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“El enfermo tiene todos los derechos del mundo”

Por Fran Cano - Diciembre 08, 2019

La jubilación no es dejar de trabajar. Dejar de estar para el resto. Que se lo digan a Marisol Escribano Olmo, presidenta de ‘Pídeme la Luna’ y de ‘RedMadreJaén’. Nacida en Jabalquinto, la enfermera demuestra que hacen falta al menos dos factores para ser útil en la vida de los demás: voluntad y convicción. Así ha conquistado a la sociedad jiennense.

Escribano recibe a este periódico en la planta de Oncología del Hospital Materno Infantil, donde ha construido su obra más preciada: el espacio desde el que los menores en situaciones muy duras ven cumplidos sus sueños. La entrevista es en una habitación cargada de dibujos, de juguetes y de libros infantiles. Ella también ha practicado las bondades de la narración para entender a las personas enfermas. “Tienen todos los derechos”, subraya.

—¿Dudó cuando había que elegir la carrera?

—Lo tenía muy claro. Primero fui auxiliar de Enfermería. Porque yo era muy mala estudiante, y no quería muchas cuentas con los libros. Empecé por ahí, pero luego me di cuenta de que lo mío era Enfermería. Me puse a estudiar e hice la carrera.

—¿Qué le dijo su entorno cuando comunicó que iba a ser enfermera?

—Algunos me decían ‘ánimo, estupendo’. Pero otros decían que estaba loca, porque ya tenía mi profesión. Yo tenía claro que era lo mío, lo que siempre me había gustado.

—¿Cómo era la Universidad de Jaén entonces?

—Entonces existía la Escuela de Enfermería. El ambiente era estupendo. Tuve que compatibilizar el trabajo de auxiliar de Enfermería con el estudio. No podía dejar de trabajar, porque era la cabeza de familia. Estábamos mi madre y yo.

—Aparte de la formación, ¿cuáles son las habilidades que debe tener una enfermera?

—Mire, la profesión de enfermera es la más maravillosa del mundo, pero está hecha de luces y de sombras, de sonrisas y de lágrimas. Hay grandes satisfacciones y muchos sacrificios. Merece la pena la carrera. Los profesionales debemos estar concienciados de que tenemos delante de nosotros el tesoro más grande del mundo, que es una persona enferma. El enfermo tiene todos los derechos del mundo. Hace falta mucha paciencia, cariño y empatía. Sentarse en la cama del enfermo es la mejor enfermería. Hay que escucharlo y ponerse a su altura. Y si son niños, imagínese: hay que jugar y hacer el tonto con ellos. Y les encanta.

“HOY JUEGAN EN LA CALLE, MAÑANA INGRESAN Y NO SABEMOS CUÁNDO SALDRÁN DEL HOSPITAL”

—Un día decide incorporarse a la Unidad de Onco-Hematología Pedriática del Hospital Infantil de Jaén. ¿Por qué tomó la decisión?

—Había estado ocho años en la Unidad de Cuidados Intesivos de Adultos. Aprendí mucho gracias al maravilloso equipo, el doctor Valverde y la supervisora Adriana García y el resto de compañeros, como Cañada y Jiménez. Aprendí a escuchar al enfermo, a tener paciencia y a ser una buena profesional. Tras ese tiempo, quise dar un giro. Los niños siempre me han apasionado y me fui a pediatría oncológica, donde los menores son muy especiales.

—Se enamoró de los niños.

—Claro. Eran, como digo, súper especiales: hoy están jugando en la calle, mañana ingresan y no sabemos hasta cuándo. Las hospitalizaciones son muy largas y los tratamientos muy duros. Y no sabemos hasta cuándo o si saldrán del hospital. Me di cuenta de que era mi sitio, el tesoro que siempre me había apasionado. Son los pequeños personajes que iban a llenar mi vida.

—¿Es cierto que los pequeños se hacen fuertes en la adversidad?

—Maduran muchísimo, claro. Y enseñan a no complicarte la vida por tonterías. Son niños muy fuertes, que jamás pierdan la esperanza y las ganas de luchar. Nos dan una cátedra. Como le decía, cuando empecé a trabajar con ellos pensé en hacer algo especial para que la estancia fuese llevadera, dado lo agresiva que es la quimioterapia. Pensé en un título atractivo e ilusionante: “Pídeme la luna y te la intentaré alcanzar con tal de que tus sueños se hagan realidad”. Así nació la asociación. A las compañeras les gustó la idea y se fueron uniendo auxiliares, médicos, algún farmacéutico y entre todos hemos formado esta gran familia.

“LOS VOLUNTARIOS SON LA COLUMNA DE LAS ASOCIACIONES”

—Ustedes, desde 'Pídeme la Luna', trabajan para que ellos cumplan sus sueños. A veces no se habla lo suficiente del trabajo de los voluntarios, ¿verdad?

—Hay dos tipos de voluntarios. Por un lado están los que trabajan diariamente con los niños en el hospital, que son los que se rozan con la asociaciones y suponen la gran columna de las asociaciones. Así es en nuestro caso: están aquí con los niños, juegan con ellos, los entretienen e ilusionándolos.

Luego están otro tipo de voluntarios o colaboradores solidarios. Sin su ayuda tampoco sería posible seguir adelante. Ayer [por el martes] estuve en la SAFA de Úbeda, donde los escolares de cuarto de Primaria han donado a ‘Pídeme La Luna’ la cantidad de un concurso de dibujo que ganaron. En La Carolina se hará una carrera benéfica a final de año impulsada por el Ayuntamiento. Y esta semana se celebraron un teatro en Torredonjimeno y otra carrera en Canena. Ambos fueron benéficos. La gente solidaria siempre nos apoya. Y menos mal, porque no tenemos ayuda de instituciones públicas. ‘Pídeme la Luna’ funciona gracias a la generosidad y al cuento solidario trilingüe El águila y el gorrión. Es una forma de sufragar las actividades que hacemos. Y en este caso ya vamos por la octava edición, con 2.500 ejemplares cada una. Es nuestra fuente principal de ingresos. Podemos decir que vivimos del cuento.

“EL DOLOR Y LA ALEGRÍA NO SON EXCLUYENTES”

—Ha escrito los cuentos solidarios El águila y el gorrión y Mi amiga Sofía me lo cuenta todo. La enfermedad también se entiende mejor con un cuento.

—Por supuesto. Ésa es la idea de Mi amiga Sofía me lo cuenta todo: proponer un cuento didáctico, con un lenguaje asequible, para que los niños sepan cómo es la enfermad y cómo serán los tratamientos. Deben aprender que el dolor y la alegría no son excluyentes.

—¿Cómo surgió la idea de escribir?

—Lo pensé por hacer algo especial para los niños. No querían que viera el hospital como un sitio hostil al que van a sufrir. Quería trasladar la idea de que es una segunda casa, puesto que van a vivir ahí mucho tiempo. Un lugar donde se les quiere mucho, juegan y pueden cumplir sus sueños. Ésa es la imagen que yo quería proyectar. ¿Qué piden los niños? Cada cual lo que más ilusión le hace: conocer a los jugadores del Real Madrid —Florentino Pérez es una maravillosa persona que siempre nos recibe—; tener móviles buenos, como pasa con los más mayores, y conocer a cantantes de la talla de David Bisbal, Bustamante, Malú, Violeta o Melendi. Además tenemos de padrino de honor a Raphael, linarense de nuestra tierra. Uno de los niños nos pidió un jamón para el hospital. Y lo cumplimos. Somos una fábrica de sueños. Y si alguno pide la Luna, nos pondremos en contacto con la NASA.

—¿Escribirá algo más pronto?

—Claro que sí. Habrá otro de historias entrañables. Porque aquí estamos llenos de ese tipo de historias. La falta de tiempo es un problema, pero ya saldrá adelante. Nos las ingeniaremos.

—¿Qué nos puede contar de RedMadreJaén? ¿En qué momento está la asociación?

—Es una maravilla. Se trata de una red de ayuda nacional a la mujer embarazada con problemas ante un embarazo difícil o imprevisto. ¿Por qué lo hacemos? Para que ellas nunca se sientan solas. Un hijo siempre es un bien. Nunca damos el pésame cuando llega una mujer embarazada a RedMadre, sino un abrazo de bienvenida, porque a lo mejor hace mucho tiempo que nadie le da un abrazo. Ayudamos dando todo lo que puede necesitar un niño: cuna, juguetes, bañera y muchos pañales. Sólo tenemos una ayuda de Caja Rural y la complicidad del Banco de Alimentos, que nos proporciona mucha comida. Contamos con un equipo multidisciplinar —con enfermeras, matronas, pediatras y psicólogos— al servicio de las mujeres. Además, hay otro equipo de voluntarias, que se encargan de entregar a las madres todo lo que necesitan los niños. Las voluntarias son nuestro tesoro.

—La asociación lleva más de una década activa. ¿Sabe a cuantas madres han ayudado en 2019?

—Este año hemos dado apoyo a 36 madres de la provincia. Tenemos 10 embarazadas y hay que volcarse con ellas.

—De los premios que ha ganado, ¿cuál le hizo más ilusión?

—Me hizo mucha ilusión el premio a los valores humanos que me entregó Diario Jaén, porque se lo dieron a todos, a la asociación. Además, estuvieron en el Bulevar mis niños y muchos compañeros. El Ayuntamiento de Jaén también me dio el premio a la Mujer Jaenera y el PP andaluz me nombró Mujer Andaluza. Todos me han hecho ilusión, porque llegan al alma.

—Puede usted pedir en esta entrevista.

—Pido para las dos asociaciones. Los socios son fundamentales, porque una cantidad pequeña al año suma y nos permitiría, por ejemplo, pagar el alquiler que afrontamos. ¿No hay un local en Jaén para nosotras? Pues parece ser que no. Estamos los dos colectivos en el número 7 de la Travesía Menéndez Pelayo para no pagar dos locales. Y nos hace falta que la gente se implique para que continúen las iniciativas. La forma de ayudar es muy variada. Pero hacen faltan manos. Y no hay edad cuando de verdad quieres ayudar a los demás. Es lo que realmente llena la vida.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado.

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