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“Las aldeas estamos más desprotegidas con los apagones”

Por Fran Cano - Febrero 10, 2018
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“Las aldeas estamos más desprotegidas con los apagones”
Paqui Cano y su madre se tapan para evitar el frío por los recurrentes apagones. "Las aldeas estamos más desprotegidas", advierte la primera.

Paqui Cano, de Ventas del Carrizal, remarca los inconvenientes que tienen aún los cortes de luz en Castillo para personas mayores como su abuela

“Llevamos dos semanas con el mismo problema: la luz se va cada cinco minutos”. Habla Paqui Cano, una vecina de 25 años que reside en Ventas del Carrizal (Castillo de Locubín). Denuncia la situación que vive su familia en una casa donde hay una persona mayor, de 90 años. “Es mi abuela, y los apagones son nefastos para su salud”, subraya.

La noticia de que Endesa invertirá progresivamente medio millón de euros no tranquiliza a vecinos de Ventas del Carrizal como a Paqui Cano. Esta misma semana han vuelto a vivir los cortes. “En las aldeas estamos aún más desprotegidos. Llamé a la empresa y encima me dicen que no tienen registrada ninguna incidencia”, critica.

En la casa de Paqui son cuatro —ella, sus padres y su abuela—, y la persona que más preocupa es, por cuestiones obvias, la mujer mayor. Por más mantas que se ponga encima, precisa de un brasero que le dé calor todo el tiempo. “Le hace falta para que no le duelan los huesos”, agrega.

Las incidencias, como en el resto de casas de la aldea y de Castillo, han provocado que viva situaciones pintorescas. Una escena que se ha repetido en más de una ocasión es comer alimentos fríos ante la imposibilidad de usar el suministro eléctrico. “Al final tienes que tener todo el día las velas y las linternas a mano. Y si llegas a casa y nada calienta, pues te abres una lata de lo primero que pillas”, lamenta.

INCIDENCIAS EN LA RÁBITA Y EN CHARILLA

Los problemas con los cortes han sido también importantes en las aldeas alcalaínas de Charilla y La Rábita. Precisamente, Paqui Cano trabaja en un supermercado en esta última pedanía. Cuenta que han sufrido los efectos en los ordenadores y en el resto de aparatos con electricidad.

Al parecer, en la casa de Cano hay un problema de falta de energía que aún dificulta más contrarrestar el efecto de los apagones. “Una pieza del suministro se quemó, vino un técnico y nos dijo que es porque había demasiadas cosas enfocadas. ¡Reímos por no llorar! ¡No podemos enchufar casi nada!”, expone.

Está por ver si las futuras inversiones de la empresa acaban con los problemas en los núcleos poblaciones próximos a Castillo. “Parece que por ser aldeas siempre nos toca la peor parte”, concluye.

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