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"Todo lo que hago lo hago por Valdepeñas de Jaén"

Por Javier Cano - Octubre 23, 2022
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"Todo lo que hago lo hago por Valdepeñas de Jaén"
Parra explica detalles de algunos de los documentos del archivo a un grupo de visitantes.

Conocido principalmente por su labor al frente del Molino Museo de Santa Ana, Serafín Parra Delgado ejerce como 'patriota' de su pueblo con cuantas capacidades tiene a mano

EL MOLINO-MUSEO DEL FUTURO

Cuando Martín Lutero se cuajó aquello de que el corazón de un hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar, a Serafín Parra Delgado (Valdepeñas de Jaén, 1951) le faltaba algo así como quinientos años para venir al mundo. 

Pero a ver quién le discute a este auténtico 'patriota' de su pueblo que su 'patata' palpita con ruidillo de rodezno, nacido y criado como fue entre piedras de moler y cárcavos. 

Sí, hijo y nieto de molineros, es uno de los más apasionados eslabones de esta dinastía cuya dedicación a la molienda se remonta al siglo XVII, archiconocido por su labor al frente del Molino Museo de Santa Ana, casa solariega de su linaje molinero, pero la aventura vital de Serafín Parra da para mucho más:

"Con motivo de estudiar la historia del molino, tuve que acceder al archivo de Valdepeñas antes de dirigirme a otros; estaba completamente desordenado, como la mayoría de archivos, y me ofrecí al Ayuntamiento para ordenarlo y clasificarlo, a la vez que buscaba datos relacionados con el molino", explica Parra, a quien el Consistorio valdepeñero, en reconocimiento a su entrega, condecoró con el hermoso título de archivero municipal hace ya tres décadas. 

Y es que conoce al dedillo el pasado de su patria chica, ama la genealogía, se muere por todo lo que destila perfume a su tierra, y ahora, jubilado tras toda una vida entre harinas y hornos, lo tiene claro: "Todo mi tiempo está a disposición del Ayuntamiento". 

"Serafín Parra es quien mejor conoce nuestra historia y patrimonio. Como investigador y archivero su labor es impagable. Desde las páginas de la revista Lugia, o desde la callada labor en los archivos municipal o parroquial (atendiendo a infinidad de investigadores en consultas y búsquedas), su trabajo lo convierte en el principal de nuestros historiadores. Y por si fuera poco, su principal virtud es la generosidad. Los jóvenes investigadores tienen en él al mejor orientador en sus pesquisas, y lo hace de forma altruista, por y para Valdepeñas de Jaén", asegura su paisano el profesor e investigador José Manuel Marchal.

 Parra, cuarto por la izquierda de la cuarta fila, con sus compañeros de Maristas en 1968.
Parra, cuarto por la izquierda de la cuarta fila, con sus compañeros de Maristas en 1968.

DE VALDEPEÑAS A JAÉN CON BILLETE DE VUELTA

Sabe lo que es la nostalgia, la añoranza del paisaje, ese exilio blando que, en su caso, comenzó cuando contaba solo diez años de vida y, tras recibir clases "de don Enrique Álvarez Ortiz", dejar atrás Las Chorreras para completar estudios en Jaén capital, en las aulas de Maristas:

"Allí estuve hasta que terminé bachiller superior, y luego hice dos años en Peritos", aquel perdido ángulo entre Virgen de la Cabeza y la Avenida de Madrid que, en esos años, veía pasar a Arregui de su casa al estadio y del estadio a su casa. 

Una época que recuerda, eso sí, con cariño: "Fue una etapa muy bonita, vivía en Obispo Arquellada, luego en Joaquín Costa y al final en la calle Ancha, en la casa del cronista Cazabán, con una prima de mi madre", evoca. Tanta huella le dejó la ciudad vieja que lo tiene claro, clarísimo: "Yo me he criado ahí arriba, ese es el Jaén que me gusta, si me llevan al Bulevar me pierdo". Lo que le pasaba al trianero de la bulería de Manuel Molina, que estando en la calle Sierpes se consideraba extranjero. 

Jaén, años 60, desarrollismo, su poquito de apertura... y la mili. Un servicio que lo alejó del mar de olivos, primero en Cerro Muriano y más tarde en la gaditana Línea de la Concepción, para devolverlo nada más concluir a su universo personal, a su Valdepeñas: "El día de Reyes de 1974, amanecí licenciado en mi pueblo". El mejor regalo. 

Trabajo, vida y estudio de la historia local, que eso es lo que más le llena. No fue historiador Dios sabe por qué y, también, por unos profesores que, afirma, le hicieron "aborrecer el francés y el latín" y, en consecuencia, tirar por Ciencias. Que si no... 

Pero está colmado, vaya que sí. Cofundador de la asociación cultural Lugia, de la Asociación de Vecinos de Santa Ana (su barrio), exsecretario de una cooperativa agrícola, senderista... Su agenda derrocha valdepeñerismo, y él encantao de la vida de poder arrimar el hombro para divulgar las bondades del municipio que lo vio nacer:

"Todo lo que hago es por Valdepeñas, eso lo tengo muy claro; me gusta que su nombre rece en todo, mi nombre es lo de menos en el molino museo, lo importante es que aparezca Valdepeñas. Quiero mucho a mi pueblo, soy feliz en él y me ha dado muchas satisfacciones". ¿Será verdad (dicen que lo dijo Lord Byron) que el que no ama a su patria no puede amar nada?  

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