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LA GANADERA QUE CUIDA EL LEGADO FAMILIAR

Por Fran Cano - Agosto 21, 2021
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Inmaculada Romero Extremera asume la explotación de sus padres, ya jubilados, en Cerezo Gordo (Valdepeñas de Jaén) y reivindica el sacrificio en un sector tradicionalmente masculino

Dice que no siente rara como ganadera a los 33 años, aunque no conoce a otra mujer de su edad en la Sierra Sur que asuma una explotación de 300 cabras. Inmaculada Romero Extremera (Valdepeñas de Jaén, 1987) cuida el legado de sus padres —Francisco Luis Romero y Juana María Extremera—, quienes empezaron como caseros y con dos cabras en otra nave en el paraje de Cueva Terriza, también término de Valdepeñas de Jaén.

—He vivido esto toda la vida y desde hace dos años es mi trabajo diario —cuenta la treintañera. Es consciente de que brega en un mundo tradicionalmente de hombres. No le preocupa. Lo asume y cuenta con el apoyo de su familia, desde sus progenitores hasta su hermano Francisco Romero, propietario de Quesos y Besos en Guarromán, lechero de (máxima) confianza. ¿Se ve la ganadera muchos años al frente del negocio?

—Dependerá de la economía —resuelve.

Es lunes 10 de agosto de 2021 y un puñado de buitres sobrevuelan el cielo de Cerezo Gordo. La nave de color rojo de Inmaculada Romero es la primera en el trayecto desde Frailes hasta los cortijos más cercanos de Valdepeñas de Jaén. El camino es de curvas y reina un entorno natural deslumbrante. Aquí nunca llegó el virus, pueden pensar quienes lo visitan. Por el silencio. Por la sucesión de barrancos y piedras.

En la nave están Romero, sus padres y Daniela Cano, la hija de Inmaculada. Tiene cinco años y está encantada de cómo van las vacaciones, pues a menudo pasa las horas entre los chotos recién nacidos, la oveja Marisol —única oveja de la explotación— y los perros. Llaman la atención las mastines Sara y Lola, imponentes por la altura, acostumbradas a vivir entre los chotos y a velar por ellos.

Inmaculada Romero trabajaba hasta hace dos años en una panadería. Sus padres se jubilaron y decidió asumir las riendas de la nave.

—Me daba pena que el trabajo de mi familia se perdiese después de todo lo que han montado —dice la ganadera mientras acaricia a Marisol, y Daniela brinca de un lado a otro.

La semana anterior a la entrevista con Lacontradejaén la valdepeñera no daba abasto. Llegó la paridera. Nacieron cerca de un centenar de crías. La del año pasado rondó el centenar y medio. La próxima será en noviembre y las ecografías pronosticarán cuántos chivos se sumarán a la nave. Es el momento capital en el oficio: hay que estar al quite para evitar muertes, que siempre las hay, y controlar la salud de las madres. Y después, como demuestra hoy Inmaculada y su madre, dar el 'biberón' a los chotos.

—La leche que le damos ahora está pausterizada —dice, y pone el acento en la importancia de la calidad de la leche en el mercado.

Nunca lo ha tenido fácil el sector, con la excepción de las grandes explotaciones, a la hora de competir. Según indica Francisco Luis Romero, el precio del litro de leche está aproximadamente en 0,90 euros y el kilo de choto no llega a seis euros. Padre e hija precisan que los precios varían entre un año y otra. Esta fecha y Navidad son a priori halagüeñas para los productores.

Francisco Romero hijo, de Quesos y Besos, recoge la leche el domingo, el martes, el jueves y el viernes de cada semana. La familia celebra que ya no hay intermediarios y que el círculo del negocio se quede en casa. Aun así, la ganadera admite que ahora el trabajo da para un sueldo.

EL RECONOCIMIENTO DE 'EL DORNILLO'

La Cofradía Gastronómica El Dornillo entregó a comienzos del pasado mes de junio los Premios Mundo Rural 2021. Dos ganaderas de diferentes generaciones fueron —junto con la Asociación de Mujeres Rurales de Jaén— las reconocidas. La gala, celebrada en Los Rosales (Frailes), evidenció la distancia en décadas de quienes apuestan por el sector primario. De un lado Irene Romero, también de Valdepeñas de Jaén, cerró etapa y fue homenajeada; Inmaculada Romero está empezando y 'el Dornillo' respaldó su decisión.

—Defendemos que el ganado salga al campo, velamos por el bienestar al animal. Salir al campo permite que la leche gane en calidad y en sabores. Se nota mucho sobre todo en primavera —defiende Romero. Sus cabezas de ganado pastan en las inmediaciones de El Paredón.

Ésa fue también la idea central que trasladó en los premios. La ganadera agradece el gesto al tiempo que lo relativiza: lo realmente importante, dice, es que la faena que desempeña desde primera hora de la mañana al mediodía sea rentable.

—Todo viene del campo —repite.

Francisco Luis Romero y Juana María Extremera siguen de cerca los progresos de su hija. Padres también de Ana María, Francisco y Juani, saben que el camino elegido por la pequeña de los cuatro hermanos es el más difícil y hasta tiene un punto de contracultural.

—Nosotros queremos que funcione y que le vaya bien. Estamos encantados. Sólo hace falta que trabajadoras como ella reciban ayudas —expresa la madre.

La nave y la vivienda cercana en Cerezo Gordo también fue refugio de la familia en los peores meses de la pandemia, cuando el Estado de alarma derivó en el confinamiento.

Daniela acaricia una cría de cabra orita –negra con algunas manchas marrones— ante la mirada de su madre. Quién sabe. De momento el legado está a salvo e incluso hay internet para los mensajes y las llamadas vía WhatsApp. Inmaculada Romero es feliz: trabaja por decisión propia en el lugar donde nació.

Fotos y vídeo: Fran Cano.

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