Se involucró en política por el proyecto empresarial de la “recta” de Llanos del Sotillo y desde entonces es la frustración más importante que como político ha tenido que gestionar. Es el mayor fracaso del municipio de Andújar y no le duelen prendas reconocerlo. Francisco Huertas Delgado (Witten-Annen, Alemania, 1973) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y especializado en marketing, una visión que aplica al día a día de su gestión municipal. Utilizar proyectos determinantes para el futuro de Andújar para sacar rédito político es una de las cosas que nunca le dejaría dormir por las noches. De ahí que se defina como un político que traspasa las fronteras de lo localista y trabaja con proyectos a medio y largo plazo. El desempleo y no poder dar respuestas a todos los problemas de la gente le quitan el sueño. ¿Cómo es y qué piensa el alcalde de Andújar?

—Nacido en Witten-Annen.

—Efectivamente, un pequeño pueblo de Alemania. Mi padre emigró, no recuerdo exactamente el año, pero estuvo más de quince. Vino, se casó y se volvió. Regresamos a España cuando yo tenía siete años recién cumplidos. Recuerdo aquello con extrañeza porque solo hablaba alemán cuando vine y ahora no recuerdo ni una palabra. Son circunstancias que ocurren.

—Sus padres se vieron obligados a emigrar igual que le está ocurriendo ahora a parte de la juventud como consecuencia de la falta de empleo. ¿Cómo viven en su casa esa circunstancia?

—Es un tema del que hablamos con mis padres. Yo he tenido la ocasión de estudiar fuera y he vivido, de alguna manera, el tener que salir de tu país. Pero siempre comentamos en casa que no es lo mismo. A pesar de que cuando sales te crees que sabes algo de inglés, me di cuenta, nada más llegar, que no tenía ni idea. Estas experiencias hay que tenerlas y todos los que tengan la oportunidad que la aprovechen. Te cambia la perspectiva de la vida.

—Pero lo de sus padres no es lo mismo…

—Cuando te cuenta tu padre que un día se montó en la Plaza Vieja en un autobús, llegó a Alemania y lo metieron en un barracón donde estuvo viviendo meses… Nosotros habíamos estudiado algo de inglés, pero en su caso no entendía nada. No son las mismas condiciones. Cuando yo me fui era a intentar ser más competitivo, a aprender un idioma, con una formación y con herramientas para defenderte en cualquier país del mundo. Una de las cosas que aprendes cuando sales es a quitarte los complejos y a darte cuenta de que España es un gran país donde se recibe una gran formación y que te pones a la altura de cualquiera. Pero las circunstancias no eran las mismas, ni mucho menos. No es lo mismo salir fuera porque uno quiere que porque uno no tiene más remedio. Esto último sí es igual. Parte de la gente que se va ahora no tiene más remedio y eso es triste.

Fotografías y vídeo: Esperanza Calzado
—¿A un alcalde licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales le salen las cuentas en el Ayuntamiento?

—Sí, están saliendo. Heredamos una situación muy complicada con un Ayuntamiento prácticamente intervenido por el Ministerio de Hacienda porque tuvo que pedir un préstamo de más de doce millones de euros para pagar a proveedores. Eso ha supuesto tener que trabajar con muchas limitaciones, no poder destinar el dinero a lo que quieres, tener que devolver la deuda de forma progresiva, etcétera. Pero estoy muy satisfecho con la gestión económica que estamos haciendo. Estamos devolviéndola y no le hemos exigido mayor esfuerzo a los vecinos porque no hemos subido impuestos. Desarrollamos inversiones, estamos consiguiendo financiación extraordinaria de otras administraciones y pagamos mejor. Por lo tanto, una de las cuestiones de las que más satisfecho me siento es de la gestión económica que desarrollamos porque, al final, eso significa prestar más servicio y mejores, desarrollar inversiones y dinamizar la economía.

—¿Qué le quita el sueño al alcalde?

—Dos cosas. Lo primero, el desempleo. Es una realidad con la que tienes que convivir a diario y es muy frustrante no poder dar soluciones a todo el mundo y darte cuenta de que las cosas no se pueden resolver de hoy para mañana. Eso es algo que frustra mucho. Por ejemplo, hay proyectos como generar riqueza en la recta del Sotillo que es algo que me persigue permanentemente. Te gustaría ir más deprisa pero es un proyecto que encontramos en una vía muerta. Hemos tenido que sacar ese tren de la vía y empezar el camino. Pero tengo la convicción de que con trabajo y teniendo las cosas claras, saldrán. Por lo tanto, el desempleo es algo en lo que volcamos todos los esfuerzos que podemos, aunque tenemos limitados muchos de los aspectos por el plan de ajuste.

Es muy frustrante no poder dar soluciones a todo el mundo y darte cuenta de que las cosas no se pueden resolver de hoy para mañana

—¿Y lo segundo?

—Aquellas situaciones de personas que lo están pasando mal y por más que lo intentamos, las administraciones no somos capaces de dar una respuesta eficaz. Muchas veces, sentado en este mismo sillón, te enfrentas a estas situaciones y casi siempre te ronda la idea de que te puede pasar a ti o a tu familia. Al fin y al cabo somos ciudadanos como otro cualquiera. Esas son las cosas que cuando te vas a casa te hacen dar vueltas en la cama.

—El alcalde es el político más cercano al ciudadano, al que le cuentan sus problemas. ¿Cómo se lleva uno eso a casa?

—Se lleva bien. Al igual que hay cuestiones que te frustran, también es verdad que a diario se arreglan muchas otras cosas. Ser alcalde es una experiencia muy gratificante y única. No todo el mundo tiene este privilegio. Algunas veces te cuentan situaciones personales en las que no puedes hacer nada, pero parece que contárselo al alcalde es importante para ellos y yo me siento un privilegiado. Evidentemente, la política local es la más cercana al ciudadano pero también la más intensa. Es como una montaña rusa, en un día tienes veinte picos y veinte valles. Nunca hay dos jornadas iguales y creo que eso encaja mucho con mi personalidad, porque ha sido una tónica habitual en las responsabilidades que he tenido.

—El apoyo de la familia es fundamental.

—Lo llevo muy bien, aunque tenga un impacto en tu vida familiar. Mi hijo no quiere que sea alcalde ni un día más (se ríe), me lo dice permanentemente. Tiene sus costes pero lo llevamos con cierta normalidad gracias a que cuento con el apoyo incondicional de mi familia y de mi mujer, que es un pilar fundamental para poder llevar esto con normalidad. Sí te tengo que reconocer que he vivido con cierta ansiedad los primeros años de mandato. Han exigido mucho trabajo interno, viajar, reuniones con administraciones, buscar financiación, mucho trabajo de despacho para al final llevar el barco al sitio que quieres. Pero una vez superado el ecuador de la legislatura, creo que hemos conseguido orientar los grandes proyectos y ahora me vuelve a permitir ir a mi terreno natural, que es la calle. Ahora estoy disfrutando más de ser alcalde.

—Uno de sus mensajes durante la campaña electoral era el de evitar el enfrentamiento entre administraciones de diferente signo político. ¿Lo está consiguiendo?

—Es fundamental hacerlo. Veníamos de una etapa en la que era la tónica habitual. Lo cortés no quita lo valiente y disparidad de criterios tenemos con todas las administraciones, independientemente del signo político, pero tenemos la responsabilidad de intentar mantener las relaciones. Cuando algo sale bien hay que agradecerlo y eso no quita que cuando haya que ser reivindicativo lo seamos, con todos.

En dos años y medio, han llegado a Andújar 11 millones de euros de recursos extraordinarios frutos de la gestión municipal. No estoy hablando de la Patrica, la participación en los fondos del Estado o de los planes de empleo de la Junta, no. Me refiero a proyectos que empiezan con un viaje, una maleta llena de aspiraciones y suponen reuniones con diferentes administraciones en las que se consiguen compromisos que se materializan en hechos y proyectos que los vecinos van a poder ver. Además, en mi caso es una forma de ser. Soy una persona a la que no le gusta el conflicto y que creo que no siempre es la mejor manera de conseguir algo. Eso no quiere decir que en momentos puntuales no lo debas tener.

INUNDACIONES

—Solucionar el problema de las inundaciones pasa por ponerse de acuerdo las administraciones.

—El problema es muy complejo y si se le añade cierta dosis de demagogia…

—Este es un ejemplo de enfrentamientos que acaban cansando al ciudadano.

—Sí. Y fíjese que se dan en problemas muy complejos y con intereses muy poderosos. Me siento muy satisfecho de una cosa en este problema, siempre hemos mantenido la misma posición, a pesar de que en algunos momentos ha tenido la responsabilidad la Junta y en otros el Gobierno de España. Es un problema complejo porque hay una concesión administrativa que está en manos de una empresa que defiende sus intereses. Se conjugan muchos intereses que han hecho que hasta ahora no hayamos sido capaces de encontrar la solución, pero tendremos que encontrarla. No hay más remedio. No podemos resignarnos a pensar que la solución es que cuando suba el río Guadalquivir se inunden los polígonos, las casas y las tierras de mucha gente.

Hay que eliminar el efecto que la presa de Marmolejo tiene en las inundaciones de Andújar. Yo no me atrevo a decir como alcalde que hay que tirarla, no soy técnico ni ingeniero

—¿La solución es derribar la presa de Marmolejo?

—Nosotros hemos dicho siempre lo que es objetivo: hay que eliminar el efecto que la presa de Marmolejo tiene en las inundaciones de Andújar. Yo no me atrevo a decir como alcalde que hay que tirarla, no soy técnico ni ingeniero. Pero, desde luego, el efecto que la presa tiene hay que eliminarlo de alguna manera. Hay un obstáculo natural al río que produce que se vaya acumulando barro y esa lengua ya llega a Andújar. No hace falta ser ningún experto para darse cuenta de que el espacio que ocupan esos lodos antes lo ocupaba el agua. A eso hay que darle solución. ¿Cuál? Estamos en una situación en la que una administración reconoce que hay que acometer unas actuaciones para que no pase y no las hace. Entiendo la dificultad para invertir seis millones de euros en la situación en la que estamos, pero en otros sitios se invierte. Así que esta es una situación injusta y que lesiona los intereses de Andújar y a la que tenemos que darle respuesta. Creo que llegaremos más lejos hablando entre las administraciones pero si tenemos que llegar a los juzgados lo haremos. Espero que muy pronto empiecen a cumplirse los compromisos que hay encima de la mesa.

INNOVANDÚJAR

—¿Qué pasa con la recta de Llanos del Sotillo?

—Es el mayor fracaso de la historia de nuestro pueblo y la mayor frustración que como político me ha tocado gestionar. Yo me involucré en política por ese proyecto. Cuando fui en la candidatura con Antonio Cuenca en 2003, mi primer acto público fue la presentación de un proyecto para la recta del Sotillo. En aquel entonces, cuando en Linares no se pensaba en un centro logístico y mucho menos en Bailén, cuando ni siquiera estaba el Plan Pista… aquí en Andújar ya teníamos conocimiento de que la Unión Europea tenía la intención de marcar una serie de corredores como ejes prioritarios para el transporte de viajeros y de mercancías. En 1989 estaba el Libro Blanco del Transporte, donde ya se hablaba de los corredores europeos y donde ya se decía que uno de los sitios por donde iban a pasar era por aquí. Y ese era el concepto del proyecto de la recta de Llanos del Sotillo, prepararse para ese corredor.

—¿Qué pasó?

—No tuvimos la oportunidad de gobernar desde el año 2003 hasta el 2015 y el proyecto se convirtió en otra cosa completamente diferente. Recuerdo siempre ese vídeo de Innovandújar que siempre lo he calificado de “Innovamátrix”, en el que había centros de convenciones, hoteles, pabellones polideportivos y sitio, para nada más y para nada menos que para 500 empresas. Eso no tenía sentido. Hacer simplemente un polígono no nos diferencia en nada para atraer a las empresas. El elemento real de diferenciación es la logística y la situación estratégica de Andújar.

—¿Se aprovecha?

—Andújar es la novena población de Andalucía en número de licencias de transporte de mercancías por habitante. De forma natural, se han concentrado un gran número de empresas del sector precisamente porque tenemos una situación estratégica. Lo que pasa es que las expectativas se vieron frustradas por un proyecto cuyo objetivo no estaba claro y que fue un caldo de cultivo perfecto para la especulación. En 2015 nos encontramos un millón y medio de metros cuadrados, vinculados unos con otros, hipotecados, sin hacerse nada desde 2009, con empresas en concurso de acreedores, parcelas en manos de los bancos, deudas entre los propietarios y encima un enfrentamiento abierto con la Junta por la modificación del PGOU y la elaboración del Plan Funcional.

Tengo la convicción absoluta de que podemos conseguirlo. Va a ser difícil pero lo vamos a sacar adelante

—¿Le veremos salida al túnel?

—Es una frustración enorme porque estoy convencido que para Andújar es un proyecto de futuro importante y, afortunadamente, porque la Unión Europea se ha retrasado, es un tren que no hemos perdido. Te da coraje andar con tanto tiempo de retraso y con tanto por hacer todavía. Al fin y al cabo, llevamos dos años y medio moviendo papeles para sacar ese tren de la vía muerta y poder empezar a avanzar. Imagínese la frustración personal que supone para mí. Pero, por otra parte, tengo la convicción absoluta de que podemos conseguirlo. Va a ser difícil pero lo vamos a sacar adelante. Andújar tiene que aferrarse a esta posibilidad porque en el futuro podremos generar empleo y riqueza de esa ubicación estratégica de la recta de Llanos del Sotillo.

—¿Le da envidia sana ver cómo municipios de La Carolina logran atraer a empresas grandes como Takahata?

—Nosotros también hemos traído empresas. Parece que cuando las cosas pasan aquí no son importantes. Empezamos el mandato con la noticia de la instalación de la empresa Pretersa que, a día de hoy, ronda ya los cien trabajadores. Fue un proyecto en el que trabajamos dos años y medio, porque las cosas no son sencillas. A día de hoy estamos en contacto con empresas con las que existe esa posibilidad. Pero no me da envidia sana, me da alegría. Tenemos que superar esa visión localista de la realidad. Es una gran noticia para Andújar que haya una gran empresa nueva en La Carolina. Un ejemplo claro es Valeo en Martos. ¿Ha influido positivamente en la provincia? ¿Si en la provincia de Jaén tuviéramos quince Valeos la situación sería mejor? Tenemos que trabajar por la industralización de toda la provincia.

—Hacer sinergias entre municipios.

—Claro. Estuvimos a punto de plantear una estrategia comarcal para los EDUSI. Hay diariamente situaciones en que se ve esto. Por ejemplo: en Andújar no tenemos las suficientes plazas hoteleras, pero hay hoteles en Marmolejo, en Bailén y Linares. Andújar puede tener un meeting internacional de atletismo gracias a que se apoya en otras localidades. Tenemos que superar esa visión localista y pensar a lo grande si queremos que nuestra provincia avance verdaderamente. Después seremos competidores en otras cosas, pero estoy convencido de que la empresa de La Carolina generará riqueza para Andújar.

—¿Qué espera de la ITI para la provincia o para el eje de la N-IV?

—La espero porque necesitamos esas inversiones. La solidaridad entre territorios tiene que tender a eso. ¿Dónde hace falta más la inversión para que se produzca un equilibrio territorial? Está claro que Jaén es una de esas provincias y Andújar es fundamental. Tenemos esperanzas en la ITI y en otros proyectos relevantes, algunos solo para la ciudad y otros para la provincia, por ejemplo, la modernización del Rumblar.

—Nos acordamos de Santa Rita solo cuando llueve.

—Ahora que los pantanos están al límite y que probablemente el año que viene tengamos problemas para el consumo humano, ahora nos acordamos de que la modernización de la comunidad más grande que queda en Andalucía podría suponer un ahorro anual del 40% de agua. Creo que son de esas inversiones, en este caso 40 millones de euros, que o lo hacemos con fondos extraordinarios o no se van a hacer nunca. Por eso y por otras muchas razones creo que la ITI tiene que ser para la provincia de Jaén y estoy convencido de que Andújar será una de las localidades beneficiadas.

—Se está viendo una apuesta por parte del Ayuntamiento de potenciar la “marca” Andújar. ¿Eso viene de su lado del marketing?

— (Ríe) Yo creo que sí. Soy un firme defensor de que los proyectos hay que trabajarlos, primero, a largo plazo y, después, con consistencia. No podemos ser cortoplacistas en algunas cuestiones, cueste lo que cueste. Me voy otra vez al tema de Llanos del Sotillo. Podríamos haber elegido otra forma de gestionarlo, haber puesto 100.000 metros en disposición, poner cuatro ladrillos y llevado una máquina tres días antes de las elecciones. Igual que con el tema del turismo podríamos haber hecho más folletos y contratar más anuncios en prensa. Pero no se trata de eso. Cuando las cosas poco a poco suenan más es porque tienen detrás un trabajo consistente. En el caso del turismo está empezando a sonar pero nada para lo que tiene que llegar. El trabajo ha consistido, primero, en ganar la complicidad de los empresarios locales, porque el Ayuntamiento no podría hacer nada sin ellos. Hemos provocado que seamos capaces de hablar, que no es fácil, pero nos ha permitido ponernos de acuerdo en el Plan de Dinamización de Andújar o del Parque Natural, etcétera. Nos ha marcado un rumbo que ahora nos permite dar pasos seguros y con visos de continuidad.

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