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Manuel Ramírez Cruz: el jardinero que cultiva solidaridad

Por Javier Cano - Noviembre 06, 2022
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Manuel Ramírez Cruz: el jardinero que cultiva solidaridad
Manuel Ramírez Cruz, en el parque dedicado a Rafael Ortega Sagrista, la zona donde realiza su trabajo actualmente. Foto: Javier Cano.

Su trabajo, su compromiso y su afición, junto con un carácter abierto y su don de gentes, lo convierten en uno de los jiennenses más conocidos a pie de calle

No lleva sombrero ni camisa ni camiseta a rayas, como El Jardinero de Van Gogh, pero no hay día que Manuel Ramírez Cruz (Jaén, 1969) no se enfunde su traje de faena para acudir a su cita con el jardín urbano jiennense donde ejerce su oficio:

"Me levanto a las seis, me preparo y a las siete o siete y pico me voy; para las siete y media estoy en el cuartillo, cojo la herramienta y me voy a mi zona. Allí hago limpieza, riego si hace falta, quito hierbas, corto césped...".

Esa es su rutina diaria hasta más o menos las dos y cuarto de la tarde, cuando da de mano de su puesto de trabajo en el Centro Especial de Empleo, donde lleva la friolera de "unos treinta años, más o menos". Una actividad a su medida, de la que se confiesa encantado y en la que quiere jubilarse cuando le toque (que le tocará). 

"Me saluda mucha gente, y a lo mejor me ven en otros sitios y me dicen "me suena tu cara". Yo les digo quién soy, les hablo de mi trabajo, y ya caen", explica.

Sencillo, afable y con la sonrisa siempre a punto, Manuel Ramírez Cruz es uno de esos jaeneros que tienen el cielo abierto de la ciudad como escenario principal de su aventura cotidiana, por obligación y también por devoción: 

"He trabajado en el Polígono del Valle, en Loma del Royo..., nos cambian cada cierto tiempo. Ahora llevo un par de años en la zona del Seminario, pero todas las zonas por donde he pasado me gustan, el trabajo es casi igual en todas", asegura. 

Y es que eso de patearse las calles de la capital va con él, lo lleva en sus ganas desde que tiene uso de razón, de modo que si algún día se pierde habrá que buscarlo, precisamente, en cualquier rincón de Jaén, lo mismo ante la Catedral (casi el patio de su casa) que en cualquier callejón o avenida de aquí: 

"Me gusta mucho la Plaza de Santa María, allí me voy con mi mujer o a estar con los mayores que se sientan allí. Pero otras veces me voy a andar por ahí". Y lo dice alguien que sabe lo que es ser vecino de un buen número de barrios, que se conoce los Jaenes al dedillo: 

"Primero viví en Peñamefécit, pero al morir mi madre me subí con mi tía Paqui al Ejido de Belén. Estuve con ella hasta que hice la comunión, y luego me volví con mi padre a Peñamefécit. Cuando mi padre se casó por segunda vez, vivimos en los Albergues, de ahí [ya casado] me fui a la calle Capitán Oviedo, después tuvimos una casa en la calle Buenavista y ahora vivimos en Francisco Martí Mora", detalla.

Un piso en la antigua calle Turronería con unas vistas impresionantes, con la torre del reloj de la Catedral como perpetua vecina, enhiesto ciprés de piedra que marca las horas de quienes tienen el privilegio de tutearse con ella en el idioma de sus campanas.

 Con compañeros de Cáritas, Manuel (tercero por la izquierda) en la última recogida de alimentos en la que ha participado, recientemente. Foto cedida por Manuel Ramírez Cruz.
Con compañeros de Cáritas, Manuel (tercero por la izquierda) en la última recogida de alimentos en la que ha participado, recientemente. Foto cedida por Manuel Ramírez Cruz.

UN HOMBRE COMPROMETIDO

Casado con Carmen Rosell (con las bodas de plata a la vuelta de la esquina) y padre de José Manuel, Paula y Rocío, las personas mayores son una de las debilidades de Manuel:

"En una convivencia de Cáritas que hubo en San Bartolomé salió el tema de que a mí me gustaba estar con las personas mayores, y me dijeron que estupendo, me integraron ahí". Comprometido con quienes en muchos casos ya no pueden ni peinar canas, va un par de veces al mes a sus casas, les da conversación, les ayuda en lo que haga falta... Lo que en Jaén se ha llamado, de toda la vida, dar compaña. 

"Eso me gusta, me llena; yo, si veo a una vecina mayor que lleva las bolsas cargada, le cojo el carrillo o las bolsas y la ayudo, donde sea", afirma el voluntario. Pero no solo eso, hace nada y menos que se batió el cobre[ahí está la foto, un poquillo más arriba de estas líneas] con sus compañeros, en plena recogida de alimentos, otra de las labores para las que está dispuesto en cuanto se lo dejan caer. 

MÚSICO COFRADE

La forma en la que el protagonista de este reportaje define su querencia semanasantera es de lo más singular, particularísima: "Soy cofrade, pero no de cuota. Yo, si hace falta, ayudo en lo que me pidan, pero nada más". Vamos, que si se atiende a la literalidad, Manuel Ramírez Cruz no es cofrade, para nada, ni mucho menos. Pero si cofrade es quien siente la Semana Santa y el tiempo de Gloria como parte indisoluble de su calendario vital, a este inevitable de las procesiones no hay quien se lo discuta.

"Llevo el agua en la procesión de la Pastora, limpio enseres y he sacado las banderas del Cristo del Arroz". Un chico para todo en una celebración en la que todo hombro es poco. 

Es una vocación, una auténtica devoción: "Desde chiquitillo organizaba procesiones en mi barrio, y hacía bandas. En el centro social de Peñamefécit compraron unos tambores e hicimos una". Una tropa de nenes de la que, andando el tiempo, saldría más de un músico cofrade como él mismo, que tras pasar por las filas de La Soledad desembocó en La Estrella en busca de ese parche que reventar a fuerza de baquetazos: 

"En La Estrella llevo dos o tres años; toco el bombo, pero lo que más me gusta es el tambor, a ver si puedo aparcar el bombo por algo que pese menos". Aviso para navegantes, es decir, para los responsables de la banda. Una formación en la que comparte horas y horas con su hija Rocío aunque, eso sí, por gusto de ella (o eso dice él, como si la sangre no tirara al monte).

Y cuando no le toca tocar, los días de Pasión que la banda le deja libre, lo tiene claro: a ver procesiones: "Yo he encerrado a todos los santos [ríe], y mientras pueda ahí estaré yo", sentencia. Algo tendrá el agua cuando la bendicen: "En las cofradías me tratan bien, no tengo ningún problema, estoy en un ambiente muy bueno". Ea, que algo tiene el agua...

Pasa la Semana Santa y llega el tiempo de Gloria, las romerías, las ferias, la Navidad o el mismísimo Día del Lagarto, en cuya cabalgata participa como figurante... "Este tiempo, los Santos, me gusta menos, es más triste". Lo suyo son las épocas de bullicio, donde se siente como pez en el agua, entre la gente, en medio de la luz. Igual que el otro jardinero... El de Tagore.  

 Con su hija Rocío, que ha seguido sus pasos en el mundo de las bandas cofrades. Foto cedida por Manuel Ramírez Cruz.
Con su hija Rocío, que ha seguido sus pasos en el mundo de las bandas cofrades. Foto cedida por Manuel Ramírez Cruz.

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