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Cuando el pueblo ya no es un refugio ante el virus

Por Fran Cano - Octubre 10, 2020
Cuando el pueblo ya no es un refugio ante el virus
El parque de Las Cuevas de Frailes, precintado. Foto: Fran Cano.

El aluvión de positivos en pueblos pequeños como Frailes dispara la preocupación y rescata las escenas más propias del confinamiento

"Si ahora hubiese un cribado en el pabellón, descubriríamos muchos más positivos". La idea que desliza un vecino de Frailes, a medio camino entre la elucubración y el pesimismo, cunde en el pueblo, de 1.575 habitantes, tras acumular 30 contagios activos. La preocupación invita a una lectura: la villa deja de ser un espacio residual para el virus; la tasa de incidencia por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días es de 1.015,9, la más alta del Distrito Sur y la segunda de Jaén tras Génave (1.473,0). La esperanza en esta segunda ola es que entre los últimos contagiados no hay nadie grave de salud en Frailes.

Los parques, expresión de la vida, están cerrados. El de Las Cuevas convoca cada tarde a un puñado nutrido de familias. Mientras los menores disfrutan de los columpios, madres y padres departen en los bancos. Esa escena quedó atrás desde el pasado miércoles, cuando el Ayuntamiento dio vigencia a medidas que recuerdan a los días del Estado de alarma. También siguen sin actividad edificios como la Casa de la Cultura y el Centro Joven, así como el pabellón polideportivo.

Los negocios siguen abiertos aunque la actividad ha caído, con horas seguidas sin clientela. Las consecuencias son calcadas a las que derivaron tras el foco que hubo en verano. A mayor preocupación, la gente sale menos. Los establecimientos extreman las medidas y vuelve a ser habitual que en algunos no se permita más de una persona a la vez. Calles transitadas como la Avenida de Andalucía están vacías sin importar la hora que sea. La pista de petanca en el centro del pueblo, lugar de encuentro de jóvenes y mayores, ha cerrado el telón otra vez.

Ya hay un positivo en la comunidad educativa del colegio Santa Lucía, concretamente en una de las tres clases de Infantil. De hecho, el alumnado de cuatro y cinco años estará en aislamiento hasta el día 19. Encarnación Castro, alcaldesa de Frailes, reivindica que la relación directa con los efectivos sanitarios permite anticipar decisiones en aras de proteger a la población. El número de curados desde el inicio de la crisis llega a la docena. "Habrá más altas a finales de esta semana", indica Castro. La munícipe también ha activado ya al grupo de voluntariado para ayudar a quienes más lo necesitan, dadas las limitaciones.

Familias enteras guardan confinamiento y ahora las llamadas y los audios de WhatsApp entre los amigos son para comentar los resultados de las pruebas, que van a continuar hasta que se mitiguen los focos. Frailes no ha pedido un cribado masivo —el PSOE ya se ha mostrado a favor— aún como sí ha hecho Valdepeñas de Jaén, aunque el contacto con la Delegación de Salud y Familias es constante. En la Subdelegación del Gobierno ya saben que quizá sea necesario aumentar la dotación de policías locales, pues habitualmente sólo hay un agente. Si hay más restricciones tendrán que ser impuestas por la Junta de Andalucía, insisten desde el Ayuntamiento.

Otoño trae menos horas de luz y en un pueblo tan pequeño equivale a un tránsito marginal en las calles al caer la noche. El refugio ante el tedio suelen ser los bares. Ocurre que ahora hablar de "máxima seguridad" es complicado. Esas historias que llegaban de Madrid y hablaban de los problemas de otros por el virus acaban de entrar en la casa del vecino frailero. "El demonio ha llegado", lamentan los más mayores. El pueblo nunca fue inmune a la pandemia y ahora es demasiado evidente.

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