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LA 'FIESTA DE LOS PATIOS' DE JAÉN

LA 'FIESTA DE LOS PATIOS' DE JAÉN

Por Javier Cano - Mayo 01, 2021
Compartir en Twitter @JavierC91311858

Córdoba presume de patios (porque puede) desde hace la tira de años, pero Jaén no se queda atrás. Este primer día de mayo, Lacontradejaén se adentra en una particular 'fiesta de los patios jiennenses', algunos de los cuales salen hoy por primera vez de la luz doméstica a la pública para demostrar que, si se busca, a esta ciudad le sobran los motivos para hacerle palmas

Lo que en Córdoba es un reclamo turístico y cultural ya centenario, y hasta Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde 2012, la Fiesta de los Patios, duerme el sueño de los justos en Jaén tras las puertas de sus casas, algunas de ellas cargadas de historia.

Más castellanos que andaluces, los de aquí son casi siempre el mejor secreto que guardan los muros del casco histórico jiennense, esos espacios íntimos que hoy, de la mano de este periódico (y gracias a la impagable hospitalidad de sus propietarios) maravillan al personal con su belleza luminosa. Otra 'ruta' para hacer de la capital del Santo Reino el mejor de los destinos, una auténtica Fiesta de los Patios según Jaén.

No es que las nuevas construcciones los desdeñen, ni mucho menos, que hay ejemplos preciosos a lo largo y ancho de la ciudad, pero puestos a proyectar luz sobre los más bonitos, los que mayor historia acumulan, la palma se la llevan los que exhalan perfume de galán y jazmines (perdón si la frase queda un pelín cursi) hacia las calles más viejas. 

Patios que esta pandemia ha reafirmado en su papel de paraíso doméstico, donde el personal que los tuvo a tiro pasó su confinamiento un poquito mejor y que, desde que el coronavirus llegó al mundo, han elevado la cotización de los edificios que los contienen. Patios centrales, patios traseros o delanteros, mínimos, medianos, grandes y lo siguiente, herencia romano-musulmana de una forma de concebir la vida que cuenta con un montón de buenos ejemplos en la capital del mar de olivos. Pasen y vean.

MARAVILLAS OCULTAS

"El patio es el declive / por el cual se derrama el cielo en la casa", escribió el gran Borges, y lo clavó. Sí, el gesto gótico de alzar los ojos y encontrarse de sopetón con los azules impresionistas o los grises de Corot es, a día de hoy, un privilegio más que extendido por estos lares, aunque hay patios... y patios.

Por empezar a cuatro pasos de la Redacción de Lacontradejaén, la cuestecilla de la calle Cañizares invita a detenerse ante una jaenerísima fachada (la del número 6) que, nada más empujar su primera puerta de clavazón, adelanta lo que esconde.

Allí, un breve compás pleno de encanto anuncia el auténtico vergel que, en su fondo, aroma y alumbra la casa del afamado arquitecto Luis Berges Roldán. Un verdadero jardín botánico en medio del callejero de aquí:

"Muros y tapias, arrimos cubiertos de cal y enredados de yedras y madreselvas, o espaldares donde florecen los jazmines. En el suelo hay algunas losas y está alfombrado de césped y tréboles y arriates de arrayanes. Hay un ángulo de cipreses y un bosquecillo de laureles. Y también un magnolio y un naranjo, y como esparcidos al azar rosales, tiestos de claveles, dalias, maravillas y un macetón de piedra sembrado de llagas", lo describió en los 70 el inolvidable Rafael Ortega Sagrista en su libro Dibujando en Jaén, al alimón con el propio Berges. 

Un "jardín poético" (don Rafael dixit) que protagoniza la vida de este singular inmueble reedificado en la década de los 60 (explican sus propietarios) y que retrata con evocadora sensibilidad la tipología tradicional de la casa jaenera.

A un tiro de piedra presume de sencilla majestuosidad la morada de los Balguerías, al inicio de la calle Josefa Segovia. Señorial caserón decimonónico que Carmen, una de las más ensoleradas representantes de la familia y la última camarera de la Cruz del Castillo, habita y cuida con especial celo a sus nueve década más que bien cumplidas.

Casa con dos patios: uno, bellísimo, tras el zaguán, cubierto para evitar la lluvia y acaso de los mejores ejemplos de este tipo de espacios en la ciudad. El otro, al fondo, con su mirador, su fuente... Una isla de sosiego, que diría Ortega Sagrista.

POR EL ARRABAL DE LAS MONJAS

En el centro del antiquísimo arrabal de las Monjas, la calle Llana y las que la atraviesan es para un amante de los patios lo que la ubetense calle Valencia para un enamorado de la alfarería: el acceso a un universo apasionante. Tantos y tan bien cuidados atesora, que este reportaje se queda corto para acogerlos a todos, pero una muestra al menos no hay quien se la quite.

Abades es el nombre de una de esas cuestas que escoltan esta vía urbana, cuyo nombre popular precisamente remanece de ese contraste de pendientes que la hace destacar por su horizontalidad.

En su número 2 se levanta el que fuera palacio de los Salazares; una antigua mansión del XVIII por la que todavían pululan leyendas de tesoros no encontrados, a la que se accede por un zaguán pavimentado con baldosas del antiguo convento de San Francisco (lo que habrá visto ese suelo) y que desemboca en un encantador patio presidido por una soberbia fuente timbrada con el escudo familiar. 

"Cuando empezamos a comprar pisos de esta casa, el patio estaba blanco; le sacamos la piedra, limpiamos las columnas, que estaban pintadas... Las piedras del suelo son las originales", destaca Gloria Visedo, habitante de este hermoso predio. 

Un patio que sus hijos disfrutan (asegura Visedo) "cuando vienen los amigos", con un café delante en la mesa que han colocado y que invita a la tertulia, al lado de ese monumental pilar que ya no escupe con delicadeza su antiguo caudal del raudal de Santa María pero que los dueños del inmueble quieren recuperar: "Entré en el patio que un día / fuera una fuente con agua...", recitaba Alberti. 

Unos metros más abajo, en plena calle Francisco Coello (nombre oficial de la que todo Jaén conoce como Llana), presume de señorío su número 10. 

Datada en 1713 (una piedra esquinera lo chivata), el edificio gira en torno a ese impresionante patio que nada tiene que envidiar a los que cualquier turista puede admirar en otras ciudades. 

"Somos un poco indolentes con nuestras cosas, nuestro asombro es cómo las pocas casas de este tipo que quedan no están habitadas; me sorprende que no haya familias dispuestas a restaurarlas y habitarlas; cuando se transita por el casco viejo de Toledo o la Judería de Córdoba, o por el Albaicín granadino, gente de toda clase y condición viven en esas casas, las mantienen, se valoran; no es el caso nuestro, y esto es triste", lamenta su propietario, el arquitecto Antonio de Toro Codes.

En esta línea, la familia se ha preocupado de mantener las piezas originales del patio, únicamente alteradas por la sustitución del zócalo de azulejo de Mensaque, que hubo que reemplazar dado el mal estado que presentaba el anterior. Por lo demás, la fuente, las columnas... son del XVIII. "Esto es otra manera de vivir, nunca nos cambiaríamos de casa", sentencia tras dos décadas en este paraíso.

Con esta vivienda, precisamente, hace esquina la calle Julio Ángel, antaño Pilarillos, ungida por la presencia del santo Pedro Poveda. Muros centenarios del que fuera hogar del alcalde y presidente de la Diputación, ilustre médico y jurista Juan Pedro Gutiérrez Higueras (Alcaudete, 1901-Jaén, 1978), donde vivió de 1915 a 1921 el fundador de la Institución Teresiana. 

Hoy día domicilio de los descendientes de aquel regidor y consulta de psicología de Pilar Vega, esconde en su interior un coqueto patio digno de ver, delicadamente acariciado por la yedra, con una sobria fuente en su centro rodeada de macetas de malamadre. 

No es el único "cielo encauzado" (de nuevo Borges) de esta vía urbana, no, pero hay que avanzar. ¿Próxima parada? Príncipe Alfonso (siniestramente conocida aún por la calle de los Muertos,¡qué yuyu!). Ahí está su número 8, imponente fachadón con no menos sobrecogedores ejemplos de rejería y cancela, que tras su hoy 'colorida' puerta abre a un patio presidido por un bonito azulejo enrejado de la Virgen de la Capilla. 

En sus esquinas, una fuente, vegetación, un acogedor rincón preparado para el café y la conversación... Y apoyada sobre los azulejos de inspiración árabe, una recia tina de esas que solo aguanta el forjado de unos buenos cimientos. El escenario perfecto para que otro grande, Atahualpa Yupanqui, escribiera lo que cantaba a su manera única: "En el patio de mi casa / 
un arbolito nació. / De mañana yo lo cuido, / de noche lo cuida Dios".

PATIOS 'CON MUCHO ARTE'

Quedan sin escudriñar en este reportaje un buen número de espacios de esta zona, magníficas 'habitaciones a cielo abierto' que la constelan y que no se puede abandonar sin visitar la casa del pintor Juan Martínez Pozo y los suyos. Discretísima en el 24 de la calle Espiga, a simple vista nadie se imagina lo que esa fachada resguarda tras la puerta decorada con vidrieras originales del mismísimo artista jiennense. 

Se trata de un patio escalonado (como muestra la foto que encabeza este reportaje), con una más que apetecible piscina que hizo las delicias de sus hijos, de sus nietos y, ahora, de este creativo cien por cien de Jaén

Dividido en tres alturas, una buganvilla plantada por él mismo preside la exuberante naturaleza de este oasis en el que la familia recaló, hace "treinta y tantos años", atraída en gran parte por esa parte de la casa. Un patiazo que a la vez que procura exclusividad al hogar de los Pozo, genera sus pequeñas molestias: "Es un coñazo, la buganvilla es enorme, está florecida por completo y tira hojas al suelo hasta el mes de diciembre", reniega el pintor, pero con la boca chica. 

Una virguería dentro de un caserón de al menos doscientos años, sobre el que sentencia: "Si Rosa [su esposa] y yo seguimos bien, yo me quedo aquí hasta que me muera". Lo dicho, que cuando reniega es con la boca chica, si no...

Camino ya de la Carrera de Jesús (donde el curioso tiene veta también para explorar, para descubrir patios palaciegos y patinillos de andar por casa), la calle Los Peñas resulta ineludible. En su número 6, una añosa puerta metálica, calada, de dos hojas presididas por el escudo dominico advierte de que allí hubo, en su día, dependencias monacales, seguramente auxiliares del cercano convento de la Orden de Predicadores. 

Solitario si se le escruta desde la calle, como los que pintaba Sorolla, es el mismo en el que hasta 1955 (el año de su muerte) habitó y se inspiró el insigne poeta Antonio Alcalá Venceslada. Bellísimo prólogo de un histórico edificio que actualmente está en manos de un joven matrimonio, los García-García, y que la pequeña reina de la casa puebla de alegría junto a su nobilísimo perraco, que recuerda al que acompaña a Courbet en su autorretrato. Ella podrá recitar, algún día, aquello de Machado ("Mi infancia son recuerdos de un patio...") pero jaenizando el verso, vaya que sí. 

"Buscábamos algo así, yo trabajo en el colegio Divino Maestro y me gusta mucho la zona, tenía claro que queríamos vivir por aquí", explica Silvia García. Encantados de la vida con su domicilio ("la casa del limonero" la llama ella, y hasta planta tomates, espinacas, pimientos...), están llenos de proyectos para dotar de sello propio su lugar cotidiano en el mundo. Lo decía Kazantzakis: "La felicidad es un ave doméstica que se encuentra en el patio de nuestra propia casa". Pues eso.

HACIA LA MERCED Y EL ARCO DE SAN LORENZO

Dejando atrás la antigua casa de la familia Fiestas, inmediatamente más arriba de la anterior y poseedora, también, de bellísimos patios (ahí están las fotos), la ruta se adentra en el barrio de la Merced. Otro dédalo de callejuelas en las que el aroma de las plantas aromáticas deja clara la presencia de este tipo de 'alivios' en el interior de sus inmuebles. 

Uno de ellos, en la calle Joaquín Costa, 7... está ahora mismo al alcance de quien se interese por adquirirlo, toda vez que sus dueños (los Serrano Pérez) han optado por deshacerse de él tras toda una vida entre sus muros. 

Inmenso y hermosísimo edificio en el que dicen que vivió el ministro que da nombre a este zigzag urbano; fabuloso inmueble que espera comprador y, si puede ser, con tanta sensibilidad como quienes lo venden, que han conservado para el patrimonio doméstico jiennense este significativo ejemplo, como muestran las imágenes.

 Mari Carmen Serrano, propietaria de la casa de Joaquín Costa, 7, con una vecina, muestra su patio. Foto: Javier Cano.
Mari Carmen Serrano, propietaria de la casa de Joaquín Costa, 7, con una vecina, muestra su patio. Foto: Javier Cano.

Por méritos propios, nada más pasar ante el Arco de San Lorenzo y asomada ya al chaflán de Donato, los envidiables balcones del número 2 de la calle Madre de Dios ponen los dientes largos a más de uno.

Eso hacia fuera. Hacia adentro, esta soberbia casa de mediados del XIX, que perteneció al patrimonio de los marqueses de Navasequilla, donde algunos años estuvo el Hostal San Lorenzo del legendario Brígido Anguita y en la que murió en 1970 el popular médico y alcalde Fermín Palma, procura una liberadora intimidad en su patio, hoy propiedad del matrimonio formado por José Sánchez y Purificación Peinado.

"Rodeada de macetas de cintas, helechos y philodendros, una fuente ochavada de azulejos de La Cartuja de Sevilla, de cuyo centro surge un gracioso amorcillo de cerámica soplando una caracola de la que mana un pequeño chorro de agua, que junto con los que salen de unas simpáticas ranas situadas en los lados del pilón forman un rumor continuo de agua que evocan horas de paz, intimidad y frescor durante la canícula", escribe Juan Cuevas en su Crónica de la Cena Jocosa de los 'Amigos de San Antón' de 1996.

Va siendo hora de regresar, que además oscurece y hasta los patios se apagan. En el tintero, el antiquísimo de la Casa de los Priores, en el corazón de La Magdalena, con su pozo y su galería porticada de puro sabor castellano y del que da buena cuenta descriptiva Don Lope de Sosa, la revista del maestro Cazabán, en su número de febrero de 1918.

O el de la casa del pintor Carmelo Palomino, en pleno barrio de San Bartolomé, muy cerca del que encierra el palacete del barón de Otíñar, ubicado en la calle Campanas de Santiago; o los de los ya desaparecidos hostales La Española y Suizo, el primero de ellos sobre el solar de lo que fue palacio del condestable Iranzo, en la calle Talavera (hoy Bernardo López); o los nobles patios de las casas solariegas de los Vélez (actual Colegio de Arquitectos), los Cobaleda Nicuesa, los Navasequilla (en la calle Ancha)... 

Un itinerario más que apetecible, otra evidencia de todo lo bueno y lo bello que le queda a Jaén: "No eres solo nostálgica pintura / de años huertos y de ajadas flores...", proclama el recordado Felipe Molina Verdejo en su Épico Jaén, lírico Jaén. 

Y esto no es más que una lista abierta en la que caben también todos esos patios que, por omisión, falta de espacio o de tiempo para descubrirlos, tienen sitio en esta ruta. Patios de La Glorieta, de San Felipe, de El Tomillo y El Almendral, de la carretera de Circunvalación, de La Merced, de La Magdalena y San Juan, de San Bartolomé y Santiago, del Sagrario, San Ildefonso y La Alcantarilla, de Santa Isabel, de Peñamefécit... A disfrutarlos, pues.  

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COMENTARIOS

inma luque cañada

inma luque cañada Mayo 01, 2021

Por favor, podrían enviar un plano de donde se encuentran los patios? gracias

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