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HISTORIA DE UNA ÓPERA PRIMA

Por Esperanza Calzado - Febrero 12, 2017
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Sillas que se arrastran, móviles que se apagan, bromas de compañeros, instrumentos que se afinan. Levanta la batuta y en menos de un segundo, la sala enmudece. Se entonan los primeros compases de un pasodoble. Suena la historia de Martos. Empieza la función.

—Cuando la gente nos ve en concierto no se puede ni imaginar el trabajo que hay detrás.

Documentación, labor administrativa, limpieza, sastrería, contabilidad y un largo etcétera. Sin contar los ensayos. Es el día a día de los músicos, una de las profesiones más bellas pero también de las más sacrificadas. Ya sea en un grupo de rock o en una banda, tiempo es lo que se necesita para dedicarse a este noble arte. Y tiempo es lo que José Maestro le ha regalado estos últimos 38 años a uno de los sellos de identidad de Martos: la Banda Maestro Soler.

 José Maestro durante uno de los ensayos. Foto: Juan Carlos Fernández
José Maestro durante uno de los ensayos. Foto: Juan Carlos Fernández

Con las corcheas en el ADN, Pepe, como todo el mundo le conoce, es parte de la historia de la Ciudad de la Peña. Por sus venas corre el legado de Joaquín Soler Marín. Su esencia está impregnada de las lecciones del gran Juan Aranda.

—Era mi maestro, pero en el sentido más amplio del término.

Aranda fue quien, allá por 1979, hizo resurgir a la banda de sus cenizas, cual Ave Fénix. A su lado estaba un jovencísimo José Maestro. Un chico que quería tocar la flauta, como su padre. A lo sumo, la trompeta o el saxofón. Pero que, por consejo del que peina canas, se adentró en el clarinete.

—Éramos muy jóvenes. Fue mi padre musical. Me lo enseñó todo.

Y cuando dice todo, quiere decir Todo en mayúsculas. Aprendió las posiciones, a leer una partitura, a afinar un instrumento. Pero también lo más importante, valores. La nostalgia le invade al comprobar que hoy en día quedan pocos maestros como él. "Me inculcó la afición y el amor a la música. Pero no solo eso. Sino otras cosas que van más allá. Tenía una personalidad tan fuerte que te influenciaba en todos los aspectos de la vida". Y con esa pasión y cátedra se fraguó la ópera prima de José Maestro, director de la Banda Maestro Soler desde hace treinta años.

 José Maestro, rodeado de instrumentos. Foto: Juan Carlos Fernández.
José Maestro, rodeado de instrumentos. Foto: Juan Carlos Fernández.

EL MIEDO ESCÉNICO

—¿Cómo fue el día que le dijeron que tenía que sustituir a Juan Aranda?

¡Uff! Una simple onomatopeya lo dice todo. Se había puesto al frente del equipo en alguna ocasión, sobre todo cuando la enfermedad hacía mella en su antecesor. Pero ni por asomo estaba preparado psicológica y profesionalmente para coger la batuta. Lo reconoce él mismo. El tiempo le ha quitado la razón y ha demostrado que Juan Aranda supo escoger.

—Se me vino el mundo encima. Fue mucho trabajo al principio porque yo no tenía experiencia alguna. Era muy joven.

Poco a poco se ha ido formando y los años se han convertido en su mejor partitura. No ha sido fácil. Ha tenido que renunciar a muchas cosas, incluso a una carrera profesional.

—Me quedé en mi casa, con mi familia, en mi pueblo, y no he tenido más aspiraciones. Con esto estaba y estoy totalmente realizado.

Y no se arrepiente. Como tampoco de las miles y miles de horas que ha depositado en esta profesión. Porque si algo tiene claro Maestro es que para ser músico, por muchas cualidades innatas con las que se nazcan, si no le dedicas tiempo, no se llega a nada.

 José Maestro, director de la Banda Maestro Soler. Fotos y vídeo: Juan Carlos Fernández.
José Maestro, director de la Banda Maestro Soler. Fotos y vídeo: Juan Carlos Fernández.

Un instrumento requiere mucha dedicación. Hay personas que tienen más cualidades que otras, más oído o más sentido del ritmo. Pero la música también se estudia, se trabaja. Por eso, aquel que no tenga cualidades pero que sea muy constante y trabajador puede llegar a ser uno de los grandes. Lo defiende a capa y espada.

—Hay que ser constante, vencer los malos momentos y no tirar la toalla. Si te gusta, las horas que dedicas no son un martirio.

Por eso, la Banda Maestro Soler no se entiende sin la Escuela de Música, que se fraguó incluso antes. Cuando se formó, Pepe y sus compañeros estuvieron dos o tres años aprendiendo.

—La creamos de la nada. Éramos todos nuevos. Y en una banda amateur como esta si no tuviéramos escuela sería imposible.

Corría el año 1979. Casi cuatro décadas después, de aquella primera formación solo quedan dos músicos en activo. Gracias a la escuela, a sus sesenta alumnos y a las ayudas del Ayuntamiento, se puede afirmar que el futuro está garantizado. No solo por la cuna de profesionales que de ella sale: desde los ocho años, con los estudios reglados, o desde los cinco, con los experimentales, están haciendo cantera. Sino por los lazos de amistad que se crean. Son una familia. Una gran unión que tiene por bandera viajar por España para dejar el nombre de Martos en lo más alto.

—Es una gran responsabilidad, pero nos gusta. Estamos muy orgullosos del cariño que nos profesan los marteños.

Y no es para menos. No todo el mundo puede llevar a gala ser hermanos honoríficos de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús y contar con un detalle tan significativo como que la Virgen de los Dolores, en su palio, lleve grabado el escudo de Maestro Soler.

UNA MIRADA AL PASADO

 Banda Maestro Soler. Foto: Juan Carlos Fernández.
Banda Maestro Soler. Foto: Juan Carlos Fernández.

Como un padre que no puede decantarse por uno de sus hijos, para José Maestro es imposible quedarse con un hito histórico de la banda.

—Han sido 38 años y son innumerables.

En un esfuerzo, se atreve a mencionar el Ciclo de Conciertos de Otoño o el Certamen Maestro Álvarez Alonso que se celebra todos los años. Es un momento muy emotivo. Se prepara con mucho mimo, lo mismo que las actuaciones de Santa Cecilia. El 25 aniversario y la publicación del libro del siglo de historia de las bandas de música en Martos también le viene a la mente; lo mismo que los dos discos que han grabado.

Poco a poco se suelta. Evoca el hermanamiento con la banda de Cartagena, primero por el centenario de la composición del pasodoble Suspiros de España y, luego, por el centenario de la muerte del Maestro Álvarez, al año siguiente.

—Son muchas vivencias, mucha gente, muchos amigos.

La ópera prima ya está terminada. Ahora vienen los retos de futuro. El más inmediato e importante, la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento del Maestro Álvarez. Se han recuperado algunas de las partituras que estaban en los archivos de Madrid, como por ejemplo La Marcha Solemne. La estrenarán el Día de Andalucía. A lo largo del año se realizarán actividades, como una exposición o un concierto extraordinario. Pero no es tiempo de adelantar acontecimientos. Es tiempo de disfrutar de lo logrado, de la ópera prima.

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