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Aquella fuente de la Plaza Vieja que 'perdió su centro'

Por Javier Cano - Septiembre 11, 2022
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Aquella fuente de la Plaza Vieja que 'perdió su centro'
En primer plano, la fuente que durante dos décadas presidió la Plaza de San Francisco. Foto: Archivo de Javier Cano.

Un recuerdo a la rotondilla que presidió el entorno de la Diputación y donde la chiquillería se encaramaba para disfrutar de procesiones y cabalgatas

Los flamencos, los cabales, saben que el título de este reportaje no es sino una paráfrasis de aquello que cantaba la  gran Niña de los Peines, doña Pastora Pavón, por soleá: "Fui piedra y perdí mi centro / y me arrojaron al mar / y al cabo de mucho tiempo / mi centro vine a encontrar".

Lo que le pasó a aquella fuente que muchos jaeneros recordarán en su ubicación originaria de la Plaza de San Francisco, que presidió durante dos largas décadas hasta su traslado a la Plaza de las Herrerías, a un tiro de piedra de los Baños Árabes, donde "al cabo de mucho tiempo su centro vino a encontrar".

Según recoge el Catálogo Monumental de la Ciudad de Jaén y su término, editado por el Instituto de Estudios Giennenses en 1985, el hito que evoca este reportaje no es sino "un pequeño pilón, propio de una casa particular, trasplantado a esta plaza [la entrañable Plaza Vieja] en 1965".

Un dato que, sin embargo, en cuanto a su cronología, se encargaba de desmentir la inscripción en caracteres latinos que campeó sobre la "mampara de piedra a modo de telón" a la que se adosó la pieza, un rectángulo pétreo datado en el siglo XVII en el que podía leerse "Excmo. Ayuntamiento de Jaén", junto al "Año MCMLXVII".

Vecina cotidiana, entre otros, del quiosco de Hurtado, durante los años que permaneció ante el desparecido edificio de Correos y Telégrafos (demolido en 1983) sirvió para mucho más que para refrescar el ambiente con su caño constante, mínimo venero que descendía desde "la bella máscara con el caño" ornada con "placas geométricas muy al uso de la arquitectura de mediados del XVII y la inscripción Dia des Mathia / Ceunumadat Gaspar / Félix Manrique / Año 1642", como detalla el mencionado catálogo monumental.

Rodeada de obsequios navideños para el guardia municipal que dirigía el tráfico, como era costumbre en la década de los 70. Foto: Archivo de Javier Cano.

Rodeada de obsequios navideños para el guardia municipal que dirigía el tráfico, como era costumbre en la década de los 70. Foto: Archivo de Javier Cano. [/caption]

Sí, habrá quien guarde en su retina (o lo haya visto en las fotografías que se conservan) cómo en días señalados de la Navidad se apilaban en sus orillas los obsequios que, principalmente en forma de bebida o comida, recibía el guardia municipal de turno cuyo servicio de regulación del tráfico ejercía en lo alto de la Carrera, a veces bajo una rudimentaria sombrilla y siempre con aquel casco blanco que convertía en imponente hasta al más retaco de los municipales. 

No solo eso, que a su condición de alacena por un día sumaba su ingenioso uso como improvisada tribuna donde la chiquillería de los 60, los 70, los 80 y hasta mediados de los 90 aprovechaba para encararmarse y tener la mejor de las vistas al paso de cabalgatas y procesiones. 

¡La de inacabables comitivas de El Abuelo (las de antes, las de los siete mil nazarenos) que habrán aliviado esos tres bloques verticales que ya quisiera para sí cualquier fábrica de encimeras de cocina! 

Así fue hasta que (otras fuentes, las del Ayuntamiento de Jaén, lo confirman) el proyecto de remodelación de la Plaza de San Francisco, la popular 'manzana de La Verdadera', en 1994, a cargo del arquitecto municipal Manuel Ruiz Navarro, borró del plano la coqueta rotondilla donde la canción del agua era una lorquiana cosa eterna.

Una intervención que como recoge Joaquín Sánchez Estrella en su libro Jaén según la fotografía, se extendió hasta bien entrado 1995 y confirió un nuevo aire a la zona. 

Pero, ¿qué fue de aquella fuente? ¿Desapareció para los restos, como la 'piruleta' coronada con pinturas del recordado David Padilla, en la misma plaza, retirada en 2009? 

Pues no, que como reza la copla flamenca, aunque perdió su centro volvió a encontrar un espacio urbano donde muchos de aquellos críos que se hicieron altos sobre ella pueden volver a hacerlo ahora. 

Allí sobrevive, ya sin inscripción ni caño ni agua, en el 'arcén' inicial de la calle Martínez Molina, orillada por seguramente los mismos bordillos que la escoltaron en el cruce de caminos que formaban las antiguas carnicerías, la cripta catedralicia, la funeraria de Joaquín Cobo y el propio palacio provincial. 

Allí donde más de uno, cuando se reencuentre con ella y evoque su infancia y adolescencia, podrá decir con Rafael Alberti: "Aunque no estaba la fuente / la fuente siempre sonaba / y el agua que no corría / volvió para darme agua". 

 La fuente, en su emplazamiento actual. Foto: Javier Cano.
La fuente, en su emplazamiento actual. Foto: Javier Cano.

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