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UN JIENNENSE 'CON PLAZA' EN ALICANTE

UN JIENNENSE 'CON PLAZA' EN ALICANTE

Por Javier Cano - Junio 06, 2020

Mariano Campos Cano emigró del mar de olivos a tierras alicantinas por amor, y allí se quedó. Formó una familia y, gracias a su compromiso social y a su labor como líder vecinal, la ciudad le dedicó la plaza de su barrio, que desde 2005 (tres años antes de fallecer) lleva su nombre

A Jaén y a Alicante los separan más de cuatrocientos treinta kilómetros (por carretera); hasta ahora las unía solo una devoción antigua por una imagen icónica, la Santa Faz, cuya vinculación con la ciudad alicantina se remonta al siglo XV, cien años después, más o menos, de que los documentos certifiquen la presencia del Santo Rostro en la tierra del ronquío. 

Sin embargo, otro nexo une a ambas capitales cinco centurias más tarde a cuenta de la historia de un hijo de Jaén que cambió los olivos que cantó Miguel Hernández por las palmeras que también (y tan bien) exaltó el poeta de Orihuela. Se llamaba Mariano Campos Cano y su nombre campea (desde 2005) sobre un rótulo urbano del barrio de las 400 viviendas en homenaje al trabajo y la figura de este ilustre y sencillo luchador jaenés.

Lacontradejaén ha conversado con compañeros, amigos y familiares (de aquí y de allí) para trazar un perfil lo más cercano posible de este jiennense 'con plaza' en Alicante, así, literalmente, y su historia, como la del autorretrato de Machado, revela la personalidad de un hombre bueno que además de sacar a su familia adelante, dio rienda suelta a su espíritu de servicio a lo largo de los años hasta convertirlo en un referente en la ciudad que lo acogió. 

INFANCIA Y ADOLESCENCIA EN LA CIUDAD

La peripecia vital de Mariano Campos Cano comenzó en su Jaén natal un 7 de junio de 1938, o lo que es lo mismo: mañana cumpliría ochenta y dos años si la muerte no lo hubiera arrancado del mundo aquel 1 de octubre de 2008, de la mano de un mal de esos que no dejan ni tiempo casi para despedirse: "Se lo detectaron y, en dos meses, falleció", recuerda su hija Mari Carmen Campos Fuentes, una de los cuatro frutos del matrimonio del jiennense con la mancharrealeña Carmen Fuentes Hermoso.

 Mariano Campos y Carmen Fuentes, el día de su boda en Alicante. Foto cedida por Manuel Campos Cano.
Mariano Campos y Carmen Fuentes, el día de su boda en Alicante. Foto cedida por Manuel Campos Cano.

Hijo de Mariano y Capilla, su infancia discurrió por las calles del barrio de San Ildefonso y el colegio San José de Calasanz, las únicas aulas que pisó a lo largo de su existencia. Años duros de la posguerra en los que el pequeño Mariano, como sus cuatro hermanos, pasaba los días entre juegos y amigos a las puertas de la taberna que su padre atendía en la calle Obispo Aguilar, el Palanco

"Su primer trabajo fue picapedrero", recuerda su hermano Manuel, "luego entró en la Fábrica de Cerveza El Alcázar, muy joven, y allí estuvo hasta que se fue a Alicante", el momento en el que la existencia de Campos dio un giro de ciento ochenta grados.

EMIGRANTE POR AMOR

De por qué el protagonista de esta historia acabó en la bella ciudad levantina tuvo la culpa el amor. Sí, con un trabajo prometedor y toda su familia en su tierra natal, nada le empujaba a abandonar su patria chica excepto eso que Saint-Exupéry definió al dedillo para este caso: "Amar no es mirarse el uno al otro, es mirar juntos en la misma dirección". Y esa dirección apuntaba para ambos hacia la antigua Lucentum romana.

Corría el mes de marzo de 1963 y el hasta entonces gobernador civil de Jaén, Felipe Arche Hermosa, asumía en Alicante su nuevo destino, al que quedarían irremisiblemente unidos el presente y el futuro de Carmen Fuentes, a la sazón novia de Mariano Campos: "Mi madre trabajaba para el gobernador; su tía era cocinera y ella la ayudaba y cuidaba de la niña pequeña, lavaba, planchaba, sacaba a las niñas a pasear... Mi madre se vino primero y mi padre después", evoca su hija. 

"Su novia dijo que si él no se iba, ella tampoco, así que el gobernador mandó a su chófer con la orden de que no se viniera sin él", asegura, entre sonrisas, su hermano: "No le dio tiempo ni a despedirse de sus compañeros", apostilla. Comenzaba así la aventura más larga de Mariano Campos Cano en la capital alicantina, a la par que la carrera política de Arche afrontaba sus tres últimos años antes de recalar en Madrid como directivo de una empresa de distribución de gas butano. 

El primer trabajo de Campos en su tierra de adopción lo llevaría a Obras Públicas: "Tenía todos los carnés y llevaba un camión cisterna", manifiesta su hija. De ahí pasaría a una fábrica de aluminio en la que terminó jubilándose después de una amplia trayectoria laboral que le permitió asentarse y progresar en la ciudad costera. 

LÍDER VECINAL

Trabajo, familia... Pero el espíritu luchador de Mariano Campos no tardó en manifestarse en forma de reivindicación por un espacio digno para vivir. Tras una década larga como vecinos de otra zona de la ciudad, Campos y los suyos llegaron, en los 70, al barrio por entonces conocido como Obra Social del Hogar, "de protección oficial": "Estrenamos casa allí. Mi padre empezó a luchar, por ejemplo, por los depósitos del agua, consiguió que hicieran unos independientes y que se acabaran los problemas que había al principio con la presión; también el alumbrado, me acuerdo de pequeña que funcionaba mal, al principio ni había. Mi madre dice que se desvivía por los demás, y era verdad, siempre trabajó por el barrio, siempre haciendo cosas por los demás".

 Mariano Campos, sexto por la izquierda, con compañeros de la asociación vecinal de su barrio. Foto: Asociación de Vecinos 400 Viviendas.
Mariano Campos, sexto por la izquierda, con compañeros de la asociación vecinal de su barrio. Foto: Asociación de Vecinos 400 Viviendas.

La Obra Social del Hogar, en palabras del catedrático de la Universidad de Alicante Pedro Boj Giménez, presidente de la Hermandad Torrevejense y amigo personal de Campos, remanecía de una antigua barriada erigida en los 60 "para acoger la inmigración de las zonas rurales a la gran ciudad". Un "barrio de trabajadores" del que el jiennense llegaría a ser alcalde, una suerte de pedáneo cuya autoridad resultaba indiscutible entre los vecinos. 

"Fue el primer alcalde de ese barrio, en coexistencia con la nueva asociación de vecinos. Él solucionaba todo tipo de problemas, para cualquier problema que había la gente acudía a Mariano", afirma Boj. Mediada la década de los 90, Campos, junto con Boj y un grupo de colaboradores, relanzarían el colectivo vecinal, en cuya directiva se mantendría como vocal hasta prácticamente el último tramo de su vida.

"Era muy sensible y siempre estaba dispuesto a ayudar a todo el mundo fuera el problema que fuera: económicos, de familia... Recuerdo muchas cosas; por ejemplo, en la última etapa hubo un problema con un vecino del barrio que se quedó solo ya mayor, y él hizo todo lo posible por que ingresara en un centro de la tercera edad", asegura el catedrático de la UA. "Luchó por que el barrio tuviera de todo", aporta Miguel García, coetáneo de Campos y su vicepresidente en la asociación un par de años, y confiesa: "Él ha sido mi mejor escuela, era un buen maestro, a mí me dejó marcado". 

Esa actitud suya fue la que le valió para granjearse el aprecio no solo de su barrio, sino de todo el movimiento vecinal alicantino: "Era una persona muy implicada y muy activa, participó en todo el movimiento vecinal de Alicante, era un referente en toda la ciudad", suscribe Boj.

UNA PLAZA EN SU BARRIO

Alcalde de barrio, líder vecinal, secretario de la Hermandad Torrevejense (un colectivo que originariamente agrupaba a emigrantes y que terminó convertido en la dinámica entidad que es a día de hoy), miembro de la junta de distrito de Las 400 Viviendas... Se preocupó por quienes sufrían drogodependencia, trabajó por aumentar la seguridad, las infraestructuras deportivas, por conservar el barrio de sus amores lo mejor posible... y mucho más, como aclara Pedro Boj: "Tenía amigos en todos lados, en todos los partidos, de todas las ideologías, que lo valoraban no por cómo pensaba, sino por su compromiso".

"Lo que sí digo es una cosa: es que al menos yo no pararé hasta que este problema sea solucionado, entre otras cosas porque soy un ciudadano que busca la verdad", escribió Mariano Campos al final de un escrito.

Tanto es así que Campos (afiliado al PSOE desde la época en la que "el partido hubo grupos muy comprometidos con el tejido asociativo", en palabras del profesor universitario) recibiría el mayor homenaje de toda su trayectoria en tiempos de gobierno municipal del Partido Popular.

 El jiennense recibe una placa el día que rotularon la plaza del barrio con su nombre. Foto cedida por Mari Carmen Campos Fuentes.
El jiennense recibe una placa el día que rotularon la plaza del barrio con su nombre. Foto cedida por Mari Carmen Campos Fuentes.

"Cuando ya estaba delicado, propusimos hacerle algo al pobre Mariano, que se había portado muy bien con el barrio, que era querido por todos. Lo acordamos, se solicitó al Ayuntamiento, se entregaron los informes y se aprobó la plaza, que ahí sigue". Sí, entre las calles Diputado Joaquín Fuster y Sierra Pándols, un rótulo sobre fondo blanco, con el escudo del municipio, indica que el paseante pisa la Plaza de Mariano Campos Cano; a su lado, otro rótulo ofrece la siguiente leyenda: 

"Mariano Campos Cano (Jaén, 1938). Uno de los fundadores del movimiento vecinal de Alicante trabajando activamente en las asociaciones vecinales de la zona norte de la ciudad". Inaugurada en diciembre de 2005, supuso para el homenajeado toda una sorpresa, "un tributo muy merecido para un hombre muy querido, que ha dejado un gran recuerdo", según García, palabras que suscribe Rosa María Muñoz, actual presidenta del colectivo de residentes del barrio.

"No le gustaba ponerse en las fotos, se apartaba cuando veía una cámara, pero si hay alguna persona que merece una plaza en Alicante ese es Mariano; si hubiera vivido ahora hubiera tenido mucho más reconocimiento por parte de la sociedad alicantina", concluye Pedro Boj (como diría Hernández, su "compañero del alma, compañero").

'REGRESO' A SU TIERRA

El afecto, la admiración, el cariño de Alicante hacia ese ilustre vecino suyo que destilaba sencillez y cercanía se puso de manifiesto en su funeral, en el que intervino el coro que hace que la voz de Pedro Boj parezca la de un muchacho cuarentón, como mucho y al que asistieron autoridades y el grueso del vecindario. La edición de una revista en su memoria y algunos homenajes más a título póstumo certifican la trascendencia de este jiennense en su ciudad de adopción, de la que, eso sí, regresó en ceniza para habitar unos momentos en el aire de su Jaén y, luego, sobre las rocas entrañables del cerro de Santa Catalina. "Se hizo a Alicante, pero todos los veranos íbamos a Jaén, era un jiennense total", sentencia su hija.  

 Portada de la revista editada en memoria del jiennense, en 2008.
Portada de la revista editada en memoria del jiennense, en 2008.

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