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MARIUS TCHOUMOU, FUERZA Y VOLUNTAD MÁS ALLÁ DEL RUGBY

Por Fran Cano - Noviembre 28, 2020
MARIUS TCHOUMOU, FUERZA Y VOLUNTAD MÁS ALLÁ DEL RUGBY
Marius Tchoumou, en primer plano, durante un partido del Jaén Rugby. Foto: Andrés García Méndez.

El camerunés Marius Tchoumou, de 18 años, ha debutado en División de Honor B con el Jaén Rugby mientras cursa Formación Profesional en el IES Las Fuentezuelas, tras llegar a España procedente de Camerún en agosto de 2018

Judicael Marius Tchoumou (Douala, Camerún, 2002) es mayor de edad desde el pasado 26 de octubre. Todos en el Jaén Rugby han quedado impresionados con la potencia física —83 kilos en 1,72 centímetros de altura— de un jugador que ha pasado en apenas un año de la categoría Sub-18 a División de Honor B, donde milita el primer equipo, campeón el curso pasado. "Todavía me falta mucho", dice él acerca de sus prestaciones deportivas. Nadie —nadie en el club, nadie que lo conoce— cuestiona la entrega y las ganas de un joven que, tras pasar por el Centro de Menores Carmen de Michelena, cursa Formación Profesional y ya vive en un piso de autonomía. "Mi vida es una película. Hay gente que le teme al cambio. Es como cuando vas a placar en rugby: si vas con miedo, no puedes. Hay que atreverse", resume en conversación con este periódico.

La historia de Tchoumou es otra más que arranca con un viaje de silencio y dolor entre continentes. Llegó a España desde Camerún en agosto de 2018. Antes de asentarse en Jaén capital, pasó por Córdoba. "Luego me mandaron a Málaga", rememora en un castellano nítido. Fue en septiembre del año pasado cuando el joven ingresó en el Centro de Protección de Menores Carmen de Michelena. Recuerda con cariño a Silvia Cazalilla, entonces directora del centro, por el trato que le dio. Él estuvo muy poco tiempo, porque su perfil era "distinto" al de la mayoría de los menores extranjeros no acompañados. En febrero de este año se fue a un piso tutelado del COILS San Martín de Porres, de la Fundación don Bosco. "Es un centro de protección de menores que está enfocado para preparar a los chavales y que ganen autonomía", explica a este medio Ana Rodríguez, orientadora de Marius Tchoumou, dependiente de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación.

El domicilio vigente del camerunés es un Piso de Alta Intensidad (PIA) cerca de la Estación de Autobuses, también denominado piso de autonomía, que coordina Rodríguez, donde el joven convive con otros dos chicos. Ahí llegó desde que cumplió la mayoría de edad y aunque desaparece la tutela como tal, sí continúa una labor de seguimiento. En este piso, que la Junta concierta con la Fundación Samu, el plazo máximo de estancia oscila entre los 10 y los 12 meses. Ganar autonomía implica encontrar un trabajo. Y en ello está Marius Tchoumou. Dice que le gusta el ciclo de Instalaciones Eléctricas y Automatismos, en el IES Las Fuentezuelas. "El primer curso lo superó con muy buenas notas. Ahora está en segundo y va bien, adaptándose a las clases digitales", resume Rodríguez. "Quiero acabar éste y hacer un ciclo superior, quizá de Educación Física", revela él.

La idea es aprovechar la alta inserción laboral de la FP para que cuanto antes tenga un empleo. Que un programa de empleo o las prácticas lo acerquen al mercado. "Lo ideal es que los últimos meses en el PIA trabaje y ahorre para después alquilar un piso", explica Rodríguez. Ése es el orden deseable de los acontecimientos. De momento el chico no tiene ingresos más allá de una paga semanal para gastos comunes. Sí que reúne las condiciones para recibir la renta mínima de inserción social y será tramitada pronto, según indica Ana Rodríguez. Tchoumou no está agobiado por el futuro, menos aún por el presente. Ocurre que un balón ovalado llegó a su vida cuando se afincó en Jaén. Y ésa es otra faena que cumple y disfruta con disciplina militar.

 Foto: Andrés García.
Foto: Andrés García.

"ÉL NUNCA TIENE MIEDO; YA LO VI EN LA CANTERA"

Juan Alfredo Cerván, entrenador del Jaén Rugby, cuenta en la plantilla del primer equipo con Marius Tchoumou desde el pasado verano. "Tiene unas ganas enormes y un potencial increíble. No sólo es el físico, técnicamente está creciendo", asegura el preparador en declaraciones a Lacontradejaén. En el grupo ha caído en gracia, apoyado por otro compañero debutante también de 18 años, como Alejandro Navarrete. Cerván confiesa que el camerunés es tímido, si bien no duda en preguntar por cualquier aspecto del juego. Incluso se anima con los chistes cuando el ambiente es más distendido.

Marius Tchoumou se ganó la titularidad en el partido contra Industriales. En Sub-18 jugaba en tercera línea, donde es vital la fuerza y el empuje, pero Cerván lo está probando ahora como ala, donde son tan importantes las piernas como las manos. "Tiene una velocidad y una explosión que encajan con mi plan de juego para el ala", conviene el técnico. A Cerván le ganó un detalle del joven: Tchoumou siempre entrena un poco antes del inicio de los trabajos en grupo. Son cosas que pueden marcar la diferencia, según expone el entrenador. "Nunca tiene miedo. De eso ya me di cuenta en el equipo Sub-18", dice.

Las buenas maneras no ocultan la realidad: es un jugador aún por hacer. Y él es el primero que lo sabe. "Lo más complicado ahora son los pases. Como soy ala estoy aprendiendo a patear", reconoce. "Es muy maduro para la edad que tiene", elogia Juan Ramón Crespo, director deportivo del Jaén Rugby desde el cambio de directiva, hace dos temporadas. "No falla a un entreno, se organiza muy bien y tiene claro que quiere jugar al rugby, estudiar y trabajar", añade.

Crespo subraya que el salto de categoría que ha dado es importante, y que lo normal es que el avance desde la cantera sea progresivo para proteger al jugador. Tchoumou ha derribado la puerta, también por la inercia de la pandemia. "Es habitual que se fogueen un año en el equipo sénior B, pero no ha sido posible por la crisis sanitaria", detalla. El director técnico valora que dos jugadores tan jóvenes como Navarrete y Tchoumou ya sumen en el primer equipo. "La diferencia es que Alejandro lleva años con nosotros y Marius mucho menos tiempo", agrega.

 Alejandro Navarrete y Marius Tchoumou. Foto: Andrés García Méndez.
Alejandro Navarrete y Marius Tchoumou. Foto: Andrés García Méndez.

EL CÁRACTER INCLUSIVO Y LA AUTOEXIGENCIA DEL RUGBY

¿Por qué el rugby? ¿Por qué no el fútbol u otra práctica? El camerunés responde que siempre ha sido un amante del deporte. De hecho, le gusta practicar calistenia. El verano pasado un policía amigo le comentó que su hijo jugaba en el Jaén Rugby. "Yo estaba en el 'Carmen de Michelena' y un maestro que le encanta el mundo del deporte me habló del club. El lunes 20 de junio del año pasado fui por primera vez a Las Lagunillas", recuerda.

La experiencia le encantó. Habla, como hablan otros jugadores de rugby, del compañerismo, del ambiente de familia y del espíritu de equipo. "Me gustaría seguir jugando. Yo sé que todavía me falta mucho, pero con ganas y con actitud lo conseguiré, como dice el entrenador. Mi sueño es jugar al mismo nivel que el resto", confiesa.

"El rugby tienen un carácter de inclusión que no es tan perceptible en otros deportes", razona Juan Ramón Crespo. "Todos los jugadores son bien recibidos, da igual la etnia, la nacionalidad o la orientación sexual. Nadie resta. Hasta, por ejemplo, esos chavales gorditos que se sienten señalados en otro deportes suman en rugby. Los necesitas para ganar", aporta. Juan Alfredo Cerván también intuye, en base a la propia experiencia, por qué la balanza de Marius Tchoumou se inclinó hacia la pelota ovalada. "El rugby es un deporte que te exige mucho, y creo que eso hace que a él le guste tanto: porque no para de exigirse", argumenta.

El hoy ala del club jiennense está vinculado al proyecto Rahab y a Cáritas. Es voluntario y sale a la calle en la noche, sobre todo ahora, con la inminencia de la campaña oleícola, para ayudar a los temporeros que duermen a la intemperie. Tchoumou lamenta que muchos no tienen nada qué comer. "Hacemos ronda, pasamos por las plazas donde suelen estar y repartimos comida y mascarillas. También hablamos con ellos, para que no se sientan solos", cuenta. En Camerún están sus tres hermanas y el resto de la familia. Habla a menudo con ellos gracias a la tecnología. "Es uno de los chicos de los que estamos más orgullosos por su capacidad de superación", tercia Ana Rodríguez.

Sin medio a los cambios, Marius Tchomou se siente una persona optimista, con ganas de aprender a conducir cuando sea posible. Quizá el verano que viene. A sus amigos les dice que los sueños están para cumplirlos. Hay una cita que lo guía: "Là où se trouvé une volonté, il y'a un chemin". Donde hay voluntad hay un camino.

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