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LOS 'EPISODIOS JIENNENSES' DE BENITO PÉREZ GALDÓS

LOS 'EPISODIOS JIENNENSES' DE BENITO PÉREZ GALDÓS

Por Javier Cano - Diciembre 05, 2020

Jaén también tiene algo que decir en el Año Galdós, antes de que la efeméride pase a la historia. En el primer centenario de la muerte del gran novelista, Lacontradejaén indaga en su relación personal y literaria con la provincia a partir de su rastro en el mar de olivos

Además de por el coronavirus y sus desastres, 2020 será recordado como el del primer centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 1843-Madrid, 1920), uno de esos colosos de las letras españolas cuya biografía suscita un interés parejo al que se le profesa a su monumental obra, paradigma del Realismo literario.  

Publicaciones, mesas redondas, estudios, congresos, conferencias, programas de radio y televisión, cientos de páginas en suplementos de prensa... Los actos en torno al escritor canario (también desde la UJA y la UNED en su sede jiennense) han poblado, pueblan y seguirán poblando la vida cultural lo que queda de año, por más que la pandemia le haya puesto palos en las ruedas a una agenda nacional volcada en celebrar su producción y su figura.

 Pérez Galdós, inmortalizado por el santistebeño Jacinto Higueras Cátedra.
Pérez Galdós, inmortalizado por el santistebeño Jacinto Higueras Cátedra.

Una conmemoración a la que Jaén, si no profusamente, también tiene algo que aportar, desde el rastro humano del autor de Fortunata y Jacinta en sus calles hasta el reflejo del mar de olivos en su bibliografía, pasando por el influjo de este creador que alguno de los novelistas más reconocidos de la provincia reconoce en su propia escritura. O lo que es lo mismo: los 'episodios jiennenses' de Galdós.

VISITA A JAÉN EN 1906

Un mes de diciembre como este, pero de hace casi ciento catorce años, Jaén acogió a un sesentón Benito Pérez Galdós, de paseo por estas tierras. 

Venía cargado de prestigio, académico ya de la Lengua, con algunas de las obras más celebradas de la literatura española a sus espaldas como equipaje: ahí están Marianela, Miau, Tristana, Misericordia, El Abuelo o los mismísimos Episodios Nacionales, que hacían del canario un verdadero monumento viviente, una estatua inquieta adelanto de las que, años más tarde, le rendirían tributo multiplicadas por la piel de toro.

¿El motivo de su visita? Como tantas cosas de entre las que sacaban de su rutina provinciana a Jaén, la presencia del creador de Electra tuvo un "simpático" responsable, por definirlo con palabras de su coetáneo el maestro Cazabán: Manuel Ruiz Córdoba, (Jaén, 1877-1947).

Sí, el que fuera diputado a Cortes, alcalde, presidente de la Diputación, propietario del cerro y Castillo de Santa Catalina (por citar solo una de sus emblemáticas posesiones) y, según los que lo conocieron, irrepetible personaje jaenés, tiró de don de gentes y, una vez más, 'vendió' las bondades de su tierra.

En esta ocasión a un Galdós que, persuadido por el legendario Manolito Ruiz, se dejaría caer por la capital del Santo Reino un 26 de diciembre de 1906.

 El popular Manolito Ruiz, en un día de caza.
El popular Manolito Ruiz, en un día de caza.

De cómo se gestó esta ilustre visita da cuenta el recordado Manuel Caballero Venzalá (Martos, 1925-Jaén, 1995) en su libro Semblantes en la niebla. Una historia de lo más castiza que, como relata el investigador marteño, tuvo lugar en una boda de postín que si no gestó otro enlace (como afirma la tradición), sí que alumbró el encuentro físico entre Jaén y el protagonista de este reportaje.

Ruiz Córdoba, entre su legión de amigos, mantenía una relación entrañable con el califa del toreo Rafael González 'Machaquito' (Córdoba, 1880-1955), recordado por los taurinos por su destreza con el estoque y, por otro tipo de 'aficionados', gracias al anís al que da nombre desde finales del XIX. 

Tan estrecha era la amistad entre el jiennense y el cordobés que el matador no dudó en acompañar a su íntimo en su último paseo por las calles de la ciudad aquel 10 de septiembre de su entierro, como recuerdan las viejas crónicas de la prensa local.

Mucho antes de ese gesto postrero de camaradería, Machaquito contó con su compadre entre los invitados a su enlace matrimonial con Ángeles Clementson, en la murciana Cartagena. Un casorio que, ahora, protagonizaría programas del corazón dada la afluencia de personalidades que arroparon a la pareja en el comienzo de su vida en común.

Entre ellas el mismísimo Galdós, tan cercano al diestro que, incluso, firmó como testigo. Explica Caballero Venzalá que, animado por Manolito Ruiz, el escritor le prometió hacer un alto en la capital jiennense de regreso a Madrid, una vez concluidas las navidades, que el autor canario pasó junto a los González-Clementson en la Ciudad de la Mezquita. Hasta ahí llegaba la amistad de don Benito con el torero. Dicho y hecho. 

 El escritor canario con su íntimo amigo el califa del toreo Machaquito. Foto: Archivo de Javier Cano.
El escritor canario con su íntimo amigo el califa del toreo Machaquito. Foto: Archivo de Javier Cano.

DE INCÓGNITO, PERO AGASAJADO

"La visita se realizó en forma privada y de riguroso incógnito; así lo requería el ambiente de la ciudad y, más aún, así lo demandaba el talante modesto del ilustre visitante", aclara Venzalá.

Ese "ambiente de la ciudad" no era otro que el de la consternación generada por la repentina muerte del obispo Castellote y Pinazo en plena despedida de la diócesis desde uno de los púlpitos que escoltan el altar mayor de la Catedral, un suceso que sumió en luto a la población.

 El mismo día que Galdós visitaba Jaén, la ciudad despedía a su obispo. Foto: Archivo de Javier Cano.
El mismo día que Galdós visitaba Jaén, la ciudad despedía a su obispo. Foto: Archivo de Javier Cano.

Con estos mimbres no era plan de organizar festejos para agasajar al también dramaturgo pero, eso sí, Ruiz Córdoba le rodeó de figuras de la literatura, el periodismo, la política y la sociedad locales para que aquellas pocas horas en la capital dejasen el mejor de los sabores de boca en Galdós. 

Conoció el templo mayor, el Santo Rostro (y eso que era miércoles), el Castillo y el paisaje del Santo Reino desde la estatura de la fortaleza, la casería de la Vega de la Reina (propiedad de su cicerone), Fuerte del Rey y, cómo no, las instalaciones del Portalillo, el mítico 4x6=24=6x4 donde lo más granado de la ciudad tertuliaba y lo pasaba en grande junto al no menos célebre aguaducho de Petrolo.

Como curiosidad, el estupendo perchero-espejo colocado frente a la entrada de aquel inolvidable local de la Plaza de Santa María reflejó la imagen del literato y quién sabe si hasta sostuvo su paraguas y su sombrero en lo que duró la cortesía (claro mensaje para mitómanos).

Ese mismo día, seguramente cansado pero con la mirada y la memoria llenas de lugares, de rincones y del acento de Jaén, el dos veces candidato al Premio Nobel regresaba a la villa y corte en un viejo tren.

 El centenario perchero de El Portalillo, en su ubicación actual en la residencia de las Hermanitas de los Pobres de Jaén. Foto: Javier Cano
El centenario perchero de El Portalillo, en su ubicación actual en la residencia de las Hermanitas de los Pobres de Jaén. Foto: Javier Cano

DESMEMORIA EN LA CAPITAL, NO EN LA PROVINCIA

La trascendencia de Benito Pérez Galdós en la cultura española de su tiempo le granjeó el reconocimiento no solo por parte de los lectores de su vasta y aplaudida obra, sino también el de un país (en su mayoría, aunque con sonoras excepciones) orgulloso de contar con el que, para muchos, es el mejor novelista patrio después de Cervantes (el jiennense Emilio Lara, por ejemplo).

No es de extrañar entonces que la práctica totalidad de capitales de provincia y un montón de pueblos de la geografía nacional cuenten con calles, plazas u otros espacios dedicados al insigne canario. 

Sin ir más lejos, aquella visita de 1906 daría lugar a la rotulación de una popular vía urbana del barrio de San Ildefonso de Jaén (la inmemorial Arroyo) con su nombre, en cuanto Ruiz Córdoba accedió a la Alcaldía (1913-1915).

Sí, la actual (desde 1916) 'Teodoro Calvache' fue la calle Benito Pérez Galdós hasta que el Ayuntamiento de la época decidió que el ilustre pedagogo jiennense, cargado de méritos, supliera en el callejero al escritor, sin que el paso de los años haya recuperado la presencia del autor de La fontana de oro en el callejero de la ciudad. 

Un desagravio inédito hasta ahora y que concede a la capital de la provincia el dudoso honor de ser una de las pocas (por no decir la única) sin este reconocimiento hacia el paradigma del Realismo literario. Aviso para navegantes. 

Aun a riesgo de omitir alguno, cabe destacar que municipios como Linares, Andújar, Bailén (protagonista de uno de sus episodios nacionales), Mancha Real, Jódar, Begíjar, Porcuna, La Carolina, Sorihuela del Guadalimar, Alcalá la Real... sí lo incluyen en el itinerario cotidiano de su gente.

Muchos de quienes transitan actualmente por esas calles recordarán el billete que el Estado puso en circulación en 1979 con el rostro de Galdós, según el pincel del valenciano Joaquín Sorolla, inseparable de su bigote. El 'talego', como llamaban quinquis y chelis a las mil pesetas... eso sí que no se olvida.   

 El rostro de Galdós, según Sorolla, en un billete de mil pesetas.
 El rostro de Galdós, según Sorolla, en un billete de mil pesetas.

JAÉN EN LA OBRA GALDOSIANA

Imposible parangonar a Jaén con otros referentes geográficos en la obra galdosiana, Madrid verbigracia. Pero de ahí a restarle trascendencia al mar de olivos en el imaginario creativo del escritor hay un trecho, vaya que sí.

Para muestra, un botón: el ya citado Bailén, cuarta novela de la primera serie de los Episodios Nacionales, de 1873, donde Galdós escribe, con la consagrada maestría de sus treinta años de edad, acerca de la victoria del general Castaños sobre las fuerzas francesas de ocupación. 

Verdadero prodigio de descripción psicológica en el que su autor retrata minuciosamente a los protagonistas del acontecimiento.

No es que el paisanaje de aquí abunde en las páginas firmadas por el autor decimonónico, no; sin embargo, a don Benito no le fue ajena la relevancia del Santo Reino en la historia española ni ahorró presencia a la entrañable toponimia provincial en algunas de sus ejemplares producciones.

Lo recogió precisamente, en 1999, el catedrático Aurelio Valladares en un interesantísimo trabajo editado por el Instituto de Estudios Giennenses en el que, con detalle, el investigador revela nombres, figuras y espacios propios o relacionados con el mar de olivos y presentes en los libros del gran polígrafo de cuya muerte se cumple un siglo en 2020.

"Si no importante por el número y la relevancia de los personajes, al menos se hace interesante no solo porque nos revela la técnica narrativa del autor, pormenorizada y rigurosa en su proceder, sino también desde el punto de vista particular de nuestra provincia, ya que proporciona un elemento más de juicio sobre la personalidad de cada uno", advierte Valladares. 

Así, un marqués de Bedmar, el ubetense medieval Beltrán de la Cueva, San Juan de Ávila (en pleno año jubilar este curso del coronavirus), el místico fallecido en Úbeda, San Juan de la Cruz; Jorge Manrique (cuyo nacimiento cada vez tomás mayor carta de naturaleza en tierras de la sierra de Segura), el 'Dios de la madera', Martínez Montañés; Pablo de Olavide, repoblador de las Nuevas Poblaciones; otro casi seguro alcalaíno ilustre, el Arcipreste de Hita, o el cervantino pintor Orbaneja se pasean por las universales páginas del literato.

Con ellos, los villacarrillenses Antonio y Francisco de Paula Benavides, el capitalino Diego Coello de Portugal, el general tosiriano Gómez Damas, la 'perla de San Carlos' (el doctor jiennense Martínez Molina) y hasta un anónimo 'chico de Jaén' que en el madrileño café de Amato, de la calle Montera, comenta una ópera italiana.

INFLUENCIA EN LA MEJOR LITERATURA JIENNENSE

El escritor Emilio Lara (Jaén, 1968) está entre las 133 personalidades españolas a las que un conocido diario nacional preguntó recientemente por su 'biblioteca perfecta', esa que en la que el canario aparece como imprescindible según muchos de los encuestados. Y no es la primera vez:

"Hace dos años o tres nos preguntaron también por el escritor, ya muerto, que creíamos que mejor representaba lo español; yo voté por Cervantes, que quedó primero, y después por Galdós, que quedó segundo", recuerda el autor de El relojero de la Puerta del Sol, que se confiesa influenciado por el creador de Tristana.

Y es que, en sus palabras, se trata de un "escritor que, a día de hoy, se puede leer perfectamente": "Sigue siendo enormemente moderno y actual", asegura. 

Lara, novelista de éxito desde la aparición de su primer libro, La cofradía de la Armada Invencible, en 2016, participó este verano en los cursos de El Escorial con una ponencia que, precisamente, tenía al maestro como protagonista: Benito Pérez Galdós, padre de la novela histórica.

Desde su carácter de experto en la materia, Lara reconoce el influjo de don Benito en su propia obra: "Es el padre de la novela histórica y me ha influido mucho; para emparse bien del espíritu de la historia de España del XIX y del XX, mejor que acudir a veces a libros de historia hay que recurrir a él", sentencia.

Conocedor del panorama de la creación literaria, el jiennense admite que "hay algún grupo de escritores que le niegan su condición de referente de la modernidad"; sin embargo, es rotundo a la hora de expresar su opinión personal: "Es el más grande que ha tenido España en el siglo XIX y junto con Cervantes y Delibes, el otro genio de las letras españolas".

Un recorrido por la narrativa de Lara (lo asegura él mismo con poética belleza) ofrece al lector "un perfume de Galdós". Convencido, concluye: "A los jiennenses nos tiene que llenar de orgullo que un episodio nacional como Bailén esté ambientado en la provincia". No lo dice cualquiera.

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COMENTARIOS

María Dolores Martínez

María Dolores Martínez Diciembre 05, 2020

Este artículo es muy interesante, no sólo porque es imprescindible en el año del centenario de Galdós sino por la cantidad de datos que aporta a la memoria de la cultura jienense y recuerda nombres de personalidades que no debemos olvidar. Nos parece también importante recuperar una calle en el callejero para este ilustre visitante

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