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El Jaén repite historia y Ferrao le arrebata la Copa del Rey

Por Antonio Pulido Casas - Mayo 05, 2019
El Jaén repite historia y Ferrao le arrebata la Copa del Rey
Final de la Copa del Rey. Fotografías: Juan Carlos Fernández.

El FC Barcelona Lassa remonta dos goles en contra para lograr el segundo título de la temporada

Pareció Cáceres. Estaban en Ciudad Real. Otra vez los últimos segundos y un Ferrao todopoderoso repitieron la historia para dejar al Jaén Paraíso Interior al borde de levantar la IX Copa del Rey. El acierto y el desgaste continuo en una segunda mitad intensísima inclinaron la balanza hacia los culés, que renuevan su condición de campeones.

Los pitidos recurrentes, continuos, desde el primer momento hacían presenciar que, si bien La Salobreja se encuentra a un par de horas de distancia, el Quijote Arena es lo que más se le parece fuera de la provincia jiennense. El Jaén Paraíso Interior jugaba en casa, se diga lo que se diga, y eso propiciaba un extra de motivación y fuerza para los que iban de amarillo, que querían olvidar la dolorosa resolución de un año antes en Cáceres. Por eso, quizá, por el impulso que dan los aplausos, Rafa López atinó a quedarse sin su par, no así para embocar, en uno de los primeros acercamientos. Era el primer aviso de 3.000 andaluces que se metían en la pista para todo, incluso para frenar los escorzos de Ferrao -de lejos, la mayor amenaza culé-.

Tanta celeridad, a veces, tenía sus inconvenientes (al margen del rival, claro) y Marcenio halló una pelota escorada antes de probar por primera vez a Espíndola, del que se esperaba pararlo todo, como mínimo. Empezó bien. En la otra orilla, el máximo goleador de la Liga regular, Carlitos, se oponía a las embestidas blaugranas. Cargó su pierna izquierda y se chocó con Dídac. Sería el primero de sus duelos. Como es natural, el Jaén se sentía más cómodo sin la mochila de favorito: más suelto, sin nada que perder, pero mordiendo en la presión como siempre. Es importante no obviar, sin embargo, que los culés, por precio, son muy buenos, y superaban la primera línea de vez en cuando, bien por medio de paredes o por desequilibrios de Dyego. En estas, no podían despistarse, pues cualquier robo local, como el que hizo Campoy, suponía peligro. Eran balas de color amarillo que, a los 9 minutos, todavía no habían logrado impactar.

AUNQUE ESTABAN CERCA

Y de forma familiar, como viene ocurriendo durante gran parte de la temporada. Balón parado, pelotas a Carlitos. Mauricio se la cedió al gaditano y la grada sufrió un dejá vù, gol por la escuadra. No importa el equipo, no importa el rival, Carlitos no discrimina. Terremoto en Ciudad Real. Gritos de "¡Sí, se puede!". Camisetas amarillas que barrían y se comían el parqué. Mucha intensidad. El Barça debía reaccionar y Ferrao enganchó una volea durísima, tan firme como la respuesta de Espíndola. También negó a Sergio Lozano. Seguía deteniendo el brasileño todo lo que le llegaba, según el plan idílico.

El compromiso era palpable en los hombres de Dani Rodríguez, que basaron en la defensa los minutos posteriores al primer gol. El Barça creció en la circulación del balón. Era obvio, tenía que pasar. La iniciativa, sin Ferrao en cancha, era para Dyego, mientras sin Dyego en cancha, era para Ferrao. Tan sólo había que esperar cuándo el Barça aclaraba situaciones favorables para alguno de los dos. Las coberturas fueron muy importantes y los robos, más. Dyego arriesgó en la salida de balón y Campoy olió el peligro, lo cogió y lo transformó en una preciosa vaselina con la pierna derecha para superar a Dídac. Detalles propios de campeones. Cada vez parecía haber más camisetas amarillas en el pabellón, como si se expandieran en cada defensa anticipada, cada bloqueo de disparo y, por supuesto, cada gol. Ni siquiera Ferrao podía romper tal euforia. O era la afición o el palo. O Espíndola de rodillas. O el descanso.

Para el segundo acto, la consigna era fácil: seguir así. Lo difícil era ejecutarlo. Y hacerlo, además, con calma. El paso de los minutos hacía que el terreno se inclinara de forma irremediable hacia Espindola. Sergio Lozano y Aicardo forzaron sus intervenciones desde disparos lejanos en una dinámica que hacía presagiar que mucho juego se desarrollaría en las inmediaciones andaluzas. Fue Boyis, precisamente el jugador que levantó el último trofeo jiennense, quien acortó distancias tras un pase muy preciso de Dyego al segundo palo. Allí esperaba el cordobés para embocarla y, acto seguido, solicitar el perdón de la que fue su grada. La intensidad se elevaba por momentos y debían hacerse grandes Piqueras, Míchel y Rafa López, como había venido ocurriendo en el resto del partido. Su corpulencia física se antojaba crucial para contener a sus homólogos azulgranas.

Andreu Plaza decidió atacar con todo: Ferrao y Dyego en pista. A calzón quitado. Eso tuvo sus riesgos, y es que Giasson se perfiló hacia su pierna izquierda cuando apenas a dos metros se alzaba Dídac. No le golpeó con la precisión necesaria y su chut abandonó la pista. A pesar de estas acciones aisladas, el Jaén FS se hundía poco a poco, con los pies en arenas movedizas, y cometió la quinta falta a 11 minutos del final: el juego entre líneas tan bien defendido en un principio les hacía mella. Sin infracciones por cometer suponía un ejercicio de contención más complejo. El abdomen y las manos de Espíndola así lo atestiguaron.

El Jaén necesitaba sosiego en sus acciones, mantener la pelota unos segundos más, ganar confianza. El desgaste mental de estar detrás de la pelota era alto. Cada uno contra uno era visto como una guadaña. En uno de ellos, Dyego sorteó a Míchel y consiguió llegar hasta línea de fondo, donde acuchilló el área para servirle a Ferrao el empate. Nuevo resultado, nuevo escenario en el Quijote Arena.

Ahí la afición jiennense decidió echar una mano: agitar banderas y calentar gargantas. Cualquier cosa con tal de ganar bocanadas de oxígeno para los suyos. Algunas de ellas contenidas si Ferrao miraba al arco, que era casi siempre. Él mismo, en un reverso, provocó la sexta falta a Mauricio, mientras que sería Sergio Lozano quien lanzara el 10 metros. Dos veces apagó y encendió Espíndola el pabellón, como si se tratara de una película de horror, con sus parados. Pero irrumpió Ferrao, cómo no. Puso "The End" de una forma magistral: taconeó en un escorzo que nadie preveía a 21 segundos del final. Ajustició en Valencia y lo hizo en Ciudad Real. La pantera enseñó el camino y Marcenio y Adolfo, ya sin oposición, definieron de cabeza para cerrar la sexta Copa del Rey del FC Barcelona Lassa.

Los catalanes engordaron el resultado en los últimos 20 segundos con tres goles que no impidieron borrar el sufrimiento del que fueron objeto el resto del partido. Ocurrió en Cáceres, con un gol en la prórroga de Aicardo, y volvió a suceder en el Quijote Arena: nadar para morir en la orilla. Los andaluces, a partir de mañana, ya buscan una tercera oportunidad para gritar aquello de que al fin llegue la vencida.

FICHA TÉCNICA 

FC Barcelona Lassa: Dídac; Aicardo, Sergio Lozano, Marcenio y Ferrao -quinteto inicial-; Leo Santana, Boyis, Dyego, Adolfo, Joselito, Arthur y Esquerdinha.

Jaén Paraíso Interior: Espíndola; Mauricio, Ramon, Rafa López y Alan Brandi -quinteto inicial-;  Jordi Campoy, Carlitos, Dani Martín, Bingyoba, Giasson, Míchel y Piqueras.

Goles: Carlitos, min.9, 0-1; Campoy, min.17, 0-2; Boyis, min.25, 1-2; Ferrao, min.32, 2-2; Ferrao, min.40, 3-2; Marcenio, min.40, 4-2; Adolfo, min.40, 5-2.

Árbitros: Rodrigo Miguel y Sánchez Molina (Castilla La Mancha) amonestaron a Bingyoba, Espíndola, Mauricio y Joselito.

Incidencias: Partido correspondiente a la final de la IX Copa del Rey, disputado en el pabellón Quijote Arena de Ciudad Real, ante 5.000 espectadores.

 

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