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EL HAMBRE EN LA CAPITAL

Por Fran Cano - Marzo 28, 2017

Jaén pasa hambre. Quizá no toda la ciudad. Tal vez no todos los barrios, pero hay zonas que precisan el auxilio alimentario de 'Ciudadanos por Jaén', el brazo más eficaz del Banco de Alimentos desde hace años. Cuatro datos:

1)La federación repartió 50 toneladas de alimentos en 2016. La previsión es alcanzar o incluso aumentar esa cantidad este año.

2)Los barrios más necesitados son la Merced, el Almendral, San Felipe, la Glorieta, la Magdalena y Antonio Díaz.

3)El Plan FEGA de la UE posibilita que 'Ciudadanos por Jaén' reciba cerca de 21 toneladas de comida al año.

4)Un camión dejó 9.500 kilos en el almacén de la federación el jueves pasado.

En lo que va de mes, la federación ha asistido a 80 familias de la capital. Cerca de 300 personas.

 El almacén de 'Ciudadanos por Jaén' recibió 9.500 kilos de comida no perecedera el jueves.
El almacén de 'Ciudadanos por Jaén' recibió 9.500 kilos de comida no perecedera el jueves.

EL REPARTO, DAR COMIDA Y PROTEGER LA PRIVACIDAD

Josefa Moreno llega al almacén de 'Ciudadanos por Jaén', en la calle Juanito Valderrama, a las once de la mañana. Es lunes 20 de marzo. Año 2017. Y Josefa —morena también de piel, la coleta recogida, acompañada de otra mujer que porta una menor— entra al almacén. La entrada es como la de una cochera, y la praxis recuerda a la de un consultorio médico: aguardar al turno hasta que toca. Aquí la consulta conduce, después de un pasillo corto pero amplio, hasta Antonio Guerrero, sentado en una silla, con una mesa. A su espalda hay un listado de los alimentos que reparten. Apoyando a Guerrero en el control está Juan Casanova, tesorero del colectivo vecinal. El presidente de 'Ciudadanos por Jaén' verifica con papeles 'ad hoc' la situación de cada auxiliado. El chequeo es imprescindible: la federación está inscrita en el Plan FEGA de la UE.

—Siempre me pasa lo mismo. Parece que no me tienen en los papeles —se queja Josefa, que al final sí podrá llevarse dos cajas de cartón cargadas de alimentos no perecederos. Ha enseñado su DNI y otros documentos que registran su situación precaria.

La mujer cuenta a LaContracrónica que acude al almacén en busca de comida desde hace un mes.

—Me llevo garbanzos, lentejas... Eso.

—¿Qué le parece la labor de la federación?

—Son buenos —contesta.

De camino al coche, después de meter en la parte trasera del automóvil las dos cajas rebosantes de comida, vuelve al almacén. Antes ha escuchado que hay más apoyo en caso de tener hijos. Por eso vuelve.

D. es un padre (dos hijos) divorciado y con residencia en la Merced. No quiere revelar su identidad. Vive solo, y lleva tiempo sin trabajo. La vocalía de apoyo social de la federación lo conoce, como conoce a la mayoría de rostros que se repiten en los repartos mensuales.

—Menos mal que puedo llevarme algo —dice él, sonriente, pero con pocas ganas de hablar.

D. se ha desplazado en moto. Aprovecha el espacio bajo el sillín  de la moto para almacenar pastas, legumbres y demás alimentos que no caducan.

 Cada lote para una familia contiene 57 productos. Foto: Fran Cano.
Cada lote para una familia contiene 57 productos. Foto: Fran Cano.

B. J. es un señor de chándal y cabello blancos que tanto ayuda como recibe alimentos. Hoy fuma impasible, el gesto cansado.

—¡Hombre! ¿Qué tal? —lo saluda Guerrero.

Son las once y media de la mañana, y no para de entrar gente. Ahora lo hace una mujer mayor con un carro de la compra.

Javier Ruiz, voluntario y auxiliado, se mete directo en la zona de las estanterías del almacén para repasar la comida entre los paquetes apilados, unos con fecha del 2017, otros del año que viene.

La fila para llegar al almacén suma gente. La fila de jiennenses con hambre.

 Juan Carlos Muñoz es uno de los voluntarios que colabora con el reparto. Foto: Fran Cano.
Juan Carlos Muñoz es uno de los voluntarios que colabora con el reparto. Foto: Fran Cano.

POCOS EFECTIVOS, MÁXIMA COORDINACIÓN

—Dame, dame, dame.

Habla Juan Carlos Muñoz, voluntario y colaborador de la asociación de San Felipe. Está enfadado. Ese "dame, dame, dame" alude a la ausencia de manos para ayudar. Lo explica mientras carga de comida cada uno de los lotes.

—Te lo digo en serio: si el día 23 no viene ninguna de las 13 familias de mi barrio a las que ayudo, se acabó. Que se busquen la vida.

Muñoz va de un lado a otro.

Como Guadalupe Espinosa, presidenta de 'Unidos por la Merced'.

—Niña, ¿tú tienes hijos? —le pregunta a una mujer.

Espinosa explica que los voluntarios velan por la privacidad de los datos de los asistidos. Así funciona.

La zona con las estanterías de aluminio está escorada a la derecha de la mesa desde la que Guerrero atiende a las personas necesitadas. Se accede tras subir un pequeño escalón. Es de día, pero dentro de esa suerte de nevera gigante con cajas sin abrir apenas hay luz.

—No tenemos luz ni baño —dice Juan Casanova, el tesorero.

Después explica que los lotes individuales se suelen repartir en torno al día 20 de cada mes. Los lotes que portan los voluntarios y que luego se llevan a casa los auxiliados van abiertos; no cierran de tanta comida que llevan. Los lotes previstos contienen 57 productos para cada asistido.

No hay nada en el suelo. Todo está vigilado para su posterior consumo.

Dolores Lizcano coordina la vocalía de apoyo social:

—Nuestro trabajo demuestra que aún hay crisis, necesidad. A veces, alguien nos dice que el mes que viene no vendrá, porque ha encontrado trabajo. Al poco tiempo vuelve.

El hambre, claro, es producto de la precariedad laboral.

 Jesús Chanivet carga con un lote de alimentos. Foto: Esperanza Calzado.
Jesús Chanivet carga con un lote de alimentos. Foto: Esperanza Calzado.

LA DESCARGA DE LA VERGÜENZA: 15 PALÉS DE COMIDA

Es jueves 23 de marzo. Las temperaturas han bajado en la capital, pero el ánimo en la federación no se ha enfriado; la noticia positiva para 'Ciudadanos por Jaén' es que hay más de veinte colaboradores para la gran faena del día: descargar 9.500 kilos. Será posible en tres momentos distintos de la mañana: el camión acerca primero siete palés de comida no perecedera; después una furgoneta del Ayuntamiento hará lo propio con un palé de galletas, y finalmente el camión volverá con otras siete cargas de alimentos. Los colaboradores se ponen las pilas con una coordinación que recuerda a la de un grupo de operarios en una fábrica.

Hoy Juan Carlos Muñoz está más tranquilo que el lunes pasado. Lo apunta y lo celebra Guadalupe Espinosa. Llegó la implicación que demandaba. La federación ha reunido a un puñado importante de brazos y piernas para ordenar la última entrega en el almacén.

Jesús Chanivet atiende a LaContracrónica para repasar sus tres años de voluntario en una tarea que, según dice, exige más sacrificio y esfuerzo con el paso del tiempo. Porque las entregas crecen.

—¿Cuáles son los barrios más necesitados?

—Todos.

Chanivet no especifica un barrio en concreto. Él vive en el Almendral.

Tampoco lo hace Javier Serrano, residente en la calle Álamo.

—Cruz Roja y Cáritas también ayudan. ¿Zonas más necesitadas? Aquí vienen asociaciones de todos los barrios.

Guerrero califica de "vergüenza" el trabajo que les supera. La federación tiene existencias de emergencia. El lunes que viene repartirán leche. Les sobra.

La cobertura que el colectivo ejecuta, apoyado por el Banco de Alimentos, mengua las carencias de decenas de adultos y de niños. No hay milagro de panes y de peces: en la realidad, a diferencia del mito bíblico, crecen casi al mismo ritmo las cantidades y el número de bocas que necesitan comer. ¿Cómo se detiene el hambre? Desde luego, no con más comida.

 El equipo de voluntarios. Foto y vídeo: Esperanza Calzado.
El equipo de voluntarios. Foto y vídeo: Esperanza Calzado.

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