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EL CUADRO PERDIDO (Y HALLADO) DE NOGUÉ

EL CUADRO PERDIDO (Y HALLADO) DE NOGUÉ

Por Javier Cano - Abril 16, 2022
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En primera persona, el autor de esta crónica comparte con los lectores de Lacontradejaén su apasionante proceso de investigación hasta dar, felizmente, con una de las grandes obras del universal artista catalán, tan íntimamente vinculado con Jaén: La adoración del Santo Rostro, que llevaba alrededor de 50 años en paradero desconocido

"Su curiosidad le hizo preguntarme el motivo por el cual yo había pintado un cuadro tan grande. Le contesté que me parecía una escena característica de Jaén, que me permitía representar a todas las clases sociales postradas en adoración ante el Señor y que además me parecía tema adecuado para presentarlo en la Exposición Nacional de Bellas Artes, para ver de obtener la Primera Medalla (...). Entonces me preguntó: —'¿Y cuánto le dan a Vd. por ella?'. —'Seis mil pesetas', le respondí, ya que era el premio que entonces se daba para que el cuadro quedase propiedad del Estado. —'Pues yo se las doy a usted para que el cuadro no salga de Jaén', me respondió".

Así, con un apretón de manos, entre caballeros, el legendario prócer jiennense Manuel Ruiz Córdoba (Jaén, 1877-1947) y el afamado pintor José Nogué (Santa Coloma de Queralt, Tarragona, 1880-Huelva, 1973) cerraban la compraventa de La adoración del Santo Rostro, una de las obras más representativas del artista catalán, aficando en la capital del Santo Reino desde 1922, adonde llegó como director de su Escuela de Artes y Oficios. Un siglo hace justo este año, ¡qué feliz coincidencia!

Mecenas y creador sellaban, de esta manera, una vinculación sentimental entre esta pintura y la ciudad, que se mantendría intacta hasta la década de los 70 del pasado siglo XX, cuando el cuadro se convirtió en un enigma e inauguró un largo periodo, en torno al medio siglo, en paradero desconocido

Una ausencia sobre la que historiadores y artistas de aquí han llamado la atención, a lo largo de las décadas, con el temor de que esta singular obra de arte hubiera pasado a formar parte, definitivamente, de las galerías del olvido (o lo que es peor, de la irreparable desaparición).

Hoy mismo, sin embargo, Lacontradejaén sirve de altavoz a este redactor para compartir con sus lectores el feliz hallazgo de La adoración del Santo Rostro en buenas manos y, a la vez, celebrar el empeño de su actual propietario de respetar el impulso que llevó al popular y querido Manolito Ruiz a desprenderse de 1.200 duros de la época (36,06 euros contantes y sonantes de 2022) para que tan entrañable lienzo continuase unido sentimentalmente a esta tierra por los siglos de los siglos.

A la izquierda, el legendario Manuel Ruiz Córdoba, en una fotografía inédita hasta hoy, de la década de los 40, del brazo de su sobrina nieta María Luisa Muñoz de Solano Fernández. Foto: Archivo de Javier Cano (prohibida su reproducción y utilización sin autorización expresa de su propietario).
A la izquierda, el legendario Manuel Ruiz Córdoba, en una fotografía inédita hasta hoy, de la década de los 40, del brazo de su sobrina nieta María Luisa Muñoz de Solano Fernández. Foto: Archivo de Javier Cano (prohibida su reproducción y utilización sin autorización expresa de su propietario).

UNA ESCENA CIEN POR CIEN JIENNENSE

Antes de detallar el proceso de investigación seguido hasta dar con el sitio exacto donde se hunden las alcayatas que sostienen tan evocador cuadro, cabe detenerse en su descripción.

No en vano, muy pocos jiennenses pueden presumir de haberlo contemplado con sus ojos en el domicilio que Manuel Ruiz Córdoba y los suyos habitaron en la calle Tiradores (Ruiz Romero), protagonista de cantares entre la chiquillería local, o en el primero derecha del número 4 de la Avenida del Ejército Español, en Jaén capital, edificio donde moraron su viuda, Josefa Codes Masoliver (hasta su muerte en 1968) y sus herederos. 

Allí estaba, suspendido en una de sus paredes, en 1961, según lo constató el abogado y crítico de arte local Lorenzo Guerrero Palomo en las páginas de la prensa provincial:

"Este lienzo, que mide 166x131 centímetros, fue adquirido por el Excmo. Sr. Don Manuel Ruiz Córdoba por 5.000 pesetas [sic], poseyéndolo en la actualidad su ahijado D. José Manuel Muñoz de Solano y Fernández, en su domicilio (...) de nuestra capital", escribió. 

Y en ese lugar permaneció hasta su entrada en el repertorio de los misterios este óleo sobre lienzo cuya iconografía ofrece un auténtico "retrato social" (en palabras  de Joan Sendra, reputado investigador de la obra y la figura de Nogué, a este periódico) en el que aparecen desde el poder eclesiástico hasta lo más florido de la sociedad civil de su tiempo, sin ahorrar la presencia de las capas populares a la hora de plasmar la ensolerada costumbre de venerar el Santo Rostro ante la capilla mayor de la Catedral. 

Ahí están, entre otros, el entonces joven futuro cronista de la provincia Luis González López; el propio Manuel Ruiz Córdoba, junto a José del Prado y Palacio, alcalde, ministro, mecenas y prohombre de la época; el deán Sánchez de la Nieta, que sostiene la venerable reliquia mientras una devotísima Josefa Miralles (modelo para el cuadro que, pasado el tiempo, profesaría como religiosa) besa la belleza bizantina de la cara de Cristo; Pablo Muñoz de Solano y Concepción Fernández Velasco, ahijados de Manolito Ruiz, cuya esposa también figura en la escena; los padres del pintor o hasta él mismo, que se permitió el guiño de incluirse en la nómina de retratados.

Pintado en su estudio de la jaenerísima calle Cambil, a un tiro de piedra del Arco de San Lorenzo, tal fue el impacto de este cuadro en las miradas de los jiennenses de 1926 (año en que Nogué dio fin a su obra, iniciada 24 meses antes) que llegó incluso a formar parte del repertorio artístico presente en el pabellón que la provincia exhibió en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. 

 El cuadro de José Nogué, a la izquierda en la fotografía, en el pabellón jiennense de la muestra hispalense de 1929. Fotografía: gentileza de exposicioniberoamericanadesevilla.blogspot.com.es
El cuadro de José Nogué, a la izquierda en la fotografía, en el pabellón jiennense de la muestra hispalense de 1929. Fotografía: gentileza de exposicioniberoamericanadesevilla.blogspot.com.es

Nada extraño, por otra parte, si junto con Tierra franciscana, que el catalán estimaba su obra cumbre, se tiene en cuenta que La adoración del Santo Rostro gozaba también de gran autoconsideración:

"Es posible que sea el cuadro de figuras más importante de mi creación", explica en su autobiografía Memorias de un pintor (la pintura española en el cambio del siglo XIX al XX), publicada por la Diputación de Tarragona en 1993.

UNA INTENSA BÚSQUEDA

La primera vez que tuve contacto visual con esta obra fue, como tantas cosas relacionadas con las costumbres, la cultura y las tradiciones de Jaén, gracias a mi recordado maestro (en las aulas del colegio Martín Noguera y entre los legajos de los archivos de la ciudad) Manuel López Pérez (Jaén, 1946-2016).

Mañanas de conversación en el ratillo de recreo que, por las tardes, se convertían en 'másteres' de historia en las galerías altas de la Catedral, donde don Manuel (a quien jamás apeé el tratamiento) me daba impagables y nunca aprendidas lecciones de saber estar al tiempo que me introducía de lleno en el apasionante universo de la investigación local. 

Por un trabajo suyo publicado en las páginas de la revista Alto Guadalquivir de 1984, José Nogué Massó, un pintor para la Semana Santa, conocí de la existencia y la ausencia de la pintura protagonista de este reportaje. 

En dicha información sin firma (cosas de esa elegancia suya emparentada con el desprendimiento intelectual heredado de su maestro, Rafael Ortega Sagrista), el que fuera consejero de Bellas Artes, secretario del IEG, cronista de Los Villares y de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, 'El Abuelo', llamaba la atención del personal sobre el paradero, desconocido, de este retrato coral de los felices años 20:

"Obra de enorme valor iconográfico (...) que por los años 1967-1968 estuvo depositado por sus propietarios en el Museo Provincial y que hoy desconocemos su paradero, ya que al parecer fue retirado por sus propietarios e incluso ya no figuró en la exposición antológica de Nogué hecha en Jaén a raíz de su muerte. Cuadro que hoy nos complace reproducir, como una llamada de atención para que se localice su paradero y se gestione su incorporación a Jaén, único sitio donde, por sus características, puede ser admirado y comprendido", sentenciaba el autor de obras de referencia como El viejo Jaén o Las cartas a don Rafael

Impresiones que, posteriormente, el propio López Pérez volvería a plasmar negro sobre blanco en tanto firmas como la de Margarita Sánchez Latorre, de la Dirección General de Innovación Cultural y Museos de la Junta de Andalucía, refrendaba su parecer en La Catedral de Jaén como inspiración artística contemporánea, publicado en San Lorenzo de El Escorial en 2019:

"A propósito de José Nogué, a quien tratábamos páginas más arriba, este también dedicó en su etapa giennense, dentro de sus óleos dedicados a la plasmación de lugares y gentes de Jaén, una importante obra, La Adoración del Santo Rostro en Jaén, hoy no localizada, que mostraba otro momento de esta venerada liturgia, aquel en el que se ofrece para el besado de los fieles, imagen que permitía dejar, además, de forma intemporal, plasmados los rostros de algunos giennenses de entonces, identificables con nombre y apellidos".

Los pasos iniciales de mi búsqueda partieron desde una premisa: el cuadro había desaparecido del mapa pero, ¿continuaba en Jaén, como deseaba su comprador, o había que indagar más allá de las fronteras provinciales?

Visité palacios, casonas, museos de la capital y sus municipios, pregunté a personajes de la ciudad cuya edad les permitió conocer a Ruiz Córdoba, a sus herederos y hasta al propio Nogué, entré y salí de anticuarios de acá y de acullá con la misma ilusión y frustración con que visitaba catálogos de casas de subastas, colecciones privadas, comercios de almoneda que, en más de una ocasión, me han brindado inesperadas sorpresas; incluso las casas de pintores amigos amantes del arte jaenés que, en un momento dado, podrían haberse hecho con el cuadro.

Pero no, ni rastro; más de una vez, caminando por las calles jiennenses, aguzé la vista e intenté adivinar la presencia de la pintura en el salón de un piso cuyos balcones dejaban entrever una notable colección particular, siempre con más de alucinación que de realidad. Lo que escribió Bergamín, que "hay tantísimos caminos / que dan a donde no dan...". 

Laboriosa tarea sustentada en la 'seguridad' de que La adoración del Santo Rostro seguía en territorio del mar de olivos, como su primer propietario deseó.

El propio hijo del artista, José Nogué Vallejo, había emprendido, años antes, una 'campaña' de búsqueda que saltó incluso a los medios de comunicación, como demuestra la carta al director, en la prensa jiennense, desde la que demandaba la ayuda necesaria para encontrarlo:

"Confío en todo el interés que están poniendo mis amigos de Jaén para localizar el cuadro de La adoración del Santo Rostro, del que necesitaría una fotografía en color para su publicación en el libro que preparo sobre La vida y obra del pintor Nogué, puesto que se trata del cuadro más importante de su creatividad. Estoy seguro de que con la ayuda de todos lograré encontrarlo", escribía a mediados de los 80 (lamentablemente, la fotografía y el hallazgo llegan muchos años después de que el vástago del gran pintor pueda manejarlos). 

En esta línea, se hacía imprescindible contactar con los descendientes del laureado maestro con vistas a recabar nuevos datos que condujesen al punto de destino de la pintura.

Fallecido ya Nogué Vallejo (fruto de su primer matrimonio con María Vallejo Martínez, cuyos restos descansan en el camposanto de San Eufrasio, al igual que los de los padres de Nogué y los del propio pintor), otro nombre propio se erigió como objetivo de la investigación: José María Luzón Nogué. 

Jiennense de nacimiento, nacido en 1941, se trata, además de uno de los niestos maternos del creador catalán, del único ciudadano español cuyo currículo acumula dos de los cargos de mayor prestigio en el ámbito del arte y la cultura hispana: los de director del Museo del Prado y del Museo Arqueológico Nacional.

Culminado el rosario de peticiones y favores para conseguir un medio de contacto eficaz y seguro (en este caso gracias a la amabilidad del personal de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que Luzón es miembro destacado), una conversación telefónica con él me dejó meridianamente claro que los Nogué ignoraban, tanto o más que yo mismo, el paradero del cuadro.  

 Autorretrato de José Nogué Massó.
Autorretrato de José Nogué Massó.

NUEVAS VÍAS DE INVESTIGACIÓN

El último (al menos para mí) documento escrito en el que se constata la continuidad de la obra en Jaén es una página de periódico en la que el propio pintor, durante una visita a la ciudad allá por el mes de abril de 1970, celebra:

"La impresión que me ha producido el Museo Provincial es verdaderamente magnífica (...) Me ha emocionado todo el museo, pero mucho más cuando he visto allí expuestos muchos de mis cuadros, entre ellos la Adoración del Santo Rostro".

Una información de indudable importancia que me llevó a preguntarme quiénes eran en aquel entonces (cuatro  largas décadas antes) los propietarios de este significativo óleo.

Y es que, si a principios de los 70 la viuda de Manuel Ruiz Córdoba yacía ya en el panteón familiar del viejo cementerio de San Eufrasio y teniendo en cuenta que el matrimonio no había tenido descendencia, era el momento de indagar en su parentela más próxima: los Muñoz de Solano Fernández

Concepción Fernández Velasco, protagonista de varias páginas de Don Lope de Sosa, la mítica revista del cronista Cazabán, fue una ecijana nacida en 1900 a la que la pareja consideró y dio vida de ahijada o sobrina, que de ambas formas aparece nombrada en las páginas de la legendaria publicación; o hija adoptiva, como reza en la esquela mortuoria de Manolito Ruiz, de 1947.

Casada con un hidalgo castellano de Tendilla (Guadalajara), Pablo Muñoz de Solano Llorente, de ellos manó la fuente familiar que convirtió al antiguo propietario del cerro y Castillo de Santa Catalina y su esposa no solo en padrinos, sino también en 'abuelos' y 'suegros'.

Precisamente en aquel José Manuel Muñoz de Solano y Fernández al que, líneas arriba, remite Lorenzo Guerrero Palomo recayó la propiedad de La adoración del Santo Rostro, mínima pero más que indicativa representación del fabuloso patrimonio de los Ruiz Codes. Con estos mimbres, disponía ya de un hilo que seguir. Solo había que buscar el ovillo. 

 Edificio de la Avenida del Ejército Español donde los Muñoz de Solano conservaban el cuadro. Foto: Google Maps.
Edificio de la Avenida del Ejército Español donde los Muñoz de Solano conservaban el cuadro. Foto: Google Maps.

LOS MUÑOZ DE SOLANO

Petición de partidas de bautismo, nacimiento y defunción, consulta en libros de enterramiento... Todo era poco para intentar aproximarse, cuanto más mejor, al pasado y, sobre todo, al presente de los Muñoz de Solano Fernández. 

Apasionante viaje que me reveló la relación familiar, de hermanos de sangre, de Pablo Muñoz de Solano Llorente y el escritor modernista Isaac Muñoz; que me condujo a su sepultura, en tierras tendilleras, para comprobar que allí, tan lejos de la ciudad del Lagarto, descansan para siempre, junto a los de su marido, los restos mortales de aquella mujer menuda que una vez fue reina de los Juegos Florales celebrados en el desaparecido teatro Cervantes.

Un nuevo camino de indagación se abría ante mis pies a partir de tan ilustres apellidos. A raíz de la redacción de un reportaje para el periódico en el que desarrollaba mi profesión allá por 2019, meses antes de la irrupción de la pandemia, recogí opiniones de algunos pintores jiennenses contemporáneos sobre la figura y la obra de Nogué.

Entre ellos Miguel Viribay, que con su acostumbrada gentileza de amigo antiguo me puso sobre la pista del ya citado José Manuel Muñoz de Solano Fernández, al que conoció personalmente y cuyo papel en el desarrollo de los acontecimientos en torno a La adoración del Santo Rostro me aclaró generosamente. 

En esta línea, y con nuevos datos en mi poder, urgía localizar a los parientes más cercanos del hijo de la ahijada de Ruiz Córdoba, preguntarles por el cuadro en cuestión, intentar descifrar el enigma de su ubicación. 

Tocaba, otra vez, empezar de cero, averiguar números de teléfono, navegar por las redes sociales en busca de apellidos coincidentes con los que, tras una ardua labor de descarte, dar en la tecla y acceder a miembros de la dinastía de los Muñoz de Solano. Una tarea para la que (todo hay que decirlo), internet se convirtió en una herramienta de impagable eficacia. 

Buscando, buscando pude contactar con diferentes ramas de la familia que, una a una, con toda la amabilidad del mundo, me conducían al punto de partida: ni idea de qué había pasado con esa obra de arte, y mucho menos de su destino. 

No sin ganas, en muchas ocasiones, de tirar la toalla, hasta de llorar de impotencia (que es lo que escribió Jardiel que hacen los niños cuando les peinan), de dar por perdido definitivamente el hermoso y jaenerísimo óleo, los meses previos a la aparición del coronavirus prologaron también el que sería el feliz desenlace de esta apasionante aventura: ¿cómo? La red social de Mark Zuckerberg tuvo la 'culpa'.

Un día, la campanita que alerta de la recepción de un mensaje sonó a gloria en mis oídos y me aproximó por vez primera a una parte de los herederos inédita hasta entonces para mí. Insiste que te insiste pasó lo peor de la pandemia, todo un 2021 de incertidumbres, llegó la guerra de Ucrania y, días después, la llamada que cambiaría el curso de la investigación: cosas modestamente excepcionales como las que le ocurren al protagonista de Rayuela, la joya de Cortázar. 

 Boceto del cuadro, que se conserva en los fondos del Museo de Arte Moderno de Tarragona. Foto: Museo de Arte Moderno de Tarragona.
Boceto del cuadro, que se conserva en los fondos del Museo de Arte Moderno de Tarragona. Foto: Museo de Arte Moderno de Tarragona.

EL MEJOR DESENLACE

Con mi interlocutor hablé de Manuel Ruiz Córdoba, de su vida legendaria, de su perfil mítico hasta que, en un instante de la conversación, le espeté:

—"Hace años que ando a la búsqueda del cuadro La adoración del Santo Rostro, que recabo la cronología de su creación y su desaparición; ¿puede decirme usted algo de esta obra, tiene algún dato que me permita encontrarlo o, al menos, seguir su pista?". Su respuesta fue fulminante, rotunda, maravillosa: —"Ese cuadro lo tengo yo".

Por respeto a su deseo expreso, me veo obligado a omitir el nombre de quien terminó por poner el mejor de los epílogos a esta historia, condición 'sine qua non' por su parte para hacer público el hallazgo de esta pintura, cuya fotografía, contextualizada en su ubicación actual, tuvo además la gentileza de hacerme llegar rápidamente. 

Deseo de anonimato, sí, pero envuelto en la mayor de las elegancias, en un perfil de amabilísima generosidad que merece una total correspondencia. 

Sus palabras ponían fin a años de búsqueda y saldaban satisfactoriamente la deuda de Jaén con la memoria del que fuera director de su Escuela de Artes (que hoy lleva su nombre), al recuperar la constancia no solo de la preservación de un cuadro tan representativo, sino la intención de su dueño de que, con el tiempo, pueda regresar al Santo Reino. 

"Me lo han querido adquirir en alguna ocasión, pero ni se me pasa por la cabeza venderlo. Le voy a decir más: no sé si al final será así o no, pero es mi idea que cuando yo no esté en este mundo, ese cuadro vuelva a Jaén; no quisiera desprenderme de él ni que ande por ahí", manifiesta su actual propietario.  

En sus propias palabras, fueron él mismo y su madre quienes, en los 70, dejaron la obra en depósito en el Museo Provincial: "Nos mudamos de casa y no teníamos pared para ponerlo; lo dejamos ahí una serie de años, con la condición de poder retirarlo sin problema, y cuando nos vinimos a Madrid nos lo trajimos", apostilla.

Desvelado el enigma: La adoración del Santo Rostro, de José Nogué Massó, cuelga en una pared del domicilio de uno de los componentes de la familia heredera.

"Eso fue en el 75, creo recordar", afirma. Junto con esta obra, añade, tiene en su poder los retratos del propio Ruiz Córdoba y de su esposa, que Nogué cita también en su autobiografía y que conforman una genial tríada artística de sabor cien por cien jiennense. "De esos retratos le digo lo mismo, mi deseo es que vuelvan algún día a Jaén". Círculo cerrado, ¡y de qué forma!

GRANDES DE LA HISTORIA DEL ARTE CELEBRAN EL HALLAZGO

Las reacciones ante el hallazgo, por parte de grandes nombres propios de la historia del arte, no se ha hecho esperar. Así, el propio José María Luzón evidencia su satisfacción ante este descubrimiento mientras evoca sus recuerdos infantiles al lado de su abuelo:

"Mi abuelo hablaba mucho de ese cuadro, le había impactado la devoción con la que aquella mujer posó ante el Santo Rostro", dice en relación con la joven que aparece en primer plano, postrada ante la reliquia. 

Jiennense del año 41, nacido en "la calle del Obispo, número 8" y nieto, también, del conocido doctor Luzón (con calle en la capital), manifiesta: "No es solo un hallazgo para los estudiosos de Nogué, es un hallazgo para Jaén; de ese cuadro hemos oído hablar siempre y recuperarlo es hacerlo para Jaén y para la historia de Jaén, no me cabe duda", expresa.

En términos similares se pronuncia el historiador del arte tarraconense Joan Sendra, prestigioso investigador cuya bibliografía en torno a Nogué lo convierte en toda una autoridad en la materia, tras años siguiendo la pista del creador de Santa Coloma de Queralt:

"De este cuadro solo sabía lo que cuentan los libros, tanto las memorias como la monografía de 1990, de González Llácer; ahí se cuenta que el cuadro desapareció después de estar en el museo, ¡y tú lo has encontrado!", aplaude Sendra.

En sus palabras, "la gran suerte que tiene este pintor es haber conseguido mantener un fondo documental y artístico muy grande, que permite acercarse a su obra de una manera diferente". Pieza capital de esa vasta producción, precisamente, es La adoración del Santo Rostro: "Su hallazgo es un paso importante que se da, y esto es muy bueno, me alegro muchísimo", concluye. 

(La fotografía de cabecera, que muestra el cuadro en su ubicación actual, es propiedad de Javier Cano; queda totalmente prohibida su reproducción sin la autorización expresa de su propietario). 

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COMENTARIOS

Emilio Arroyo López

Emilio Arroyo López Abril 16, 2022

Mi más cordial enhorabuena. Lo tenía en mi memoria. Supongo qie debí de verlo expuesto en el Museo Provincial de Jaén.

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