Cerrar Buscador

Isidoro Lara, diez años sin un cofrade "honoris causa"

Por Javier Cano - Septiembre 24, 2020
Isidoro Lara, diez años sin un cofrade "honoris causa"
Isidoro Lara pregona a la virgen de la Capilla en el paraninfo del Conservatorio, en mayo de 1994. Foto cedida por Joaquín Sánchez Estrella.

El cronista e historiador falleció hace diez años y dejó un importante legado, del que destaca su aportación a la historia de las cofradías jiennenses

"Para mí fue un jaenero honoris causa, no he conocido a otra persona que sin nacer aquí fuera más apasionada de Jaén, se identificara más, la viviera de una forma tan intensa y esta ciudad fuera para él un fluido vital. Mi padre...".

Así definía el exitoso novelista jiennense Emilio Lara, para Lacontradejaén, a Isidoro Lara Martín-Portugués: progenitor, maestro y compañero en la redacción de libros y estudios que, a día de hoy, conforman un repertorio referencial a la hora de conocer la historia de la Semana Santa de aquí y de sus cofradías y hermandades. 

El coronavirus se llevó por delante toda la primavera de 2020 y la rabiosa actualidad indormativa sobre la pandemia condenó al segundo plano (cuando no a un aparente ostracismo) efemérides y aniversarios que, ya en el otoño de Jaén, emergen para rendir tributo y memoria a quienes tanto hicieron por la gran tradición cofrade del Santo Reino. 

No tiene calle rotulada con su nombre, lo mismo que Manuel López Pérez, su entrañable colega en eso de hurgar certeramente en el pasado, y acaso esta ausencia de reconocimiento en el mapa urbano traduzca a la perfección ese desapego con el que, en muchos casos, Jaén ofrenda ramos y ramos de ingratitud a quienes le dedicaron lo mejor de sí mismos. Una desquerencia tan de aquí como el 'ea', el Lagarto o el viento. "Cuando comas brotes de bambú, recuerda al hombre que los plantó", reza un proverbio chino.

Se fue a los sesenta y ocho años de edad un Sábado Santo 3 de abril de 2010, hace ya una década, perspectiva suficiente para poner en valor una obra investigadora de primer nivel que abarca estudios desde la fotografía hasta la música, la historia y, por supuesto, la Pasión y la Gloria de su tierra adoptiva (a la que llegó desde el manchego Daimiel a finales de los 50), tan suya que sola la muerte pudo arrancárselo. 

Casado, padre de tres hijos, abuelo, pregonero, conferenciante, académico de la Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, cofrade, colaborador de prensa... Fue un habitual de boletines y revistas, anunció las fiestas de la patrona de la ciudad, su tiempo de Gloria y en su currículo figuran premios tan relevantes como el Alfredo Cazabán concedido por el IEG; el Rafael Ortega Sagrista (en honor del gran historiador local) o el Jaén de periodismo dan noticia de la calidad, el rigor y el incansable trabajo de Isidoro Lara, hombre prudente al que la discreción adornaba como el collar que se cita en el Libro de los Proverbios.  

"Con él me sucede como nos sucede a los novelistas históricos o a los historiadores, que estamos acostumbrados a recrear mundos perdidos y a imaginar situaciones en países que ya no existen o solamente existen en los mapas históricos. Mi sensación con él es como si él estuviera en un viaje muy largo por alguno de estos países que ya no existen, pero que en algún momento nos volveremos a encontrar", confesó Emilio Lara a este periódico pocos meses antes de que el Covid-19 dejase las calles vacías, como las de la Madrugada de Jesús cuando llueve. 

Un viaje que, por muy largo que sea, no conduce a eso que llaman "la segunda muerte": el olvido.

He visto un error

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK