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Una para todas y todas para una si hay animales de por medio

Por Javier Cano - Septiembre 10, 2022
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Una para todas y todas para una si hay animales de por medio
María, Yolanda Miriam y María del Mar, con uno de los perros rescatados.

María, María del Mar y Yolanda Miriam forman un trío de voluntarias torrecampeñas volcadas en rescatar perros y gatos de la calle y buscarles un hogar definitivo

"Mira esos perros turbios, huérfanos, reservados, /  que de improviso surgen de las rotas neblinas, / arrastrar en sus tímidos pasos desorientados / todo el terror reciente de su casa en ruinas".

Lo escribió Alberti recordando a Niebla, su perra, que vivió junto a él la odisea de la Guerra Civil, pero estos versos cobran toda la actualidad del mundo ahora que canes y felinos pueblan calles, solares y rincones urbanos a espuertas, abandonados unos, extraviados otros, desarraigados todos. 

"Hace unos años, cuando yo era más pequeña, la masificación de animales en la calle no era tanta como ahora", asegura Yolanda Miriam Escribano Montes (Jaén, 1991), uno de los tres vértices del triángulo solidario que conforma junto con María Peña Guerrero (Torredelcampo, 1960) y María del Mar Martos Moreno (Torredelcampo, 1993).

Tres almas dispuestas no solo a compadecerse de gatos y perros sin hogar sino también a recogerlos, atenderlos, procurarles calor y, en última instancia, encontrarles domicilio permanente, una casa donde convertirse en uno más de la familia. 

Erigida en una suerte de portavoz del trío de voluntarias, Escribano comparte con sus compañeras una historia prácticamente común si se le pregunta por lo que hace, qué la lleva a no pasar de largo cuando sus ojos se cruzan con la mirada triste de una mascota sin dueños a los que serles noblemente leales o entrañablemente ariscos.

"A mí me han gustado desde siempre, y cuando veo un gato o un perro abandonado siento la necesidad de rescatarlo", explica: tanto es así que, años atrás, llegó a recoger a un gatito que, lejos de andar errante, tenía propietarios, hogar y hasta cama de arena:

"Antes de irme a Torredelcampo, cuando vivía en el Arco de San Lorenzo, veía el gato de una vecina en la calle, yo creía que no tenía a nadie y estaba siempre metido en mi casa", recuerda. De eso hace la tira de tiempo, pero ni los años ni el traslado desde la capital hasta el cercano municipio la han hecho cambiar un ápice. Bueno, una cosa sí, el acento, el seseo que a día de hoy la delata. Solo eso.

Así empezó, haciéndoles sitio bajo su mismo techo, y no ha parado, ni mucho menos, pero con matices: "Con el paso del tiempo contacté con protectoras y conocí a otra gente que hacía lo mismo que yo; ahora, si no fuese por las protectoras, yo no podría seguir haciéndolo", explica la giennense, vinculada a ARCA, el colectivo torrecampeño. 

SACANDO TIEMPO DE DONDE NO LO TIENE

Y es que, afirma Yolanda Miriam, esto de ayudar a los animales desamparados puede llegar a convertirse en un problema: "Yo he tenido que silenciar el Whatsapp y no cojo llamadas de números que no me sean familiares, hay gente que ve un perro abandonado y te llama porque sabes que ya has rescatado a otros; piensan que cuando lo haces, ya tienes la obligación de recogerlos todos y no es así, yo soy una particular como cualquiera".

Una persona normal y corriente, con un piso de medidas convencionales, un trabajo [es cocinera] que le ocupa la mayor parte de su día a día, ambiciones que alcanzar a través del esfuerzo [estudia actualmente un Grado Medio de técnico alimentario], pareja... 

"La gente se involucra poco y, en estos casos, automáticamente me llama a mí o a otra compañera", sentencia. ¿Por qué? Ella lo tiene meridiamente claro, y así lo expresa: "La gente no echa un cable, no quiere cargas, y si hay alguien a quien echárselas, mejor".

Ahí esta Garcí [que aparece con ellas en la fotografía que encabeza este reportaje], "un perro sin raza que estaba en la pedanía torrecampeña de Garcíez, con su pata rota".

"Llovía, y alguien me avisó hasta que fui; era un poco asustadizo el pobre, con la pata partida, y nos costó mucho cogerlo, tuvimos que pedir ayuda a un rescatista, Antonio Murciano, y lo llevamos al refugio. Ha pasado el tiempo y no tiene familia de adopción ni se interesan por él, y eso que es superbueno; al principio se asusta, pero luego es muy cariñoso", describe Escribano. Todo una sugerencia para quienes anden buscando mascota.

Eso sí: si alguien se decide, que sea por convencimiento propio y no por capricho, que luego pasa lo que pasa: "Yo no quiero convencer a nadie, quien quiera adoptar un perro o un gato, o tenerlo en acogimiento temporal hasta que se le encuentre una familia, tiene que saber lo que va a hacer".

No comprende a quienes optan por un animal como la mejor de las sorpresas, sin haber tenido antes en cuenta lo que implica un ser vivo: "Lo de regalar a los niños estoy totalmente en contra, para eso están los juguetes, por mucho capricho que tenga un niño hay que explicarle la responsabilidad que implica; si no, luego sufre el animal".

Y hablando de responsabilidad, apunta a la esterilización como "la única arma eficaz, ahora mismo, contra la masificación de perros y gatos". Ella, que además de con su pareja comparte sus pocos metros de vivienda con tres mininos y dos canes:

"Yo no lo veo como una obra de caridad; automáticamente, si viera a un bebé en la calle, solo, lo primero que haría sería cogerlo en brazos y llevarlo a algún lado, pero no dejarlo a ver si otro lo recoge. Pues esto debería ser igual". Lo que decía Wilde, que si pasas tiempo con los animales, corres el riesgo de volverte una mejor persona.

 Yolanda Miriam, con un gato entre sus brazos.
Yolanda Miriam, con un gato entre sus brazos.

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