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Mamen Camacho: “Devolveré el cariño que me dan los villacarrillenses con el pregón”

Por Fran Cano - Junio 27, 2019
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Mamen Camacho: “Devolveré el cariño que me dan los villacarrillenses con el pregón”
Mamen Camacho dará el pregón de las fiestas patronales de Villacarrillo. Foto: Moisés Fernández Acosta.

Licenciada en Química y actriz con demostrada trayectoria, Mamen Camacho (Villacarrillo, 1980) ya es una hija pródiga aún más predilecta: dará el pregón de las Ferias y Fiestas patronales de Villacarrillo el próximo 8 de septiembre en el Paseo Santo Cristo. Reconoce que soñaba con el momento, y entiende que será una escena —nunca mejor dicho— para evocar la infancia, las tardes eternas de verano.

Camacho triunfa con su papel de Esperanza Beltrán en la serie Servir y proteger, emitida a diario por TVE. Ese ritmo de locura ha hecho de la villacarrillense una actriz con más recursos. Dice que espera una llamada: la del séptimo arte. Cuestión de tiempo. 

—¿Esperaba pregonar las fiestas de su pueblo?

—Me ha sorprendido. Hace dos años estuve en el pregón de Chema del Barco, y contemplé la escena con la admiración que le tengo a él. Yo tenía la ilusión de que algún día podría hacer mi pregón.

—Imagino que cada vez le será más difícil volver al pueblo.

—Me cuesta, en efecto, por el trabajo, que cada vez estoy más cargada. Vuelvo cada Navidad, cada Semana Santa y cada verano. Mínimo dos veces o tres al año.

—¿De qué le gustaría hablar en el pregón?

—Tengo muchas ideas, porque cuando pienso en Villacarrillo y en lo que significa para mí, aparte de los recuerdos, me vienen bastantes temas e hilos. Haré una labor de recortar detalles con el fin de que sea un pregón asumible para los espectadores. Me vienen muchos temas a la cabeza. 

—¿Qué recuerdos tiene de Villacarrillo en fiestas?

—Ineludiblemente pienso en la infancia. Estuve constantemente en el pueblo hasta los 17 años, cuando me fui a estudiar. Y siempre he vuelto durante periodos de tiempo vacacionales. Pienso en los veranos eternos, en la piscina, en las fiestas, en las verbenas y en los conciertos de adolescentes. Me acuerdo que las chicas hacíamos concursos de sevillanas.

—¿Le gustaría volver a vivir en Villacarrillo cuando concluya su etapa profesional?

—Villacarrillo siempre va a estar ahí. Soy bastante vocacional y no me imagino ese retiro del que todo el mundo habla. Ahora sólo pienso en trabajar y en vivir de mi trabajo con ilusión. Sí que siempre estaré vinculada al pueblo, y en los periodos de descanso o incluso si alguna vez pienso en retirarme, tendré a mi pueblo en cuenta porque es pura calidad de vida. La familia y los amigos que aún conservo van caminando al trabajo y tienen aire puro, por ejemplo. Claro que pienso en las ventajas del pueblo. En la tranquilidad y felicidad, que son tan atractivas. 

“UNA SERIE DIARIA ES UNA OPOSICIÓN CONSTANTE”

—Llegó a la interpretación después de pasar por la danza. ¿Qué le ha aportado ésta a la hora de actuar?

—La danza aporta una disciplina muy amplia que no sólo abarca el aspecto físico, de cultivar el cuerpo, sino que implica una fortaleza mental que hace que tengas que superarte cada día. También supone capacidad expresiva: tienes que revelar expresiones a través del cuerpo, que me ha servido para el teatro. Me acuerdo que uno de los directores que tuve me dijo que tenía mucha presencia. Cuando supo que bailaba flamenco, me dijo que de ahí venía. Todo lo he sumado sin ser consciente. Miro atrás, y valoro que todo suma.

—También ha hecho teatro clásico. ¿Es un tránsito habitual pasar del teatro a la televisión?

—Me estoy dando cuenta de que los caminos son infinitos. Yo he pasado por muchos dogmas en mi cabeza. Al principio pensaba, cuando hice Química, que había que estudiar, trabajar, hacerse experto y luego ponerlo en práctica. Ahora me doy cuenta de que hay muchísimos caminos. Tengo compañeros que han trabajado desde pequeños, porque llegaron así a la interpretación. Luego hay actores de toda la vida que han hecho teatro y de pronto pasan a hacer televisión. Hay todo tipo de casos. Mi mente está cada vez más abierta: cada cual llega a su meta a través de diferentes maneras.

—¿Se imaginaba actuando para series tan conocidas como Gran Reserva?

—Desde pequeña fantaseaba con ser actriz. Veía una película y trataba de repetir lo que hacía la intérprete. Tengo un anécdota algo bochornosa: a veces repetía el acento de la presentadora del telediario. Desde pequeña lo he intentado, y sí que he fantaseado toda la vida con hacer personajes. Nunca sabes dónde vas a terminar, pero en mi proyección estaba el arte. Cuando algo te gusta, vas a por ello con todas las ganas e ilusión.

—¿Cómo le condiciona que la serie Servir y proteger sea diaria?

—Una serie diaria se diferencia del resto en el ritmo frenético de trabajo. Creo que es el sector audiovisual más duro y más intenso. Imagina que tenemos que hacer el mismo trabajo, pero en un tiempo menor. Cuando haces una serie semanal, un capítulo se graba en varios días. Aquí, en Servir y proteger, vamos prácticamente a capítulo por día. Es un ritmo frenético. Y no sólo de grabación, sino de estudio en casa. Hay que estudiar siete secuencias para el día siguiente, por ejemplo. La impresión que tenemos quienes trabajamos así es que es una oposición constante, porque todos los días del año tienes que estudiar. Vas haciendo trabajo nuevo una y otra vez. Es como un máster de interpretación. Tienes que resolver cuestiones en muy poco tiempo. Recuerdo que en la escuela de arte dramático dedicábamos cuatro meses para analizar un personaje. Ahora no son cuatro folios, sino cuarenta. 

“ME GUSTA CONTESTAR A LA GENTE EN REDES”

—¿Le gusta meterse en redes para ver qué opina la gente de su trabajo?

—Al principio no me metía mucho, pero estoy viendo que el personaje de Espe ha caído muy bien: la gente reacciona de manera cariñosa. Sí que me gusta meterme, y me escribe mucha gente. Intento contestar dentro del tiempo que tengo. Me gusta no dejarlas desatendidas, porque hay personas que te demuestran mucho cariño. 

—¿Ahora la gente es más crítica que nunca o simplemente todo es más visible? 

—Las redes, como permiten conservar el anonimato sin dar la cara, son bastante más osadas que si nos encontráramos en la calle y hubiese que dar una opinión abierta, cara a cara. Es mucho más fácil y mucho más impune hacerlo desde las redes. Por eso creo que la gente se deja llevar más por sus emociones. 

—¿En qué proyecto le gustaría trabajar?

—Tengo muchísimas ideas. Quiero hacer cine, trabajar en una obra clásica en Mérida y hacer teatro contemporáneo. Como digo, me gusta mucho la interpretación. Cada vez que veo una película en el cine o en las plataformas de ahora, casi siempre digo ‘yo quiero hacer algo así’. El cine es una espina que tengo clavada. 

—¿Imagina que la llaman directores importantes?

—De hecho bromeo cuando me llaman las operadoras de telefonía. Les digo que no puedo atenderlos, porque estoy hablando con uno u otro director famoso (risas).

—Puede acabar la entrevista como quiera.

—Vuelvo al principio. Estoy muy ilusionada por hacer el pregón, para mí es un honor y un lujo. Me genera tanto responsabilidad, como nervios y ganas de devolver el cariño a mis paisanos villacarrillenses.

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