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"Fue un accidente, le di al agua caliente sin querer"

Manuel, el joven jiennense acusado de bañar a su hijo en agua hirviendo.

Manuel C. M., el padre que se enfrenta a 12 años de cárcel por, presuntamente, bañar a su bebé de cinco meses en agua hirviendo, se defiende y asegura que solo quería bañarlo después de que el menor vomitase

Si Manuel C.M. tiene algún sentimiento extraordinario durante el juicio en el que se le juzga por, presuntamente, "escaldar" a su hijo de cinco meses, se lo guarda para sus adentros. Está tranquilo en la sala de vistas en la que la fiscal no para de lanzarle preguntas en torno a lo que sucedió un 14 de agosto de 2012, y relata aquella noche con la normalidad del que está seguro de que fue "un accidente". Solo se sulfura cuando la representante del ministerio fiscal no entiende lo que quiere decir y aprieta los dientes, mira hacia abajo y vuelve a alzar la vista mientras deshace el apretón.

A pesar de estos momentos, el joven de la capital, que ahora tiene 25 años, mantiene la calma y se contiene e, incluso, tiene una media sonrisa reservada para cuando su mujer aparece en la sala para declarar por los hechos que, hace casi cinco años, marcarían el resto de lo que le queda de vida al primer hijo de ambos, M., quien con tan solo cinco meses acabó con el 70% de su cuerpo destrozado por quemaduras de segundo y de tercer grado tras un baño que le dio su padre. Un baño que Manuel pensó en darle al bebé después de que este "vomitase" la leche tras beberse el biberón. "Si lo sé lo que va a pasar, no se lo doy", ha relatado el joven, para quien todo fue fruto de un accidente.

"SOLO QUERÍA ASEARLO"

Según su testimonio, se encontraba en casa de su hermana junto con su pareja y su hijo cuando las dos mujeres bajaron a comprar la cena. Él aprovechó ese momento para darle el biberón al bebé, de poco más de cinco meses, que devolvió toda la leche que había ingerido. "Con la única intención de asearlo", lo llevó al baño, una habitación, según la Fiscalía, "sin ventilación ni ventanas", en la que llenó la bañera para lavar al pequeño. Manuel dice que comprobó que el agua estaba "templada" y sumergió a M., con el que incluso, asegura, jugó mientras se bañaba y antes de que comenzase a llorar desesperadamente. Un llanto que, según la fiscal, se debió a que alguien "escaldó" al menor con un recipiente que contenía agua hirviendo y que le produjo quemaduras en toda la parte anterior pero que no afectaron a la cabeza, los pies, las manos y la parte posterior del cuerpo del bebé.

El menor, que tiene poco más de cinco años y que, junto con otro de sus hermanos, se encuentra tutelado por la Junta de Andalucía desde que, unos meses después de la tragedia, el menor ingresara de nuevo en el hospital por una parada respiratoria causada por una sobredosis de tranquilizantes, va a necesitar, según los doctores, una recuperación "continua" hasta que deje de crecer, ya que las quemaduras le afectaron alrededor del 70% del cuerpo, lo que conforme vaya creciendo va a requerir que M. sea sometido a intervenciones quirúrgicas curativas durante muchos años todavía. Además de, como ha apuntado el perito forense, todas las secuelas de carácter estético y psicológico que el pequeño va a "sufrir" a lo largo de su vida.

EL GRIFO

Pero Manuel, que desde hace dos semanas se encuentra en prisión por un delito de hurto, está "convencido" de que todo ocurrió accidentalmente cuando él, en un momento de descuido, le dio con el codo al grifo monomando de la ducha, "que era muy sensible", según ha apuntado, lo que provocó que saliera agua que, a juicio de los peritos forenses que hoy han participado en el juicio, superaba los 60º centígrados, ya que las quemaduras que presentaba el menor eran, como ha explicado uno de los forenses, "lo peor que he visto nunca". Los gritos del bebé alertaron a Manuel, que, según su versión, vio a su hijo "colorao" y lo envolvió en un trapo que no ha sabido especificar y lo dejó sobre la cama para, acto seguido, gritar "auxilio" desde el balcón de la casa de su hermana. Después, un vecino los trasladó en su coche hasta el Complejo Hospitalario de Jaén, donde su ingreso figura a las 1:00 horas, cuando los hechos ocurrieron en torno a las 21:30.

La hermana de Manuel y la pareja de este, que han comparecido como testigos, han rubricado la declaración de su hermano de que todo fue "accidental". Pero tanto los doctores que atendieron a Miguel en el hospital jiennense, como la que se ocupó de sus cuidados en el Virgen del Rocío de Sevilla y la trabajadora social del hospital sevillano han asegurado que las lesiones que presentaba el pequeño "no coinciden" con el mecanismo de producción de las lesiones que relató el padre. Algo que también ha mantenido el forense encargado de revaluar el primer parte de su compañera, realizado el día del ingreso de M., en el que sí se mantenía que lo explicado por Manuel era "compatible" con la extensión, ubicación y gravedad de las lesiones. "Era compatible, pero quizás no el único modo compatible", ha asegurado la forense.

"INTENCIONADO Y CON ALEVOSÍA"

Así, según los facultativos que atendieron a M. en el hospital jiennense y en el sevillano lo que no es compatible es que todo fuera fruto de un accidente y que Manuel, quien ha relatado que incluso ha intentado quitarse la vida después de todo lo ocurrido, no tuviese ninguna quemadura en las manos. Por ello, tal y como ha defendido la fiscal, el agua que cayó sobre el cuerpo del bebé procedía, presuntamente, de un recipiente fuera de la bañera y no de un golpe accidental al grifo de la ducha. Por lo que, a su juicio, se trata de un delito de lesiones por grave deformidad con el agravante de parentesco y en que, afirma, fueron hechos "intencionados y con alevosía".

Por su parte, la defensa ha solicitado la "absolución" al entender que no queda "desvirtuada" la presunción de inocencia de Manuel, quien solo es "un burro" que en aquel momento tuvo "buena voluntad". Tras la celebración del juicio, visto para sentencia, el magistrado decidirá si Manuel es responsable o no del delito por el que el Ministerio Público le acusa y por el que le pide 12 años de prisión y 15 de prohibición de acercamiento y comunicación con su hijo, además de 180.000 euros para el tutor legal de M., un menor que, pase lo que pase, siempre tendrá el recuerdo de aquel 14 de agosto marcado en su piel.

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