decir, a estas alturas, a través de los pinceles. 

—¿Por qué ha tardado tanto en decidirse a exponer en su tierra?

—No me gusta mucho exponer en Jaén; el nuevo concejal [de Cultura, José Manuel Higueras] me convenció, pero creo que esta será la última vez que exponga en Jaén.

—¿Y eso?

—Jaén es una ciudad muy cruel para los artistas, la más cruel que yo he conocido. Es una ciudad que suele asesinar a sus artistas, del mismo círculo de artistas son los que no quieren que levante cabeza nadie. Es una sociedad muy envidiosa, muy ridícula y muy insulsa. En lugar de defender lo que tiene, lo que hace es tratar de hundirlo. En Jaén no ha habido nunca ningún artista bueno, porque no se lo han permitido.

—Duras palabras, ¿no cree?

—Eso es la verdad. Aquí, un artista puede medio tontear, pero tiene que buscarse otro trabajo mientras vive. Cuando muere, le ponen una calle hortera en el Bulevar y... Jaén es muy cruel, nunca ha defendido a sus artistas. 

—Usted ha expuesto fuera de Jaén muchas veces. ¿Le ha pasado lo mismo?

—A cualquier artista de Jaén nos repetan muchísimo fuera, y si sales de España el respeto es inmenso.

—¿A qué lo achaca?

—Yo creo que esa gente entiende de arte, sabe lo que quiere, lo que busca. Pero en Jaén, en la mayoría de las exposiciones, o en conciertos o en actos literarios, yo tengo hecho un cálculo y más o menos el 60 por ciento va a ver cómo te crítica, no por el arte. Ojalá esté equivocado.

—¿Lo he pillado en un día difícil, o es que no tiene usted pelos en la lengua? ¿No temen que lo crucifiquen por lo que dicen?

—A mí me pueden crucificar. Estoy diciendo que no respetan el arte. En una ciudad como esta, las personas tienen que interesarse más por comer, por llevar a su familia a buen fin, que por el arte.

—¿Cómo se traduce esa actitud a la que alude a la hora de exponer? ¿Quizá en la escasez de ventas?

—No, depende. Lo de las ventas de la obra suele tener oscilaciones de vender más o menos, eso pasa como siempre. En realidad casi ningún artista, excepto alguien que se mueva por lo comercial, expone para vender. En los temas que yo llevo en esta exposición, por ejemplo, no creo que nadie piense que voy a vender. Quizá la temática que llevo es para un círculo en cierto modo bastante cerrado. Que otras personas la observen, la examinen, la vean me parece muy bien, pero va sobre todo para la gente que entienda toda la cultura pop, la cultura rock.

—Si las ventas no son el termómetro del interés de la sociedad jiennense por sus artistas, ¿qué lo es, entonces?

—Lo de las ventas no me convence en absoluto. Por ejemplo, con Carmelo Palomino, tanto "te quiero Carmelo", y fue morirse y ya Carmelo no existe, y eso que su muerte es relativamente cercana a nosotros. Y puedo decir Ayala y un montón de gente más. No hablo solamente del arte pintado, del esculpido, también de los músicos. 

—Es decir, que ser artista en Jaén...

—Yo llevo salas del Ayuntamiento desde hace lo menos veinte años. Desde ahí tratamos de ayudar a los artistas y de que no tengan que pagar un huevo por exponer. Porque actualmente la vida de un artista es bastante cruda, el último eslabón de la cadena es él, aquí gana todo el mundo menos el artista.

—¿No le resulta paradójico que sea precisamente el Ayuntamiento quien apoye esta exposición, pese a que su leit motiv sea la contracultura?

—No, la paradoja fue que yo no quería exponer en Jaén, el concejal me convenció y dije: "Bueno, como voy a salir de gira no me molesta hacerlo en Jaén".

—¿Qué es exactamente Contracultural?

—Es un homenaje a nombres como Fofi, Chupes, Carlos y Luis, Nicolás, Gorilón... a toda mi generación... Por desgracia, la mayoría están muertos, quizá porque pillamos esa cultura en un momento en el que no estábamos preparados y abusamos de ciertos aditivos. Algunos hemos logrado saltar la valla, y la gran mayoría se quedo ahí.

—¿Se la dedica a ellos?

—Va dedicada a los músicos de Jaén, a toda esa gente que ha luchado toda su vida por la música, por la cultura rock, por la cultura sobre todo underground. En realidad es un homenaje a todos ellos, vivos o muertos, que han estado metidos en la contracultura, que teníamos que escondernos, meternos en locales raros para exponer, porque tampoco se te admitía en otros ni se te abrían muchas puertas.

—A estas alturas, no renuncia a la estética de la psicodelia en su propuesta artística.

—Yo he tenido una evolución muy rara. Me hice un fan y un loco perdido por la psicodelia a los once años. Tenía una tía 'zurrapa' que oía discos de Jimmy Hendrix, de The Doors..., y yo alucinaba con esa música. Me volví loco con Sgt. Pepper's, y a partir de ahí empecé a dibujar psicodelia. Después me pasé al surrealismo, luego a la metafísica y a la vejez he vuelto a la psicodelia, que es el lenguaje con el que mejor me entiendo.

—¿Se siente Tomás Fernández un superviviente?

—Bueno, yo y muchos más. Por ejemplo, quien va a compartir conmigo, ese día, el puntazo va a ser Buba, un superviviente y una persona que se centró plenamente en su trabajo. Cada uno puede adaptarse bien o mal a la vida, hay personas que piensan de una forma y se abandonan y otras a las que una fuerza interior las obliga a la superación.

—Usted es de las segundas, ¿no?

—Jamás he renegado de las barbaridades que hice en mi juventud, y no de tan joven. Lo bueno es que ahora está uno limpio, y eso te da un carácter, una forma de ser. 

—¿Qué herencia artística ha dejado esa generación a los jiennenses?

—Para mí, increíble. Cada vez que me acuerdo de ellos, lloro. Hicieron cosas muy hermosas, pero no les dio tiempo a sacar todo lo que tenían dentro porque murieron relativamente bastante jóvenes. Entre el tiempo que te quitan esas adicciones, las circunstancias sociales, lo malmirados que estaban en Jaén..., no pudieron desarrollarse, pero en realidad fueron unos aventureros que intentaron hacer cosas nuevas en todos los géneros.

—Quienes visiten esta exposición, ¿qué sabor de boca quiere que se lleven?

—Cada vez que expones quieres dar algo de tu alma. Vamos a intentar que todo el que vaya deje un cachito de él, que sea una comunión entre el que habla y el que escucha, el que trabaja y el que observa, la comunicación es muy importante. Lo que vamos a intentar es darle todo el amor y todo el cariño que tenemos a toda persona que vaya allí, el observador es el actor indispensable, que sea feliz por unos momentos, que se pregunte, que llegue a una conclusión. Amamos lo que hacemos y nos gusta que la gente lo sepa.

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