Habla cuatro idiomas: castellano, inglés, árabe y suajili. Abdallah Abedraba (Lopera, 1997) es un estudiante universitario enamorado de la informática. Llegó a utilizar dos móviles durante meses; tuvo que conformarse con uno porque se dio cuenta de que tanto aparato lo consumía. Es más conocido en la provincia desde que ha hecho gestiones para traer a Jaén a Richard Stallman, el padre del software libre.

Abedraba responde a las preguntas de Lacontra en el Café La Mona de la capital. Reconoce que él es una persona más extrovertida y con ímpetu de comunicar que otros colegas del gremio. Hace poco eliminó su cuenta de Facebook preocupado por los límites sobre la privacidad de datos. De este asunto y de otros más se pronuncia con la tranquilidad de quien está al tanto de (casi) todo. No hay avance tecnológico que lo inquiete, pero remarca la importancia de ser igual de responsable en las redes que en la calle.

—¿Recuerda cuál fue el momento que lo conectó con la informática?

—Lo cierto es que la informática no fue mi primera motivación. Cuando de niño me preguntaban qué quería ser, yo contestaba ‘piloto de avión’. Pero, claro, ser piloto es una profesión que requiere un coste de estudios excesivo. Fui dejando la idea de lado y así surgió la informática. Se me daba bien arreglar cosas, y era muy curioso. Muchas veces rompía el ordenador de mi casa y mi padre tenía que arreglarlo para que yo lo siguiera rompiendo (ríe). Al final me decanté por la informática, que es algo muy interesante.

—¿Ya de niño le gustaban las tecnologías?

—Sí, mi padre trabajó mucho para que tuviésemos ordenadores y recursos. Y yo lo disfruté. Recuerdo que fuimos de los primeros en mi pueblo en tener internet. Estuve viviendo en Dubái cuatro o cinco años. Internet estaba muy reciente y nosotros fuimos de los primeros en utilizarlo. Me ayudó mucho para avanzar.

Abedraba es uno de las fundadores del colectivo GDG Jaén.
Abedraba es uno de las fundadores del colectivo GDG Jaén.
—Dentro de la informática, ¿cuál es el campo que más le atrae?

—La informática es un campo que abarca desde montar la estructura de un sistema operativo hasta diseñarla. Yo ahora mismo estoy en el ámbito de la inteligencia artificial. Tiene mucho bombo ahora, y es lo que impera en Silicon Valley. Se están consiguiendo grandes avances, como los coches autónomos. Ya hay coches que conducen solos en la calle, aunque nos parezca extravagante. También hay avances en la medicina, como detectar el cáncer de forma temprana. Desde la inteligencia artificial se pueden conseguir cambios reales para la vida de la gente. Me gusta este camino.

“EL ORDENADOR ES ALGO MUY TONTO”

—¿Cómo explicaría qué es la programación para quien no tenga idea?

—Es decirle al ordenador lo que tú quieres que haga. El ordenador es la cosa más estúpida que te puedes echar a la cara. Es un niño al que hay que decirle muy bien cómo ir a lavarse los dientes: ‘Ve al baño, coge el cepillo, echa la crema y lávate la boca’. Igual ocurre con el ordenador: necesita que le des los pasos uno a uno. Así hace lo que uno le dice. Le puedes ordenar desde que te cuente las operaciones de un banco hasta que te diga las notas de los alumnos, o te haga un juego. Solo recibe instrucciones.

—¿Cuándo aprendió a programar?

—A los 16 ó 17 años. Aprendí en internet. Mucha gente empieza en la Formación Profesional o en la Universidad. Pero en internet hay un montón de recursos. Eso me parece lo más bonito. Como estudiante universitario, no solo me enfoco en las clases sino que completo mi formación con cursos online. Fue el caso de la programación. En cuanto decidí estudiar informática valoré la importancia de tener ideas sobre programación. Hice cursos a raudales, unos gratis y otros que costaban bastante dinero. 

“STALLMAN HA CAMBIADO EL MUNDO DE LA INFORMÁTICA”

—Richard Stallman dará una conferencia en Jaén. ¿Qué tal van las gestiones?

—Estamos consiguiendo patrocinadores con el apoyo de la Universidad, que se encargará de todo gracias al evento del 25 aniversario de la UJA. Así traemos a Stallman, y parece que el día elegido también será el 25 de junio. Probablemente lo cerraremos para esa fecha. Hay mucha gente emocionada con el evento.

—¿Qué es lo que más le interesa de Stallman?

—Hace unos días hablaba con un amigo, y me decía que deberíamos promover en Change.org que Richard Stallman fuese el premio Nobel de la Paz. Es un hombre que vio que Apple y Microsoft vendían sus productos, pero la curiosidad de él iba más allá. Las otras compañías te vendían los ordenadores, pero no te explicaban cómo funcionaban. Él sí defendía que terceros pudiesen modificar los productos si alguien no le gustaba cómo funcionaba cualquier cosa. Stallman empezó el software libre con una impresora que no iba como él quería. Y así escribió su propio código para la impresora. La esencia de su filosofía consiste en darle recursos al usuario para que pueda modificar el producto, porque eso constituye una parte de su libertad. El hecho de saber cómo funciona y cómo modificar el producto permite crear una versión propia. Realmente, Stallman es un hombre que ha cambiado el mundo de la informática. Ahora vemos que hay muchos proyectos de código abierto. Las compañías se dan cuenta de que si lo hacen, personas que no están en la empresa pueden contribuir al avance del producto. Es mejor para todos. 

El joven, afincado en Lopera, ha vivido en Dubái.
El joven, afincado en Lopera, ha vivido en Dubái.
—Aparte de sus conocimientos, Stallman parece alguien muy particular por su filosofía. ¿Cree que su carisma puede atraer a gente que de antemano no está interesada en las tecnologías?

—Stallman trata el asunto del software libre desde muchos puntos de vista: ético, político y de la programación. A cualquier persona le va a interesar la charla. Es un tío bastante peculiar. He estado en charlas suyas de Estados Unidos, y es un hombre bastante raro en sus ponencias. Consigue que te empapes de lo que dice y de su propia personalidad. 

—Aparte de Stallman, ¿a quién le gustaría conocer?  

—A Elon Musk, el creador de Tesla, de los coches eléctricos. También tiene una empresa que está mandando cohetes al espacio. Son cohetes reutilizables. Y el potencial que tienen es increíble. Antes con 120 millones de euros hacías un cohete que iba al espacio, colocabas satélites en el aire y el satélite no volvía. La idea de hacerlo reutilizable permite que el coste de enviarlo al espacio sea mucho más barato. Musk también está haciendo un cambio en el mundo, porque está llegando a Marte. Creo que combina la parte técnica y la de marqueting de una forma increíble. Es un referente para cualquier aficionado a la ciencia.

“EL MOVIMIENTO TECNOLÓGICO ESTÁ CRECIENDO EN JAÉN”

—GDG Jaén es un grupo reciente de programadores. ¿Cómo se fundó?

—Yo llegué a la Universidad y tenía en la cabeza el modo de vida americano: llegas y está todo el mundo programando, abierto a juntarse en grupos para hacer cosas. Pero no era el caso. Me estampé en mi primero año, que fue paupérrimo. En el segundo sí que unos compañeros y yo quisimos fundar un colectivo para informáticos, GDG. Las iniciales vienen de Google Developer Group. Empezamos a juntarnos para hablar de informática. Compartíamos conocimiento y crecíamos. Google nos ayuda tanto de forma económica como con ponentes. Sobre estos últimos, le digo que jamás pensamos que iban a venir a Jaén, como son los casos recientes de Andrés Leonardo, mánager de Google en España, y Alberto Gutiérrez, ingeniero de la empresa Red Hat.

Desde mi punto de vista, con GDG Jaén quiero que haya un cambio significativo con las siguientes promociones. Y creo que ya ocurre. La promoción dentro de cuatro años será más importante gracias a cosas que estamos haciendo con el colectivo.

—Parece que la principal línea de acción pasa por proponer ponencias y charlas. ¿Qué otras ideas tienen?

—Normalmente estamos haciendo un macroevento al año. El curso pasado contamos con 200 personas. Ojalá dupliquemos la asistencia en un evento que cuenta con unas 30 ponencias. Pero no solo nos limitamos a esto, porque no es el concepto de comunidad. Tenemos que reunirnos para hablar de los asuntos que nos interesan. Tenemos un formato que llamamos tecnotapa: quedamos para tomar algo y al mismo tiempo hablamos de tecnología. A veces nos juntamos 15 ó 20 personas y desarrollamos un tema. Está ocurriendo lo mismo con Jaén Developers, que es otro colectivo de aquí. Yo ahora sí me siento como si estuviese en Madrid. Envidiaba de otras ciudades (Málaga, Granada o Córdoba) el movimiento tecnológico que tienen. En Madrid hay un evento cada día. Ahora esto empieza a pasar en Jaén; la tracción informática ha crecido.

—¿Qué foros y publicaciones recomienda para estar al día de informática?

—Tengo una aplicación que se llama Pocket donde recojo todas las noticias que quiero leer. Y desde Twitter también recopilo lo que me interesa. Soy muy curioso, así que estoy buscando siempre. Pero no tengo una web favorita como tal. 

—¿Le gusta las ficciones como Silicon Valley?

—Sí, obviamente. Es mi serie favorita ahora mismo. Hay un nivel de certeza increíble. Los propios actores creían que exageraban las situaciones. Pero cuando fueron a Silicon Valley descubrieron que era el caso contrario. La competencia extrema y tener un abogado con una guitarra son cosas reales allí, reflejadas en la serie. El otro día justo hablaba con un amigo que me decía que no sería tan estúpido como Richard Hendriks, el protagonista, a quien le ofrecen 10 millones de dólares a cambio de su idea. En la serie no quiso vender su bebé. Pensó en seguir, pese a todas las trabas. Yo discrepaba de mi compañero. Me atrae mucho el mundo de startup, de emprendimiento. Tener una idea y seguir adelante me parece algo envidiable que me gustaría vivir en el futuro.

"El movimiento tecnológico está creciendo", afirma el universitario.
“El movimiento tecnológico está creciendo”, afirma el universitario. Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.
—¿Quién es en la vida real Gavin Belson (empresario millonario y enemigo del protagonista de la ficción)?

—(Ríe a carcajadas). Creo que es una mezcla entre Jeff Bezos, creador de Amazon, y Stive Ballmer, el antiguo CEO de Microsoft. No parece Sundai Pichai, CEO de Google, porque es una persona bastante tranquila. Sí, entre Bezos y Ballmer estaría Belson.

—Entonces Hooli (la empresa de Belson en la ficción) es Microsoft.

—Sí, aunque no se si tendría que decir eso (vuelve a reír).

—Aplicaciones de móvil para casi todo, robots, criptomonedas, internet descentralizada. A más de uno le sonará futurista, pero quizá ese futuro ya ha llegado, ¿no?

—Antes la informática no se desarrollaba tanto como sí lo hace ahora debido a la actual potencia de hardware. Ahora vemos que surgen las criptomonedas, y Bitcoin tiene el 20 por ciento del consumo global de energía. Es impresionante. La inteligencia artificial está llegando a niveles increíbles. Hasta Elon Musk teme lo que pueda pasar con este tipo de inteligencia. En este punto él discrepa con Zuckerberg y Pichai. 

No creo que estemos tan lejos, sino bastante cerca de lo que usted menciona. Google ha presentado, en su conferencia anual I/O, Waymo, su coche autónomo, que despegará en cinco meses. Incluso Uber, que es una aplicación para recoger y transportar viajeros, ha comprado este año 19.000 volvos para despegarlos autónomamente en Estados Unidos en 2019. Ver coches conduciendo solos por la ciudad no está tan lejos. Quizá lo que más se retrase es el propio miedo de la gente al cambio. Cuando se supere la barrera, ya saben: hacia el infinito y más allá.

“El CÓDIGO ES POESÍA”

—Hay usuarios que utilizan hasta dos móviles en el día a día. ¿Se nos fue de la manos?

—Yo hasta hace poco tenía un Android y un iPhone. Este último suele ser un móvil bastante rápido para grabar en la calle. El Android me daba la flexibilidad y la productividad del sistema operativo. Hasta que dije ‘basta’. Mi vida estaba siendo consumida por los móviles. Me quedé con el iPhone como podía haberlo hecho con el Android. Sí que nos roba el tiempo. Google comentó recientemente en su evento un nuevo modo de teléfono Android para tener más vida personal. Cuando estás viendo, por ejemplo, Youtube durante una hora te limita el consumo. Hay otra opción que a mí me encanta. Le dices al teléfono que quieres ir a dormir a las diez. Cuando llega esa hora, la pantalla se pone en blanco y negro, que es más relajante para dormir. Uno de mis problemas es que cojo el móvil a las once y me dan las dos de la mañana. 

—En vuestra profesión está la ventaja de trabajar en casa. ¿Eso es positivo para la economía de Jaén?

—Es cierto que tenemos esa flexibilidad. Y hasta en los trabajos de ir a la empresa ya suele haber horarios abiertos, siempre y cuando cumplas tus obligaciones. Trabajar en casa es muy fácil. Ya no existe el currículo de toda la vida. Ahora tienes un repositorio donde pones tu código y todo el mundo puede verlo, desde Estados Unidos hasta Jaén. Y te pueden contratar para hacer algún trabajo. Es interesante estudiar en casa y ganar algo de dinero al mismo tiempo.

Hubo un tiempo en el programador usaba dos teléfonos a diario.
Hubo un tiempo en el programador usaba dos teléfonos a diario.
—Ustedes están clasificados como profesionales de ciencias, pero tienen un punto artístico muy de librepensadores. 

—Exacto. Es así. Una de las pegatinas que tengo en mi portátil reza ‘El código es poesía’. Realmente lo es. Lo escribes no solo para ti, sino para las siguientes generaciones. E intentas hacer un código bastante bonito y elegante. Nosotros nos enorgullecemos cuando hacemos un trabajo limpio y conciso.

—¿Son, en cierta manera, los guardianes del hackeo?

—Ahora mismo el tema de la privacidad está bastante candescente. Estoy a favor del desarrollo de la tecnología. De hecho en mi casa tengo un Google Home, que es un aparato que me dice qué tiempo hará y que me pone música, entre otras tareas. Eso implica que el aparato me está escuchando todo el tiempo. Soy algo reticente con esa vigilancia, y a veces lo desconecto. En lo que respecta a la privacidad, estamos llegando a unos niveles bastantes preocupantes. Del valor de la privacidad te percatas cuando lo pierdes. 

“ME HE QUITADO FACEBOOK: HAY UNA NUEVA DEMAGOGIA”

—¿Es consciente la gente de la cantidad de datos privados que manejan las compañías?

—No, no lo creo. Incluso en proyectos personales míos me asombro de la cantidad de datos que manejan las empresas. Un estudio señala que el 98 de la información y los datos han surgido en los últimos tres o cuatro años. Desde la Prehistoria hasta la actualidad. Esto da una idea de los datos que entregamos a las empresas. Y ese es el verbo, entregar. Pero al final las empresas lo utilizan para hacer nuestra vida mejor. Así que hay que hacer un balance.

—¿Alguna recomendación en este sentido?

—Personalmente, creo que Facebook es el enemigo del público. Yo me quité recientemente mi cuenta, y soy un informático. Tengo, como digo, un balance entre los datos que entrego y el valor que quiero recibir. Pero Facebook ha llegado a unos niveles que no son los más adecuados. Hablo de demagogia política. La nueva demagogia pasa por coger datos y crear infraestructuras para que esa gente navegue encerrada. También ocurre en Twitter. Un algoritmo ve lo que te gusta y te mete en esa burbuja de la que no sales. Estaría interesante abrir la mente en cierto sentido. Recomiendo a la gente que atienda a lo que lee en internet. Que disfruten y que no den tantos datos. 

—¿Quiere destacar algo más?

—Algo que todo el mundo pasa por alto es que tenemos contenido en internet para estudiar lo que nosotros queramos. No hay que enfocarse en ir a la Universidad. Tengo un amigo programador que trabajaba como agente de seguridad privada. En un campus de Google para emprendedores cambió de profesión infectado por la atmósfera de emprender. La universidad aporta fundamento, pero con la pasión puedes llegar lejos gracias a las opciones de internet. En grandes empresas, según me contaban el otro día desde Google y Red Hat, hay trabajadores con carreras y otros que tienen FP o que no han cursado grados. Sacar la mejor nota no es lo más deseable, sino tener pasión. No hay mejor época que ahora para ser autodidacta. 

Fotos y vídeo: Esperanza Calzado

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