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Garras y chicles en el periodismo de guerra

Por Fran Cano - Noviembre 04, 2018
Garras y chicles en el periodismo de guerra

Cortometrajes como Jingle reivindican al periodismo más comprometido, el que se juega la vida para contar el mundo

Óscar y Fon son los protagonistas del cortometraje Jingle (Marta Aledo, 2015). La ficción dura apenas 15 minutos, y muestra todo lo que tiene mostrar con una intensidad que invisibiliza la frontera entre la ficción y el documental. Dos periodistas de guerra están secuestrados en un zulo. Óscar, el fotógrafo, tiene la pierna podrida, y lucha para seguir con vida.

En medio de la oscuridad, Fon, que cuida a su amigo como lo haría una madre, intenta convencer a Óscar que estar ahí contando una guerra tiene sentido:

—Tus fotos ayudan al mundo —le dice.

Pero Óscar ya reniega de las fotografías y casi parece hacerlo del oficio.

—Solo sirven para que un gilipollas pase el dedo por ellas en el iPad —dice, quebrado por el dolor.

A los dos le asaltan recuerdos cotidianos. Fon se acuerda del chicle que llevaba su pareja cuando la conocía y la besaba en las primeras tardes; Óscar trae a la memoria las uñas de su mujer, que alguna vez se le clavaron en media de la noche.
Los dos lloran antes del desenlace trágico.

El corto es una reivindicación del periodismo que se deja la vida en terrenos áridos más allá de la crisis del modelo de negocio. Los debates en esta liga mayor del oficio nada tienen que ver con los titulares cebo ni con el dinero que dará Google a fin de mes. Hay una resistencia admirable, y a uno le alegra que triunfen proyectos como el de la revista 5W. El panorama de incertidumbre que rodea al periodismo convencional quizá suene a broma a los colegas que se juegan el pellejo para contar el mundo.

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