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"Las mujeres no podemos sentirnos culpables por trabajar"

Por Esperanza Calzado - Febrero 16, 2020

Nació el 9 de marzo de 1983, en Torredelcampo. Por pocas horas, su cumpleaños no coincide con el Día Internacional de la Mujer, pero como si lo hiciera. Porque Rosario Rubio Blanca, presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias ’JAEM’ y concejal de Feminismo, Diversidad y Comercio del Ayuntamiento de su municipio natal, lleva la lucha feminista en las venas. Entre sus metas, escribir un libro. No sabe cuándo será, porque no anda precisamente sobrada de tiempo, pero lo hará. Intuimos, tras una charla en las oficinas de este rotativo, en Cuatro Gatos Coworking, que confluirán sus grandes pilares de la vida: familia, psicología, formación, feminismo y emprendimiento. Ella fue una de las jiennenses que la semana pasada marchó a Sevilla para protestar contra el recorte en ayudas a organizaciones feministas. Y es que para colectivos como JAEM esa subvención eran sus pies y sus manos. 

—¿Siempre supo que se quería dedicar a la psicología?

—Siempre lo he tenido muy claro, desde pequeña.

—¿Por qué? ¿Qué le llamaba la atención de esta profesión?

He sido la mayor de cuatro hermanos y me he dedicado mucho a estar con ellos. Mis padres han trabajado siempre y ese cuidado me ha hecho más sensible a ciertos problemas. Siempre fui una niña que prestaba especial atención a los niños con necesidades educativas o que estaban excluidos. Por eso siempre quise entender la mente de esas personas y por eso sabía que quería ser psicóloga. Me gustaba mucho también el periodismo, porque me gusta mucho escribir. 

—¿Hace sus pinitos escribiendo?

—Sí. Tengo un blog y me gusta hacerlo. Parte de mi terapia de psicología también consiste en sacar anotaciones y trasladar lo que pienso. Además, sé que no me moriré sin escribir un libro, es uno de mis retos. No sé cuándo lo haré porque no tengo mucho tiempo, pero sé que lo conseguiré. 

—¿Cuándo cursó la carrera, ya tenía clara la especialización que quería?

—Yo estudié en la Universidad de Jaén, una de las más potentes de Andalucía y España en el ámbito de la Psicología y, de hecho, venía mucha gente de fuera. Ahora en los grados es diferente, pero en la licenciatura era a través de las asignaturas optativas o de libre configuración como te ibas enfocando a ciertas áreas. Yo tenía claro que como me gustaba mucho el contacto con los niños, debía llevar una parte educativa. También quería aprender parte clínica. Pero lo cierto es que soy muy inquieta y estoy en constante formación. No he parado. En Psicología, como en muchas otras profesiones, tenemos que estar en un continuo reciclaje. Así nos lo exigen la sociedad y nuestros pacientes. 

—¿Desde el principio tuvo claro que quería trabajar por cuenta propia, ser empresaria?

—Sí. Vengo de familia emprendedora y he tenido siempre mucho apoyo familiar, no solo de mis padres sino de mi marido. Cuando terminé la carrera me veía capacitada para hacerlo y lo intenté con el empuje de mi familia. Además, no necesitaba de mucha inversión. Yo tenía mis ahorros y mi piso y el dinero que destiné fue a diseñar un despacho bonito, confortable y atractivo. De hecho, es el que sigo teniendo. Yo lo que invertía era mi tiempo y era muy gratificante.

—¿Cuánto hace de eso?

—Empecé en 2007 y estoy muy satisfecha con el trayecto. Cuando cumplí el décimo aniversario supe que quería hacer un giro a la empresa aprovechando la formación adquirida en otras materias. Fue entonces cuando cambié el nombre. Antes se llamaba Centro de Educación y Psicología María del Rosario Rubio Blanca y desde el décimo aniversario se llama Kárdia.

—¿Tuvo que aprender a ser empresaria?

—Sí. Cuando eres empresaria lo primero que te ocurre es que te tienes que adaptar de una manera muy rápida. En mi caso, por ejemplo, que soy psicóloga no podría centrarme a trabajar sólo con niños, porque somos muchos y aunque la demanda es grande hay mucha oferta. Eso te hace readaptarte, ampliar servicios y estar pensando en un sinfín de aspectos. Además, los gastos que tiene el mundo empresarial te comen por lo que hay que abrirse camino, adaptarse y estar muy pendiente de todas las novedades. Es cierto que a todo no se puede llegar pero por lo menos hay que probar y aprender.

—¿Que le empujó a presentarse como presidenta de JAEM?

—Más bien era que me tocaba ya (ríe). He estado al lado de Carmen Rueda durante toda esta trayectoria y tocaba el cambio. Se vio que era buena idea que la relevara y siguiera el camino emprendido por ella pero la condición que puse es que me tenían que acompañar. Porque aunque yo sea la cara visible, estamos todas unidas y hay un trabajo conjunto. Además, ahora estamos en una época complicada y estamos más unidas que nunca. 

—Para quien no conozca JAEM, ¿qué es y por qué es importante su labor?

—Somos la Federación de Mujeres Empresarias de la Provincia de Jaén. JAEM acoge en su seno a diferentes asociaciones de la provincia. Es muy importante porque unidas hacemos más fuerza y podemos tener un mayor acceso a proyectos, subvenciones o acudir a organismos públicos. Por eso es muy importante que estemos presentes en todas las parcelas del día a día jiennense. 

—Acaba de mencionar las subvenciones y ustedes la semana pasada se trasladaron hasta Madrid para denunciar el recorte de ayudas de la Junta. ¿Esperaban esa noticia?

—Fue muy sorprendente y creo que no se lo esperaba nadie. Incluso me atrevo a decir que ni tan siquiera la propia coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer en Jaén. Nosotras, como todos los años, presentamos nuestros proyectos en abril y en octubre nos llegó nuestra resolución provisional. Con ese visto bueno, que sabemos que no es definitivo, ya empezamos a trabajar porque el margen de maniobra que tenemos es muy poco. Sólo tenemos hasta final de año para llevar a cabo el proyecto. En nuestro caso eran tres actividades muy potentes y nos pusimos a trabajar. Como nosotras, todas las asociaciones. La sorpresa es que a mediados de diciembre nos comunican que no nos daban nada. Fue un palo. Para JAEM fue un jarro de agua fría porque esa subvención son nuestros pies y nuestras manos. Nosotras nos encontramos a la asociación en una situación económica de bancarrota y poco a poco hemos ido solucionando problemas económicos que no eran nuestros. La subvención es fundamental porque si no no podemos hacer nada, porque no tenemos dinero. 

—Hay personas que se pueden extrañar porque JAEM tiene muchas asociadas.

—Sí, pero no es suficiente porque pedimos a nuestras asociadas muy poco dinero. Creo que es un error pero somos demasiado empáticas y nos ponemos en el lugar de las otras. En época de crisis no éramos capaces de pedir, por ejemplo, cien euros al año porque sabemos las circunstancias que atraviesan muchas empresarias. Por lo tanto, sin esa subvención no podemos hacer nada.

—¿Ha servido de algo manifestarse? ¿Se han puesto en contacto con vosotras?

—No. En el fondo sabíamos que no iba a servir para mucho pero había que manifestarse; había que expresar nuestro descontento. La coordinadora del IAM en Jaén sí que nos recibió y yo se lo agradezco y le expresamos nuestro sentimiento de discriminación. Yo entiendo que ha entrado gente nueva a la Junta con ideas nuevas y que han querido cambiar, eso lo entiendo. Pero que eliminen las bases para todas y se hagan unas nuevas para todas y así no estaremos discriminadas. ¿Por qué unas asociaciones sí han tenido ayudas y otras no, con proyectos de muchos años? No lo entendemos. 

—¿Cómo os sentís cuando escucháis afirmaciones del tipo 'financiar chiringuitos'?

—(Uf) Se me pone el vello de punta. Es horrible que se haga esa apología y uso político. En cuestión de feminismo hay que trabajar tanto... Tengo muchas amigas que me dicen que no son feministas, sino que quieren la igualdad. Eso demuestra que no saben qué es.

—Será porque se asocia el feminismo a un movimiento de izquierdas cuando, en realidad, no es así.

—A mí me da igual que la persona sea de izquierdas o de derechas. Soy una mujer y lo que quiero es lo mismo que un hombre, y que si voy a una entrevista de trabajo, por ejemplo, no me pregunten si tengo bebés o intención de quedarme embarazada. Quiero que si tengo pareja no dé por hecho que si el niño está malo me vaya yo a quedar con él. El término feminismo hay que trabajarlo mucho y vosotros, como periodistas, tenéis una gran labor. No sé por qué chirría tanto el término. 

—¿Qué debemos hacer para que no chirríe?

—Como no tengas formación en perspectiva de género no entiendes el feminismo. Siempre me he considerado feminista y en mi casa lo hemos vivido, pero cuanto más estudio más me doy cuenta de las muchas cosas que desconocía. Es un término que no gusta a ciertos sectores y lo utiliza. Yo les digo que acudan a la Real Academia de la Lengua Española y vean qué significa. No es otra cosa que igualdad, en derechos y obligaciones. ¿Por qué ese miedo?

—¿Entonces hay motivos para salir a la calle de nuevo el 8 de marzo?

—Sí. Aunque somos más conscientes de la situación, pero está igual o peor que antes. Todavía veo desigualdades y me preocupa, sobre todo, gente joven que tiene mucha ignorancia sobre todo en violencia de género. Muchos de los comportamientos que teníamos superados están volviendo e, incluso, de manera más arraigada. Por ejemplo, hay chicas que no dan importancia al hecho de que tengan que dar la contraseña de su móvil a su pareja o hacerse una foto para que vean cómo van vestidas cuando salen con sus amigas. Eso lo he vivido en mi consulta y es muy complicado quitarle esos micromachismos arraigados. Para ello, la educación es esencial.

—¿A qué dificultades se enfrentan las mujeres empresarias?

—Hay un gran camino que recorrer en conciliación y corresponsabilidad. Hay mucho que trabajar.

—¿No existe la conciliación?

—No. Existe una palabra muy bonita que se puso de moda y una consejería para tal, pero no existe. Yo no puedo estar pendiente de pensar que si quiero tener otro bebé tengo que relajarme a nivel empresarial, algo que no le pasa al hombre. Otro ejemplo: hay muchas madres que nos sentimos culpables por no pasar todo el tiempo que 'deberíamos' con nuestros hijos. No, no nos equivoquemos, no somos malas madres. No somos malas madres por trabajar; no podemos sentirnos culpables por trabajar. Nosotras, como mujeres empresarias, lo tenemos muy difícil y es nuestra responsabilidad acabar con esos hándicaps, no le echemos la culpa a nadie. 

—¿Cuáles son los retos de futuro de JAEM?

—La verdad es que teníamos tres proyectos muy bonitos que ahora se hace más complicado ponerlos en marcha por la falta de ayudas. Uno era referente al área de conciliación. Íbamos a hacer una carrera similar a la del Club de las Malas Madres y teníamos ya mucho camino recorrido pero se hará cuando se pueda. También teníamos previstas jornadas para visibilizar la importancia que tiene la conciliación y poner soluciones que se les puedan poner sobre la mesa a los políticos para ayudar al mundo empresarial femenino entre todos. Ahí se queda... El tercer proyecto era de networking a nivel interprovincial. Íbamos a invitar a diferentes presidentas de Sevilla y Granada, además de varias asociaciones para establecer sinergias. Finalmente, formación en diferentes áreas, que siempre está presente en la actividad de JAEM.

—¿Habéis llamado a las puertas de otras administraciones para que os ayuden?

—Sí. El Ayuntamiento de Jaén nos recibió, había buenas intenciones pero seguimos a la espera. Diputación siempre saca unas subvenciones y estamos a la espera de presentar el proyecto. Y si no podemos obtener subvenciones, volveremos a acudir al Instituto Andaluz de la Mujer y a la Diputación a ver si los proyectos por sí solos se pueden poner en marcha con patrocinadores ... Por lo menos llevar a cabo alguno de los tres proyectos.

—Para finalizar, ¿cómo se imagina el Jaén de dentro de diez años?

—Me la quiero imaginar con más vida empresarial. Es cierto que Jaén es muy bonita y una gran desconocida dentro de Andalucía, pero no la hemos vendido bien, no la hemos hecho atractiva para que vengan grandes empresas, a pesar de la buena conexión que tiene. Soy optimista y dentro de diez años va a haber un giro empresarial con el que la mujer va a tener un gran poder. Pero tenemos que dar el paso y ojalá que dentro de diez años veamos muchas empresas lideradas por mujeres. 

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado.

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