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LA OTRA PANDEMIA

LA OTRA PANDEMIA

Por Esperanza Calzado - Febrero 13, 2021
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Las cifras que confirman el impacto de la Covid sobre la salud mental tanto en adultos como en menores. Angustia, estrés, ansiedad, confinamiento, preocupaciones económicas, temor al contagio... y una larga lista de sensaciones conforma "la otra pandemia" de la que se habla pero sobre la que no se actúa

El 36 por ciento de los españoles considera que la pandemia del Covid-19 está afectando negativamente a su salud mental. La ansiedad derivada de la permanencia en casa por los confinamientos y el trabajo remoto es cada vez mayor, hasta tal punto de que ha disparado los sentimientos de soledad a niveles preocupantes. Entidades como VisionDirect han llevado a cabo encuestas que certifican que el 54% de los españoles nota una mayor ansiedad y aislamiento. Tanto es así, que el 43% tienen la certeza de que su bienestar y su salud mental se verán perjudicados al continuar la situación en 2021. Es la otra pandemia.

Esta es sólo una de las muchas cifras que confirman el impacto de este año sobre la salud mental. La Covid-19 está provocando un incremento de la demanda de servicios destinados a tratar estas enfermedades. El duelo, el ‎aislamiento, la pérdida de ingresos y el miedo están generando o agravando trastornos de salud mental. ‎Muchas personas han aumentado su consumo de alcohol o drogas y sufren crecientes problemas de insomnio ‎y ansiedad. Por otro lado, la misma Covid-19 puede traer consigo complicaciones neurológicas y mentales, ‎como estados delirantes, agitación o accidentes cerebrovasculares. Las personas que padecen trastornos ‎mentales, neurológicos o derivados del consumo de drogas también son más vulnerables a la infección del ‎SARS-CoV-2 y podrían estar expuestos a un mayor riesgo de enfermedad grave e incluso de muerte.‎

‎"Una buena salud mental es absolutamente fundamental para la salud y el bienestar en general", dijo el doctor ‎Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. Asegura que el coronavirus ha ‎venido a interrumpir la atención prestada por los servicios de salud mental esenciales de todo el mundo justo ‎cuando más se los necesitaba. "Los dirigentes mundiales deben actuar con rapidez y determinación para invertir ‎más en programas de salud mental que salven vidas, mientras dure la pandemia y con posterioridad a ella", advirtió a finales del año pasado.‎

—Lo que más nos encontramos es un aumento de sintomatologia depresiva debido a la incertidumbre, el agotamiento mental, la ansiedad y las fobias sociales que estamos generando.

Raquel Salido, psicóloga con dos décadas de experiencia, trabaja en el centro Evolución, Clínica de Rehabilitación de Adicciones y Superación Personal de Jaén capital. Reconoce que los efectos del coronavirus son muchos y múltiples. No sólo ese cansancio ya bautizado como "agotamiento pandémico", sino otros que pasan desapercibidos como pueden ser los problemas de pareja como consecuencia, por ejemplo, del aumento de la irritabilidad y la imposibilidad de "descargar" emociones con otras personas. Sin embargo, ella pone el acento y la atención en el colectivo del que poco se habla: los menores.

La Covid-19 directamente ha cambiado, y sigue modificando, la forma de vivir y de relacionarse. 

—Para un niño, un año es mucho más que 12 meses. Para algunos, incluso, puede ser la mitad de su vida.

Los menores se están criando con sus progenitores, sociabilizando mucho menos, saliendo menos a la calle y ejercitándose menos. Para menores de dos o tres años, el encierro supone un tercio de su vida, que se dice pronto. Esta nueva manera de vivir hace que empiecen a presentar síntomas de alerta como ser más retraídos. Se están acostumbrando a tener a la familia lejos, a no jugar con los abuelos ni con otros niños, a excepción de cuando van al colegio. 

—Sus vidas han cambiado de golpe. 

Un estudio elaborado por la Universidad de Almería con menores y adolescentes de 3 a 18 años con la intención de dar luz a los síntomas emocionales y conductuales que experimentaban, detectan estos efectos de la pandemia. Participaron 1.143 padres de 94 ciudades italianas y 87 españolas. Los resultados arrojaron que 8 de cada 10 niños tenía síntomas. El más común era dificultad de concentración (77%), seguido de aburrimiento (52%), irritabilidad e inquietud (39%), preocupación y discusión familiar (30%) y dependencia de los padres y ansiedad (28%). 

El informe también contempla otros aspectos como por ejemplo el uso de pantallas. Se sitúa en más de 90 minutos en el 73 por ciento de los casos, 15 puntos más que antes del confinamiento. Es un un dato que el estudio relacionó con un descenso en la actividad física. 

En cuanto a las diferencias experimentadas según la edad, los niños y niñas de preescolar estaban más nerviosos, inquietos, más dependientes de sus padres y presentaron más problemas de conducta (rabietas). Por su parte, los escolares tuvieron más dificultades para concentrarse y más discusiones con la familia; mientras que los adolescentes estaban más preocupados por la infección.

Más datos. El Patronato de Políticas Sociales de Jaén realizó, en 2020, el seguimiento de 415 menores, a los que se ha prestado atención psicosocial. A los servicios de atención a la infancia de la Concejalía, en El Valle, San Felipe, Peñamefécit y La Magdalena, acudieron el pasado año 158 niños y niñas. En el caso de las campañas de prevención y control del absentismo han llegado a 238 menores durante 2020.   

Y es que, poco a poco se detectan alteraciones en el comportamiento, cansancio, aumento de peso y problemas de sueño. ¿Y los adolescentes? Un equipo multidisciplinar de investigadores de la Universidad de Jaén trabajó el año pasado en el desarrollo del proyecto "Esperanzados: EStudio PrEvención indicada en jóvenes paRA avaNZAr en la salud y bienestar emocional de los confirmaDOS por CoVid19", que encabeza Luis Joaquín García López, catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. El objetivo era implantar estrategias para reducir la ansiedad, la depresión o el malestar emocional que puedan ser provocados por el confinamiento y el temor a la enfermedad. Así, el objetivo es ayudar a jóvenes de entre 12 y 18 años y sus familias a afrontar de forma óptima esta insólita situación derivada de la pandemia provocada por el coronavirus. Porque, tal y como destaca el investigador, "no hay salud sin salud mental y no hay futuro sin jóvenes emocionalmente sanos".

FEAFES-APAEM

Como tantos profesionales del sector, Raquel Salido comparte la opinión de que no se presta la atención debida a la salud mental. Las administraciones están enfocadas en solucionar el problema sanitario, faltaría menos, y, después, la crisis económica. Pero parece que no paran a pensar que los niños y niñas de hoy conforman la sociedad del futuro. ¿Cómo será? Todavía hay incertidumbre, la misma que afrontan adultos a los que cada día cuesta más encontrar un motivo para levantarse.  

Pilar Jurado es psicóloga y coordinadora provincial de la Asociación Provincial de Allegados y Personas con Experiencia Propia en Enfermedad Mental "FEAFES-APAEM". Nació de la necesidad de un grupo de familias que convivían con personas con problemas de salud mental. Se necesitaba conocer más sobre la misma, informarse de recursos que pudieran existir en su comunidad, o bien informar a las instituciones de las necesidades que tenían sus familiares y ellos mismos como cuidadores. Hoy son un referente. Y en medio de un 2020 histórico y un 2021 de agotamiento, han intentando ir siempre un paso por delante. Cuenta con sedes en Jaén, Bailén, Linares, Martos y Úbeda. Son unos 280, aunque la realidad es que atienden al doble o el triple, porque ahora cada uno de ellos va con su familia, que también necesita ayuda.

—Desde el principio hemos cogido el toro por los cuernos para dar todo el apoyo posible durante el confinamiento. Seguimos haciéndolo.

Jurado confiesa que en marzo del año pasado, cuando se decretó el Estado de Alarma, se dio una situación "extraña". 

—Al principio, la gente estaba muy entera. Se lo tomó como un momento de freno, de parar al vorágine del estrés diario, de dedicarse a uno mismo a la familia que tienes en casa. Pero claro, la gente se pensaba que en quince días el problema iba a estar superado.

Nada más lejos de la realidad. Pilar Jurado recuerda que la enfermedad mental en sí hace que la persona tienda a aislarse. Con los programas que la asociación llevaba a cabo en sus centros, estos enfermos más graves encontraban un motivo para salir, se relacionaban con los demás... El confinamiento rompió ese progreso.

—Empezamos a trabajar de manera virtual, pero no es lo mismo porque es difícil sociabilizar desde casa. 

Y es que para ellos, esta pandemia ha hecho que encontrar un motivo para salir de casa se convierta en una cuesta mucho más empinada de lo que era antes. A ello se le suma que las familias también se han sobrecargado con los cuidados, lo que ha elevado el malestar emocional de todos y disparado los niveles de estrés y ansiedad. Todos ellos síntomas que crecen conforme avanzan los meses como consecuencia de la bautizada como fatiga pandémica. 

¿Qué ha cambiado para FEAFES-APAEM? La coordinadora reconoce que ahora las familias demandan mucha más atención, no sólo el paciente, sino quienes conviven con él. Han hecho uso de los teléfonos para ponerse en contacto con ellos y pedir ayuda a cualquier hora y los siete días a la semana. Aunque la asociación ya ha vuelto a prestar atención presencial, algunos no acuden por el miedo de contagiarse o por las fobias adquiridas. 

FALTA DE RECURSOS 

España es uno de los países europeos con menos recursos sanitarios públicos destinados a la salud mental. Cuenta con seis psicólogos y psiquiatras por cada 100.000 habitantes, cuando la media europea está en 18, de acuerdo con los datos facilitados por la asociación. Esta falta de profesionales provoca otro efecto al que tampoco se presta atención.

¿Qué pasa con aquellos que tardan en acceder al sistema y no pueden permitirse un profesional privado? Como ocurre con la brecha digital, las familias con menos recursos no pueden abonar una terapia y, quizás son las que más lo necesitan. Porque no es lo mismo estar confinado en un piso de 50 metros cuadrados que en una casa con jardín. No es igual poder hacer vídeollamadas con familiares, que no tener internet... Y así un largo etcétera de cómo la recesión económica también influye en la salud mental.

—Todos estos problemas no son nuevos. La salud mental siempre ha sido la hermana pobre de las discapacidades, solo que cada vez se evidencia más.

 

CUIDAR A LOS QUE CUIDAN

De esta 'otra pandemia' escapan pocos. Ni los propios sanitarios están exentos, sino más bien todo lo contrario. ¿Cuánto han tenido que ver y padecer? El Área Sanitaria Nordeste de Jaén mantiene la atención psicológica para profesionales del sector que atienden a pacientes frente al Covid-19. A este fin, se dispuso durante la primera ola pandémica una línea de atención telefónica para reducir el impacto que el coronavirus ejercía, y ejerce, en la salud mental de los profesionales.

Entre las medidas se encuentra la atención inmediata, bien presencialmente, en la segunda planta del Centro de Salud ‘Virgen de Gavellar’, o bien por teléfono. Está pensado para los profesionales del área, para el abordaje de intervención en crisis, desarrollo de estrategias para el manejo de la ansiedad, o tratamiento psicofarmacológico en caso de ser necesario. Porque tan importante es cuidar a los demás, como a uno mismo.

—De esta manera, los psicólogos clínicos y psiquiatras de Salud Mental pueden proporcionan apoyo, orientación, y ayuda para mejorar el afrontamiento de la situación que en estos momentos están viviendo nuestros profesionales, así como prestar asistencia a su repercusión emocional. 

Lo explica el director gerente del Área Sanitaria Nordeste de Jaén, Jesús de la Paz. A este respecto, agradece "la intensa y ejemplar labor de que están realizando los profesionales frente a esta pandemia".

Y A LA POSTRE, EL TIEMPO

Estudios hay tantos como verduras, frutas y hortalizas en el mercado. Dejando a un lado las condiciones especiales de la pandemia que a todos nos influyen de un modo u otro, lo cierto es que el frío, las estaciones y las condiciones climatológicas también afectan física y psicológicamente. Aunque a algunos más que a otros, y son los llamados “meteosensibles”. Porque si fuera poco el año de pandemia, afrontar 2021 con 'Filomena' y un reguero posterior de borrasca, agrava el problema, aunque algunos no le presten atención.

La web especialista en empleo Jobatus ha realizado un estudio en el que se encuestaron 1.283 trabajadores para saber si notaban cambios en su estado de ánimo en las distintas estaciones. El resultado es concluyente. El 91% de los encuestados reconoció que se sentía más “triste y apagado” durante los meses de invierno y más “alegre y animado” en los meses de verano. Lo que todos sabemos, llavado a las estadísticas. Pero lo que es más destacado es que el 78% de los participantes del estudio afirmó que este año se había sentido más decaído aún que años anteriores a la llegada del frío. Y esto sin duda, es debido a la pandemia.

Todo esto tiene su explicación científica. Uno de los síndromes que ya se ha demostrado es el Trastorno Afectivo Estacional (TAE), que es debido a la falta de luz solar durante estos meses. Los niveles de melatonina aumentan y los de serotonina disminuyen. El resultado es este fenómeno más conocido coloquialmente como “la depresión de invierno”. Este trastorno afecta a más de 12 millones de personas que viven alejadas de la línea del ecuador y por tanto viven las estaciones frías con los días más cortos.

CONSEJOS

¿Qué se puede hacer? ¿Hay rutinas, técnicas o maneras de intentar frenar un momento de ansiedad? ¿Cómo salir de del bucle en el que se enreda la mente en un momento de 'bajón'?. Existen herramientas al alcance de todos y de tan evidentes, no se emplean. Porque el recurso es acudir a la medicación, la comida, la bebida o cualquier otro tipo de adicción que ofrezca un placer momentáneo que alivie la angustia. Pero hay otras fórmulas. 

Pilar Jurado apunta a herramientas de relajación con técnicas como el mindfulness. Pero la base de todo es cambiar las relaciones, salir del aislamiento. Por eso, en momentos de crisis es importante echar mano a la agenda del teléfono y pedir ayuda a aquellos con quien se tiene confianza. 

Raquel Salido recomienda, por ejemplo, no perder de vista la práctica deportiva. Al ejercitarse el cuerpo se liberan endorfinas, también conocidas como hormonas de la felicidad, lo que aporta al sistema una sensación general de bienestar. Es importante intentar huir del sofá, del sedentarismo e, incluso, de la sobreexposición a la información y a los medios de comunicación. Y uno de los puntos más eficaces es pedir ayuda, tener apoyo social, hablar, tratar estas angustias como algo normal. Porque la salud mental no debe, no puede, ser un tabú.

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