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La insoportable 'levedad' del ser

Por Diego Hurtado - Febrero 13, 2021
La insoportable 'levedad' del ser
Imagen de recurso.

“Muy incómodo, molesto y enfadoso”. Así define la RAE el concepto de insoportable.

Respecto a la levedad, la Academia establece para este término la definición: “Inconstancia de ánimo y ligereza de las cosas”. Respecto al ser, se emplea para “afirmar del sujeto lo que significa el atributo”.

Después de hacer pasar ante nuestros ojos la película, aún sin finalizar dado su más que largo metraje, vivida desde el pasado mes de marzo con la pandemia originada por el Covid-19 y que se ha rodado en casi todos los escenarios de nuestro planeta, valga el título de la magnífica novela del escritor checo Milan Kundera escrita en 1984 y que tiene como telón de fondo la invasión rusa de la actual república checa, para detenernos en el significado del atributo “levedad” y, en un ejercicio de imaginación, colgarlo como etiqueta en un gran número de personajes que, en mi opinión, nos ha tocado vivir y sufrir por todos los confines, posiblemente, sin escaparse ninguno.

El escritor canario Luis León Barreto, nacido por cierto en el bellísimo pueblo de la isla de La Palma (“la isla bonita”), Los Llanos de Aridane, en un brillante artículo publicado en 2019, sin aún predecir ni atisbar la llegada de esta terrible pandemia que estamos viviendo, decía textualmente en alusión a la novela que lleva el mismo título que este artículo: “Vivimos una sola vida, una sola vez, y muchas veces la asumimos tan aturdidos que resulta muy fácil cometer errores.” e hizo uso de esta reflexión para llegar a una tajante y particular afirmación: “por todas partes crecen las acechanzas, y puede que estemos viviendo uno de los momentos peores de la historia reciente de la humanidad”.

Parece oportuno trasladar al momento actual, en plena crisis sanitaria y política que se está viviendo de forma casi generalizada, otra reflexión de este escritor canario que, al menos, provoca que nos detengamos a analizarla y sacar nuestras propias conclusiones.

Escribe: «Además, la levedad de nuestros mediocres políticos queda en evidencia cuando se ponen a hablar de esto y de aquello. A falta de verdaderas argumentaciones, la manifiesta levedad de la política adopta recursos teatrales, golpes de efecto, guiños. ¿Quiénes les asesoran para que el esperpento nacional haya llegado a tamañas proporciones?...».

Posiblemente, fuera una predicción de lo que estamos contemplando y viviendo por toda la geografía mundial. La levedad del ser, de los seres que en estos momentos tan críticos rigen las vidas y destinos de toda la humanidad y cuando no basta con la buena voluntad sino que se necesitan otros atributos y capacidades distintas a las que hoy parecen estar de moda, tales como superficialidad en el análisis o depuradas técnicas de marketing en la presentación de la imagen.

Esta levedad produce, inevitablemente, la irrupción de un término o atributo que hoy prolifera a doquier por todos o casi todos los rincones del mundo, cual es “malestar” y que, como una densa mancha de aceite se está extendiendo de forma preocupante y que ha de tenerse muy en cuenta para evitar “manchas” irreparables en el tejido mundial.

De hecho este "malestar" arranca de forma imparable desde la crisis económica de 2008 y ha ido creciendo, a mayor o menor velocidad, por causa de los escándalos de corrupción política que no cesan de salir a la luz y que hacen que cualquier mortal con un mínimo de sensibilidad se sienta, por lo menos, incómodo ante la inmoralidad de los cargos públicos o ante la injusticia, la pobreza o la desigualdad, por lo que no es nada sorprendente que surja una reacción perfectamente natural y socialmente sana en un amplio segmento de la sociedad mundial.

También, esto ha provocado que hayan surgido, o resurgido, diversas corrientes políticas y sociales con ánimo de aprovecharse, para sus propios intereses, de ese malestar para autoconvertirse en “salvadores del mundo” y creerse en poder de la solución a todos los problemas aparte de obtener evidentes réditos electorales o de posicionamiento de sus particulares intereses y objetivos.

Estas corrientes, de forma evidente, están utilizando ese “malestar” que provoca la “levedad” de la capacidad de los seres que en estos tiempos están al frente de planteamientos, estrategias y decisiones que afectan, de una manera y de otra también, a cuantos habitamos en este planeta, dando muestras evidentes de incapacidad para encontrar soluciones a problemas que están ahí mismo y no se pueden obviar. Posiblemente, lo intenten y procuren, pero, si en términos matemáticos dos más dos son cuatro, en este caso, la buena voluntad y la intención, por sí solas, no dan como resultado “efectividad” y “acierto” para obtener los resultados y soluciones deseables.

Mas no culpemos de manera exclusiva a quienes, al menos en los países calificados como “democráticos”, hemos y estamos sosteniendo en el poder, pues alguna responsabilidad hemos de tener nosotros mismos, los ciudadanos que les hemos votado y en los que está cundiendo el hastío y la desesperanza hasta llegar a una preocupante indiferencia y hasta un posible abandono de nuestra propia responsabilidad.

La 'insoportable levedad del ser' es obvio que no es exclusiva solo de la clase política dirigente, sino que, también, de muchos que, por todos los confines del mundo, constituyen la llamada ciudadanía, a veces, ciertamente silenciosa.

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