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Manchas rojas

Por Esperanza Calzado - Julio 05, 2017
Manchas rojas
Mi gratitud al operativo Plan Infoca, a mi entender, uno de los mayores orgullos de Andalucía. Foto Infoca.

Manchas rojas. Pequeñas y esparcidas por mi cara y brazos, que no logro cubrir por una ridícula camiseta de tirantes. Mi compañero se lleva la peor parte, lo mismo que su cámara. Estamos en medio de un descampado y las llamas se vislumbran no muy lejos. Por encima nuestro ha pasado un avión con retardante. La Guardia Civil ha intentado alertarnos, pero no hemos corrido lo suficiente para meternos dentro del coche a tiempo. Nos ha caído de refilón, por suerte. No llevamos agua y rebusco en el bolso. Encuentro toallitas desmaquillantes. "Esto mismo vale", me dice. Con ellas nos intentamos quitar las pequeñas manchas rojas. Pasaron los meses y su cámara seguía luciendo la 'herida de guerra'. Hoy no sé cómo estará. Nuestros caminos laborales se separaron, pero nos une la amistad.

Era 6 de julio de 2015 cuando intentábamos limpiar las manchas rojas. La jornada anterior, tal día como hoy de hace dos años, una tormenta seca desató las llamas del que se considera el fuego más importante vivido en la provincia. Era domingo. El incendio de Quesada, lo bautizaron. Arrasó 9.761 hectáreas de Quesada, Cabra del Santo Cristo y Huesa. Larva logró escapar. Hasta ese momento, el gran incendio que se recordaba era el de agosto de 2005, que arrasó más de cinco mil hectáreas de la Sierra de Las Villas.

 Imagen aérea del incendio de Quesada. Foto: Infoca.
Imagen aérea del incendio de Quesada. Foto: Infoca.

Se tardó 25 días en darlo por extinguido. Requirió de la ayuda de la Unidad Militar de Emergencia. Pero para mí, que estuve allí, solo hay unos héroes y van vestidos de amarillo. En la cantina de la Estación de Cabra del Santo Cristo nos tomamos un tercio y un bocadillo de atún con rodajas de tomate. No lo olvidaré nunca. Fue en una de las muchas visitas que hicimos a ese paisaje desolador durante el tiempo que duró el fuego y para visitar las posteriores labores de recuperación. La conversación derivaba siempre en la misma pregunta: ¿Cómo lo hacen?

Hoy todavía me lo pregunto. ¿Qué se les pasa por la cabeza en el momento de plantar cara al fuego? Puedo asegurar, porque los he tenido a escasos metros, que si tienen miedo, lo disimulan a la perfección. La coordinación entre ellos apabulla. Casi no necesitan ni hablarse. Todos reman en una dirección, apagar las llamas, salvar el monte, preservar nuestra naturaleza. ¿Cuánto cobran? Me he interrogado más de una vez... No tengo ni idea, pero lo que sea, es poco. ¿Qué sentirán sus parejas, hijos, padres, hermanos, amigos hasta que lleguen a casa? Porque en el incendio de Quesada se vivieron momentos de peligro.

Hoy, las llamas azotan de nuevo Andalucía. Huelva se lleva la peor parte, con dos incendios que ponen a prueba, una vez más, al operativo Infoca. Y ahí están, dando el doscientos por cien, sin esperar que nadie se lo agradezca. Sin salir en las fotos, porque los pasamontañas no se lo permiten. Dejando que otros se lleven los méritos, cuando los que están frente a frente con el coloso son ellos. Los mismos que no dudaron en hacer las maletas e irse a Portugal. Ellos son y deberían ser uno de los mayores orgullos de Andalucía. Y no en verano, cuando hay incendios forestales. Acuérdense de ellos todos los días del año, porque ellos sí se acuerdan de nuestro futuro.

 

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