Son dos habitaciones. Antes ahí no había más que algunas cortinas rosas con polvo. Desde hace un curso esa atmósfera medio tétrica ha mutado en el proyecto más ambicioso del colegio Antonio Prieto: la primera biblioteca del centro capitalino. El espacio quiere ser el motor de una comunidad educativa con 400 alumnos y, por qué no, ampliar su influencia al barrio de Peñamefécit. Más de 2.300 títulos disponibles en esas dos salas. Y aún faltan ejemplares en las estanterías. Los carnés ya están en poder de los alumnos: la revolución lectora acaba de empezar. Leer para ser más libres.

Es jueves 15 de febrero cuando Manuel Gutiérrez, director del colegio, apura la coordinación de una actividad en el Mercado de Peñamefécit: alumnos pintan un mural para darle color y vida a la instalación municipal.

La actividad supone sacar a los estudiantes de las aulas para que el impacto de la práctica haga buena la teoría. ¿Qué potencial tiene la biblioteca? ¿Es posible que dos salas llenas de libros para estudiantes de Infantil y Primaria cambien algo en un barrio humilde? Quizá hace falta tiempo.

Convencidos de la repercusión educativa de la idea están Gutiérrez e Inmaculada Jiménez. Ella es docente y coordinadora del programa de la biblioteca. Ambos reciben a Lacontradejaén en el despacho del director, sentados en torno a una mesa circular. Jiménez es una de las personas que ha puesto en pie el proyecto. Con la cabeza y con los brazos.

—Lo hemos hecho todo: desde transportar las cajas hasta desempaquetarlas e ir ubicando dónde podía ir cada montón de libros. Más tarde empezamos a catalogar, pero muy poco a poco —dice la profesora.

Inmaculada Jiménez y Manuel Gutiérrez, en el aula destinad para el alumnado de Infantil.
Inmaculada Jiménez y Manuel Gutiérrez, en el aula destinada para el alumnado de Infantil.

Habla en plural porque coordina a un grupo de seis compañeros que se han implicado al máximo en una iniciativa que arrancó el segundo trimestre del curso pasado.

El ‘Antonio Prieto’ es el resultado de la fusión entre el ‘Ramón Calatayud’ y el colegio que toma el nombre del barrio, hoy Escuela Oficial de Idiomas. Las bibliotecas independientes de antes han pasado a ser una. Y la conversión ha exigido tiempo, porque una de las antiguas bibliotecas estaba sin catalogar y porque la rigurosidad impuesta por Jiménez es tanto constancia como prudencia.

—Nos quedan estanterías por llenar —remarca.

ESPACIO DE ENCUENTRO Y DE ACCESO A LA CULTURA

Gutiérrez y Jiménez guían a este diario hasta el origen, donde comenzó el espulgo. Hubo que apartar libros que ya no servían.

La puerta de la sala destinada a Primaria invita a la fantasía: emula la entrada a un castillo. Dentro, con novelas y libros de todo tipo, se aprecia un cambio de los de verdad, y no de los que venden por televisión. Cientos y cientos de producciones literarias pueblan una habitación en la que hay mesas para que el alumnado lea en grupo.

La entrada a la biblioteca, en funcionamiento desde el segundo trimestre del curso pasado.
La entrada a la biblioteca, en funcionamiento desde el segundo trimestre del curso pasado.

—Me gustaría que vieran cómo entran los niños —dice Jiménez.

Descubrir el placer de la lectura, contagiarlo de hijos a padres, es solo el comienzo de la idea que promueve la dirección del programa. Teatro, cuentacuentos, bibliopatio, pinturas y jornadas temáticas de puertas abiertas. Todo es posible y todo quieren llevarlo a cabo.

En la sala de Infantil predominan los libros con imágenes. A esta habitación se accede abandonando la anterior aun cuando son colindantes y desde una se aprecia la otra. Es un pero menor de una obra mayor.

—Hemos hecho una formación previa para que los estudiantes sepan, por ejemplo, que los carnés funcionan con los códigos de barras, y en qué consisten los préstamos de libros —explica la coordinadora.

El alumnado ya sabe las normas básicas: cómo buscar ejemplares bajo la catalogación por el sistema del abecedario y en función de las categorías.

Las dos habitaciones de la biblioteca están llenas de obras y de color.
Las dos habitaciones de la biblioteca están llenas de obras y de color.

LA BIBLIOTECA, SÍMBOLO DE UNA NUEVA ETAPA

En los peldaños de las escaleras del centro habrá pronto cartulinas o pegatinas con motivos de la biblioteca, como ya hay una señal en el pasillo.

Cuenta Manuel Gutiérrez que la Ampa Sueños está muy ilusionada. El colectivo arropa un proyecto que quiere ser el corazón del colegio.

La nueva dirección también quiere que el buque insignia deje atrás las escenas tan complicadas que supuso la ya consumada fusión de centros, con situaciones muy tensas.

Como también se ha dejado atrás la polémica por el nombre del colegio. Gutiérrez y Jiménez recuerdan que el tipo de fusión implicaba un nombre diferente. En efecto, no es lo mismo que lo que está por ocurrir con el IES Fuente de la Peña, una fusión por integración.

El patio del colegio recuerda los valores del deportista paralímpico Antonio Prieto, apoyados en el esfuerzo. El directo también apela a la multicularidad, idiosincrasia en las aulas.

La biblioteca espera inauguración oficial. De momento, ya vale la pena: los menores entran, toman asiento y reciben los carnés para leer esos más de 2.300 libros. Tienen licencia para cambiar Peñamefécit desde la única biblioteca del barrio.

El mural icónico del colegio Antonio Prieto.
El mural icónico del colegio Antonio Prieto.

Fotografías: Esperanza Calzado.

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