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LA LUZ DE LOS SILENCIADOS

LA LUZ DE LOS SILENCIADOS

Por Javier Esturillo - Mayo 19, 2018

Hace un día de perros en Jaén. La lluvia cae con fuerza en la capital. El viento azota las ramas de los olivos que rodean el asentamiento de rumanos del Polígono de los Olivares. Un grupo de voluntarios, encabezado por María Jesús Aragón, se prepara para salir de la sede de Cruz Roja, en la jiennense Ronda del Valle. Su misión es ayudar a las personas en situación de vulnerabilidad que habitan entre chabolas y chatarra. Llevan comida, mantas, ropa de abrigo, productos higiénicos y una gran dosis de empatia. María Jesús Aragón, a la que todos la conocen como M. J., despliega una enorme sonrisa nada más pisar el asentamiento. Ya la conocen. Entre ella y los rumanos existe confianza y complicidad, por lo que la comunicación es fluida. Luis Moral, otro de los componentes del equipo, se encarga de la logística y de repartir el material entre los habitantes del improvisado poblado levantado en el olivar. Lo conforman estructuras construidas con elementos endebles, arrebatados de los contenedores. 'Hogares' sin luz, agua corriente y red de saneamiento, en los que se acumulan cristales, desperdicios, trozos de metal de desecho y ropa vieja.

 Equipo de asentamientos de Cruz Roja Jaén.
Equipo de asentamientos de Cruz Roja Jaén.

Cruz Roja Jaén lleva a cabo, desde hace unos años, el programa de atención a personas vulnerables en asentamientos. El objetivo es claro: cubrir las necesidades más básicas de personas —principalmente extranjeros— que se concentran en zonas y lugares en condiciones de habitabilidad precarias y con alto riesgo de ocasionar grandes deficiencias personales, sociales y sanitarias. Su actividad aumenta de manera considerable durante la campaña de recogida de aceituna. El desembarco masivo de inmigrantes, en su mayoría subsaharianos, en la provincia provoca la aparición de numerosos poblados improvisados diseminados por los alrededores de los municipios olivareros. Todos llegan con sus casas a cuestas, en busca de una oportunidad de empleo. No suelen acudir a los servicios sociales, por lo que la única ayuda que reciben es de Cruz Roja u otras onegés que trabajen por la zona. En la mayoría de los asentamientos se suceden los palés, puertas y muebles reutilizados y los cartones que sirven para levantar sus tiendas de campaña, algunas techadas con plásticos y toldos. Entre ellas, hay mesas y sillas repletas de utensilios y chozas de madera que hacen de cocina colectiva. Una combinación de construcciones efímeras a las que se suman colchones, mantas, chatarra y acumulaciones de residuos. Lugares invisibles para la gran mayoría de la sociedad pero no para el programa 'Asentamientos' de Cruz Roja, financiado anualmente por el Gobierno.

"No es una vida nada fácil", resume M. J., una abogada jiennense a la que la solidaridad le brota por todos los poros de su cuerpo, al igual que al resto del equipo. Habla con la naturalidad de una mujer curtida en mil batallas, pero a la que todavía se le encoge el corazón con cada una de las historias que encierran las personas que atiende. Hombres y mujeres que arriesgan sus vidas persiguiendo un sueño. M. J. abandonó Madrid para regresar a su tierra con la vocación de tender la mano a los más necesitados. Tras formarse, se integró en el grupo que hoy lidera y que trabaja como una auténtica familia. Dice sentirse satisfecha de la labor que realiza, aunque no siempre consiga su objetivo.

Durante la campaña de aceituna se atendieron 32 asentamientos —2.000 inmigrantes en total—, pero fuera de ella la aparición de estas infraviviendas suele ser poco habitual en la provincia. Los únicos poblados chabolistas de extranjeros que persisten de forma prolongada son de familias de origen rumano, principalmente de etnia gitana, y están ubicados en la capital, en concreto en la zona norte, al final del Bulevar. A pesar de ser ciudadanos comunitarios de pleno derecho para el mercado laboral y poder circular libremente por Europa, son nómadas a la búsqueda de un futuro mejor. El problema es que no resulta nada sencillo salir del asentamiento. Solo una familia ha logrado instalarse en un piso. El resto continúa en el poblado. Se dedican a recoger chatarra, rebuscar en los contenedores o a la mendicidad. Cruz Roja es su halo de esperanza. La intención es socorrerlos en cuanto a las necesidades más básicas, que va acompañado de un kit para que puedan lidiar con las inclemencias meteorológicas: sacos de dormir, abrigos, chubasqueros, mantas y colchonetas. Además, reciben atención sanitaria. "No es una solución definitiva pero al menos les sirve para salir adelante", apunta Miguel Ángel Jaén Delgado, coordinador de Cruz Roja. "Son personas sin trabajo y con medios de vida cada vez más escasos. Se les informa de la cobertura social básica de la que pueden disponer y se les presta la ayuda necesaria", apostilla.

Gracias a esta organización, disponen de lo más básico, pero también de asesoramiento jurídico y asistencia social para su acceso normalizado a los recursos mediante derivación, acompañamiento y mediación, según sea necesario. Sin embargo, lo que más agradecen es que alguien les escuche. Ese apoyo psicológico de vital importancia en una situación de extrema vulnerabilidad. María Eugenia Castro es la responsable de Socorros y Emergencias Cruz Roja Jaén. Conoce a la perfección el trabajo que desarrolla el equipo de asentamientos. "Los voluntarios son los verdaderos artífices y protagonistas de este programa. Su labor no tiene precio y, sobre todo, el cariño con el que la realizan", destaca. Ellos —los voluntarios—, en cambio, mininizan ese halago. Quizá porque la solidaridad la tienen interiorizada. Ramón Rojas llegó al equipo con dudas. Era su primera experiencia de este tipo en una onegé. Encajó como anillo al dedo en el equipo y, cada día que pasa, se siente más realizado con lo que hace hasta tal punto de que cuenta las horas para salir de 'batida' para detectar posibles asentamientos, donde pueden llegar a coexistir minorías étnicas, inmigrantes en situación irregular, temporeros sin alternativas de alojamiento, personas afectadas por enfermedades, discapacidades o en paro. El denominador común es la pobreza y la exclusión social.

 Luis Moral, encargado de logística.
Luis Moral, encargado de logística.

Jaén es una provincia solidaria y así lo atestiguan los datos. Son pocas las quejas o denuncias que se reciben por los asentamientos, comunas en las que sus propios habitantes tratan de abstraerse de lo que sucede a su alrededor. No obstante, no siempre ha sido así. En el verano de 2014, allá por el mes de junio, comenzaron a proliferar las chabolas y chozas en unos terrenos de titularidad privada ubicados en la zona norte de la ciudad. Los vecinos, del cercano barrio de Expansión, protestaron por la existencia de un emergente poblado chabolista que ya estaba causando algunos problemas de convivencia. Las autoridades decidieron actuar con prudencia y cautela para el desalojo de este grupo de personas en el que había varios menores. Medió la Policía Local y, tras ponerle en conocimiento que estaban ocupando un terreno privado de formal ilegal, el desmantelamiento se llevó a cabo sin ningún tipo de incidentes. El pasado 31 de enero, entre cuatro y seis chabolas del asentamiento ubicado junto a la Ronda de los Olivares quedaron completamente calcinadas en un incendio ocurrido sobre las siete de la tarde. Por fortuna, no hubo que lamentar daños personales. Son los dos incidentes más graves ocurridos hasta la fecha en la capital vinculados a los poblados chabolistas habitados por rumanos. La tónica general es de calma y normalidad. En buena parte por el trabajo de Cruz Roja, que más allá de repartir comida y materiales de higiene, realiza talleres, seguimiento y acompañamiento en las distintas fases de necesidad por las que puedan pasar las familias a lo largo de su participación como usuarios en la iniciativa. Al final se acaba creando un vínculo.

FOTOS: Carmen Copado y Cruz Roja Jaén

VÍDEO: Carmen Copado

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