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Martín Segado, ese extraordinario hombre normal

Por Javier Cano - Mayo 13, 2023
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Martín Segado, ese extraordinario hombre normal
Martín Segado, a los mandos de una gran excavadora. Foto cedida por Manuel Jesús Segado.

Trabajador y sencillo, el arjonillero se encuentra en el umbral de una más que merecida jubilación tras toda una vida laboral que comenzó cuando era un niño

Dice que no ha hecho nada extraordinario en su vida, que no merece protagonizar reportaje alguno, pero cualquier chavea de los 80 hubiera flipado en colores (perdón por la frasecita hortera) viéndolo a los mandos de ese maquinón que maneja en la foto que corona estas líneas. 

Sí, más de uno hubiera querido ser Martín Segado Hernández (Arjonilla, 1958), ahí, en esa cabina que para la inocente imaginación de los nenes de entonces sería algo así como la cabeza de Mazinger Z. 

Pero frikismos aparte, lo cierto es que este hombre sencillo y trabajador se ha pasado la vida currando, lo mismo cargando y descargando sacos de harina que en la briega con las mulas o en la trilla, cuando apenas levantaba un palmo del suelo.

Y ahí sigue, destilando la gota gorda (pero de verdad) cuando toca traslada aglomerado a una carretera, por ejemplo, una tarea no apta para enemigos del lorenzo:

"No se pasa fresquito, todo lo contrario, mucho calor", certifica Segado, a las puertas de su posible jubilación si las cuentas le salen: "Si no, y hay que echar un año más, pues se echa; yo me encuentro bien de agilidad, aunque la procesión va por dentro". 

Y es que eso de ganarse el pan con el sudor de su frente le viene de casta, naciendo como nació en una casa de diez hermanos, "gente muy trabajadora y honrada", apostilla con orgullo el hijo de Manuel 'el de las escuelas':

"En el campo, entonces, se ganaban doscientas pesetas y yo, por descargar veinte mil kilos de harina, ganaba quinientas", recuerda. Y encima, encantado de la vida entre aquellos camiones que le permitieron, en plena adolescencia, familiariazarse con los volantes, los remolques, los motores... "Eso me encantaba, me ha gustado de siempre".

Tanto, que se le convirtió en su medio de vida, lo mismo un tráiler que una excavadora retrogiratoria de esas que dan miedo nada más verlas, como las que amenazaban al barco de Chanquete cuando querían echarlo de su singularísimo 'huerto' de mar. 

 Al volante de uno de los tráileres que conoce al dedillo. Foto cedida por Manuel Jesús Segado.
Al volante de uno de los tráileres que conoce al dedillo. Foto cedida por Manuel Jesús Segado.

Al volante se ha recorrido media España, "de Madrid para abajo, todo, y un poco más arriba también", detalla. Trabajar y trabajar, aunque también ha tenido tiempo para crear eso que el mismísimo Einstein dijo que es lo que hace hermosa la vida en la tierra: una familia. 

Casado con su paisana Paqui Uceda Carmona ("una mujer buena y de categoría donde las haya, inmejorable), es padre de un hijo, Manuel Jesús Segado Uceda, conocido investigador y escritor al que Martín y su esposa (que también supo lo que es doblar la cintura para coger fresas o uvas lejos de su patria chica) le han procurado de todo menos fatigas: "Para mí y para mi mujer, Manolo es lo mejor que hay", presume el papá. 

Y eso que tiene ya una nieta que hace de él lo que se le antoja, de tan embobado como lo tiene, vaya que sí: "Eso es lo más grande, la disfruto más que cuando tenía a mi Manuel pequeño, que no pude disfrutarlo tanto con el trabajo. Cuando viene mi nieta, se me pasa todo". ¡Qué bonito es eso!

Cazador de raza, no perdona una caminata de diez o doce kilómetros los fines de semana, y si es tiempo de espárragos es capaz de cosechar para hacer veinte o treinta tortillas el mismo día: "El día 16 de enero cogí dieciséis kilos". Lo ven...

Vamos, que si se jubila más pronto que tarde, no se va a aburrir: "Tengo pedido un huerto al Ayuntamiento, a ver qué me dicen". Y sembrando, sembrando, unos cantes por Antonio Molina, que es otra de sus pasiones aunque afirme que no ha heredado las facultades de su padre, que ese "sí que cantaba bien". 

Ah, y siempre en Arjonilla. ¡Habrá viajado lo suyo Martín Segado para decidir, en un momento dado, no regresar, buscarse la vida en otra parte, cambiar su acento! Pero jamás se le ocurrió, siempre tuvo en el camino de regreso su ruta más feliz:

"Arjonilla, para mí, es lo más grande; yo he estado fuera una semana trabajando y lo he añorado". Así es capaz de decir lo que dice de su pueblo, a cuyo escudo (si hubiera que ponerle leyenda) le caerían que ni pintadas las palabras de este extraordinario hombre normal: "Una tierra de gente muy buena, muy honrada, muy noble, trabajadora, eso es Arjonilla". Y eso es, también, quien las pronuncia. 

 Martín y Paqui, con su única nieta. Foto cedida por Manuel Jesús Segado.
Martín y Paqui, con su única nieta. Foto cedida por Manuel Jesús Segado.

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